Niños

Día tras día, se niega a los niños el derecho a ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños.

Patas para arriba: la escuela del mundo al revés. Eduardo Galeano
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Giorno dopo giorno, si nega ai bambini il diritto di essere tali. I fatti, che si burlano di questi diritti, impartiscono i loro insegnamenti nella vita quotidiana. Il mondo tratta i bambini ricchi come se fossero denaro, affinché si abituino ad agire come agisce il denaro. Il mondo tratta i bambini poveri come se fossero rifiuti, affinché diventino dei rifiuti. E quelli che stanno in mezzo, i bambini che non sono né ricchi né poveri, li tiene legati alla gamba del televisore, perché fin da molto piccoli accettino, come destino, una vita prigioniera. I bambini che riescono a essere bambini hanno molta magia e molta fortuna.

A testa in giù: la scuola del mondo alla rovescia. Eduardo Galeano


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Día tras día se niega a los niños el derecho de ser niños. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero. Y a los del medio, a los que no son ni pobres ni ricos, el mundo los tiene bien ataditos a la pata del televisor para que desde muy temprano acepten como destino la vida prisionera.
Hoy voy a contarles a mí modo y manera, algunas historias de niños que les rinden homenaje.

El viaje

Oriol Valls, un médico que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Al principio de sus días los bebés, los recién nacidos, mueven los brazos como… como buscando a alguien. Y otros médicos, especialistas en los ya vividos, dicen que al fin de sus días los viejos mueren moviendo los brazos… como buscando a alguien. Y así, así es la cosa. Por muchas palabras que le pongamos y por muchas vueltas que le demos al asunto… entre dos aleteos, transcurre el viaje.

Ventana sobre lo prohibido

El hijo de Pilar y Daniel Wainberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado:
Recibió una caracola… “Para que aprendas a amar el agua”;
Abrieron la jaula de un pájaro preso… “Para que aprendas a amar el aire”;
Le dieron una flor de malvón… “Para que aprendas a amar la tierra”;
Y también le dieron una botellita cerrada… “No la abras nunca, nunca, para que aprendas a amar el misterio”.

Duérmete mi niño

Los más famosos cuentos infantiles, la literatura para niños escrita por los adultos, son obras terroristas que bien merecen figurar en el arsenal de los adultos contra las huestes de la gente menuda. Hansel y Gretel te advierten: “Serás abandonado por tus padres”. Caperucita Roja te informa que cada desconocido puede ser un lobo que te comerá. La Cenicienta te obliga a desconfiar de las madrastras y de las hermanastras, y así sucesivamente… los niños siguen siendo desde temprano entrenados para el terror: “Vendrá el ogro, y el ogro te devorará si no obedeces, si haces lo que no debes, si ejercitas tu Libertad”.

El arte para las niñas

Mi buen amigo Onelio Jorge Cardoso, escritor cubano, hombre sabroso, escritor jugoso, me contó lo que le ocurrió una vez, que una madre le pidió desesperada…”Auxilio”, porque la nena, la hija, chiquita, se negaba a comer. Tenía los puñitos cerrados, la boca cerradísima, la nariz fruncida.. y no comía y no había manera de que comiera. Y entonces la madre le dijo: “Onelio, tu que eres escritor, un escritor tan simpático, a ver si consigues que la niña coma. Cuéntale un cuento Onelio, sé bueno, llevo horas aquí con ésta cuchara y la sopa se enfría… y nada…” Y Onelio con toda su sabiduría y su paciencia se acercó a la niña y le contó un cuento al estilo de los cuentos que los adultos contamos a los niños: "Había una vez una pajarita que no quería comer la comidita. Y la mamita le decía: Abre el piquito pajarita para comer la comidita porque sino te vas a quedar cortita y flaquita, en lugar de ser una pajarita bien crecidita… y entonces pajarita, por favor, abre el piquito para comer tu comidita…., pero la pajarita seguía con el piquito cerradito, cerradito y se negaba…" Y ahí la niña interrumpió y dijo: “Qué pajarita de mierdita”.

La cultura del terror

La extorsión, el insulto, la amenaza, el coscorrón, la bofetada, la paliza, el azote, el cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria, la prohibición de salir, la prohibición de decir lo que se piensa, la prohibición de hacer lo que se siente y la humillación pública, son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales en la vida de familia. Para castigo de la desobediencia y escarmiento de la libertad, la tradición familiar perpetúa una cultura del terror que humilla a la mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del miedo.
En Chile, me comenta, Andrés Rodriguez: “Los derechos humanos, tendrían que empezar por casa”.

Ventana sobre el castigo

Era Navidad, y un señor suizo había regalado un reloj suizo a su hijo suizo. El niño desarmó el reloj sobre la cama… y estaba jugando con las agujas, el resorte, el cristal, la corona… y todos los demás engranajitos, cuando el papá lo descubrió y le propinó tremenda paliza.
Hasta entonces Nicole Ruan y su hermanito habían sido enemigos. Pero desde aquella Navidad, la primera Navidad que ella recuerda, los dos fueron por siempre amigos. Quizás ella supo entonces, que también ella sería castigada a lo largo de sus años… porque en lugar de preguntar la hora a los relojes iba a preguntarles cómo son por dentro.

El pequeño Rey zaparrastroso

Lejos de los demás, lejos de todos, el chiquilin se sentaba cada tarde a la sombra de la enramada y con la espalda apoyada contra el tronco, echado, con su perro siempre al lado acompañándolo… el perro con las orejitas bien paradas… se ponía a mover las manos. Contra el pecho la mano derecha bailaba como rascando el pecho, mientras la otra mano, la izquierda, se abría y se cerraba en pulsaciones rápidas… Así siempre, siempre lo mismo.
Un día le regalaron una guitarra. El la recibió. La miró… lustrosa, linda de tocar… probó las seis cuerdas a lo largo del diapasón y pensó: “Que suerte, ahora tengo dos”.

El maestro

Los alumnos del Sexto Grado, en una Escuela de Montevideo, organizaron un concurso de Novelas. Participaron todos. Todos escribieron novelas en aquél concurso dónde yo fuí uno de los tres jurados; los otros dos eran: el maestro, el maestro Oscar, puños raídos, sueldo de faquir… y una alumna que era la delegada de los concursantes. A la ceremonia de premiación se prohibió la entrada de todos los adultos, con excepción del maestro, yo, que era miembro del jurado y los niños que eran los participantes en el concurso. Todos fueron premiados. Hubo un premio para cada trabajo y con el premio una pequeña explicación de los méritos del trabajo presentado. Y cada premio fue celebrado con una ovación por todos los niños de la clase… y hubo lluvia de confetis y de serpentinas… y al final, me quedé conversando con los chiquilines, y el maestro me dijo, el maestro Oscar me dijo: "Nos llevamos tan bien, que me dan ganas de dejarlos a todos, repetidores".
Y una nena, venida del interior, de un pueblito del interior me dijo que ella cuando llegó en los primeros tiempos era muy callada, no había manera de sacarle una palabra de la boca y ahora, me dijo, el problema es que no me puedo callar, hablo todo el el tiempo… y yo al maestro Oscar lo quiero muuuucho, muuuchísimo, porque él me enseñó a perder el miedo de equivocarme.

La función del arte

Diego no conocía la mar. Y su padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al Sur, donde ella, la mar, escondida tras los altos medanos, los estaba esperando. Y cuando el padre y el hijo alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, la mar… estalló ante sus ojos. Y fue tanta su inmensidad y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, tartamudeando, le pidió, al padre le pidió: "Ayudame a mirar".

Pájaros prohibidos

Por increíble que parezca, la principal cárcel de la dictadura militar uruguaya, se llamaba Libertad. Y por increíble que parezca, estaba prohibido en esa cárcel llamada Libertad, que los presos dibujaran o recibieran dibujos de mariposas, estrellas, parejas y pájaros.
Uno de los presos, Didaskó Pérez, maestro de escuela, preso por tener, como dijo el oficial que lo detuvo…preso por tener “ideas ideológicas”, recibió un domingo la visita de su hija Milay de cinco años. La hija le trajo un dibujo de pájaros. Como los pájaros estaban prohibidos, la censura se lo rompió; los censores rompieron el dibujo a la entrada de la cárcel.
Al domingo siguiente Milay trajo un dibujo de árboles, como los árboles no estaban prohibidos el dibujo, pasó. Y el padre le preguntó: "Esas frutas, esas frutas de colores que hay… ¿Qué son?, ¿Naranjas, limones,manzanas?, ¿Qué son?" Y la niña lo hizo callar: "Shhh, bobo, ¿No vés que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas".

La abuela

La abuela Raquel estaba ciega cuando murió. Pero algún tiempo después, en el sueño de Elena, la abuela veía. Y en el sueño, la abuela no tenía un montón de años, no era un puñado de cansados huesitos. Era nueva. La abuela era nueva en el sueño de la nieta. Tenía, la abuela, cuatro años. Y era una emigrante entre otros emigrantes, que estaba llegando, al cabo de una larga travesía por la mar, desde la remota Besarabia. Y en el sueño, la abuela pedía a la nieta que la alzara, porque quería ver el puerto de Buenos Aires. Y así, la abuela, en brazos de la nieta, conoció el lugar donde iba a pasar todos los días de su vida.

El monstruo amigo mío

Yo al principio no lo quería, porque creía que me iba a comer un pié. Los monstruos son agarradores de mujeres, que se llevan una mujer en cada hombro, y si son monstruos viejitos, se cansan y tiran a una de las mujeres en la cuneta del camino. Pero este monstruo, el amigo mío, no agarra mujeres ni nada. Todos le tienen miedo porque el pobre no sabe hablar, pero él es bueno. El problema es que es tan, pero tan grande que los gigantes le llegan al tobillo. Viene y me visita. En el cielo no vive, porque si viviera en el cielo como Dios, se caería. Es demasiado grande para vivir en el cielo. Hay otros monstruos, no tan grandes, que viven en Plutón, o en el infinito, o en el piranfinito, pero él vive en el África. Y de ahí viene y me visita. Ahora, cualquier día de estos va a aparecer ¿Eh?. Va a venir, caminando por el mar, va a venir, convertido en un guerrero que más inmenso no puede ser y echando fuego por la boca, y de un solo soplido va a reventar la cárcel donde lo tienen preso a mi papá y me lo va a traer en la uña del dedo chiquito y yo me lo voy a meter a mi cuarto, por la ventana me lo voy a meter y yo le voy a decir: “Hola” y el monstruo se va a volver al África despacito por la mar y entonces mi papá va a salir a comprarme caramelos y chocolatines y una nena. Y se va a conseguir un caballo de verdad y vamos a salir a galope por la tierra. Mi papá y yo. Yo agarrado de la cola del caballo al galope, lejos. Y después, cuando mi papá sea chiquito, yo le voy a contar la historia del monstruo amigo mío, para que mi papá se duerma cuando llegue la noche.

Gracias a todos los niños. Tengo el privilegio de recibir cada día una sonrisa como regalo, o un abrazo, o algún dibujito.
Ellos tienen el alma desnuda en sus ojos, la ingenua alegrìa de los sueños, la curiosidad temeraria en sus pasos, y un arsenal lleno de amor en sus manos.
Feliz dìa a los que tienen la gran suerte de serlo todavìa y, para quienes hemos crecido, aprendamos un poco de ellos.

Eduardo Galeano



Giorno dopo giorno si nega ai bambini il diritto di essere bambini. Il mondo tratta i bambini poveri come se fossero spazzatura. Il mondo tratta i bambini ricchi come se fossero denaro. Ed quelli di mezzo, i quali non sono né poveri né ricchi, il mondo li ha ben legati alla gamba del televisore perché fin da piccoli accettino come destino una vita prigioniera.
Oggi vi racconto a mio modo e alla mia maniera, alcune storie di bambini che rendono loro omaggio.

Il viaggio

Oriol Valls, un medico che si occupa dei neonati in un ospedale di Barcellona, dice che il primo gesto umano è l'abbraccio. Al principio dei loro giorni i bebè, i neonati, muovono le braccia come... come cercando qualcuno. Ed altri medici, specialisti in quanti hanno già vissuto, dicono che al finire dei loro giorni i vecchi muoiono muovendo le braccia... come cercando qualcuno. E così, in questo modo che va la cosa. Per quante parole vogliamo usare e per quanti giri vogliamo dare al tema... in due battiti d'ala, trascorre il viaggio.

Finestra sul proibito

Il figlio di Pilar e Daniel Wainberg fu battezzato sul lungomare. E durante il battesimo gli mostrarono cosa è sacro:
Ricevette in dono una conchiglia... "Affinché impari ad amare l'acqua";
Aprirono la gabbia di un uccello prigioniero... "Affinché impari ad amare l'aria";
Gli diedero un fiore di geranio... "Affinché impari ad amare la terra";
E gli diedero anche una bottiglietta chiusa... "Che non l'apra mai, mai! Affinché impari ad amare il mistero".

Dormi bimbo mio

I più famosi racconti per l'infanzia, la letteratura per i bambini scritta per gli adulti, sono opere terroristiche che ben meritano di figurare nell'arsenale degli adulti contro quanti militano tra la gente minuta. Hansel e Gretel ti avvertono: "Sarai abbandonato dai tuoi genitori". Cappuccetto Rosso ti informa che ogni sconosciuto può essere un lupo che ti mangerà. La Cenerentola ti impone di diffidare delle matrigne e delle sorellastre, e così via... i bambini continuano ad essere abituati fin da piccoli al terrore: "Verrà l'orco, e l'orco ti divorerà se non ubbidisci, se fai quello che non devi, se eserciti la tua Libertà".

L'arte al servizio delle bambine

Il mio buon amico Onelio Jorge Cardoso, scrittore cubano, uomo salace, scrittore succoso, mi raccontò quello che gli accadde una volta che una madre gli chiese disperata... "Aiuto", perché la bimba, la figlia, piccina, si rifiutava di mangiare. Aveva i pugni chiusi, la bocca chiusa, il naso corrugato... e non mangiava e non c'era verso che mangiasse. Ed allora la madre gli disse: "Onelio, tu che sei scrittore, uno scrittore tanto simpático, vediamo se riesci a fare in modo che la bambina mangi. Raccontagli un racconto Onelio, sii buono, sono qui da ore con questa cucchiaio e la zuppa si raffredda... e nulla". E Onelio con tutta la sua saggezza e la sua pazienza si avvicinò alla bambina e gli raccontò un racconto nello stile dei racconti che gli adulti raccontano i bambini: "C'era una volta un'uccellina che non voleva mangiare il cibo. E la mammina gli diceva: apri il becco uccellina per mangiare il cibo perché sennò rimani piccina e magrolina, invece di essere bene un'uccellina ben pasciuta... ed allora uccellina, per favore, apri il becco per mangiare il tuo cibo. Ma l'uccellina continuava a serrare il becco, lo serrava e si negava..." E lì la bambina lo interruppe e disse: "Che uccellina di merdina."

La cultura del terrore

L'estorsione, l'insulto, la minaccia, lo scappellotto, lo schiaffo, la bastonata, la frusta, la stanza buia, la doccia gelata, il digiuno obbligatorio, il cibo obbligatorio, la proibizione di uscire, il divieto di dire quello che si pensa, la proibizione di fare quello che si sente e l'umiliazione pubblica, sono alcuni dei metodi di penitenza e tortura tradizionali nella vita di famiglia. Per punizione della disubbidienza e monito della libertà, la tradizione familiare perpetua una cultura del terrore che umilia la donna, insegna ai figli a mentire e contagia la peste della paura.
In Cile, mi commenta, Andrés Rodriguez: "I diritti umani, dovrebbero incominciare a casa".

Finestra sulla punizione

Era Natale, ed un signore svizzero aveva regalato un orologio svizzero a suo figlio svizzero. Il bambino smontò l'orologio sul letto e stava giocando con le lancette, la molla, il vetro, la corona... e tutti gli altri ingranaggi, quando il papà lo scoprì e gli propinò una tremenda bacchettata.
Fino ad allora Nicole Ruán e suo fratello erano stati nemici. Ma da quel Natale, il primo Natale che lei ricorda, i due furono per sempre amici. Magari fu perché ella seppe allora che anche lei sarebbe stata punita nel corso dei suoi anni.... perché invece di domandare l'ora agli orologi chiedeva loro come sono fatti dentro.

Il maestro

Gli alunni della Sesta Classe, in una Scuola di Montevideo, organizzarono un concorso di novelle. Diffusero a tutti la notizia. Tutti scrissero novelle in quel concorso dove io fui uno dei tre membri della giuria. Gli altri due erano: il maestro, il maestro Oscar, pugni logori, stipendio da fachiro... e un'alunna che era la delegata dei concorrenti. Alla cerimonia di premiazione si proibì l'ingresso a tutti gli adulti, ad eccezione del maestro, io che ero membro della giuria ed i bambini che erano i partecipanti al concorso. Tutti furono premiati. Ci fu un premio per ogni lavoro e col premio una piccola spiegazione dei meriti del lavoro presentato. Ed ogni premio fu celebrato con un'ovazione da tutti i bambini della classe... e ci fu pioggia di coriandoli e di stelle filanti... ed alla fine, rimasi a conversare coi piccini, ed il maestro mi disse, il maestro Oscar mi disse: "Andiamo d'accordo, tanto che mi fanno venir voglia di lasciarli tutti qui, ripetenti".
Ed una bimba, venuta dall'interno, da un villaggio dell'interno, mi disse che lei quando arrivò, i primi tempi era molto silenziosa, non c'era maniera di tirarle fuori una parola dalla bocca, ed ora, mi disse, il problema è che non posso tacere, parlo tutto il tempo.... e io al maestro Oscar voglio mooolto bene, moooltissimo, perché lui mi ha insegnato a perdere la paura di sbagliarmi.

La funzione dell'arte

Diego non conosceva il mare. E suo padre, Santiago Kovadloff, lo portò a scoprirlo. Viaggiarono verso Sud, dove egli, il mare, nascosto dietro le alte dune, stava aspettandoli. E quando il padre e il figlio raggiunsero finalmente quelle dune di sabbia, il mare... esplose davanti ai loro occhi. E fu tanta la sua immensità e tanto il suo fulgore che il bambino rimase muto di meraviglia. E quando finalmente riuscì a parlare, balbettando, gli chiese, chiese al padre: "Aiutami a guardare".

Uccelli proibiti

Per incredibile che possa sembrare, la principale prigione della dittatura militare uruguaiana, si chiamava Libertà. E per incredibile che possa sembrare, era proibito in quella prigione chiamata Libertà che i carcerati disegnassero o ricevessero disegni di farfalle, stelle, coppie ed uccelli.
Uno dei carcerati, Didaskó Pérez, maestro di scuola, carcerato per avere, come disse l'ufficiale che lo fermò, delle "idee ideologiche", ricevette una domenica la visita di sua figlia Milay di cinque anni. La figlia gli portò un disegno di uccelli. Siccome gli uccelli erano proibiti, la censura lo strappò; i censori strapparono il disegno all'entrata della prigione.
La domenica seguente Milay portò un disegno di alberi, e siccome gli alberi non erano proibiti, il disegno, passò. Ed il padre gli domandò: "Questi frutti, questi frutte tanto colorati che si vedono... Che cosa sono?, Arance, limoni, mele?, Che cosa sono?" E la bambina lo fece tacere: "Shhh, stupido, Non vedi che sono occhi? Gli occhi degli uccelli che sono riuscita a portarti di nascosto".

La nonna

La nonna Raquel era cieca quando morì. Ma qualche tempo dopo, nel sogno di Elena, la nonna vedeva. E nel sogno, la nonna non aveva un mucchio di anni, non era un pugno di stanche ossa. Era nuova. La nonna era nuova nel sogno della nipote. Aveva, la nonna, quattro anni. Ed era un'emigrante tra altri emigranti che stavano arrivando, dopo una lunga traversa per la mare, dalla remota Bessarabia. E nel sogno, la nonna chiedeva alla nipote che la sollevasse, perché voleva vedere il porto di Buenos Aires. E così, la nonna, in braccio alla nipote, conobbe il posto dove avrebbe trascorso tutti i giorni della sua vita.

Il mio colossale amico

All'inizio non lo amavo, perché credevo che mi avrebbe mangiato un piede. I mostri sono rapitori di donne, che si portano una su ogni spalla, e se sono mostri vecchi, si stancano e butano una delle donne nella cunetta della strada. Ma questo mostro, il mio amico, non afferra donne né niente. Tutti ne hanno paura perché lui, poverino, non sa parlare, ma è buono. Il problema è che è tanto, ma tanto grande che i giganti gli arrivano alla caviglia. Viene e mi fa visita. Non vive in cielo, perché se vivesse in cielo come Dio, cadrebbe giù. È troppo grande per vivere nel cielo. Ci sono altri mostri, non tanto grandi che vivono su Plutone, o nell'infinito, o nel parainfinito, ma lui vive in Africa. E da lì viene e mi fa visita. Ora, qualche giorno di questi compare, Eh!? Viene, camminando attraverso il mare, viene, trasformato in un guerriero che più immenso non si può e buttando fuoco dalla bocca, e con un solo soffio fa crollare la prigione dove hanno carcerato mio papà e me lo porta sull'unghia del dito mignolo ed io lo metto nella mia stanza, facendolo passare per la finestra e gli dico: "Ciao" ed il mostro se ne torna pian pianino in Africa attraverso il mare ed allora mio papà esce a comprarmi caramelle e cioccolatini ed una bambolina. E si procura un cavallo vero e usciamo al galoppo per la terra. Mio papà ed io. Io afferrato alla coda del cavallo al galoppo, lontano. E dopo, quando mio papà sarà piccolino, io gli racconto la storia del mio colossale amico, affinché mio papà si addormenti quando arrivi la notte.

Grazie a tutti i bambini. Ho il privilegio di ricevere ogni giorno un sorriso come regalo, o un abbraccio, o qualche disegnino.
Essi hanno l'anima nuda nei loro occhi, l'ingenua allegria dei sogni, la curiosità temeraria nei loro passi, e un arsenale pieno d'amore nelle loro mani.
Felice giorno a quanti hanno la gran fortuna di esserlo ancora e pre quelli di noi che siano cresciuti, impariamo un poco da loro.

Eduardo Galeano


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Los de arriba, los de abajo y los del medio

En el océano del desamparo, se alzan las islas del privilegio. Son lujosos campos de concentración, donde los poderosos sólo se encuentran con los poderosos y jamás pueden olvidar, ni por un ratito, que son poderosos. En algunas de las grandes ciudades latinoamericanas, los secuestros se han hecho costumbre, y los niños ricos crecen encerrados dentro de la burbuja del miedo. Habitan mansiones amuralladas, grandes casas o grupos de casas rodeadas de cercos electrificados y de guardias armados, y están día y noche vigilados por los guardaespaldas y por las cámaras de los circuitos cerrados de seguridad. Los niños ricos viajan, como el dinero, en autos blindados. No conocen, más que de vista, su ciudad. Descubren el subterráneo en Paris o en Nueva York, pero jamás lo usan en San Pablo o en la capital de México.
Ellos no viven en la ciudad donde viven. Tienen prohibido ese vasto infierno que acecha su minúsculo cielo privado. Más allá de las fronteras, se extiende una región del terror donde la gente es mucha, fea, sucia y envidiosa. En plena era de la globalización, los niños ya no pertenecen a ningún lugar, pero los que menos lugar tienen son los que más cosas tienen: ellos crecen sin raíces, despojados de identidad cultural, y sin más sentido social que la certeza de que la realidad es un peligro. Su patria está en las marcas de prestigio universal, que distinguen sus ropas y todo lo que usan, y su lenguaje es el lenguaje de los códigos electrónicos internacionales. En las ciudades más diversas, y en los más distantes lugares del mundo, los hijos del privilegio se parecen entre sí, en sus costumbres y en sus tendencias, como entre sí se parecen los shopping centers y los aeropuertos, que están fuera del tiempo y del espacio. Educados en la realidad virtual, se deseducan en la ignorancia de la realidad real, que sólo existe para ser temida o para ser comprada.
Fast food, fast cars, fast life: desde que nacen, los niños ricos son entrenados para el consumo y para la fugacidad, y transcurren la infancia comprobando que las máquinas son más dignas de confianza que las personas. Cuando llegue la hora del ritual de iniciación, les será ofrendada su primera coraza todo terreno, con tracción a cuatro ruedas. Durante los años de la espera, ellos se lanzan a toda velocidad a las autopistas cibernéticas y confirman su identidad devorando imágenes y mercancías, haciendo zapping y haciendo shopping. Los ciberniños navegan por el ciberespacio con la misma soltura con que los niños abandonados deambulan por las calles de las ciudades.
Mucho antes de que los niños ricos dejen de ser niños y descubran las drogas caras que aturden la soledad y enmascaran el miedo, ya los niños pobres están aspirando gasolina o pegamento. Mientras los niños ricos juegan a la guerra con balas de rayos láser, ya las balas de plomo amenazan a los niños de la calle.
En América latina, los niños y los adolescentes suman casi la mitad de la población total. La mitad de esa mitad vive en la miseria. Niños son, en su mayoría, los pobres; y pobres son, en su mayoría, los niños. Y entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor lo pasan. La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escucha, jamás los comprende.
Después de aprender a caminar, aprenden cuáles son las recompensas que se otorgan a los pobres que se portan bien: ellos y ellas, son la mano gratuita de los talleres y tiendas, o son la mano de obra a precio de ganga de las industrias de exportación que fabrican ropa deportiva para las grandes empresas multinacionales. Son esclavitos o esclavitas de la economía familiar o del sector informal de la economía globalizada, donde ocupan el escalón más bajo de la población activa, donde ocupan el escalón más bajo de la población activa al servicio del mercado mundial:
En los basurales de la ciudad de México, Manila o Lagos, juntan vidrios, latas y papeles, y disputan los restos de comida con los buitres;
Se sumergen en el mar de Java, buscando perlas;
Persiguen diamantes en las minas del Congo;
Son topos en las galerías de las minas del Perú, imprescindible por su corta estatura, y cuando sus pulmones no dan más, van a parar a los cementerios clandestinos;
Cosechan café en Colombia y en Tanzania, y se envenenan con los pesticidas;
Se envenenan con pos pesticidas en las plantaciones de algodón de Guatemala y en las bananeras de Honduras; en Malasia recogen la leche de los árboles de caucho, en jornadas de trabajo que se extienden de estrella a estrella;
Tienden vías de ferrocarril en Birmania.
Al norte de la India, se derriten en los hornos de vidrio, y al sur en los hornos de ladrillos;
En Bangladesh, desempeñan más de trescientas ocupaciones diferentes con salarios que oscilan entre la nada y la casi nada por cada día de nunca acabar;
Corren carreras de camellos para los emires árabes y son jinetes pastores en las estancias del río de la Plata;
Cosen ropa en Tailandia y cosen zapatos de Fútbol en Vietnam;
Cosen pelotas de fútbol y pelotas de béisbol en Honduras y Haití;
Alquilados por sus padres, tejen alfombras en Irán, Nepal y en la India, desde antes del amanecer hasta pasada la medianoche, y cuando alguien llega a rescatarlos, preguntan: ¿es usted mi nuevo amo?
Vendidos a cien dólares por sus padres, se ofrecen en Sudán para labores sexuales y todo trabajo
La prostitución es el temprano destino de muchas niñas y, en menor medida también de unos cuantos niños, en el mundo entero. Por asombroso que parezca, se calcula que hay por lo menos cien mil prostitutas infantiles en los Estados Unidos, según un informe de UNICEF de 1997. En algunas playas del mar Caribe, la próspera industria del turismo sexual ofrece niñas vírgenes a quien pueda pagarlas.
¿ Y los demás niños pobres? De los demás son muchos los que sobran. No son rentables, jamás lo serán...ellos empiezan robando el aire que respiran y después roban todo lo que encuentran Entre la cuna y la sepultura, el hambre o las balas suelen interrumpirles el viaje. El mismo sistema productivo que desprecia a los viejos, teme a los niños. La vejez es un fracaso, la infancia es un peligro. Cada vez hay más y más niños marginados que nacen con tendencia al crimen, al decir de algunos especialistas. Los niños que vienen del campo a la ciudad, y los niños pobres en general, son de conducta potencialmente antisocial. Los gobiernos y algunos expertos comparten la obsesión por los niños enfermos de violencia, orientados al vicio y la perdición. Cada niño contiene una posible corriente de El Niño, y es preciso prevenir la devastación que puede provocar. Son POTENCIALMENTE DELINCUENTE.
¿Qué derecho tienen los nadie? ¿ Y los hijos de los nadie? El hambre los empuja al robo, a la mendicidad y a la prostitución; y la sociedad de consumo los insulta ofreciendo lo que niega. Y ellos se vengan lanzándose al asalto, bandas de desesperados unidos por la certeza de la muerte que espera: según UNICEF, en 1995 había ocho millones de niños abandonados, niños de la calle, en las grandes ciudades latinoamericanas, en 1993 los escuadrones parapoliciales asesinaron a seis niños por día en Colombia y a cuatro por día en Brasil.
Entre una punta y otra, el medio. Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los niños que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de la clase media. A los niños les confisca la libertad, ya no hay garantías, se evaporan los empleos, se desvanece el dinero, llegar a fin de mes es una hazaña. La clase media está asfixiada por las deudas y paralizada por el pánico y en el pánico cría a sus hijos. Pánico de vivir, pánico de caer; pánico de perder el trabajo, el auto, la casa, las cosas, pánico de no llegar a tener lo que se de debe tener para llegar a ser.
Atrapados en las trampas del pánico, los niños de la clase media están cada vez más condenados a la humillación del encierro perpetuo. En la ciudad del futuro, que ya está siendo ciudad del presente, los teleniños, vigilados por niñeras electrónicas, contemplarán la calle desde alguna ventana de sus telecasas: la calle prohibida por la violencia o por el pánico a la violencia, la calle donde ocurre el siempre peligroso, y a veces prodigioso, espectáculo de la vida.

Extracto de Patas para arriba: la escuela del mundo al revés. Capitulo: Educando con el ejemplo

Eduardo Galeano


Quelli in alto, quelli in basso e quelli nel mezzo

Dall'oceano dell'abbandono, si levano le isole dal privilegio. Sono lussuosi campi di concentramento, dove i facoltosi si ritrovano solo coi facoltosi e non possono dimenticare mai, nemmeno per un momento che sono facoltosi. In alcune delle grandi città latinoamericane, i sequestri si sono fatti abitudine, e i bambini ricchi crescono rinchiusi dentro la bolla della paura. Abitano magioni circondate da mura, grandi case o gruppi di case circondate da recinzioni elettrificate e da guardie armate, e sono giorno e notte vigilati dalla guardia del corpo e dalle telecamere di sicurezza a circuito chiuso. I bambini ricchi viaggiano, come il denaro, in auto blindate. Non conoscono, se non di vista, la propria città. Scoprono la metropolitana a Parigi o a New York, ma non la usano mai a San Pablo o nella capitale del Messico.
Essi non vivono nella città dove abitano. Gli è precluso quel vasto inferno che è in agguato al loro minuscolo cielo privato. Oltre le frontiere, si estende una regione del terrore dove la gente è molta, brutta, sporca e invidiosa. In piena era della globalizzazione, i bambini non appartengono oramai a nessun posto, ma quelli che hanno meno posto di tutti sono proprio quelli che hanno più cose: essi crescono senza radici, privi di identità culturale, e senza più senso sociale se non la certezza che la realtà è un pericolo. La loro patria sta nelle marche di prestigio universale che contradistinguono i loro vestiti e tutto quello che usano, e il loro linguaggio è il linguaggio dei codici elettronici internazionali. Nelle città più diverse, e nei più distanti posti del mondo, i figli del privilegio si somigliano tra loro, nelle loro abitudini e nelle loro tendenze, come si somigliano tra loro gli shopping centers e gli aeroporti, poiché stanno fuori del tempo e dello spazio. Educati nella realtà virtuale, si diseducano nell'ignoranza della realtà reale che esiste solo per essere temuta o per essere comprata.
Fast food, fast cars, fast life: da quando nascono, i bambini ricchi sono allenati per il consumo e per la fugacità, e trascorrono l'infanzia convincendosi che le macchine sono più degne di fiducia delle persone. Quando arriva l'ora del rituale di iniziazione, sarà loro offerto in dono il primo blindato multi-terreno, con trazione a quattro ruote. Durante gli anni dell'attesa, essi si lanciano a tutta velocità sulle autostrade cibernetiche e confermano la loro identità divorando immagini e merci, facendo zapping e facendo shopping. I ciberniños navigano per il ciberspazio con la stessa scioltezza con cui i bambini abbandonati vagano per le strade delle città.
Molto prima che i bambini ricchi smettano di essere bambini e scoprano le droghe che stordiscono la solitudine e mascherano la paura, già i bambini poveri stanno aspirando benzina o colla. Mentre i bambini ricchi giocano alla guerra a colpi di raggi laser, già le pallottole di piombo minacciano i bambini di strada
In America Latina, i bambini e gli adolescenti raggiungono quasi la metà della popolazione totale. La metà di quella metà vive nella miseria. I bambini sono, nella loro maggioranza, poveri; e i poveri sono, nella loro maggioranza, bambini. E tra tutti gli ostaggi del sistema, essi sono quelli che se la passano peggio. La società li spreme, li vigila, li punisce, a volte li uccide: quasi mai li ascolta, mai li comprende.
Dopo avere imparato a camminare, imparano quali sono le ricompense che si concedono ai poveri che si comportano bene: bambini d'ambo i sessi sono la mano gratuita delle officine e dei negozi, o sono la manodopera a prezzo d'affarone delle industrie di esportazione che fabbricano vestiti sportivi per le grandi imprese multinazionali. Sono schiavi o schiave dell'economia familiare o del settore informale dell'economia globalizzata, dove occupano lo scalino più basso della popolazione attiva, dove occupano lo scalino più basso della popolazione attiva al servizio del mercato mondiale:
Negli immondezzai delle città di Messico, Manila o Lagos, raccolgono vetri, lattine e carta, e disputano gli avanzi di cibo con gli avvoltoi;
Si immergono nel mare di Java, cercando perle;
Cercano diamanti nelle miniere del Congo;
Sono talpe nelle gallerie delle miniere del Perù, indispensabili per la loro bassa statura, e quando i loro polmoni non ce la fanno più, vanno a finire nei cimiteri clandestini;
Raccolgono caffè in Colombia e in Tanzania, e si avvelenano coi pesticidi;
Si avvelenano con pesticidi pos nelle piantagioni di cotone del Guatemala e nelle bananiere del Honduras; in Malesia raccolgono il latte degli alberi di caucciù, in giornate di lavoro che vanno dall'alba al tramonto;
Stendono i binari per la ferrovia in Birmania.
Al nord dell'India, si distruggono nei forni per il vetro, e al sud nelle fornaci per i mattoni;
In Bangladesh, svolgono più di trecento occupazioni differenti con salari che oscillano tra il niente e quasi il niente per ogni giorno che non finisce mai;
Corrono corse di cammelli per gli emiri arabi e sono fantini pastori nei ranch del Río de la Plata;
Cuciono vestiti in Thailandia e cuciono scarpe da football in Vietnam;
Cuciono palloni da calcio e palle da baseball in Honduras e Haiti;
Affittati dai propri genitori, tessono tappeti in Iran, Nepal e India, da prima dell'alba fino a passata la mezzanotte, e quando qualcuno arriva a riscattarli, domandano: è lei il mio nuovo padrone?
Spacciati a cento dollari dai propri genitori, si offrono in Sudan per prestazioni sessuali ed ogni lavoro. La prostituzione è il precoce destino di molte bambine e, in minore misura anche di parecchi bambini, nel mondo intero. Per sorprendente che possa sembrare, si calcola che ci sono per lo meno centomila prostitute bambine negli Stati Uniti, secondo una relazione del UNICEF del 1997. In alcuni spiagge del mar dei Caraibi, la prospera industria del turismo sessuale offre bambine vergini a chi possa pagarle.
E gli altri bambini poveri? Degli altri sono molti quelli che sono superflui. Non sono redditizi, non lo saranno mai... essi incominciano rubando l'aria che respirano e dopo rubano tutto quello che trovano. Tra la culla e la sepoltura, la fame o le pallottole normalmente interrompono il loro viaggio. Lo stesso sistema produttivo che disprezza i vecchi, teme i bambini. La vecchiaia è un fallimento, l'infanzia è un pericolo. Ogni volta sono sempre di più i bambini emarginati che nascono con la tendenza al crimine, secondo alcuni specialisti. I bambini che vengono dalle campagne in città, e i bambini poveri in generale, sono potenzialmente di condotta asociale. I governi ed alcuni esperti condividono l'ossessione per i bambini malati di violenza, predisposti al vizio e alla perdizione. Ogni bambino è portatore di una possibile corrente da El Niño, ed è necessario prevenire la devastazione che può provocare. Sono POTENZIALMENTE DELINQUENTI.
Che diritti hanno i nessuno? E i figli di nessuno? La fame li spinge al furto, alla mendicità e alla prostituzione; e la società dei consumi li insulta offrendo quello che nega. Ed essi si vendicano lanciandosi all'assalto, bande di disperati uniti dalla certezza della morte che li aspetta: secondo l'UNICEF, nel 1995 c'erano otto milioni di bambini abbandonati, bambini di strada, nelle grandi città latinoamericane, nel 1993 gli squadroni paramilitari assassinarono sei bambini al giorno in Colombia e quattro al giorno in Brasile.
Tra una punta ed un'altra, il mezzo. Tra i bambini che vivono prigionieri dell'opulenza e i bambini che vivono prigionieri dell'abbandono, stanno i bambini che hanno abbastanza, meglio che niente, ma molto meno che tutto. I bambini della classe media sono ogni volta meno liberi. Ai bambini si confisca loro la libertà, non ci sono oramai garanzie, si volatilizzano i posti di lavoro, svanisce il denaro, arrivare a fine mese è un'impresa. La classe media è soffocata dai debiti e paralizzata dal panico e nel panico alleva i propri figli. Panico di vivere, panico di cadere; panico di perdere il lavoro, l'auto, la casa, le cose, panico di non arrivare ad avere quello che si deve avere per arrivare ad essere.
Afferrati nelle trappole del panico, i bambini della classe media sono sempre più condannati all'umiliazione della reclusione perpetua. Nella città del futuro che sta per essere ormai città del presente, i teleniños, vigilati da bambinaie elettroniche, contempleranno la strada da qualche finestra della loro telecasa: la strada proibita per la violenza o per il panico della violenza, la strada dove succede sempre il pericoloso, ed a volte prodigioso, spettacolo della vita.

Tratto da A testa in giù: la scuola del mondo alla rovescia. Capitolo: Educando con l'esempio

Eduardo Galeano


La vida según Galeano:
Mujeres

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