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Mi hermano



Yo tuve un hermano
no nos vimos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.

Lo quise a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua.

Camine de a ratos
cerca de su sombra
no nos vimos nunca
pero no importaba.

Mi hermano despierto
mientras yo dormía.
Mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Julio Cortázar
























Avevo un fratello.
Non ci siamo mai visti,
ma non importava.

Avevo un fratello
che andava per i monti
mentre io dormivo.

Lo amai a modo mio
gli rubai la voce,
libera come l'acqua.

Camminai a tratti
vicino alla sua ombra
non ci siamo mai visti
ma non importava.

Mio fratello sveglio
mentre io dormivo.
Mio fratello che mostra
al di là della notte
la sua stella prescelta.

Julio Cortázar

Palabras y gritos

Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, esloganes, membretes y falsas ocurrencias.
Por fin el hombre supo que habia llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del pais, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café.
- Vengo a venderle sus últimas palabras - dijo el hombre. - Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar facilmente un destino histórico retrospectivo.
- Traducí lo que dice - mando el tiranuelo a su interprete.
- Habla en argentino, Excelencia.
- ¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada?
- Usted ha entendido muy bien - dijo el hombre. - Repito que vengo a venderle sus últimas palabras.
El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos.
- Es lástima - dijo el hombre mientras se lo llevaban. - En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotas por primera vez y naturalmente, usted no podra decirlas.
- ¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? - pregunto el tiranuelo ya frente a otra taza de café.
- Porque el miedo no lo dejará - dijo tristemente el hombre. - Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de frio, los dientes se le entrechocaran y no podrá articular palabra. El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso si lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán.
Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprar sus últimas palabras.
Entretanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegandole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuales hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés.
Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo.
Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas.

Julio Cortázar



Un uomo vendeva grida e parole, e gli affari gli andavano bene anche se troppa gente discuteva i prezzi e chiedeva uno sconto. L’uomo lo concedeva quasi sempre, e così potè vendere molte grida di venditori ambulanti, qualche sospiro molto richiesto da signore che vivono di rendita, e parole d’ordine, slogan, titoli e falsi motti.
Poi, l’uomo seppe che era giunta l’ora e chiese udienza al tirannello del paese, che somigliava a tutti i suoi colleghi e che lo ricevette attorniato da generali, segratari e tazze di caffè.
- Sono venuto per venderle le sue ultime parole, - disse l’uomo. - Sono molto importanti, perchè a lei non le vengono mai al momento giusto e invece le converrà pronunciarle nell’istante del duro passo per riuscire a configurare facilmente un destino storico retrospettivo.
- Traduci quello che dice, - ordinò il tirannello al suo interprete.
- Ma se parla argentino, eccellenza.
- Argentino? e perchè non capisco una parola?
- Ha capito benissimo, - disse l’uomo. - Ripeto che sono qui per venderle le sue ultime parole.
Il tirannello si alzò, come è di prammatica in questi casi, e reprimendo un brivido ordinò che l’uomo fosse arrestato e rinchiuso in una delle celle speciali che non mancano mai in quegli ambienti governativi.
- Peccato, - disse l’uomo mentre lo portavano via. - Lei vorrà sicuramente dire le sue ultime parole quando sarà arrivato il momento, ne avrà bisogno per configurare facilmente un destino storico retrospettivo. Ciò che ero venuto a venderle è quanto lei vorrà dire, per cui non c’è imbroglio. Ma siccome non ci sta a combinare questo affare; siccome non imparerà in anticipo quelle parole, quando sarà arrivato il momento in cui dovranno uscirle di bocca per la prima volta, naturlmente lei non potrà dirle.
- Perchè non potrò dirle, se sono quelle che dovrò voler dire? - domandò il tirannello già alle prese con un’altra tazza di caffè.
- Perchè la paura glielo impedirà, - disse tristemente l’uomo. - Dato che si troverà con una corda al collo, in maniche di camicia e tremante di terrore e di freddo, le batteranno i denti e non potrà articolare una sola parola. Il carnefice e gli astanti, fra i quali indubbiamente qualcuno di questi signori, aspetterano, per decoro, un paio di minuti, ma quando dalla sua bocca non uscirà che un gemito inframmezzato da singhiozzi e suppliche di perdono (queste, si, le pronuncerà senza sforzo), allora perderanno la pazienza e l’impiccheranno.
Molto indignati, gli astanti e specialmente i generali si fecero attorno al tirannello insistendo perchè l’uomo fosse fucilato all’istante. Ma il tirannello pallido-come-un-cadavere li sbattè fuori a spintoni e si chiuse con l’uomo per comprargli le sue ultime parole.
Frattanto i generali e i segretari, umiliatissimi per il trattamento subito, organizzarono una rivolta e il giorno dopo fecero prigioniero il tirannello mentre stava mangiando uva sotto la sua pergola preferita. Perchè non potesse pronunciare le sue ultime parole lo uccisero all’istante con un colpo di rivoltella. Poi si lanciarono alla ricerca dell’uomo, che era scomparso dalla casa del governo, e non tardarono a trovarlo al mercato, dove vendeva grida ai saltimbanchi. Chiuso in un cellulare, lo portarono nella fortezza e lo torturarono affinchè rivelasse quali avrebbero dovuto essere le ultime parole del tirannello. Non riuscendo a strappargli alcuna confessione, lo ammazzarono a calci.
I venditori ambulanti che gli avevano comperato le grida continuarono a gridarle ad ogni angolo di strada, e una di esse servì in seguito da grido della controrivoluzione che spazzò via generali e segretari. Alcuni, prima di morire, pensarono confusamente che in realtà tutto non era stato altro che una stupida catena di confusioni, e che le parole e le grida erano cose che a rigore si possono vendere ma non comperare, anche se ciò può sembrare assurdo.
E andarono tutti a farsi benedire, il tirannello, l’uomo, e i generali e i segretari, ma le grida echeggiavano di quando in quando agli angoli delle strade.

Julio Cortázar

Regar los jardines verdes con mangueras rojas

Los famas habían puesto una fábrica de mangueras, y emplearon a numerosos cronopios para el enrollado y depósito. Apenas los cronopios estuvieron en el lugar del hecho, una grandísima alegría. Había mangueras verdes, rojas, azules, amarillas y violetas. Eran transparentes y al ensayarlas se veía correr el agua con todas sus burbujas y a veces un sorprendido insecto. Los cronopios empezaron a lanzar grandes gritos, y querían bailar tregua y bailar catala en vez de trabajar. Los famas se enfurecieron y aplicaron en seguida los artículos 21, 22 y 23 del reglamento interno. A fin de evitar la repetición de tales hechos.
Como los famas son muy descuidados, los cronopios esperaron circunstancias favorables y cargaron muchísimas mangueras en un camión. Cuando encontraban una niña, cortaban un pedazo de manguera azul y se la obsequiaban para que pudiese saltar a la manguera. Así en todas las esquinas se vieron nacer bellísimas burbujas azules transparentes, con una niña adentro que parecía una ardilla en su jaula. Los padres de la niña aspiraban a quitarle la manguera para regar el jardín, pero se supo que los astutos cronopios las habían pinchado de modo que el agua se hacía pedazos en ellas y no servía para nada. Al final los padres se cansaban y la niña iba a la esquina y saltaba y saltaba.
Con las mangueras amarillas los cronopios adornaron diversos monumentos, y con las mangueras verdes tendieron trampas al modo africano en pleno rosedal, para ver cómo las esperanzas caían una a una. Alrededor de las esperanzas caídas los cronopios bailaban tregua y bailaban catala, y las esperanzas les reprochaban su acción diciendo así:
¡Crueles cronopios cruentos!. ¡Crueles!
Los cronopios, que no deseaban ningún mal a las esperanzas, las ayudaban a levantarse y les regalaban pedazos de manguera roja. Así las esperanzas pudieron ir a sus casas y cumplir el más intenso de sus anhelos: regar los jardines verdes con mangueras rojas.
Los famas cerraron la fábrica y dieron un banquete lleno de discursos fúnebres y camareros que servían el pescado en medio de grandes suspiros. Y no invitaron a ningún cronopio, y solamente a las esperanzas que no habían caído en las trampas del rosedal, porque las otras se habían quedado con pedazos de manguera y los famas estaban enojados con esas esperanzas.

Julio Cortázar



I fama avevano messo su una fabbrica di tubi, e assunto numerosi cronopi per arrotolarli e immagazzinarli. Appena i cronopi arrivarono sul posto di lavoro, fu una grandissima allegria. C'erano tubi verdi, rossi, azzurri, gialli e violetti. Erano trasparenti e provandoli si poteva veder correre l'acqua con tutte le sue bolle e con alle volte un insetto sospeso dentro. I cronopi incominciarono a lanciare alte grida, e volevano ballare tregua e ballare catala invece di lavorare. I fama si infuriarono ed applicarono subito gli articoli 21, 22 e 23 del regolamento interno. Questo al fine di evitare il ripetersi di tali fatti incresciosi.
Siccome i fama sono però molto disattenti, i cronopi attesero le circostanze favorevoli e caricarono moltissimi tubi su un camion. Appena trovavano una bambina, tagliavano un pezzo di tubo azzurro e glielo regalavano affinché potesse saltare la canna. Così a tutti gli angoli si videro spuntare bellissime bolle azzurre trasparenti, con una bambina dentro che sembrava uno scoiattolo nella sua gabbia. I genitori delle bambina volevano toglier loro la canna per irrigarci il giardino, ma si scoprì che gli astuti cronopi le avevano bucate in modo che l'acqua sprizzasse d'appertutto e non servissero a niente. Alla fine i genitori si stancavano e la bambina andava nell'angolo e saltava e saltava.
Con i tubi gialli i cronopi adornarono diversi monumenti, e con i tubi verdi tesero trappole alla maniera africana in mezzo ai roseti, per vedere come le speranze vi cadevano una ad una. Attorno alle speranze cadute i cronopi ballavano tregua e ballavano catala, e le speranze rimproveravano loro quest'azione dicendo così:
Crudeli cronopi cruenti!. Crudeli!
I cronopi, che non desideravano fare nessun male alle speranze, le aiutavano ad alzarsi e regalavano loro pezzi di tubo rosso. Così le speranze poterono andare a casa loro e realizzare la più intensa delle loro aspirazioni: irrigare i giardini verdi con delle canne rosse.
I fama chiusero la fabbrica e offrirono un banchetto pieno di discorsi funebri e camerieri che servivano il pesce in mezzo a grandi sospiri. E non invitarono nessun cronopio, ma solamente le speranze che non erano cadute nelle trappole da roseti, perché le altre erano rimaste con i pezzi di canna e i fama erano arrabbiati con quelle speranze.

Julio Cortázar

Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas

Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba.
En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.

Julio Cortázar

Io credo che da piccolino la mia sfortuna e contemporaneamente la mia fortuna fu il non accettare le cose come date. A me non bastava che mi dicessero che quello era un tavolo, o che la parola "madre" era la parola "madre" e lì finisce tutto. Al contrario, nell'oggetto tavolo e nella parola madre incominciava per me un itinerario misterioso dal quale a volte arrivavo ad affrancarmi e nel quale a volte mi schiantavo.
Insomma, fin da piccolo, la mia relazione con le parole, con la scrittura, non si differenzia dalla mia relazione col mondo in generale. Io sembro essere nato per non accettare le cose come mi sono date.

Julio Cortázar


Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.


Instrucciones para llorar, Julio Cortázar


Lasciando stare i motivi, atteniamoci alla maniera corretta di piangere, intendendo per questo un pianto che non diventi uno scandalo, né che insulti il sorriso con la sua parallela e goffa somiglianza. Il pianto medio e comune consiste in una contrazione generale del viso, in un suono spasmodico accompagnato da lacrime e mocci, questi ultimi alla fine, perché il pianto finisce nel momento in cui uno si pulisce energicamente il naso.
Per piangere, si rivolga l'attenzione verso se stessi e se questo risulta impossibile per aver preso l'abitudine di credere nel mondo esterno, si pensi ad un piatto coperto di formiche o ai golfi dello stretto di Magellano dove non entra nessuno, mai. Arrivato il pianto, ci si coprirà il viso con entrambi le mani.
I bambini piangeranno con la manica della maglietta contro il viso e preferibilmente in un angolo della stanza. Durata media del pianto, tre minuti.

Istruzioni per piangere, Julio Cortázar

Famas, cronopios y esperanzas sedentarias

Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades. Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan


Historias de Cronopios y de Famas, Julio Cortázar



Quando i famas fanno un viaggio, le loro abitudini, allorchè si fermano a dormire in una città, sono le seguenti: un fama va all’hotel e prudentemente si informa sul prezzo della camera, sulla qualità delle lenzuola e sul colore dei tappeti. Il secondo va in questura e stila una dichiarazione sui beni mobili e immobili dei tre, e fa anche l’inventario del contenuto delle loro valigie. Il terzo fama va all’ospedale e prende nota dei medici di turno nonché delle loro specializzazioni.
Finite queste incombenze, i viaggiatori si riuniscono nella piazza principale della città, si comunicano le rispettive osservazioni, ed entrano in un bar a prendere un aperitivo. Prima però si prendono per mano e fanno un girotondo. Questa danza viene chiamata: "Allegria dei famas".
Quando i cronopios fanno un viaggio, trovano tutti gli alberghi al completo, i treni ormai partiti, piove a catinelle e i taxi non li vogliono far salire o fan pagare loro prezzi altissimi. I cronopios non si scoraggiano perché credono fermamente che queste cose capitino a tutti, e prima di andare a dormire si dicono l’un l’altro: "Bella città, bellissima città". E sognano tutta la notte che nella città ci sono grandi feste e che loro sono stati invitati. Il giorno dopo si alzano allegri, ed è così che viaggiano i cronopios.

Le speranze, sedentarie, si lasciano viaggiare dalle cose e dagli uomini, e sono come le statue che bisogna recarsi a vederle perché loro non ci pensano nemmeno.

Storie di Cronopios e di Famas, Julio Cortázar

Las escaleras se suben de frente

Nadie habrá dejado de observar que con frequencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situá un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de transladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.


Instrucciones para subir una escalera, Julio Cortázar


Nessuno può non aver notato che sovente il suolo si piega in modo che da una parte sale ad angolo retto rispetto al piano del suolo medesimo mentre la parte che segue si colloca parallelamente a questo piano per dar luogo ad un’altra perpendicolare, comportamento che si ripete a spirali o secondo una linea spezzata fino ad altezze sommamente variabili. Chinandoci e mettendo la mano sinistra su una delle parti verticali e quella destra sulla corrispondente orizzontale ci troveremo in momentaneo possesso di un gradino o scalino. Ciascuno di questi scalini, formanti come si vede da due elementi, si trova ubicato un po’ più in alto e un po’ più in avanti rispetto al precedente, principio che dà significato alla scala, dato che qualsiasi altra combinazione determinerebbe forme magari più belle o pittoresche, ma inadatte a trasportare da un pianterreno a un primo piano.
Le scale si salgono frontalmente, in quanto all’indietro o di fianco risultano particolarmente scomode. La posizione naturale è quella in piedi, le braccia in giù senza sforzo, la testa eretta ma non tanto da impedire agli occhi di vedere gli scalini immediatamente superiori a quello sul quale ci si trova, e respirando con lentezza e ritmo regolare. Per salire una scala si cominci con l’alzare quella parte del corpo posta a destra in basso, avvolta quasi sempre nel cuoio o nella pelle scamosciata, e che salvo eccezioni è della misura dello scalino. Posta sul primo scalino la suddetta parte, che per brevità chiamiamo piede, si tira su la parte corrispondente sinistra (anch’essa detta piede, ma da non confondersi con il piede menzionato), e portandola all’altezza del piede la si fa proseguire fino a poggiarla sul secondo scalino, sul quale grazie a detto movimento riposerà il piede mentre sul primo riposerà il piede. (I primi scalini sono sempre i più difficili, fino a quando non si sarà acquisito il coordinamento necessario. Il fatto che coincidano nel nome il piede e il piede rende difficoltosa la spiegazione. Fare attenzione a non alzare contemporaneamente il piede e il piede).
Giunti con questo procedimento sul secondo scalino, basta ripetere a tempi alterni i suddetti movimenti fino a trovarsi in cima alla scala. Se ne esce facilmente con un leggero colpo di tallone che la fissa al suo posto, dal quale non si muoverà fino al momento della discesa.

Istruzioni per salire le scale, Julio Cortázar

Comprendemos que ya no importa

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo.
Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.
Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente.
Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Instrucciones para dar cuerda al reloj, Julio Cortázar


Pensa a questo: quando ti regalano un orologio, ti regalano un piccolo inferno fiorito, una catena di rose, una cella d'aria. Non ti danno soltanto l'orologio, tanti, tanti auguri e speriamo che duri perchè è di buona marca, svizzero con àncora di rubini; non ti regalano soltanto questo minuscolo scalpellino che ti legherai al polso e che andrà a spasso con te.
Ti regalano - non lo sanno, il fatto terribile è che non lo sanno -, ti regalano un altro frammento fragile e precario di te stesso, qualcosa che è tuo ma che non è il tuo corpo, che devi legare al tuo corpo con il suo cinturino simile a un braccetto disperatamente aggrappato al tuo polso.
Ti regalano la necessità di continuare a caricarlo tutti i giorni, l'obbligo di caricarlo se vuoi che continui ad essere un orologio; ti regalano l'ossessione di controllare l'ora esatta nelle vetrine dei gioiellieri, alla radio, al telefono. Ti regalano la paura di perderlo, che te lo rubino, che ti cada per terra e che si rompa.
Ti regalano la sua marca, e la certezza che è una marca migliore delle altre, ti regalano la tendenza a fare il confronto fra il tuo orologio e gli altri orologi. Non ti regalano un orologio, sei tu che sei regalato, sei il regalo per il compleanno dell'orologio.

Laggiù in fondo sta la morte, ma niente paura. Afferra l'orologio con una mano, prendi con due dita la rotellina della corda, falla girare dolcemente.
Adesso si apre un altro periodo, gli alberi dispiegano le loro foglie, le barche corrono le loro regate, il tempo come un ventaglio si va empiendo di se stesso, e da esso sgorgano l'aria, le brezze della terra, l'ombra di una donna, il profumo del pane.
Che vuoi di più, che vuoi di più? Legalo presto al tuo polso, lascialo battere libero, fa di tutto per imitarlo. La paura arrugginisce le àncore, ciascuna delle cose che si potevano raggiungere e che furono dimenticate sta corrodendo le vene dell'orologio, incancrenendo il freddo sangue dei suoi piccoli rubini. E laggiù in fondo sta la morte, se non corriamo e arriviamo prima e non comprendiamo che non ha più nessuna importanza.

Instrucciones para dar cuerda al reloj, Julio Cortázar