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Hijos del África


Así se prueba que los negros son inferiores
(Según los pensadores de los siglos dieciocho y diecinueve)

- Voltaire, escritor anticlerical, abogado de la tolerancia y de la razón:
Los negros son inferiores a los europeos, pero superiores a los monos.

- Barón de Montesquieu, padre de la democracia moderna:
Resulta imposible que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo negro.

- Karl von Linneo, clasificador de las plantas y de los animales:
El negro es vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas.

- David Hume, entendido en entendimiento humano:
El negro puede desarrollar ciertas habilidades propias de las personas, como el loro consigue hablar algunas palabras.

- Etienne Serres, sabio en anatomía:
Los negros están condenados a ser primitivos, porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene.

- Francis Galton, padre de la eugenesia, método científico para impedir la propagación de los ineptos:
Un cocodrilo jamás podrá llegar a ser una gacela, ni un negro podrá jamás llegar a ser un miembro de la clase media.

-Louis Agassiz, prominente zoólogo:
El cerebro de un negro adulto equivale al de un feto blanco de siete meses; el desarrollo del cerebro se bloquea, porque el cráneo del negro se cierra mucho antes que el cráneo del blanco.


Desde el punto de vista del sur

Desde el punto de vista del sur, el verano del norte es invierno.
Desde el punto de vista de una lombriz, un plato de espaguetis es una orgía.
Donde los hindúes ven una vaca sagrada, otros ven una gran hamburguesa.
Desde el punto de vista de Hipocrates, Galeno, Maimonides y Paracelso, existía una enfermedad llamada indigestión, pero no existía una enfermedad llamada hambre.
Desde el punto de vista de sus vecinos del pueblo de Cardona, el Toto Zaugg, que andaba con la misma ropa en verano y en invierno, era un hombre admirable: - El Toto nunca tiene frío - decían. El no decía nada. Frío tenia, pero no tenia abrigo.
Desde el punto de vista del búho, del murciélago, del bohemio y del ladrón, el crepúsculo es la hora del desayuno.
La lluvia es una maldición para el turista y una buena noticia para el campesino.
Desde el punto de vista del nativo, el pintoresco es el turista.
Desde el punto de vista de los indios de las islas del mar Caribe, Cristóbal Colon, con su sombrero de plumas y su capa de terciopelo rojo, era un papagayo de dimensiones jamás vistas.
Desde el punto de vista del oriente del mundo, el día del occidente es noche.
En la India, quienes llevan luto visten de blanco. En la Europa antigua, el negro, color de la tierra fecunda, era el color de la vida, y el blanco, color de los huesos, era el color de la muerte.
Según los viejos sabios de la región colombiana del Choco, Adán y Eva eran negros y negros eran sus hijos Cain y Abel. Cuando Cain mato a su hermano de un garrotazo, tronaron las iras de Dios. Ante las furias del señor, el asesino palideció de culpa y miedo, y tanto palideció que blanco quedo hasta el fin de sus días. Los blancos somos, todos, hijos de Cain.
Si Eva hubiera escrito el Génesis,?como seria la primera noche de amor del genero humano?
Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominara. Que todas esas son puras mentiras que Adán contó a la prensa.
Si las Santas Apostolas hubieran escrito los Evangelios, ¿como seria la primera noche de la era cristiana?
San José, contarían las Apostalas, estaba de mal humor. El era el único que tenia cara larga en aquel pesebre donde el niño Jesús, recién nacido, resplandecía en su cuna de paja. Todos sonreían: la Virgen María, los angelitos, los pastores, las ovejas, el buey, el asno, los magos venidos del Oriente y la estrella que los había conducido hasta Belén de Judea.Todos sonreían, menos uno. San José, sombrío, murmuro: - Yo quería una nena.


¿Adan y Eva eran negros?

En Africa empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de colores.
Ahora las mujeres y los hombres, arcoiris de la tierra, tenemos mas colores que el arcoiris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquisimos vienen de Africa.
Quizás nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.


Abuelos

Para muchos pueblos del África negra, los antepasados son los espíritus que están vivos en el árbol que crece junto a tu casa o en la vaca que pasta en el campo. El bisabuelo de tu tatarabuelo es ahora aquel arroyo que serpentea en la montaña. Y también tu ancestro puede ser cualquier espíritu que quiera acompañarte en tu viaje en el mundo, aunque no haya sido nunca pariente ni conocido.
La familia no tiene fronteras, explica Soboutu Somé, del pueblo dagara: - Nuestros niños tienen muchas madres y muchos padres. Tantos como ellos quieran. Y los espíritus ancestrales, los que te ayudan a caminar, son los muchos abuelos que cada uno tiene. Tantos como quieras.




Europa caníbal

Los esclavos subían temblando a los barcos. Creían que iban a ser comidos. Tan equivocados no estaban. Al fin y al cabo, el tráfico negrero fue la boca que devoró al África.
Ya desde antes los reyes africanos tenían esclavos y peleaban entre sí, pero la captura y venta de gente se convirtió en el centro de la economía, y de todo lo demás, sólo a partir del momento en que los reyes europeos descubrieron el negocio. A partir de entonces, la sangría de jóvenes vació el África negra y selló su destino.
Malí es ahora uno de los países más pobres del mundo. En el siglo dieciséis, era un reino opulento y culto. La universidad de Tombuctú tenía veinticinco mil estudiantes. Cuando el sultán de Marruecos invadió Malí, no encontró el oro que buscaba, porque poco oro amarillo quedaba, pero vendió el oro negro a los traficantes europeos, y así ganó mucho más: sus prisioneros de guerra, entre los cuales había médicos, juristas, escritores, músicos y escultores, fueron esclavizados y marcharon rumbo a las plantaciones de América.
La máquina esclavista exigía brazos y la cacería de brazos exigía guerras. La economía guerrera de los reinos africanos pasó a depender más y más de todo lo que venía de afuera. Una guía comercial publicada en Holanda, en 1655, enumeraba las armas más codiciadas en las costas del África, y también las mejores ofrendas para halagar a esos reyes de utilería. La ginebra era muy valorada, y un puñado de cristales de Murano era el precio de siete hombres.


Espejos. Una historia casi universal.

Nada de nuevo tenía la esclavitud hereditaria, que venía de los tiempos de Grecia y Roma. Pero Europa aportó, a partir del Renacimiento, algunas novedades: nunca antes se había determinado la esclavitud por el color de la piel, y nunca antes la venta de carne humana había sido el más brillante negocio internacional.
Durante los siglos dieciséis, diecisiete y dieciocho, África vendía esclavos y compraba fusiles: cambiaba brazos por violencia.
Después, durante los siglos diecinueve y veinte, África entregaba oro, diamantes, cobre, marfil, caucho y café y recibía Biblias: cambiaba la riqueza de la tierra por la promesa del Cielo.


El samba

El Brasil es brasileño y Dios también, proclama Ari Barroso en la muy patriotica y bailonguera música que se está imponiendo en el carnaval de Rio de Janeiro.
Pero los sambas más sabrosos que el carnaval ofrece no exaltan las virtudes del paraiso tropical. Sus letras malandramente elogian la vida bohemia y las fecltorias de los libres, rnaldicen a la miseria y a la policia y desprecian el trabajo. El trabajo es cosa de otarios, porque a la vista está que el albañil no podrá nunca habitar el edificio que sus manos levantan.
El samba, ritmo negro, hijo de los cánticos que convocan a los dioses negros en las favelas, domina los carnavales. En los hogares respetables todavia lo miran de reojo. Merece desconfianza por negro y por pobre y por nacido en los refugios de los perseguidos de la policia. Pero el samba alegra las piernas y acaricia el alma y no hay manera de ignorarlo cuando suena. Al ritmo del samba respira el universo hasta el proximo miércoles de cenizas, mientras dura la fiesta que convierte a todo proletario en rey, a todo paralitico en atleta y a todo aburrido en loco lindo.


Fundacion del samba

Como el tango, el samba no era decente: música barata, cosa de negros.
En 1917, el mismo año en que Gardel abrio la puerta grande para que el tango entrara, ocurrio la primera explosion del samba en el carnaval de Flío de Janeiro. Esa noche, que duro años, cantaron los mudos y danzaron los faroles de las esquinas.
No mucho después, el samba viajo a París. Y París enloquecio. Era irresistible esa música donde se encontraban todas las músicas de una nacion prodígiosamente musical.
Pero al gobierno brasileño, que por entonces no aceptaba negros en la seleccion nacional de fútbol, esa bendicion europea no le cayo nada bien. Eran músicos negros los más famosos, y se corría el peligro de que Europa creyera que Brasil estaba en Africa.
El más músico de esos músicos, Pixinguinha, maestro de la flauta y el saxo, había creado un estilo inconfundible. Los franceses nunca habían escuchado nada igual. Más que tocar, jugaba. Y jugando invitaba a jugar.


Fundación de Hollywood

El nacimiento de una nación, la primera superproducción de Hollywood, se estrenó en 1915, en la Casa Blanca. El presidente Woodrow Wilson la aplaudió de pie. Él era el autor de los textos de la película, un himno racista de alabanza al Ku Klux Klan.
Gabalgan los enmascarados, túrticas blancas, blancas cruces, antorchas en alto: los negros, hambrientos de blancas doncellas, tiemblan ante estos jinetes vengadores de la virtud de las damas y el honor de los caballeros.
En pleno auge de los linchamientos, la pelicula de D. W. Griffith, El nacimiento de una nación, eleva su himno de alabanza al Ku Klux Klan.
Ésta es la primera superproducción de Hollywood y el mayor éxito de taquilla de todos los años del cine mudo. Es, también, la primera pelicula estrenada en la Casa Blanca. El presidente, Woodrow Wilson, la aplaude de pie. La aplaude, se aplaude: este abanderado de la libertad es el autor de los principales textos que acompañan las epicas imágenes.
Las palabras del presidente explican que la emancipación de los esclavos ha sido "un verdadero derrocamiento de la Civilización en el Sur, el Sur blanco bajo ios taiones dei Sur negro".
Desde entonces, el caos reina, porque los negros "son hombres que ignoran los usos de la autoridad, excepto sus insolencias". Pero el presidente enciende la luz de la esperansa: "Por fin ha nacido a la vida un gran Ku Klux Klan".
Y hasta Jesús en persona baja del cielo, al fin de la película, para dar su bendición.




El jazz

De los esclavos proviene la más libre de las músicas. El jazz, que vuela sin pedir permiso, tiene por abuelos a los negros que trabajaban cantando en las plantaciones de sus amos, en el sur de los Estados Unidos, y por padres a los músicos de los burdeles negros de Nueva Orleans. Las bandas de los burdeles tocan toda la noche sin parar, en balcones que los ponen a salvo de golpes y puñaladas cuando se arma la gorda. De sus improvisaciones nace la loca música nueva.
Con lo que ahorró repartiendo diarios, leche y carbón, un muchacho petiso y tímido acaba de comprarse corneta propia por diez dólares. Él sopla y la música se despereza largamente, largamente, saludando al día. Louis Armstrong es nieto de esclavos, como el jazz, y ha sido criado, como el jazz, en los puteros.


Polvo de arroz

El presidente Epitácio Pessoa hace una recomendación a los dirigentes del fútbol brasileño. Por razones de prestigio patrio, les sugiere que no envíen a ningún jugador de piel oscura al próximo Campeonato Sudamericano.
Sin embargo, el Brasil fue campeón del último Sudamericano gracias a que el mulato Artur Friedenreich metió el gol de la victoria; y sus zapatos, sucios de barro, se exhiben desde entonces en la vitrina de una joyería. Friedenreich, nacido de alemán y negra, es el mejor jugador brasileño. Siempre llega último a la cancha. Le lleva por lo menos media hora plancharse las motas en el vestuario; y después, durante el juego, no se le mueve un pelito ni al cabecear la pelota.
El fútbol, diversión elegante para después de la misa, es cosa de blancos. — ¡Polvo de arroz! ¡Polvo de arroz! — gritan los hinchas contra Carlos Alberto, otro jugador mulato, el único mulato del club Fluminense, que con polvo de arroz se blanquea la cara.


Sangre negra

Era de cordero la sangre de las primeras transfusiones; y corría el rumor de que esa sangre hacía crecer lana en el cuerpo. En 1670, Europa prohibió las experiencias. Mucho tiempo después, hacia 1940, las investigaciones de Charles Drew aportaron técnicas nuevas para el procesamiento y almacenamiento del plasma. En mérito a sus hallazgos, que salvaron millones de vidas durante la segunda guerra mundial, Drew fue el primer director del Banco de Sangre de la Cruz Roja en los Estados Unidos.
Ocho meses duró en el cargo.
En 1942, una orden militar prohibió que la sangre negra se mezclara con la sangre blanca en las transfusiones.
¿Sangre negra? ¿Sangre blanca? Esto es pura estupidez, dijo Drew, y se negó a discriminar la sangre.
Él entendía del asunto: era científico, y era negro.
Y entonces renunció, o fue renunciado.


Tu otra cabeza, tu otra memoria

Desde el reloj de sol del convento de San Francisco, una lùgubre inscripcion recuerda a los caminantes la fugacidad de la vida: Cada hora que pasa te hiere y la ùltima te matarà.
Son palabras escritas en latìn. Los esclavos negros de Bahìa no entienden latìn ni saben leer. Del Africa trajeron dioses alegres y peleones: con ellos estàn, hacia ellos van. Quien muere, entra. Resuenan los tambors para que el muerto no se pierda y llegue a la regiòn de Oxalà. Allà en la casa del creador de creadores, lo espera su otra cabeza, la cabeza inmortal. Todos tenemos dos cabeezas y dos memorias. Una cabeza de barro, que serà polvo, y otra por siempre invulnerable a los mordiscos del tiempo y de la pasiòn. Una memoria que la muerte mata, brùjula que acaba con el viaje, y otra memoria, la memoria colectiva, que vivirà mientras viva la aventura humana en el mundo.
Cuando el aire del universo se agitò y respirò por primera vez, y naciò el dios de dioses, no habìa separaciòn entre la tierra y el cielo. Ahora parecen divorciados; pero el cielo y la tirra vuelven a unirse cada vez que alguien muere, cada vez que alguien nace y cada vez que alguien recibe a los dioses en su cuerpo palpitante.

Eduardo Galeano




Questa è la prova che i neri sono inferiori.
(secondo i pensatori del diciottesimo e diciannovesimo secolo)

- Voltaire, scrittore anticlericale, avvocato della tolleranza e della ragione:
I neri sono inferiori agli europei, ma superiori alle scimmie.

- Barone di Montesquieu, padre della democrazia moderna:
Risulta impossibile che Dio, un essere molto saggio, abbia messo un'anima, e soprattutto un'anima buona, in un corpo nero.

- Karl von Linneo, classificatore di piante e animali:
Il nero è vagabondo, pigro, negligente, indolente e di abitudini dissolute.

- David Hume, conoscitore dell'umana conoscenza:
Il nero può sviluppare certe abilità proprie dalle persone, così come il pappagallo riesce a pronunciare qualche parola.

- Etienne Serres, esperto in anatomia:
I neri sono condannati ad essere primitivi, perché hanno poca distanza tra l'ombelico ed il pene.

- Francis Galton, padre dell'eugenetica, metodo scientifico per ostacolare la propagazione degli incapaci:
Un coccodrillo non potrà mai arrivare ad essere una gazzella, né un nero potrà arrivare mai ad essere un membro della classe media.

- Louis Agassiz, eminente zoologo:
Il cervello di un nero adulto equivale a quello di un feto bianco di sette mesi; lo sviluppo del cervello si blocca, perché il cranio del nero si chiude molto prima del cranio di un bianco.


Dal punto di vista del sud

Dal punto di vista del sud, l’estate del nord è inverno.
Dal punto di vista di un verme solitario, un piatto di spaghetti è un baccanale.
Dove gli indù vedono una vacca sacra, altri vedono un grande hamburger.
Dal punto di vista di Ippocrate, Galeno, Maimonide e Paracelso, esisteva una malattia chiamata indigestione, ma non esisteva una malattia chiamata fame.
Dal punto di vista degli abitanti del paese di Cardona, Toto Zaugg, che portava la stessa roba in estate e in inverno era un uomo ammirevole: “Toto non ha mai freddo” dicevano. Lui non diceva nulla. Di freddo ne aveva, ma non aveva un cappotto.
Dal punto di vista del gufo, del pipistrello, del bohémien e del ladro, il crepuscolo è l'ora della colazione.
La pioggia è una maledizione per il turista ed una buona notizia per il contadino.
Dal punto di vista del nativo, il pittoresco è il turista.
Dal punto di vista degli indi delle isole del mare Caraibi, Cristoforo Colombo, col suo cappello di piume e la sua cappa di velluto rosso, era un pappagallo di dimensioni mai viste.
Dal punto di vista dell'oriente del mondo, il giorno dell'ovest è la notte.
In India coloro che portano il lutto vestono di bianco. Nell'antica Europa, il nero, colore della terra feconda, era il colore della vita, e il bianco, colore delle ossa, era il colore della morte.
Secondo i vecchi saggi della regione colombiana del Choco, Adamo ed Eva erano neri e neri erano i suoi figli Caino e Abele. Quando Caino ammazzò suo fratello con una bastonata, tuonò l'ira di Dio. Davanti alla furia del signore, l'assassino impallidì di colpa e paura, e tanto impallidì che rimane bianco fino al fine dei suoi giorni. Noi bianchi siamo, tutti, figli di Caino.
Se Eva avesse scritto la Genesi, come sarebbe stata la prima notte d’amore del genere umano?
Eva avrebbe iniziato col chiarire che lei non nacque da alcuna costola, non conobbe nessun serpente, non offrì mele a nessuno e Dio non le disse mai partorirai con dolore e tuo marito ti dominerà. E che tutte queste cose sono solo bugie che Adamo raccontò alla stampa.
Se i Santi Apostoli avessero scritto i Vangeli, come sarebbe stata la prima notte dell'era cristiana?
San Giuseppe, racconterebbero gli Apostoli, era di cattivo umore. Era l'unico con la faccia lunga in quel presepe dove il bambino Gesù, neonato, risplendeva nella sua culla di paglia. Tutti sorridevano: la Vergine María, gli angioletti, i pastori, le pecore, il bue, l'asino, i maghi venuti dell'Oriente e la stella che li aveva condotti fino a Betlemme dalla Giudea. Tutti sorridevano, meno uno. San Giuseppe, che tutto scontroso, borbottava: - Volevo una bimba.


Adamo ed Eva erano neri?

Il viaggio umano nel mondo cominciò in Africa. Da lì i nostri avi intrapresero la conquista del pianeta. I diversi cammini fondarono i diversi destini, e il sole ebbe il compito di assegnare i colori.
Adesso noi donne e noi uomini, arcobaleni della terra, abbiamo più colori dell’arcobaleno del cielo; ma siamo tutti africani immigrati. perfino i bianchi più bianchi vengono dall’Africa.
Forse ci rifiutiamo di ricordare la nostra origine comune perchè il razzismo produce amnesia, o perchè ci risulta impossibile credere che in quei tempi remoti il mondo intero fosse il nostro regno, immensa cartina senza frontiere, e le nostre gambe fossero l’unico passaporto richiesto.


Antenati

Per molti popoli dell'Africa nera, gli antenati sono gli spiriti che vivono nell'albero che cresce vicino la loro casa o nella vacca che pascola nel campo. Il bisnonno del tuo trisnonno è ora quel ruscello che serpeggia tra i monti. E tuo antenato può benissimo essere qualunque spirito che voglia accompagnarti nel tuo viaggio per il mondo, benché non sia stato mai tuo parente né tu l'abbia mai conosciuto.
La famiglia non ha frontiere, spiega Soboutu Somé, del popolo dagara: - I nostri figli hanno molte madri e molti padri. Tanto quanti desiderano. E gli spiriti ancestrali, quelli che ti aiutano a camminare, sono i molti nonni che ognuno ha. Tanto quanti desidera.



Europa cannibale

Gli schiavi salivano tremando sulle navi. Si credevano destinati ad esser mangiati. Tanto in errore non erano. In fin dei conti, il traffico negriero fu la bocca che divorò l'Africa.
Anche prima i re africani avevano schiavi e combattevano tra loro, ma la cattura e vendita di persone si trasformò nel centro dell'economia, e di tutto il resto, solo a partire dal momento in cui i re europei ne fecero un business. Da allora, l'emorragia di giovani vuotò l'Africa nera e segnò per sempre il suo destino.
Il Mali è oggi uno dei paesi più poveri del mondo. Nel sedicesimo secolo, era un regno opulento e culto. L'università di Timbuctú aveva venticinquemila studenti. Quando il sultano del Marocco invase il Mali, non trovò l'oro che cercava, perché rimaneva poco oro giallo, ma vendette l'oro nero ai trafficanti europei, e così guadagnò molto di più: i suoi prigionieri di guerra, tra i quali c'erano medici, giuristi, scrittori, musicisti e scultori, furono resi schiavi e marciarono verso le piantagioni d'America.
La macchina schiavista esigeva braccia e la battuta di caccia delle braccia esigeva guerre. L'economia guerriera dei regni africani venne a dipendere sempre più da tutto quello che veniva da fuori. Una guida commerciale edita in Olanda, in 1655, enumerava le armi più ambite sulle coste dell'Africa, ed anche le migliori offerte per lusingare quei re con la mercanzia. Il gin era molto stimato, ed un pugno di vetri di Murano era il prezzo di sette uomini.


Specchi. Una storia quasi universale

La schiavitú ereditaria non era certo una novità, veniva dei tempi della Grecia e di Roma. Ma l'Europa apportò, a partire dal Rinascimento, alcune novità: mai prima la schiavitú era stata determinata dal colore della pelle, e mai la vendita di carne umana era stato il più brillante business internazionale.
Durante il sedicesimo, diciassettesimo e diciottottesimo, l'Africa vendeva schiavi e comprava fucili: scambiava braccia con violenza.
Dopo, durante i secoli diciannovesimo e ventesimo, l'Africa consegnava oro, diamanti, rame, avorio, caucciù e caffè e riceveva bibbie: scambiava la ricchezza della terra con la promessa del cielo.


Il samba

Il Brasile è brasiliano e anche Dio, proclama Ary Barroso nella molto patriottica e bailonguera musica che si andava imponendosi nel carnevale di Rio di Janeiro.
Ma le sambe più gustose che il carnevale offre non esaltano le virtù del paradiso tropicale. I testi elogiano maliziosamente la vita bohemien e le agiatezze dei liberi, rnaledicono la miseria e l'autorità e disprezzano il lavoro. Il lavoro è cosa da stupidi, perché è evidente agli occhi di tutti che il muratore non potrà non abitare la casa che innalza con le sue mani.
La samba, ritmo nero, figlio delle cantilene per invocare i dei neri nelle favelas, domina i carnevali. Nelle case rispettabili lo guardano ancora di traverso. Causa diffidenza quanto ha di nero e povero e per il fatto d'esser nato nei refugi dei perseguiti dalla polizia. Ma la samba rallegra le gambe ed accarezza l'anima e non c'è maniera di ignorarla quando suona. Al ritmo della samba respira l'universo fino al prossimo mercoledì delle ceneri, mentre dura la festa che trasforma ogni proletario in re, ad ogni paralitico in atleta ed a tutto ciò che c'è di noioso in una splendida follia.


Fondazione della samba

Come il tango, la samba non era decente: musica a buon mercato, cosa da neri.
Nel 1917, lo stesso anno in cui Gardel aprì la grande porta da cui entrò il tango, si ebbe la prima esplosione della samba al carnevale di Rio de Janeiro. In quella notte, che dura da anni, i muti cantarono e danzarono i lampioni agli angoli delle strade.
Non molto dopo, la samba arrivò a Parigi. E Parigi impazzì. Era irresistibile quella musica coinvolgente dove si trovavano tutte le musiche di una nazione prodígiosamente musicale.
Ma al governo brasiliano, che all'epoca non accettava neri nella nazionale di calcio, quella benedizione europea non gli andava affatto bene. Erano neri i musicisti più famosi, e si correva il rischio l'Europa credesse che il Brasile si trovava in Africa.
Il più famoso di quei musicisti, Pixinguinha, maestro del flauto e del sax, aveva creato uno stile inconfondibile. I francesi non avevano ascoltato mai niente di simile. Più che toccare, giocava. E giocando invitava a giocare.


Fondazione di Hollywood

La nascita di una nazione, la prima superproduzione di Hollywood, venne proiettata per la prima volta nel 1915 alla Casa Bianca. Il presidente, Woodrow Wilson, la applaudì in piedi. Lui era l’autore dei testi del film, un inno razzista inneggiante al Ku Klux Klan.
Cavalcano gli incappucciati, tuniche bianche, bianche croci, torce in alto: i neri, vogliosi di bianche donzelle, tremano davanti a questi fantini vendicatori della virtù delle dame e dell'onore dei cavalieri.
In piena auge dei linciaggi, il film di D. W. Griffith, "La nascita di una nazione", eleva il suo inno di lode al Ku Klux Klan.
E' questo il primo colossal di Hollywood ed il più grande successo al botteghino di tutti gli anni del cinema muto. Ed è anche il primo film inaugurato alla Casa Bianca. Il presidente, Woodrow Wilson, l'applaude in piedi. L'applaude e si applaude: questo alfiere della libertà è l'autore dei principali testi che accompagnano le epiche immagini.
Le parole del presidente spiegano che l'emancipazione degli schiavi è stata "un vero rovesciamento della Civilizzazione nel Sud, il Sud bianco sotto i tacchi del Sud nero".
Da allora regna il caos, perché i neri "sono uomini che ignorano ogni forma di autorità, eccetto le proprie insolenze."
Ma il presidente accende la luce della speranza: "Finalmente è venuto alla luce un gran Ku Klux Klan".
E perfino Gesù in persona scende dal cielo, alla fine del film, per impartire la sua benedizione.




Il jazz

Dagli schiavi viene la più libera delle musiche. Il jazz che vola senza chiedere permesso, ha per nonni i neri che lavoravano cantando nelle piantagioni dei loro padroni, nel sud degli Stati Uniti, e per genitori i musicisti dei bordelli neri di New Orleans. I complessi suonano nei bordelli tutta la notte senza fermarsi, su dei palchi che li mettono al riparo da colpi e pugnalate quando scoppiano le risse. Dalle loro improvvisazioni nasce la pazza musica nuova.
Con quello che aveva messo da parte distribuendo giornali, latte e carbone, un ragazzo gracile e timido si comprò per dieci dollari una tromba tutta sua. Egli soffia e la musica si diffonde largamente, largamente, salutando il giorno. Louis Armstrong è nipote di schiavi, come il jazz, è stato allevato, come il jazz, nei bordelli.


Polvere di riso

Il presidente Epitácio Pessoa fa una raccomandazione ai dirigenti del calcio brasiliano. Per ragioni di prestigio patrio, suggerisce loro che non convochi nessun giocatore di pelle scura al prossimo Campionato Sudamericano.
Tuttavia il Brasile fu vincitore dell'ultimo Campionato Sudamericano grazie ad un mulatto, Artur Friedenreich, che segnò il gol della vittoria; e le sue scarpe, sporche di fango, sono esposte da allora nella vetrina di una gioielleria. Friedenreich, nato da un tedesco e da una nera, è stato il migliore giocatore brasiliano. Arrivava sul campo di gioco sempre per ultimo. Gli ci vuole per lo meno mezz'ora per stirarsi i difetti degli abiti; e dopo, durante il gioco, non gli si muove un capello nemmeno colpendo di testa la palla.
Il calcio, divertimento elegante dopo la messa, è cosa da bianchi. - Polvere di riso! Polvere di riso! - gridano i tifosi contro Carlos Alberto, un altro giocatore mulatto, l'unico mulatto del club Fluminense, che si imbianca il viso con polvere di riso.


Sangue nero

Era di agnello il sangue delle prime trasfusioni; e correva voce che quel sangue facesse crescere lana nel corpo. Nel 1670 l’Europa proibì gli esperimenti.
Molto tempo dopo, verso il 1940, le ricerche di Charles Drew apportarono nuove tecniche per il trattamento e la conservazione del plasma. Grazie alle sue scoperte, che salvarono milioni di vite umane durante la seconda guerra mondiale, Drew fu il primo direttore della Banca del Sangue della Croce Rossa negli Stati Uniti.
L’incarico durò 8 mesi.
Nel 1942, un ordine militare proibì che il sangue nero si mescolasse con il sangue bianco nelle trasfusioni.
Sangue nero? Sangue bianco? Ma questa è un’idiozia, disse Drew e si rifiutò di discriminare il sangue.
Lui se ne intendeva: era uno scienziato ed era nero.
E allora rinunciò o fu rinunciato.


L'altra tua testa, l'altra tua memoria

Dalla meridiana del convento di San Francesco, una lugubre iscrizione ricorda ai viandanti la fugacità della vita: Ogni ora che passa ti ferisce e l'ultima ti ucciderà.
Sono parole scritte in latino. Gli schiavi neri di Bahia non capiscono il latino nè sanno leggere. Dall'Africa hanno portato dei allegri e attaccabrighe: stanno con loro, vanno da loro. Chi muore, entra. I tamburi risuonano perché il morto non si perda e arrivi nella regione di Oxalà. Là, nella casa del creatore dei creatori, lo aspetta l'altra sua testa, la testa immortale. Tutti abbiamo due teste e due memorie. Una testa di fango che diventerà polvere, e un'altra invulnerabile per sempre ai morsi del tempo e della passione. Una memoria che la morte uccide, bussola che finisce con il viaggio, e un'altra memoria, la memoria collettiva, che vivrà finché viva l'avventura umana nel mondo.
Quando l'aria dell'universo si agitò e respirò per la prima volta, e nacque il dio degli dei, non c'era separazione fra la terra e il cielo. Ora sembrano divorziati; ma il cielo e la terra tornano ad unirsi ogni volta che qualcuno muore, ogni volta che qualcuno nasce e ogni volta che qualcuno riceve gli dei nel suo corpo palpitante.

Eduardo Galeano





Memorias y desmemorias






Memoria

La palabra recordar viene del latín re-cordis, que significa volver a pasar por el corazón.
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Desmemoria

Chicago está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros.

Al llegar al barrio de Heymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada 1º de Mayo - Ha de ser por aquí - me dicen. Pero nadie sabe. Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada.
El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera. Ese día, la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.
Tras la inútil exploración de Heymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura curiosidad, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock.
El cartel reproduce un proverbio del Africa:
Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.
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Estoy leyendo una novela de Louise Erdrich.
A cierta altura, un bisabuelo encuentra a su bisnieto.
El bisabuelo está completamente chocho (sus pensamientos tienen el color del agua) y sonríe con la misma beatífica sonrisa de su bisnieto recién nacido.
El bisabuelo es feliz porque ha perdido la memoria que tenía. El bisnieto es feliz porque no tiene, todavía, ninguna memoria.
He aquí, pienso, la felicidad perfecta. Yo no la quiero.
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A fines del siglo dieciocho, los soldados de Napoleón descubrieron que muchos niños egipcios creían que las pirámides habían sido construidas por los franceses o por los ingleses.
A fines del siglo veinte, muchos niños japoneses creían que las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki habían sido arrojadas por los rusos.
En 1965, el pueblo de Santo Domingo resistió durante ciento treinta y dos noches la invasión de cuarenta y dos mil marines norteamericanos. La gente peleó casa por casa, cuerpo a cuerpo, con palos y cuchillos y carabinas y piedras y botellas rotas. ¿Qué creerán, de aquí a un tiempo, los niños dominicanos? El gobierno no celebra a la resistencia nacional en un Día de la Dignidad, sino el Día de la Confraternidad, poniendo un signo de igual entre quienes habian besado la mano del invasor y quienes habían puesto el pecho a los tanques.
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En 1839, el embajador norteamericano en Honduras, John Lloyd Sthephens, compró la ciudad maya de Cópan, con dioses y todo, por cincuenta dólares.
En 1892, en las cercanías de Nueva York, un jefe indígena iroqués vendió las cuatro fajas sagradas que su comunidad guardaba desde siempre. Como las ruinas alzadas en la maleza de Copán, esas fajas de conchillas contaban la historia colectiva. El general Henry B. Carrington las compró por setenta y cinco dólares.
Para blanquear la República Dominicana, el general Rafael Leónidas Trujillo asesinó a 18.000 negros en 1937. Eran todos haitianos, como su abuela materna. Trujillo pagó al gobierno de Haití una indemnización de veintinueve dólares por muerto.
En el año 2001, al cabo de varios procesos por sus crímenes, el general chileno Agusto Pinochet terminó pagando una multa de 3.500 dólares. Un dólar por muerto.
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El imperio otomano se caía a pedazos y los armenios pagaron el pato. Mientras ocurría la primera guerra mundial, una carnicería programada por el gobierno acabó con la mitad de los armenios en Turquía:
casas saqueadas y quemadas,
caravanas de desnudos arrojados al camino sin agua ni nada,
mujeres violadas a la luz del día en la plaza del pueblo,
cuerpos mutilados flotando en los ríos.
Quien no murió de sed o hambre o frío, murió de cuchillo o bala. O de horca. O de humo: en el desierto de Siria, los armenios expulsados de Turquía fueron encerrados en cuevas y asfixiados con humo, en lo que fue algo así como una profecía de las cámaras de gas de la Alemania nazi.
Veinte años después, Hitler estaba programando, con sus asesores, la invasión de Polonia. Midiendo los pros y los contras de la operación, Hitler advirtió que habría protestas, algún escándalo internacional, algún griterío, pero aseguró que ese ruido no duraría mucho. Y preguntando comprobó:
- ¿Quién se acuerda de los armenios?
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Hace cuatro siglos y medio, Miguel Servet fue quemado vivo, con leña verde, en Ginebra. Calvino lo mandó a la hoguera, porque Servet creía que nadie debía ser bautizado antes de llegar a la edad adulta, tenía sus dudas sobre el misterio de la Santísima Trinidad y era tan cabezadura que insistía en enseñar, en sus clases de medicina, que la sangre pasa por el corazón, pero se purifica en los pulmones.
Sus herejías lo habían condenado a una vida gitana. Antes de que lo atraparan, había cambiado muchas veces de país, de casa, de oficio y de nombre.
Servet ardió, muy lentamente, junto a los libros que había escrito. En la portada de uno de sus libros, un grabado mostraba a Sansón cargando, a la espalda, una muy pesada puerta. Debajo, se leía: Llevo mi libertad conmigo.
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Túpac Amaru había sido el último rey de los incas, que durante cuarenta años había peleado en las montañas del Perú. En 1572, cuando el sable del verdugo le partió el pescuezo, los profetas indios anunciaron que alguna vez la cabeza se juntaría con el cuerpo.
Y se juntó. Dos siglos después, José Gabriel Condorcanqui encontró el nombre que lo estaba esperando. Convertido en Túpac Amaru, él encabezó la más numerosa y peligrosa rebelión indígena en toda la historia de las Américas.
Ardieron los Andes. Desde la cordillera hasta la mar se alzaron las víctimas del trabajo forzado en las minas, las haciendas y los talleres. De victoria en victoria, amenazaban el menú colonial los sublevados que avanzaban, a paso imparable, vadeando ríos, trepan­do montañas, atravesando valles, pueblo tras pueblo. Y a punto estuvieron de conquistar el Cuzco.
La ciudad sagrada, el corazón del poder, estaba ahí: desde las cumbres se veía, se tocaba.
Habían pasado dieciocho siglos y medio, y se repetía la historia de Espartaco, que tuvo a Roma al alcance de la mano. Y tampoco Túpac Amaru se decidió a atacar. Tropas indias, al mando de un ca­cique vendido, defendían el Cuzco, ciudad sitiada, y él no mataba indios: eso no, eso nunca. Bien sabía que era necesario, que no ha­bía otra, pero...
Mientras él dudaba, que sí, que no, que quién sabe, pasaron los días y las noches y los soldados españoles, muchos, bien armados, iban llegando desde Lima.
Envano le enviaba desesperados mensajes su mujer, Micaela Bastidas, que comandaba la retaguardia:
Tú me has de acabar de pesadumbres...
— Yo ya no tengo paciencia para aguantar todo esto...
— Bastantes advertencias te di...
— Si tú quieres nuestra ruina, puedes echarte a dormir.

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¿Hasta cuándo habrá más penas y olvido? ¿No será hora de que nos olvidemos de olvidar? Este artículo nos invita a entrar al tema de las memorias y desmemorias, a través de seis puertas.



LA MEMORIA MUTILADA

"Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador."
(Proverbio africano)

La memoria del poder no recuerda: bendice. Ella justifica la perpetuación del privilegio por derecho de herencia, otorga impunidad a los crímenes de los que mandan y proporciona coartadas a su discurso, que miente con admirable sinceridad.
La memoria de pocos se impone como memoria de todos. Pero este reflector, que ilumina las cumbres, deja la base en la oscuridad. Los que no son ricos, ni blancos, ni machos, ni militares, rara vez actúan en la historia oficial de América Latina: más bien integran la escenografía, como los extras de Hollywood. Son los invisibles de siempre, que en vano buscan sus caras en este espejo obligatorio. Ellos no están.
La memoria del poder sólo escucha las voces que repiten la aburrida letanía de su propia sacralización. "Los que no tienen voz" son los que más voz tienen, pero llevan siglos obligados al silencio, y a veces da la impresión de que se han acostumbrado. El elitismo, el racismo, el machismo y el militarismo, que nos impiden ser, también nos impiden recordar.
Se enaniza la memoria colectiva, mutilada de lo mejor de sí, y se pone al servicio de las ceremonias de autoelogio de los mandones que en el mundo son.

LA MEMORIA ROTA

Que la fortuna se ha hecho titiritera
y tan pronto te muestra un país
como lo oculta.

(Abú Bakr b. Sárim, poeta de Sevilla, siglo XIII).

La cultura de consumo, que exige comprar, condena todo lo que vende al desuso inmediato: las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz.
El shopping center, templo donde se celebran las misas del consumo, es un buen símbolo de los mensajes dominantes en la época nuestra: existe fuera del tiempo y del espacio, sin edad y sin raíz, y no tiene memoria.
Y la televisión es el vehículo donde esos mensajes se irradian de la manera más eficaz. La tele nos acribilla con imágenes que nacen para ser olvidadas en el acto. Cada imagen sepulta a la imagen anterior y sólo sobrevive hasta la imagen siguiente.
Los acontecimientos humanos, convertidos en objeto de consumo, mueren, como las cosas, en el instante en que son usados. Cada noticia está divorciada de su propio pasado y divorciada del pasado de las demás. En la era del zapping, no se sabe si cuanto más nos informamos, más conocemos o más ignoramos.
Los medios de comunicación y los centros de educación no suelen contribuir mucho, que digamos, a la integración de la realidad y su memoria. La cultura de consumo, cultura del desvinculo, nos adiestra para creer que las cosas ocurren porque sí. Incapaz de reconocer sus orígenes, el tiempo presente proyecta el futuro como su propia repetición, mañana es otro nombre de hoy: la organización desigual del mundo, que humilia a la condición humana, pertenece al orden eterno, y la injusticia es une fatalidad que estamos obligados a aceptar o aceptar.
El poder no admite más raíces que las que necesita para proporcionar coartadas a sus crímenes; la impunidad exige la desmemoria.
Hay países y personas exitosas y hay países y personas fracasadas, porque la vida es un sistema de recompensas y castigos que premia a los eficientes y castiga a los inútiles.
Para que las infamias puedan ser convertidas en hazañas, hay que romper la memoria: la memoria del norte se divorcia de la memoria del sur, la acumulación se desvincula del vaciamiento, la opulencia no tiene nada que ver con el despojo.
La memoria rota nos hace creer que la riqueza es inocente de la pobreza y que la desgracia no paga, desde hace siglos o milenios, el precio de la gracia. Y nos hace creer que estamos condenados a la resignación.

LA MEMORIA QUEMADA

Para que el demonio no pueda continuar ejerciendo sus engaños.
(Del arzobispo de Uma, que en 1614 mandó quemar todas las quenas y demás instrumentos musicales de los indios).

En 1499, en Granada, el arzobispo Cisneros arrojó a las llamas los libros musulmanes, para reducir a cenizas ocho siglos de historia escrita de la cultura islámica en España.
En 1562, en Mani de Yucatán, fray Diego de Landa arrojó a las llamas los libros mayas, para reducir a cenizas ocho siglos de historia escrita de la cultura indígena en América.
En 1888, en Río de Janeiro, el emperador Pedro II arrojó a las llamas la documentación sobre la esclavitud en Brasil, para reducir a cenizas tres siglos y medio de historia escrita de la infamia negrera.
En 1983, en Buenos Aires, el general Reynaldo Bignone arrojó a las llamas la documentación sobre la guerra sucia de la dictadura militar argentina, para reducir a cenizas ocho años de historia escrita de la infamia carnicera.
En 1995, en la ciudad de Guatemala, el ejército arrojó a las llamas la documentación sobre la guerra sucia de la dictadura militar guatemalteca, para reducir a cenizas cuarenta años de historia escrita de la infamia carnicera.

LA MEMORIA PORFIADA

¿Dónde estaba yo, antes de estar?
(Pregunta de un niño de cinco años a la madre, según me contó la madre)

La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la memoria humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa.
Los libros y las gentes achicharradas en las hogueras de la Santa Inquisición irradian une obstinada energía, energía de pluralidad y tolerancia, sobre los procesos de cambio de la España de hoy.
Las voces de la América precolombina, castigadas voces que hablan de la vida en comunidad y de la comunión con la naturaleza, resuenan muy nuevitas, abriendo brechas en los callejones sin salida de esta América actual.
Los brasileños están redescubriendo el más despreciado capítulo de su historia, la resistencia del reino de Palmares, aquel santuario de libertad donde los esclavos negros fugitivos derrotaron a más de cuarenta embestidas militares a lo largo de un siglo, y en esa perdida memoria estén empezando a celebrar el más certero símbolo de dignidad nacional.
Los argentinos empiezan a reconocer su mejor símbolo de salud mental en las madres de Plaza de Mayo, que habían sido llamadas locas cuando se negaron a olvidar, y en Guatemala el símbolo de otro país posible ya se llama Rigoberta Menchú, la mujer indígena que desde hace años encabeza el desafío contra la amnesia de los crímenes del terror de Estado.

LA MALA MEMORIA

Tenia tan mala memoria que se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo.
(Ramón Gómez de la Serna).

La amnesia, dice el poder, es sana.
Desde el punto de vista del poder, no sólo estaban y están locas las madres de sus víctimas, sino que también están locos sus propios instrumentos, los verdugos, cuando no pueden dormir a pata suelta, sin otra molestia que los mosquitos del verano.
No es mucha la gente que nace con esa incómoda glándula llamada conciencia, que segrega culpa, pero a veces se da: cuando un oficial del ejército argentino, el capitán Scilingo, reveló que no podía dormir sin lexotanil o borrachera desde que había arrojado al mar a treinta prisioneros vivos, sus superiores le recomendaron tratamiento psiquiátrico, porque se había vuelto loco.
El gobierno argentino ha enviado a Europa a más de un oficial nazi, aplicando la extradición por crímenes masivos cometidos hace más de medio siglo, al mismo tiempo que otorgaba impunidad, y aplausos, a los oficiales argentinos que habían cometido crímenes masivos hace un rato nomas.
La memoria y la justicia, ¿son lujos que los países latinoamericanos no pueden permitirse? ¿Estamos obligados a vivir en estado de perpetua mentira?
El poder identifica a la memoria con el desorden y a la justicia con la venganza. En nombre del orden democrático y de la conciliación nacional, se han dictado leyes de impunidad de los países latinoamericanos que vienen de sufrir dictaduras militares. Esas leyes, que entierran el pasado, destierran la justicia.
Cuando en 1989 se realizo en el Uruguay el plebiscito contra la impunidad, la mayoría de la gente cayó en la trampa de la propaganda oficial, que sembró el pánico bombardeando con amenazas a la opinión pública. Lavado de memoria, lavado de cerebro: si se castigaban los crímenes de la gente de uniforme, o si simplemente se abría la posibilidad de que semejante cosa ocurriera, la violencia volvería, se repetiría la historia. El olvido era el precio de la paz.
La experiencia dice todo lo contrario. Para que la historia no se repita, hay que recordarla la impunidad, que premia al delito, estimula al delincuente. Y cuando el delincuente es el Estado, que viola, robe, tortura y mata sin rendir cuentas a nadie, se emite desde el poder une luz verde que autoriza a la sociedad entera a violar, robar, torturar y matar. Y la democracia paga, a la corta o a la larga, las consecuencias.
La impunidad del poder, hija de la mala memoria, es une de las maestras de la Escuela del Crimen. A esa escuela acuden, hoy por hoy, muchos millones de niños latinoamericanos; y el alumnado crece día a día.

LA MEMORIA PROHIBIDA

El obispo Juan Gerardi presidió del grupo de trabajo que rescató la historia reciente del terror en Guatemala. Miles de voces, testimonios recogidos en todo el país, fueron juntando los pedacitos de 40 años de memoria del dolor: 150.000 guatemaltecos muertos, 50.000 desaparecidos, un millón de exiliados y refugiados, 200.000 huérfanos, 40.000 viudas, 9 de cada diez víctimas eran civiles desarmados, en su mayoría indígenas; y en ocho de cada diez casos, la responsabilidad era del ejército o de sus bandas paramilitares.
La iglesia hizo público el informe un jueves de abril del 98, dos días después, el obispo Gerardi apareció muerto, con el cráneo partido a golpes de piedra.

LA MEMORIA VIVA

Hermanito, me va a disculpar. Yo quisiera ir con usted, pero tengo mucho que hacer.
(En el entierro de Jorge López, en el valle del Bolsón. Palabras de su mejor amigo)

Cuando está de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacer la, más que en los museos, donde la pobre se aburre, la memoria está en el aire que respiramos. Ella, desde el aire, nos respira.
Es contradictoria, como nosotros. Nunca está quieta. Con nosotros, cambia. A medida que van pasando los años, y los años nos van cambiando, va cambiando también nuestro recuerdo de lo vivido, lo visto y lo escuchado. Y a menudo ocurre que ponemos en la memoria lo que en ella queremos encontrar, como suele hacer la policía con los allanamientos.
La nostalgia, por ejemplo, que tan gustosa es, y que tan generosamente nos brinda el calorcito de su refugio, es también tramposa: ¿Cuantas veces preferimos el pasado que inventamos al presente que nos desafía y al futuro que nos da miedo?
La memoria viva no nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia, pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron.
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Resurrección de Arcimboldo

Cada persona era una fuente de sabores, olores y colores: la oreja, un tulipán; las cejas, dos langostinos; los ojos, dos uvas; los párpados, picos de pato; la nariz, una pera; la mejilla, una manzana; el mentón, una granada; y el pelo, un bosque de ramas.
Giuseppe Arcimboldo, pintor de corte, hizo reír a tres emperadores.
Lo celebraron, porque no lo entendieron. Sus obras parecían parques de diversiones. Y así pudo sobrevivir, y darse la gran vida, este artista pagano.
Arcimboldo se dio el lujo de cometer mortales pecados de idolatría, exaltando la comunión humana con la naturaleza exuberante y loca, y pintó retratos que decían ser juegos inofensivos pero eran burlas feroces.
Cuando murió, la memoria del arte lo suprimió, como si fuera pesadilla.
Cuatro siglos después, fue resucitado por los surrealistas, sus hijos tardíos.
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Resurrección de Vermeer

Sus obras se vendían por nada cuando murió. En 1676, la viuda pagó con dos cuadros lo que debía al panadero.
Después, Vermeer van Delft fue castigado con pena de olvido.
Dos siglos demoró en regresar al mundo. Los impresionistas, cazadores de la luz, lo rescataron. Renoir dijo que su retrato de la mujer haciendo encajes era la pintura más bella que había visto.
Vermeer, cronista de la trivialidad, no pintó más que su casa y algo del vecindario. Su mujer y sus hijas eran sus modelos, y sus temas los quehaceres
del hogar. Siempre lo mismo, nunca lo mismo: en esa casera rutina, él supo descubrir, como Rembrandt, los soles que el oscuro cielo del norte le negaba.
En sus cuadros, no hay jerarquías. Nada ni nadie es más ni menos luminoso. La luz del universo vibra, secretamente, en la copa de vino tanto como en la mano que la ofrece, en la carta tanto como en los ojos que la leen, en un gastado tapiz tanto como en la cara no usada de esa muchacha que te mira.
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Resurrección de Vivaldi

Antonio Vivaldi y Ezra Pound, hombres de cabellera llameante y flameante, han dejado honda huella de sus pasos. El mundo sería bastante menos vivible si no tuviera la música de Vivaldi y la poesía de Pound.
La música de Vivaldi estuvo callada durante dos siglos.
Pound la recuperó. Esos sones que el mundo había olvidado abrían y cerraban el programa de radio del poeta, que trasmitía propaganda fascista, desde Italia, en lengua inglesa.
El programa ganó pocos simpatizantes para Mussolini, si es que alguno ganó; pero conquistó muchos fervorosos para el músico de Venecia.
Cuando el poder fascista se derrumbó, Pound cayó preso. Los militares de Estados Unidos, su país, lo encerraron en una jaula de alambre de púas, a la intemperie, para que la gente le arrojara monedas y escupidas, y después lo mandaron al manicomio.
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En las profundidades de una cueva del río Pinturas, un cazador estampó en la piedra su mano roja de sangre. El dejó su mano allí, en alguna tregua entre la urgencia de matar y el pánico de morir. Y algún tiempo después, otro cazador imprimió, junto a esa mano, su propia mano negra de tizne. Y luego otros cazadores fueron dejando en la piedra las huellas de sus manos empapadas en colores que venían de la sangre y de las cenizas, de la tierra y de las flores.

Trece mil años después, cerquita del río Pinturas, en la ciudad de Perito Moreno, alguien escribe en una pared: "Yo estuve aquí".
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Seis siglos después de su fundación, Roma decidió que el año empezaría el primer día de enero. Hasta entonces, cada año nacía el 15 de marzo. No hubo más remedio que cambiar la fecha, por razón de guerra.
España ardía. La rebelión, que desafiaba el poderío imperial y devoraba miles y más miles de legionarios, obligó a Roma a cambiar la cuenta de sus días y los ciclos de sus asuntos de estado. Largos años duró el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, la capital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.
En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del río Duero, yacen sus restos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambió, para siempre, el calendario universal. Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas, brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libres y los años.

Eduardo Galeano


Memoria

La parola ricordare viene dal latino re-cordis, che significa passare di nuovo nel cuore.
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Dismemoria

Chicago è piena di fabbriche. Ci sono fabbriche perfino in pieno centro cittadino, intorno all'edificio più alto del mondo. Chicago è piena di fabbriche, Chicago è piena di operai.

Arrivato nel quartiere di Heymarket, chiedo ai miei amici che mi mostrino il posto dove furono impiccati, nel 1886, quegli operai che il mondo intero saluta ogni 1º di Maggio. - Deve essere qui -, mi dicono. Ma nessuno sa. Nessuna statua è stata eretta in memoria dei martiri di Chicago, nella città di Chicago. Né statua, né stele, né targa di bronzo, né niente.
Il primo maggio è l'unico giorno davvero universale dell'umanità intera, l'unico giorno in cui coincidono tutte le storie e tutte le geografie, tutte le lingue e le religioni e le culture del mondo; ma negli Stati Uniti, il primo maggio è un giorno qualunque. Quel giorno, la gente lavora normalmente, e nessuno, o quasi nessuno, ricorda che i diritti della classe operaia non sono germogliati dall'orecchio di una capra, né della mano di Dio o del padrone.
Dopo l'inutile esplorazione di Heymarket, i miei amici mi portano a conoscere la migliore libreria della città. E lì, per pura curiosità, per pura casualità, scopro un vecchio manifesto che sta lì come ad aspettarmi, messo tra molte altre locandine di cinema e musica rock.
Il manifesto riporta un proverbio dell'Africa:
"Fino a quando i leoni non avranno i propri storiografi, le storie di caccia continueranno a glorificare il cacciatore".
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Sto leggendo un romanzo di Louise Erdrich.
Ad un certo punto, un bisnonno incontra il suo bisnipote.
Il bisnonno è completamente rimbambito (i suoi pensieri hanno il colore dell'acqua) e sorride con lo stesso serafico sorriso del suo bisnipote neonato.
Il bisnonno è felice perché ha perso la memoria che aveva. Il bisnipote è felice perché non ha, ancora, nessuna memoria.
Ecco qui, penso, la felicità perfetta. Io non la voglio.
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Alla fine del diciottesimo secolo, i soldati di Napoleone scoprirono che molti bambini egiziani credevano che le piramidi fossero state costruite dai francesi o dagli inglesi.
Alla fine del ventesimo secolo, molti bambini giapponesi credevano che le bombe su Hiroshima e Nagasaki fossero state lanciate dai russi.
Nel 1965, il paese di Santo domingo resistette per centotrentadue notti all'invasione di quarantaduemila marines nordamericani. La gente combattè casa per casa, corpo a corpo, con bastoni e coltelli e carabine e pietre e bottiglie rotte. Che cosa crederanno, di qui a non molto tempo, i bambini dominicani? Il governo non celebra la resistenza nazionale in un Giorno della Dignità, bensì il Giorno della Fratellanza, mettendo un segno uguale tra chi aveva baciato la mano dell'invasore e chi avevano mostrato il petto ai carri armati.
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Nel 1839, l'ambasciatore nordamericano in Honduras, John Lloyd Sthephens, comprò la città maya di Cópan, con divinità e tutto, per cinquanta dollari.
Nel 1892, nelle vicinanze di New York, un capo indiano irochese vendè le quattro fasce sacre che la sua comunità conservava da sempre. Come le rovine alzate nella sterpaglia di Copán, quelle fasce di conchiglie raccontavano la storia collettiva. Il generale Henry B. Carrington le comprò per settantacinque dollari.
Per sbiancare la Repubblica Dominicana, il generale Rafael Leónidas Trujillo assassinò 18.000 neri nel 1937. Erano tutti haitiani, come la sua nonna materna. Trujillo pagò al governo di Haiti un'indennità di ventinove dollari per morto.
Nell'anno 2001, dopo vari processi per i suoi crimini, il generale cileno Agusto Pinochet finì per pagare una multa di 3.500 dollari. Un dollaro a morto.
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L'impero ottomano cadeva a pezzi e gli armeno pagarono lo scotto. Mentre infuriava la prima guerra mondiale, una macelleria programmata dal governo mise fine alla metà degli armeni in Turchia: case saccheggiate e bruciate, carovane di persone nude e coraggiose in marcia senza acqua né niente, donne violentate alla luce del giorno nella piazza del paese, corpi mutilati a galleggiare nei fiumi.
Chi non morì di sete o fame o freddo, morì di coltello o pallottola. O di forca. O di fumo: nel deserto di Siria, gli armeni sloggiati della Turchia furono rinchiusi in grotte e soffocati col fumo, in quella che fu qualcosa come una profezia delle camere a gas della Germania nazista.
Venti anni dopo, Hitler stava programmando, coi suoi gerarchi, l'invasione della Polonia. Misurando i pro ed i contro dell'operazione, Hitler osservò che ci sarebbero state proteste, un certo scandalo internazionale, qualche schiamazzo, ma assicurò che quel clamore non sarebbe durato molto. E a conferma domandò:
- Chi si ricorda degli armeni?
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Quattro secoli e mezzo fa, Miguel Servet fu bruciato vivo, con legna verde, a Ginevra. Calvino ordinò il falò, perché Servet credeva che nessuno doveva essere battezzato prima di arrivare all'età adulta, aveva i suoi dubbi sul mistero della Santa Trinità ed era tanto caparbio che insisteva ad insegnare, nelle sue aule di medicina, che il sangue passa per il cuore, ma si purifica nei polmoni.
Le sue eresie l'avevano condannato ad una vita errante. Prima che l'acchiappassero, aveva cambiato molte volte paese, casa, mestiere e nome.
Servet bruciò, molto lentamente, vicino ai libri che aveva scritto. Nella facciata di uno dei suoi libri, un'incisione mostrava Sansone che portava sulla schiena, curvo sotto il carico, un porta molto pesante. Sotto, si leggeva: Porto la mia libertà con me.
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Túpac Amaru era stato l'ultimo re degli inca, che per quarant'anni aveva combattuto sulle montagne del Perù. Nel 1572, quando la sciabola del boia gli spaccò la nuca, i profeti indios annunciarono che sarebbe venuto il giorno in cui la testa si sarebbe riunita al corpo.
E si riunì. Due secoli dopo, José Gabriel Condorcanqui trovò il nome che lo stava aspettando. Convertito in Túpac Amaru, egli capeggiò la più numerosa e pericolosa ribellione indigena in tutta la storia delle Indie.
Arsero le Ande. Dalla cordigliera fino alla mare si sollevarono le vittime dal lavoro forzato nelle miniere, nelle tenute agricole e nelle officine. Di vittoria in vittoria, il menù coloniale era minacciato dai ribelli che avanzavano, a passo inarrestabile, guadando fiumi, valicando montagne, attraversando valli, paese dietro paese. E ad un certo momento furono sul punto di conquistare Cuzco.
La città sacra, il cuore del potere, stava lì: dalle cime si vedeva, si toccava.
Erano passati diciotto secoli e mezzo, e si ripeteva la storia di Spartaco che ebbe a portata di mano Roma. E neanche Túpac Amaru si decise ad attaccare. Truppe indios, al comando di un ca­cique venduto, difendevano Cuzco, città assediata, ed egli non ammazzava indios: quello no, quello mai. Sapeva bene che era necessario, che non aveva altra scelta, ma...
Mentre egli dubitava sul sì, sul no, sul chi sa, passarono i giorni e le notti ed i soldati spagnoli, molti, ben armati, continuavano ad arrivare da Lima.
Invano gli inviava disperati messaggi sua moglie, Micaela Bastidas, che comandava la retroguardia:
- Tu devi finirla di dispiacermi...
- Io oramai non ho più la pazienza per sopportare tutto questo...
- Ti ho già dato abbastanza avvertimenti...
- Se vuoi la nostra rovina, puoi metterti a dormire.

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Fino a quando si avranno ancora pene e dimenticanza? Non sarà ora che ci dimentichiamo di dimenticare? Questo articolo c'invita ad entrare nel tema delle memorie e smemoratezze, attraverso sei porte.



LA MEMORIA MUTILATA

"Fino a quando i leoni non avranno i propri storiografi, le storie di caccia continueranno a glorificare il cacciatore."
(Proverbio africano)

La memoria del potere non ricorda: benedice. Essa giustifica la perpetuazione del privilegio per diritto d'eredità, concede impunità ai crimini di quanti comandano e fornisce alibi al loro discorso che mente con ammirabile sincerità.
La memoria di pochi si impone come memoria di tutti. Ma questo riflettore che illumina le cime, lascia la base nell'oscurità. Quelli che non sono ricchi, né bianchi, né maschi, né militari, raramente agiscono nella storia ufficiale dall'America Latina: piuttosto completano la scenografia, come le comparse di Hollywood. Sono da sempre gli invisibili che cercano invano i loro volti in questo specchio obbligatorio. Essi non ci sono.
La memoria del potere ascolta solo le voci che ripetono la noiosa litania della sua propria sacralizzazione. "Quelli che non hanno voce" sono quelli che più hanno voce, ma sono da secoli obbligati al silenzio, ed a volte danno l'impressione che si siano abituati. L'elitarismo, il razzismo, il machismo ed il militarismo, che ci ostacolano l'esistenza, ci impediscono anche di ricordare.
Si rimpicciolisce la memoria collettiva, mutilata della parte migliore di sé, e la si mette al servizio delle cerimonie di autoelogio dei prepotenti che sono nel mondo.

LA MEMORIA ROTTA

Che la fortuna si è fatta burattinaia
e tanto prontamente ti mostra un paese
allo stesso modo in cui lo nasconde
.
(Abú Bakr b. Sárim, poeta di Siviglia, secolo XIII)

La cultura del consumo che esige di comprare, condanna tutto quello che vende all'obsolescenza immediata: le cose invecchiano in un lampo, per essere rimpiazzate da altre cose dalla vita fugace.
Lo shopping center, tempio dove si celebrano le messe del consumo, è un buon simbolo dei messaggi dominanti nella nostra epoca: esiste fuori dal tempo e dallo spazio, senza età e senza radici, e non ha memoria.
E la televisione è il mezzo col quale quei messaggi si irradiano nella maniera più efficace. La tele ci bombarda con immagini che nascono per essere dimenticate nell'atto stesso. Ogni immagine seppellisce l'immagine anteriore e sopravvive solo fino all'immagine seguente.
Gli avvenimenti umani, convertiti in oggetto di consumo, muoiono, come le cose, nell'istante in cui sono usati. Ogni notizia è divorziata dal suo proprio passato e divorziata dal passato di tutte le altre. Nell'era dello zapping, non si sa se, quanto più c'informiamo, più conosciamo o più ignoriamo.
I mezzi di comunicazione ed i centri di educazione normalmente non contribuiscono molto, diciamo così, all'integrazione della realtà e la sua memoria. La cultura del consumo, cultura del disimpegno, ci abitua a credere che le cose succedono perché sì.
Incapace di riconoscere le sue origini, il tempo presente proietta il futuro come sua propria ripetizione, il domani è come un altro nome dell'oggi: l'organizzazione disuguale del mondo che umilia la condizione umana, appartiene all'ordine eterno, e l'ingiustizia è una fatalità che siamo obbligati ad accettare o accettare.
Il potere non ammette più radici di quelle necessarie a fornire alibi ai suoi crimini; l'impunità esige la smemoratezza.
Ci sono paesi e persone di successo e ci sono paesi e persone fallite, perché la vita è un sistema di ricompense e punizioni che premia gli efficienti e punisce gli incapaci.
Affinché le infamie possano essere convertite in imprese, bisogna rompere la memoria: la memoria del nord divorzia dalla memoria del sud, l'accumulazione si stacca dalla depredazione, l'opulenza non ha niente a che vedere con la privazione.
La memoria rotta ci fa credere che la ricchezza non ha colpa della povertà e che la disgrazia non paga, da secoli o millenni, il prezzo della grazia. E ci fa credere che siamo condannati alla rassegnazione.

LA MEMORIA BRUCIATA

"Affinché il demonio non possa continuare ad esercitare i suoi inganni".
(L'arcivescovo di Uma che nel 1614 fece bruciare tutte le quenas ed altri strumenti musicali degli indios)

Nel 1499, a Granada, l'arcivescovo Cisneros gettò nelle fiamme i libri musulmani, per ridurre in cenere otto secoli di storia scritta della cultura islamica in Spagna.
Nel 1562, a Mani nello Yucatan, frate Diego de Landa gettò nelle fiamme i libri maya, per ridurre in cenere otto secoli di storia scritta della cultura indigena in America.
Nel 1888, a Río de Janeiro, l'imperatore Pedro II gettò nelle fiamme la documentazione sulla schiavitú in Brasile, per ridurre in cenere tre secoli e mezzo di storia scritta dell'infamia negriera.
Nel 1983, a Buenos Aires, il generale Reynaldo Bignone gettò nelle fiamme la documentazione sulla guerra sporca della dittatura militare argentina, per ridurre in cenere otto anni di storia scritta dell'infamia macellaia.
Nel 1995, nella città di Guatemala, l'esercito gettò nelle fiamme la documentazione sulla guerra sporca della dittatura militare guatemalteca, per ridurre in cenere quarant'anni di storia scritta dell'infamia macellaia.

LA MEMORIA TESTARDA

Dove ero io, prima di essere?
(Domanda di un bambino di cinque anni alla madre, come mi raccontò la madre)

La storia si ripete? O si ripete solo come penitenza di quanti sono incapaci di ascoltarla?
Non c'è storia muta. Per quanto la brucino, per quanto la rompano, per quanto la falsifichino, la memoria umana si rifiuta di tapparsi la bocca. Il tempo che fu continua a battere, vivo, dentro il tempo che è, benché il tempo che è non lo voglia o non lo sappia.
I libri e le genti bruciate nei falò della Santa Inquisizione irradiano una ostinata energia, energia di pluralismo e tolleranza, sui processi di cambiamento della Spagna di oggi.
Le voci dell'America precolombiana, castigate voci che parlano della vita in comunità e della comunione con la natura, risuonano molto innovative, aprendo brecce nei vicoli ciechi di questa America attuale.
I brasiliani stanno riscoprendo il più disprezzato capitolo della sua storia, la resistenza del regno di Palmares, quel santuario di libertà dove gli schiavi neri fuggitivi sconfissero oltre quaranta attacchi militari nel corso di un secolo, ed in quella memoria perduta stanno incominciando a celebrare il più saldo simbolo di dignità nazionale.
Gli argentini incominciano a riconoscere il loro miglior simbolo di salute mentale nelle madri di Plaza de Mayo che erano state chiamate pazze quando si rifiutarono di dimenticare, ed in Guatemala il simbolo di un altro paese possibile si chiama già Rigoberta Menchú, la donna indigena che da anni guida la sfida contro l'amnesia dei crimini del terrore di Stato.

LA CATTIVA MEMORIA

Aveva una così cattiva memoria che si dimenticò che aveva cattiva memoria e si ricordò di tutto.
(Ramón Gómez de la Serna)

L'amnesia, dice il potere, è sana.
Dal punto di vista del potere, non solo erano e sono pazze le madri delle sue vittime, ma sono pazzi anche i suoi propri strumenti, i boia, quando non possono dormire a piede libero, senza altro disturbo che le zanzare d'estate.
Non è molta la gente che nasce con quella scomoda ghiandola chiamata coscienza che secerne colpa, ma a volte si dà il caso: quando un ufficiale dell'esercito argentino, il capitano Scilingo, rivelò che non poteva dormire senza lexotan o sbornia da quando aveva gettato in mare aperto trenta prigionieri vivi, i suoi superiori lo raccomandarono per il trattamento psichiatrico, perché era diventato pazzo.
Il governo argentino ha mandato in Europa più di un ufficiale nazista, applicando l'estradizione per crimini di massa commessi più di mezzo secolo fa, mentre allo stesso tempo concedeva impunità, ed applausi, agli ufficiali argentini che avevano commesso crimini di massa non più di un momento prima.
La memoria e la giustizia, sono lussi che i paesi latinoamericani non possono permettersi? Siamo obbligati a vivere in stato di perpetua bugia?
Il potere identifica la memoria col disordine e la giustizia con la vendetta. A nome dell'ordine democratico e della riconciliazione nazionale, si sono dettate leggi di impunità nei paesi latinoamericani che escono dall'aver sofferto dittature militari. Quelle leggi che seppelliscono il passato, confinano la giustizia.
Quando nel 1989 si svolse in Uruguay il plebiscito contro l'impunità, la maggioranza della gente cadde nella trappola dalla propaganda ufficiale che seminò il panico bombardando di minacce l'opinione pubblica. Lavaggio di memoria, lavaggio di cervello: se si punivano i crimini della gente di uniforme, o se semplicemente si apriva la possibilità che una simile cosa succedesse, la violenza sarebbe tornata di nuovo, si sarebbe ripetuta la storia. La dimenticanza era il prezzo della pace.
L'esperienza insegna tutto il contrario. Affinché la storia non si ripeta, bisogna ricordare l'impunità, che premia il delitto, stimola il delinquente. E quando il delinquente è lo Stato che stupra, ruba, tortura ed ammazza senza rendere conto a nessuno, dal potere proviene una luce verde che autorizza la società intera a stuprare, rubare, torturare ed ammazzare. E la democrazia ne paga, in breve o alla lunga, le conseguenze.
L'impunità del potere, figlia della brutta memoria, è una delle maestre della Scuola del Crimine. A quella scuola accorrono, attualmente, molti milioni di bambini latinoamericani; e la scolaresca cresce giorno per giorno.

LA MEMORIA PROIBITA

Il vescovo Juan Gerardi presidiò il gruppo di lavoro che riscattò la storia recente del terrore in Guatemala. Migliaia di voci, testimonianze raccolte in tutto il paese, andarono ricostruendo le tessere di 40 anni di mmemoria del dolore: 150.000 guatemaltechi morti, 50.000 desaparecidos, un milione di esiliati e rifugiati, 200.000 orfani, 40.000 vedove, le vittime, 9 su dieci, erano civili disarmati, nella maggioranza indigeni; e in otto casi su dieci, la responsabilità era dell'esercito o delle sue bande paramilitari.
La chiesa rese pubblica la relazione un giovedì di aprile del 98, due giorni dopo, il vescovo Gerardi venne trovato morto, col cranio spaccato a colpi di pietra.

LA MEMORIA VIVA

Scusami tanto, fratello. Vorrei venire con te, ma ho molto da fare
(Al funerale di Jorge López, nella valle del Bolsón. Parole del suo migliore amico)

Quando è davvero viva, la memoria non contempla la storia, ma invita a farla, più che nei musei, dove la poveretta si annoia, la memoria sta nell'aria che respiriamo. Essa, dall'aria, ci respira.
È contraddittoria, come noi. Non è mai quieta. Con noi, cambia. Man mano che continuano a passare gli anni, e gli anni ci vanno cambiando, continua a cambiare anche il nostro ricordo di quanto vissuto, visto e ascoltato. E spesso succede che conserviamo nella memoria quello che vogliamo trovare in lei, come normalmente fa la polizia con le perquisizioni.
La nostalgia, per esempio, che è tanto invitante, e che tanto generosamente ci offre il suo caldo rifugio, è anche bara: Quante volte preferiamo il passato che inventiamo al presente che ci sfida ed al futuro che ci fa paura?
La memoria viva non è nata per essere àncora. Ha, piuttosto, vocazione di catapulta. Vuole essere porto di partenza, non di arrivo. Ella non rinnega la nostalgia, ma preferisce la speranza, il suo pericolo, le sue intemperie. I greci credevano che la memoria fosse sorella del tempo e della mare, e non si sbagliavano.
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Resurrezione di Arcimboldo

Ogni persona era una fonte di sapori, odori e colori: l'orecchio, un tulipano;
le sopracciglia, due gamberetti; gli occhi, due chicchi uve; le palpebre, becchi di papero; il naso, una pera; la guancia, una mela; il mento, una melagrana; ed i capelli, un bosco di rami.
Giuseppe Arcimboldo, pittore di corte, fece ridere tre imperatori.
Lo celebrarono, perché non lo capirono. Le sue opere sembravano parchi dei divertimenti. E così potè sopravvivere, e darsi alla bella vita, questo artista pagano.
Arcimboldo si concesse il lusso di commettere mortali peccati di idolatria, esaltando la comunione umana con la natura esuberante e pazza, e dipinse ritratti che si dicevano essere giochi inoffensivi ma erano scherzi feroci.
Quando morì, la memoria dell'arte lo soppresse, come se fosse un incubo.
Quattro secoli dopo, fu resuscitato dai surrealisti, i suoi figli tardivi.
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Resurrezione di Vermeer

Quando morì le sue opere si vendevano per un niente. Nel 1676, la vedova pagò con due quadri quello che doveva al panettiere.
Dopodiche, Vermeer van Delft fu punito con la pena dell'oblio.
Due secoli tardò a ritornare al mondo. Gli impressionisti, cacciatori della luce, lo riscattarono. Renoir disse che il suo ritratto della donna che ricama era la pittura più bella che aveva mai visto.
Vermeer, cronista della trivialità, non dipinse più che la sua casa e qualcosa del vicinato. Sua moglie e le sue figlie erano i suoi modelli, ed i suoi temi le faccende domestiche. Sempre la stessa cosa, mai la stessa cosa: in quella routine casalinga, egli seppe scoprire, come Rembrandt, i soli che l'oscuro cielo del nord gli negava.
Nei suoi quadri, non ci sono gerarchie. Niente e nessuno è più o meno luminoso. La luce dell'universo vibra, segretamente, tanto nel bicchiere di vino quanto nella mano che lo offre, tanto nella lettera quanto negli occhi che la leggono, tanto in un consumato arazzo quanto nel viso non usuale di quella ragazza che ti guarda.
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Resurrezione di Vivaldi

Antonio Vivaldi ed Ezra Pound, uomini dalla chioma fiammeggiante e ardente, hanno lasciato orme profonde coi loro passi. Il mondo sarebbe molto meno vivibile se non avesse la musica di Vivaldi e la poesia di Pound.
La musica di Vivaldi fu silenziosa per due secoli.
Pound la recuperò. Quei suoni che il mondo aveva dimenticato aprivano e chiudevano il programma radiofonico del poeta che trasmetteva, dall'Italia, propaganda fascista in lingua inglese.
Il programma guadagnò pochi simpatizzanti a Mussolini, se mai ne guadagnò qualcuno; ma conquistò molti ferventi ammiratori per il musicista di Venezia.
Quando il potere fascista crollò, Pound finì carcerato. I militari degli Stati Uniti, il suo paese, lo rinchiusero in una gabbia di filo spinato, alle intemperie, affinché la gente gli lanciasse monete e sputi, e dopo lo mandarono in manicomio.
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Nelle profondità di una grotta del fiume Pinturas, un cacciatore impresse sulla pietra la sua mano rossa di sangue. Egli lasciò lì la sua mano, in una qualche tregua tra l'urgenza di ammazzare e il panico di morire. E qualche tempo dopo, un altro cacciatore impresse, vicino a quella mano, la sua mano nera di fuliggine. E dopo altri cacciatori lasciarono sulla pietra le orme delle loro mani inzuppate in colori che venivano dal sangue e dalle ceneri, dalla terra e dai fiori.

Tredicimila anni dopo, vicino al fiume Pinturas, nella città di Perito Moreno, qualcuno scrive su una parete: "Io sono stato qui".
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Sei secoli dopo la sua fondazione, Roma decise che l'anno sarebbe cominciato il primo giorno di gennaio. Fino ad allora, ogni anno iniziava il 15 di marzo. A motivo della guerra, non ci fu altro rimedio che cambiare la data.
La Spagna ardeva. La ribellione che sfidava il potere imperiale e divorava migliaia e migliaia di legionari, obbligò a Roma a cambiare il conto dei suoi giorni e i periodi delle cariche di stato.
Lunghi anni durò la sollevazione, fino a che finalmente la città di Numancia, la capitale dei ribelli ispanici, fu assediata, incendiata e rasa al suolo.
In una collina circondata di campi di grano, sulle rive del fiume Duero, giacciono i suoi resti. Quasi niente è rimasto di questa città che cambiò, per sempre, il calendario universale. Ma alla mezzanotte di ogni 31 dicembre, quando leviamo i bicchieri, brindiamo per lei, benché non lo sappiamo, affinché continuino a nascere i liberi e gli anni.

Eduardo Galeano



La vida según Galeano:
Mujeres
Niños
Los primeros americanos
Fútbolerias (primera parte)
Fútbolerias (segunda parte)
Amares
Memorias y desmemorias
Hijos de África
Los nadies
El arcoiris terrestre
El miedo manda
Mapamundi
Te doy mi palabra
Mundo se rifa

Los mapas del alma no tienen fronteras



Nuestra región es el reino de las paradojas.
Brasil, pongamos por caso: paradójicamente, el Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más altas hermosuras del arte de la época colonial; paradójicamente, Garrincha, arruinado desde la infancia por la miseria y la poliomelitis, nacido para la desdicha, fue el jugador que más alegría ofreció en toda la historia del fútbol y, paradójicamente, ya ha cumplido cien años de edad Oscar Niemeyer, que es el más nuevo de los arquitectos y el más joven de los brasileños.
O pongamos por caso, Bolivia: en 1978, cinco mujeres voltearon una dictadura militar. Paradójicamente, toda Bolivia se burló de ellas cuando iniciaron su huelga de hambre. Paradójicamente, toda Bolivia terminó ayunando con ellas, hasta que la dictadura cayó.
Yo había conocido a una de esas cinco porfiadas, Domitila Barrios, en el pueblo minero de Llallagua. En una asamblea de obreros de las minas, todos hombres, ella se había alzado y había hecho callar a todos.
Quiero decirles estito – había dicho –. Nuestro enemigo principal no es el imperialismo, ni la burguesía ni la burocracia. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro.
Y años después, reencontré a Domitila en Estocolmo. La habían echado de Bolivia, y ella había marchado al exilio, con sus siete hijos. Domitila estaba muy agradecida de la solidaridad de los suecos, y les admiraba la libertad, pero ellos le daban pena, tan solitos que estaban, bebiendo solos, comiendo solos, hablando solos. Y les daba consejos:
No sean bobos – les decía. – Júntense. Nosotros, allá en Bolivia, nos juntamos. Aunque sea para pelearnos, nos juntamos.
Y cuánta razón tenía
.
Porque, digo yo: ¿existen los dientes, si no se juntan en la boca? ¿Existen los dedos, si no se juntan en la mano?
Juntarnos: y no sólo para defender el precio de nuestros productos, sino también, y sobre todo, para defender el valor de nuestros derechos. Bien juntos están, aunque de vez en cuando simulen riñas y disputas, los pocos países ricos que ejercen la arrogancia sobre todos los demás. Su riqueza come pobreza y su arrogancia come miedo.
Hace bien poquito, pongamos por caso, Europa aprobó la ley que convierte a los inmigrantes en criminales. Paradoja de paradojas: Europa, que durante siglos ha invadido el mundo, cierra la puerta en las narices de los invadidos, cuando le retribuyen la visita. Y esa ley se ha promulgado con una asombrosa impunidad, que resultaría inexplicable si no estuviéramos acostumbrados a ser comidos y a vivir con miedo.
Miedo de vivir, miedo de decir, miedo de ser. Esta región nuestra forma parte de una América latina organizada para el divorcio de sus partes, para el odio mutuo y la mutua ignorancia. Pero sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos, a escupir al espejo, a copiar en lugar de crear.
Todo a lo largo de la primera mitad del siglo diecinueve, un venezolano llamado Simón Rodríguez anduvo por los caminos de nuestra América, a lomo de mula, desafiando a los nuevos dueños del poder: – Ustedes – clamaba don Simón –, ustedes que tanto imitan a los europeos, ¿por qué no les imitan lo más importante, que es la originalidad?
Paradójicamente, era escuchado por nadie este hombre que tanto merecía ser escuchado. Paradójicamente, lo llamaban loco, porque cometía la cordura de creer que debemos pensar con nuestra propia cabeza, porque cometía la cordura de proponer una educación para todos y una América de todos, y decía que al que no sabe, cualquiera lo engaña y al que no tiene, cualquiera lo compra, y porque cometía la cordura de dudar de la independencia de nuestros países recién nacidos: – No somos dueños de nosotros mismos – decía. – Somos independientes, pero no somos libres.
Quince años después de la muerte del loco Rodríguez, Paraguay fue exterminado. El único país hispanoamericano de veras libre fue paradójicamente asesinado en nombre de la libertad. Paraguay no estaba preso en la jaula de la deuda externa, porque no debía un centavo a nadie, y no practicaba la mentirosa libertad de comercio, que nos imponía y nos impone una economía de importación y una cultura de impostación.
Paradójicamente, al cabo de cinco años de guerra feroz, entre tanta muerte sobrevivió el origen. Según la más antigua de sus tradiciones, los paraguayos habían nacido de la lengua que los nombró, y entre las ruinas humeantes sobrevivió esa lengua sagrada, la lengua primera, la lengua guaraní. Y en guaraní hablan todavía los paraguayos a la hora de la verdad, que es la hora del amor y del humor.
En guaraní, ñeñé significa palabra y también significa alma. Quien miente la palabra traiciona el alma.
Si te doy mi palabra, me doy.
Un siglo después de la guerra del Paraguay, un presidente de Chile dio su palabra, y se dio.
Los aviones escupían bombas sobre el palacio de gobierno, también ametrallado por las tropas de tierra. El había dicho: – Yo de aquí no salgo vivo.
En la historia latinoamericana, es una frase frecuente. La han pronunciado unos cuantos presidentes que después han salido vivos, para seguir pronunciándola. Pero esa bala no mintió. La bala de Salvador Allende no mintió.
Paradójicamente, una de las principales avenidas de Santiago de Chile se llama, todavía, Once de Septiembre. Y no se llama así por las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva York. No. Se llama así en homenaje a los verdugos de la democracia en Chile. Con todo respeto por ese país que amo, me atrevo a preguntar, por puro sentido común: ¿No sería hora de cambiarle el nombre? ¿No sería hora de llamarla Avenida Salvador Allende, en homenaje a la dignidad de la democracia y a la dignidad de la palabra?
Y saltando la cordillera, me pregunto: ¿por qué será que el Che Guevara, el argentino más famoso de todos los tiempos, el más universal de los latinoamericanos, tiene la costumbre de seguir naciendo? Paradójicamente, cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. El es el más nacedor de todos.
Y me pregunto: ¿No será porque él decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en este mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?
Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias. Pero quiero culminar este viajecito por las tierras de la región, evocando a un hombre nacido, como yo, por aquí cerquita.
Paradójicamente, él murió hace un siglo y medio, pero sigue siendo mi compatriota más peligroso. Tan peligroso es que la dictadura militar del Uruguay no pudo encontrar ni una sola frase suya que no fuera subversiva y tuvo que decorar con fechas y nombres de batallas el mausoleo que erigió para ofender su memoria.
A él, que se negó a aceptar que nuestra patria grande se rompiera en pedazos; a él, que se negó a aceptar que la independencia de América fuera una emboscada contra sus hijos más pobres, a él, que fue el verdadero primer ciudadano ilustre de la región, dedico esta distinción, que recibo en su nombre.
Y termino con palabras que le escribí hace algún tiempo:
1820, Paso del Boquerón. Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.
Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido, y su tierra se queda sin aliento.
¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen? Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda?
Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta.
Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.

Eduardo Galeano



La nostra regione è il regno dei paradossi.
Il Brasile, ad esempio: paradossalmente, Aleijadinho, l'uomo più brutto del Brasile, ha creato le più famose bellezze dell'arte dell'epoca coloniale; paradossalmente, Garrincha, rovinato sin dall'infanzia dalla miseria e dalla poliomielite, nato per sfortuna, è stato il giocatore che ha offerto più allegria in tutta la storia del calcio e, paradossalmente, ora ha compiuto cento anni Oscar Niemeyer, che è il più innovatore degli architetti ed il più giovane dei brasiliani.
O mettiamo per caso, la Bolivia: nel 1978, cinque donne rovesciarono una dittatura militare. Paradossalmente, tutta la Bolivia si burlò di loro quando iniziarono lo sciopero della fame. Paradossalmente, tutta la Bolivia terminò digiunando con loro, fino alla caduta della dittatura.
Io ho conosciuto una di queste cinque, Domitila Barrios, nel villaggio di minatori di Llallagua. In un'assemblea di minatori, tutti uomini, si alzò e zittì tutti.
Voglio dirvi questo - aveva affermato - il nostro nemico principale non è l'imperialismo, né la borghesia né la burocrazia. Il nostro nemico principale è la paura, e lo portiamo dentro.
Anni dopo, ritrovai Domitila a Stoccolma. L'avevano cacciata dalla Bolivia, e lei era andata in esilio, con i suoi setti figli. Domitila era molto grata per la solidarietà degli svedesi, dei quali ammirava la libertà, ma la rattristavano, erano così soli, bevevano soli, mangiavano soli, parlavano soli. Gli dava dei consigli:
Non siate sciocchi – gli diceva - unitevi. Noi, là in Bolivia, ci uniamo. Sebbene sia per litigare, ci uniamo.
Quanta ragione aveva.
Perché, dico io: esistono i denti, se non si uniscono nella bocca? Esistono le dita, se non si uniscono nella mano?
Uniamoci: e non solo per difendere il prezzo dei nostri prodotti, ma anche, e soprattutto, per difendere il valore dei nostri diritti. I pochi paesi ricchi che esercitano l'arroganza su tutti gli altri stanno insieme, sebbene di tanto in tanto simulano liti e dispute. La loro ricchezza come povertà e la loro arroganza come paura.
Poco tempo fa, ad esempio, l’Europa ha approvato la legge che converte gli immigranti in criminali. Paradosso dei paradossi: l’Europa, che durante secoli ha invaso il mondo, chiude la porta in faccia agli invasi, quando le restituiscono la visita. E questa legge è stata promulgata con una sorprendente impunità, che risulterebbe inspiegabile se non fossimo abituati ad essere sbranati ed a vivere con paura.
Paura di vivere, paura di dire, paura di essere. Questa nostra regione forma parte di un'America latina organizzata per il divorzio delle sue parti, per l'odio mutuo e la mutua ignoranza. Ma solo insieme saremo capaci di scoprire quello che possiamo essere, contro una tradizione che ci ha ammaestrati alla paura e alla rassegnazione e alla solitudine e che ogni giorno ci insegna a non amarci, a sputare nello specchio, a copiare invece di creare.
Durante tutta la prima metà del XIX secolo, un venezuelano chiamato Simón Rodríguez andò per i cammini della nostra America, a dorso di mula, sfidando i nuovi padroni del potere: - Voi - gridava don Simón -, voi che tanto imitate gli europei, perché non imitate la cosa più importante, che è l'originalità?
Paradossalmente, nessuno ascoltava quest’uomo che tanto meritava d’essere ascoltato. Paradossalmente, lo chiamavano matto, perché “commetteva” la saggezza di credere che dobbiamo pensare con la nostra propria testa, perché “commetteva” la saggezza di proporre un'educazione per tutti ed un'America di tutti, e diceva che chiunque inganna chi non sa e chiunque compra chi non ha nulla, perché “commetteva” la saggezza di dubitare dell'indipendenza dei nostri paesi appena nati: Non siamo padroni di noi stessi – diceva -. Siamo indipendenti, ma non siamo liberi.
Quindici anni dopo la morte del folle Rodríguez, il Paraguay fu sterminato. L'unico paese ispanoamericano davvero libero fu paradossalmente ucciso in nome della libertà. Il Paraguay non era prigioniero della gabbia del debito esterno, perché non doveva un centesimo a nessuno, e non praticava la bugiarda libertà di commercio, che ci imponeva e c’impone un'economia d’importazione ed una cultura d’impostazione.
Paradossalmente, dopo cinque anni di guerra feroce, tra tanta morte sopravvisse l'origine. Secondo la più antica delle sue tradizioni, i paraguaiani erano nati dalla lingua che li nominò, e tra le rovine fumanti sopravvisse questa lingua sacra, la prima lingua, la lingua guaranì. Ed in guaranì parlano ancora i paraguaiani nell'ora della verità, che è l'ora dell'amore e dell'umore.
In guaranì, ñeñé significa parola e significa anche anima. Chi mente con la parola tradisce l'anima. Se ti do la mia parola, mi consegno.
Un secolo dopo la guerra del Paraguay, un presidente del Cile diede la sua parola, e si consegnò.
Gli aeroplani sputavano bombe sul palazzo del governo, mitragliato anche dalle truppe di terra. Lui aveva detto: - Io da qui non esco vivo.
Nella storia latinoamericana, è una frase frequente. L'hanno pronunciata tanti presidenti che dopo sono usciti vivi, per continuare a pronunciarla. Ma questa pallottola non ha mentito. La pallottola di Salvatore Allende non ha mentito.
Paradossalmente, uno dei principali di viali di Santiago del Cile si chiama, ancora, Undici Settembre. E non chiama così per le vittime delle Torri Gemelle di New York. No. Si chiama così in omaggio ai boia della democrazia in Cile. Con tutto il rispetto per questo paese che amo, oso domandare, per puro senso comune: Non sarebbe ora di cambiargli il nome? Non sarebbe ora di chiamarlo Viale Salvatore Allende, in omaggio alla dignità della democrazia ed alla dignità della parola?
E passando dall’altro lato del continente, mi domando: perché sarà che il Che Guevara, l'argentino più famoso di tutti i tempi, il più universale dei latinoamericani, continua a nascere? Paradossalmente, quanto più lo manipolano, quanto più lo tradiscono, più nasce. Lui è il più “nato” di tutti.
E mi domando: non sarà perché diceva quello che pensava, e faceva quello che diceva? Non sarà per questo, che continua ad essere così straordinario, in questo mondo dove le parole ed i fatti s’incontrano molto raramente, e quando s’incontrano non si salutano, perché non si riconoscono?
Le mappe dell'anima non hanno frontiere, ed io sono un patriota di varie patrie. Ma voglio terminare questo viaggio per le terre della regione, evocando un uomo nato, come io, qui vicino.
Paradossalmente, lui è morto un secolo e mezzo fa, ma continua ad essere il mio compatriota più pericoloso. E’ così pericoloso che la dittatura militare dell'Uruguay non poté trovare una sola frase sua che non fosse sovversiva e dovette decorare con date e nomi di battaglie il mausoleo che eresse per offendere la sua memoria.
A lui, che si negò d’accettare che nostra patria grande si rompesse a pezzi; a lui, che si negò d’accettare che l'indipendenza dell’America fosse un'imboscata contro i suoi figli più poveri, a lui, che fu il primo vero cittadino illustre della regione, dedico questa distinzione, che ricevo nel suo nome.
E termino con le parole che gli ho scritto tempo fa:
1820, Passo del Boquerón. Senza voltare la testa, lei si sprofonda nell'esilio. Lo vedo, lo sto vedendo: il Paraná scorre con la pigrizia di un lucertolone e là si allontana fiammeggiando il suo poncho rotto, al trotto del cavallo, e si perde nella fronda. Lei non dice addio alla sua terra. Lei non lo crederebbe. O magari non sa ancora che va via per sempre.
Il paesaggio s’ingrigisce. Lei se ne va, vinto, e la sua terra rimane senza fiato. I figli che avrà, gli amanti che gli arriveranno le restituiranno la respirazione? Coloro che germoglieranno da questa terra, coloro che entreranno, si faranno degni di una tristezza così profonda?
La sua terra. La nostra terra del sud. Lei le sarà molto necessario, don José. Ogni volta che gli avidi la feriranno e l’umilieranno, ogni volta che gli sciocchi la crederanno muta o sterile, Lei le mancherà.
Perché lei, don José Artigas, generale dei semplici, è la migliore parola che questa terra ha detto.

Eduardo Galeano
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Discurso del cacique mexicano Guaicaipuro Cuautemoc ante la reunión de jefes de estado de la Comunidad Europea, Barcelona 8 de febrero de 2002.

Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatemoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo quinientos años.
Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.
El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.
Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.
¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!
¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!
¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa.
Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.
Yo, Guaicaipuro Cuatemoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis.Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan MARSHALLTESUMA, para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.
Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos:1 ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indo americano Internacional?. Deploramos decir que no.
En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar. Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo.
Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado solo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia. Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300. Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra. Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?. Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indos americanos. Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica.
Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota tal que les impide cumplir con sus compromisos financieros o morales.
En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con la que mataron al Poeta.
Pero no podrán.
Porque esa bala es el corazón de Europa...


Guaicaipuro Cuatemoc



Discorso del cacicco messicano Guaicaipuro Chuautemoc al vertice dei capi di stato dell'Unione Europea, Barcellona 8 febbraio 2002.

Così sono qua, io, Guaicaipuro Cuautemoc, sono venuto a incontrare i partecipanti a questo incontro.
Così sono qua, io, discendente di coloro che popolarono l'America quarantamila anni fa, sono venuto a trovare coloro che la trovarono cinquecento anni fa.
Così ci troviamo tutti: sappiamo chi siamo, ed è già abbastanza. Non abbiamo bisogno di altro.
Il fratello doganiere europeo mi chiede carta scritta con visto per scoprire coloro che mi scoprirono.
Il fratello usuraio europeo mi chiede di pagare un debito contratto da traditori che non ho mai autorizzato a vendermi.
Il fratello leguleio europeo mi spiega che ogni debito si paga con gli interessi, anche fosse vendendo esseri umani e paesi interi senza chiedere il loro consenso.
Questo è quello che sto scoprendo. Anch'io posso pretendere pagamenti. Anch'io posso reclamare interessi. Fa fede l'Archivio delle Indie. Foglio dopo foglio, ricevuta dopo ricevuta, firma dopo firma, risulta che solamente tra il 1503 ed il 1660 sono arrivati a San Lucar de Barrameda 185mila chili di oro e 16 milioni di chili d'argento provenienti dall'America.
Saccheggio? Non ci penso nemmeno!! Perché pensare che i fratelli cristiani disobbediscano al loro settimo comandamento?
Spoliazione? Tanatzin mi guardi dall'immaginare che gli europei, come Caino, uccidano e poi neghino il sangue del fratello!
Genocidio? Sarebbe dar credito a calunniatori come Bartolomeo della Casa che considerarono quella scoperta come la distruzione delle Indie, o ad oltraggiosi come il dottor Arturo Pietri che sostiene che lo sviluppo del capitalismo e dell'attuale civiltà europea sia dovuto all'inondazione di metalli preziosi!
No! Questi 185mila chili di oro e 16 milioni di chili d'argento devono essere considerati come il primo di vari prestiti amichevoli dell'America per lo sviluppo dell'Europa.
Pensare il contrario vorrebbe dire supporre crimini di guerra, il che darebbe diritto non solo a chiedere la restituzione immediata ma anche l'indennizzo per danni e truffa.
Io, Guaicaipuro Cuautemoc, preferisco credere alla meno offensiva delle ipotesi. Una così favolosa esportazione di capitali non fu altro che l'inizio del piano Marshalltezuma teso a garantire la ricostruzione della barbara Europa, rovinata dalle sue deplorabili guerre contro i culti musulmani, difensori dell'algebra, della poligamia, dell'igiene quotidiana e di altre superiori conquiste della civiltà.
Per questo, avvicinandosi il Quinto Centenario del Prestito, possiamo chiederci: i fratelli europei hanno fatto un uso razionale, responsabile, o perlomeno produttivo delle risorse così generosamente anticipate dal Fondo Indoamericano Internazionale? Ci rincresce dover dire di no.
Dal punto di vista strategico le dilapidarono nelle battaglie di Lepanto, nelle armate invincibili, nei terzi Reich ed in altre forme di reciproco sterminio, per finire poi occupati dalle truppe yankee della Nato, come Panama (ma senza canale).
Dal punto di vista finanziario sono stati incapaci - dopo una moratoria di 500 anni - sia di restituire capitale ed interessi che di rendersi indipendenti dalle rendite liquide, dalle materie prime e dall'energia a basso costo che gli esporta il Terzo Mondo.
Questo deplorevole quadro conferma l'affermazione di Milton Friedman secondo il quale un'economia assistita non potrà mai funzionare e ci obbliga a chiedere - per il loro stesso bene - la restituzione del capitale e degli interessi che abbiamo così generosamente aspettato a richiedere per tutti questi secoli. Detto questo, vorremmo precisare che non ci abbasseremo a chiedere ai fratelli europei quei vili e sanguinari tassi d'interesse variabile del 20 fino al 30% che i fratelli europei chiedono ai paesi del Terzo Mondo.
Ci limiteremo a esigere la restituzione dei materiali preziosi prestati, piu' il modico interesse fisso del 10% annuale accumulato negli ultimi trecento anni, condonando quindi gli altri 200. Su questa base, applicando la formula europea dell'interesse composto, informiamo gli scopritori che ci devono, come primo pagamento del loro debito, soltanto 185mila chili di oro e 16 milioni di chili d'argento ambedue elevati alla potenza di trecento. Come dire, un numero per la cui espressione sarebbero necessarie piu' di trecento cifre, e il cui peso supera ampiamente quello della terra. Com'è pesante questa mole d'oro e d'argento! Quanto peserebbe calcolata in sangue? Addurre che l'Europa in mezzo millennio non ha saputo generare ricchezze sufficienti a cancellare questo modico interesse sarebbe come ammettere il suo assoluto disastro finanziario e/o la demenziale irrazionalità delle basi del capitalismo.
Tuttavia queste questioni metafisiche non affliggono noi indioamericani. Però chiediamo la firma immediata di una carta d'intenti che disciplini i popoli debitori del vecchio continente e li obblighi a far fede al loro impegno tramite un'immediata privatizzazione o riconversione dell'Europa perché ci venga consegnata per intero come primo pagamento di questo debito storico.
Dicono i pessimisti del Vecchio Mondo che la loro civiltà versa in una bancarotta tale che gli impedisce di tener fede ai loro impegni finanziari o morali.
In tal caso ci accontenteremo che ci paghino dandoci la pallottola con cui uccisero il poeta.
Ma non potranno.
Perché quella pallottola è il cuore dell'Europa...

Guaicaipuro Cuatemoc

Giunto a questo punto della sua allocuzione, il cacicco Guaicapuro Chuautemoc si sorprese nel constatare che la sua voce aveva cessato di uscire ingigantita dal cilindro metallico che stava davanti alla sua bocca. Seguí leggendo a voce alta, senza risparmiare il fiato dei suoi polmoni. Tutto fu vano, e l'esposizione rimase mutilata.
Quattro corpulenti uomini e dai modi marziali, si materializzarono alle spalle del cacicco, lo immobilizzarono, e sollevandolo dal suolo si avviarono verso una uscita.
L'allibito cacicco fece appena in tempo ad osservare che gli illustri dignitari seduti attorno al tavolo ovale, che alla vigilia lo avevano gratificato di placche, medaglie e diplomi e che si compiacquero nel volersi far fotografare al suo lato, ora scomposti e gesticolanti esibivano comportamenti che non si confacevano alla maestá del loro rango. Abbondavano i visi contratti dalle severe espressioni torve o minacciose; vi furono taluni che levarono le braccia mostrando mani dalle dita raccolte e con il solo dito medio proteso all'aria; si levarono persino grida confuse e stridule e, su tutte, prevaleva una parola incomprensibile per il cacicco: "manicomio".
Guaicaipuro Chuautemoc uscí definitivamente di scena una volta richiusasi alle sue spalle la porta di sicurezza. L'incontro tra le due civiltá si era concluso
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Guaicaipuro Cuautemoc è un indios che sa far di conto. Non un indios di quelli piagnucolosi, che continuano a lamentarsi per via che sono poveri, la loro terra è stata depredata, i loro diritti calpestati brutalmente. No, Guaicaipuro Cuautemoc è un indios pragmatico. Una nuova specie di indios con il pallino degli affari.
Guaicaipuro Cuautemoc ha scritto una lettera alle potenze occidentali che non contiene recriminazioni. Va bene, dice, siete stati un po' malvagi, ma quel che è stato è stato, mettiamoci una pietra sopra. Affrontiamo la cosa da persone moderne e responsabili, non stiamo qui a fare un dramma su 5 secoli di aberrazioni. E' il progresso... Guaicaipuro Cuautemoc si limita a affrontare una piccola questione tecnica.
La questione delle ricchezze depredate.
Ok, non vogliamo pensare che le avete volute rubare. Diciamo che era un semplice prestito. Restituiteceli riconoscendoci un modesto interesse bancario. Vi va bene il 10% annuo?
Allora facciamo 2 conti: "Fa fede l'Archivio delle Indie. Foglio dopo foglio, ricevuta dopo ricevuta, firma dopo firma, risulta che solamente tra il 1503 e il 1660 sono arrivati a San Lucar de Barrameda 185mila chili di oro e 16 milioni di chili d'argento provenienti dall'America." Calcolare il valore attuale di questa fortuna non è facile, una stima prudenziale è di 10 milioni di miliardi di lire. Poi ci sono gli interessi, grazie ai quali ogni 10 anni il capitale raddoppia: 20 milioni di miliardi, 40 milioni di miliardi, 80, 160, 320, 640, 1280 e così via per 34 volte (iniziando a calcolare gli interessi dal 1660).
Beh...viene fuori un cifrone. Ci compri una massa di oro e di argento abbondantemente superiore al volume del pianeta terra. Ok, pagate! Dice l'indios. Ma, aimè, le potenze dell'occidente non hanno tutto questo denaro. Neppure se vendessero tutte le fabbriche, le banche, le imprese, le auto e le opere d'arte di tutti i loro musei, le proprietà terriere e i palazzi, potrebbero mettere insieme una cifra del genere. Eppure l'oro e l'argento giunti a San Lucar de Barrameda non sono che una frazione minima delle ricchezze depredate dalle grandi potenze nel cosiddetto terzo mondo... Sono una bazzecola!
Ora sorge spontanea una domanda: dove sono finiti questi soldi?
Volete dire che in tutti questi secoli non hanno reso almeno il 10% annuo? Calcoliamo che abbiano reso solo il 2%... Calcoliamo anzi che non abbiano reso nulla. Comunque la massa delle ricchezze depredate durante i secoli del colonialismo è tale che nessuno oggi sarebbe in grado di restituirle, neppure volendo. Se le ricchezze prese in prestito dalle potenze occidentali fossero restituite i paesi del terzo mondo diventerebbero ricchissimi e in Europa non ci sarebbero più neanche le sedie per sedersi. E invece, incredibile, le grandi potenze vantano dei crediti verso il terzo mondo. I derubati devono risarcire i danni del furto.
Dicevamo che i soldi sono spariti. Che fine hanno fatto? In parte furono sperperati nelle corti europee e nei palazzi nord americani. Ma in piccola parte. Il grosso del malloppo fu gettato via combattendo una guerra dopo l'altra. Guerre, guerre e ancora guerre. Miliardi di fucili, fantastiliardi di proiettili. E migliaia di cannoni, di testate nucleari, sommergibili, aerei, mezzi blindati... E viene allora da chiedersi che cosa succederebbe se un domani l'umanità trovasse il modo di vivere senza sprecare assurdamente le proprie risorse. Ogni bambino nascerebbe con un milione di dollari in banca e il mondo sarebbe un posto talmente bello che anche i generali sarebbero più umani.

Dario Fo