La otra hojita

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Para Mama Corral
Cuentos para suplir las inyecciones

A quien corresponda:
De madrugada, como de por sí, llegó la noticia. Más fría se hizo la noche fría y, al amanecer, nos descubrimos como con un hueco, como si algo nos faltara, como si hubiéramos perdido algo muy propio.
La geografía donde nos ha tocado luchar a nosotros, nosotras, las zapatistas, es muy extendida. En los mapas lleva el nombre de “México” y caminar sus rincones es una tarea todavía más dilatada.
En el calendario de la Sexta llegamos a uno de sus rincones más extraños, porque a pesar de lo que el mapa y el kilometraje recorrido indicaban, la historia, esa compleja red de calendarios y geografías de abajo, señalaba uno de nuestros adoloridos corazones: Ciudad Juárez, Chihuahua.
Ciudad Juárez. La de las jóvenes obreras asesinadas impunemente. Asesinadas por ser mujeres, por ser jóvenes, por ser trabajadoras… por ser. La de la digna rabia de los habitantes de Lomas de Poleo, resistiendo ataques, trampas, calumnias, silencios.

La de Mamá Corral

No, no voy a contar su historia. Eso les corresponde a quienes todo este tiempo estuvieron, y están a su lado, luchando por la presentación de l@s desaparecid@s.
Fuimos a hablar con ella. Fue una reunión privada con ella y otros familiares de desaparecid@s. Así lo pidió ella, así lo pedimos nosotros. Fue en la sala de su casa. Ahí nos amontonamos unas 15 o 20 personas.
Doña Concepción García de Corral era la de más edad… y la más fuerte. Como si los calendarios buscando a su hijo, José de Jesús, no la hubieran agotado. Como si el no claudicar le permitiera ver más lejos.
Hablaron los compas familiares. Palabras más, palabras menos, dijeron: “Queremos saber la verdad”.
Doña Concepción fue más lejos: “Si Dios me ha dado tantos años de vida es porque José de Jesús está vivo y lo voy a encontrar”. No, no recuerdo si ésas fueron sus palabras exactas, pero creo que sí el sentimiento.
Después hablé yo.
No dije mucho…
O lo dije todo…
No muy me acuerdo, pero creo que les dije lo que yo quisiera que le dijeran a mis familiares si hubiera lugar, tiempo y modo: no nos fuimos porque no los quisiéramos, sino porque los queremos, aunque de otra forma, con otro modo.
No me hagan mucho caso, pero creo que fue entonces cuando abracé a Doña Concepción García de Corral y le dije al oído: “Mamá Corral”.
Luego me fui.
Siempre me voy.
Otra vez llegaron las geografías y los calendarios a llevarnos y traernos. Pero en ellas y por ellos sabíamos de ella. Creo que hasta una vez le dedicamos un texto. Por ahí debe de andar, creo.
Tal vez se lo leyeron. Tal vez sonrió. Tal vez entendió que le decíamos a ella: “aquí estamos y no olvidamos”.
Y ahora resulta que yo estaba escribiendo unos cuentos porque alguien estaba enfermo y algo había que darle de remedio, así fuera a la distancia.
Y, además, porque tengo un montón de cartas de protesta. Algunas de supuestas sociedades médicas reconviniéndome por mis declaraciones en contra de las inyecciones, y otras son de mamaces iracundas porque se quedaron con la jeringa preparada y la víctima en turno se rehusó a la tortura, aduciendo un supuesto punto de un supuesto programa nacional de lucha que supuestamente prohibía la producción, el tráfico y el consumo de inyecciones. Total, que en resumidas cuentas me hacen responsable de las más terribles epidemias y endemias.
Mentira, no han llegado cartas de protesta. Pero los oídos me zumban, lo que, según decía mi madre, quiere decir que están mal hablando de uno.
Entonces yo, presionado por la Lupita y la Toñita, me puse a trabajar en mi laboratorio para producir una medicina alternativa a las inyecciones. Y entonces salió el primero de estos “Cuentos para suplir las inyecciones”.
Mientras esperaba la decisión de las Comandantas sobre si hacían o no un encuentro deportivo y cultural para el 8 de marzo, llegó, de madrugada, la noticia de la muerte de Mamá Corral.
Venía en una carta, firmada por el Comité de Madres de Desaparecidos Políticos de Chihuahua, que terminaba así: “Subcomandante Marcos reciba usted nuestro reconocimiento y nuestras condolencias. Mamá Corral se fue, pero aún está con más fuerza a su lado y al nuestro. Reciba un fuerte abrazo y nuestra bendición”.
Dolió.
Mucho.
Ya más luego releí esas líneas y pensé que sí, que está a nuestro lado y de nuestro lado. Así que, con el permiso respectivo, hice algunos cambios y modificaciones al primero de los “Cuentos para suplir las Inyecciones” y se lo conté a Mamá Corral, a Helena, y a todas las mamaces con el dolor a flor a piel, tal y como a continuación lo transcribo:

Remedio para el dolor de corazón
El cuento de la otra hojita

Habrá una vez una hojita que estaba arriba de un árbol, en la parte más alta. Contenta estaba la hojita porque tenía muchas hojitas cerca y bien que se cantaban cuando el viento las movía. Y muy lejos podía ver la hojita, todo el valle y hasta las montañas vecinas.
Claro que había sus inconvenientes porque, por ejemplo, como había muchas hojitas juntas pues rápido se hacían los chismes. “Ya viste que la tal por cual anda muy pegada con ésa otra”, a veces decían. Y se hacía mucha bulla porque luego se sabía el chisme y entonces contestaban: “y mira quién habla, si tú te pasas todo el tiempo al lado de ésa de más allá”. O sea que mucho peleaban entre sí las hojitas, como de por sí.
Y también ocurría que, cuando llovía, las hojitas de arriba eran las primeras en mojarse y no podían decir aquello de “qué bonito es ver llover y no mojarse”.
Pero había sus compensaciones, porque, cuando el sol salía, las de arriba eran las primeras hojitas en secarse.
Bueno, pues así estaba la hojita de este cuento, en el vaivén de lluvias y soles, cuando vino un viento fuerte y la arrancó de la rama donde estaba viviendo. Y la hojita empezó a volar, dando giros, subiendo y bajando por las corrientes de aire.
¡Qué chido!”, dijo la hojita que era medio skatera.
¡Síííííííííí!”, gritó cuando pudo hacer un doble rizo muy cerca del techo de una champa. Luego una ráfaga de aire la acercó a una nube que tenía una pinta de muchos colores que decía: “Libertad y Presentación de l@s desaparecid@s polític@s”. Y en otra se leía: “Lo bueno de rayar nubes es que acá no llega la tira”. Y así andaba de un lado a otro la hojita.
Pero pasó que el viento se fue con su canción para otra parte y la ley de gravedad se aplicó con todo rigor, así que la hojita, casi como no queriendo, fue a llegar hasta el suelo.
¡Órales!”, se dijo la hojita, “¿y ahora qué voy a hacer?”.
La hojita quería regresar otra vez a la parte más alta del árbol. Aunque eran muy chismosas, ahí estaban sus amigas. Y aunque era la primera en mojarse con la lluvia, también era la primera en calentarse con el sol y podía ver muy lejos. Y aunque el viento la volviera a tumbar, ella podía ensayar nueva piruetas que ya se le estaban ocurriendo, y hasta pensaba rayar alguna nube con letras de muchos colores y tamaños muy divertidos y demandar libertad y justicia.
La hojita probó en caminar, pero como siempre había estado en el árbol agarrada de una rama, pues nomás no se le daba lo de la caminadera.
Entonces una hormiguita pasó por donde estaba. La hojita la reconoció, porque era una hormiguita que una vez había estado en lo alto del árbol y hasta le había dado una mordida a la hojita.
¡Hola!”, saludó la hojita a la hormiguita.
¿Y tú quién eres? Acaso te conozco”, respondió la hormiguita que, para variar, andaba de malas.
La hojita se presentó: “Me llamo Hojita y vivo en la parte más alta del árbol, pero me caí y ahora quiero regresar a mi casa pero no sé cómo hacerle, ¿podrías ayudarme?”.
La hormiguita la quedo mirando, luego quedó mirando al árbol, luego volvió a quedar mirando a la hojita. Tardó mirando la hormiguita.
Ya luego dijo: “No pos ora que sí ya se chingó la Roma ésa, porque te tendría que cargar y luego tendría que subir tooooodo el árbol sin que me coman los pájaros o el oso hormiguero. Y ya luego, si es que llegamos hasta la parte más alta, pues la problema va a ser cómo te pegamos a la rama que te toca”.
La hojita quedó mirando a la hormiguita y luego quedó mirando al árbol. Tardó mirando la hojita, o sea que ya estaba agarrando el modo de la hormiguita.
Ya luego dijo: “no hay problema, porque podemos ir a comprar pegamento a la papelería o me puedo agarrar bien fuerte de la rama que me toca”.
La hormiguita escuchó a la hojita y la quedó mirando y… bueno, y ya no vamos a decir que tardó mirándola porque si no el cuento se hace muy largo.
Entonces la hormiguita dijo: “Tá güeno, te voy a llevar, pero antes tengo que ir a ver a mi comagre para pedirle maíz porque a mí ya se me acabó. ¿Vas conmigo o aquí me esperas a que regreso?
La hojita pensó que, cuando la hormiguita encontrara a su comagre, iban a tardar mirándose y el cuento se iba a terminar sin que ella resolviera su problema, así que respondió: “¡Voy contigo! Y sirve que de pasada compramos el pegamento en la papelería
Entonces, la hormiguita cargó a la hojita en el lomo y empezó a caminar rumbo a casa de su comagre. Por el camino, la hojita iba mirando muchas cosas que no conocía… o que conocía, pero vistas desde lo alto del árbol donde vivía. Y pasó a un lado de la piedrecita inconforme, la que quería ser nube, y la vio muy grande. Mientras miraba a la piedrecita inconforme hacer ejercicios para bajar de peso, la hojita pensó: “Tras que desde arriba se ven muy otras las cosas”.
O no se ven”, dijo la hormiguita, que además de ser enojona podía escuchar lo que pensaban los demás seres.
Sí, o no se ven”, quedó pensando la hojita.
Siguieron caminando.
Bueno, caminaba la hormiguita, porque la hojita nomás iba mirando el mismo mundo que había visto desde arriba pero que, visto desde abajo, era otro mundo.
Y mucho mundo miró la hojita.
Por ejemplo, miró al Mal y al Malo vestidos de gobiernos, de empresarios, de aviones bombardeando niños y niñas, de policías golpeando y asesinando joven@s y desapareciendo luchador@s sociales, de hombres violentando mujeres, de perseguidores de los otros amores, de racistas, de locutores de radio y televisión, de periodistas, de analistas políticos, de comisarios del pensamiento.
Pero también miró a un escarabajo con yelmo, fumando pipa y escribiendo en una ultra-mini-micro-computadora.
Y miró a la Lupita y a la Toñita jugando con unas jirafas que les regalaron en el Festival de la Digna Rabia. Y miró al Sup cuando les decía a las niñas que no eran jirafas, que eran unas vacas y que les habían estirado el pescuezo porque las querían hacer caldo, pero las vacas no se dejaron y se resistieron y que eran una vacas rebeldes y que se les había quedado el pescuezo estirado por su resistencia, pero no eran jirafas. Y miró que la Toñita y la Lupita lo regañaban al Sup y le enseñaban un libro de animales para que viera que sí eran jirafas y que no eran vacas con el pescuezo estirado. Y miró que el Sup les respondía que no era cierto, que ese libro lo habían hecho los mismos que querían hacer caldo a las vacas. Que para que no se publicara que tenían un su delito, dijo el Sup. Y miró que las niñas traían unas inyecciones porque decían que el Sup estaba enfermo y por eso decía tarugadas, y que lo iban a curar al Sup. Y miró que el Sup corría y corría. Y ya no miró si es que lo alcanzaron.
Y miró el lado oscuro de la luna, cuando Sombra, el guerrero, la llevaba cargando en un mecapal.
Y miró a Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, llevar unas flores a la tumba de La Magdalena.
Y miró al Viejo Antonio forjándose un cigarrillo en hoja de doblador.
Y miró a hombres y mujeres indígenas, que nunca habían ido a la escuela, explicarle el mundo a una investigadora con un doctorado en ciencias sociales.
Y miró a las tropas zapatistas haciendo la champa para Radio Insurgente.
Y miró al Moy platicando con las Comisiones Agrarias Autónomas sobre un problema de tierras.
Y miró a una pareja tocándose con toda la piel desnuda, y miró que no importaba si la pareja era de mujer y hombre, o de hombre y hombre, o de mujer y mujer, o de otr@ y otr@.
Y miró a alguien rayar en una pared “Un muro sin grafiti es como un barquillo sin helado”, y miró que el muro se convertía en bandera.
Y miró que nadie se preparaba para enfrentar a Polifemo.
Y miró a los calendarios y geografías caminar a encontrarse.
Todo eso y muchas cosas más miró la hojita, pero son para otros cuentos. Por fin llegaron donde la comagre de la hormiguita y, como era de esperar, la comagre no estaba porque no llegaron rápido y le tocaba trabajar en otro cuento, así que se fueron a la papelería para comprar el pegamento.
A la hojita, con todo lo que había mirado, ya se le había olvidado que iba a comprar pegamento. Así que le dijo al dependiente de la papelería: “Quiero un cuaderno y unos lápices de colores muy divertidos”. El dependiente respondió: “Acaso son divertidos los lápices de colores. Los lápices de colores son lápices de colores”. De ahí se siguió una larga discusión sobre la capacidad o no de sentimientos de las cosas inanimadas, discusión que nos vamos a saltar porque si no el cuento se va para otro lado.
Bueno, resulta que al final la hojita consiguió sus lápices de colores, su cuaderno y su pegamento (porque la hormiguita le recordó a qué habían ido a la papelería). Ya luego, la hormiguita y la hojita llegaron al pie del árbol. Ya iban a empezar a subir cuando, ¡zas!, se sintió como un terremoto. Todo empezó a crujir y como a romperse. Como si se desarmara un rompecabezas y las piezas se desordenaran.
La radio, la televisión y los periódicos de arriba no dijeron nada porque también se habían desarmado, así que lo que se supo fue porque lo publicaron los medios alternativos de comunicación. Porque resulta que los zapatistas, las zapatistas, habían ganado la guerra contra el olvido y todo el mundo se estaba volteando de cabeza y quedando todo al revés. Y el sol ya no salía por el oriente, sino por el poniente. Y lo que estaba arriba quedaba abajo, y lo que estaba abajo quedaba arriba. Y entonces resulta que, para ir a la rama donde vivía la hojita, ahora tenían que bajar, en lugar de subir, a la copa del árbol.
Mta magre” dijeron a coro la hojita y la hormiguita, y se pusieron a discutir entre ellas.
Y es que la hojita le echó la culpa a la hormiguita porque tardó mucho mirando y en ese tiempo los zapatistas, las zapatistas, ganaron y voltearon el mundo al revés.
Para que el mundo ya esté cabal”, así dijeron las zapatistas, los zapatistas, y, como ya es costumbre, nadie les entendió.
Tan-tan.
Vale. Salud y paciente rabia, Mamá Corral, paciente rabia.

Desde las montañas del Sureste Mexicano
Subcomandante Insurgente Marcos


Per Mamma Corral
Racconti per supplire le iniezioni

A chiunque riguardi:
Di mattina, non appena arrivò la notizia, si fece più fredda la notte già fredda e all'alba scoprimmo come un buco, come se ci mancasse qualcosa, come se avessimo perduto qualcosa di molto personale.
La geografia dove è toccato lottare a noi zapatisti e noi zapatiste è molto estesa. Nelle mappe porta il nome di "Messico" e percorrere i suoi angoli è un compito ancora molto arduo. Nel calendario della Sesta arrivammo a uno dei suoi angoli più estranei perchè nonostante quello che la mappa e il chilometraggio percorso indicavano, la storia, questa complessa rete di calendari e geografie dal basso, segnalava uno dei nostri cuori addolorati: Città Juarez, Chihuahua.
Città Juarez, quella delle giovani operaie assisante impunemente. Assassinate per il fatto di essere donne, di essere giovani, di essere lavoratrici......per il fatto di esistere.
Quella della degna rabbia degli abitanti de Lomas de Poleo, che hanno resistito ad attacchi, inganni, calunnie e silenzi.


Di Mamma Corral

No, non voglio raccontare la sua storia. Questo spetta a coloro che in tutto questo tempo sono stati e continuano ad essere dalla sua parte, lottando per la ricomparsa dei/delle desaparecid@s.
Andammo a parlare con lei. Fu una riunione privata con lei e altri famigliari dei/delle desaparecit@s. Così volle lei, così volemmo noi. La riunione si svolse nel salotto della sua casa, ci riunimmo tra le 15 e 20 persone.
Donna Concepcion Garcia de Corral era la più anziana.....e la più forte. Come se i calendari stessero cercando suo figlio, Jose de Jesus, come se non l'avessero già sfinita. Come se il non zoppicare le permettesse di vedere più lontano.
Parlarono i compagni di famiglia. Parola più parola meno dissero: "Vogliamo sapere la verità".
Donna Concepcion si spinse più lontano: "Se dio mi ha dato tanti anni di vita è perchè Jose de Jesus è vivo e lo troverò". Non ricordo se queste furono le sue parole esatte, però credo che questo fu il senso.
Poi parlai io.
Non dissi Molto..
O dissi tutto...
Non mi ricordo molto, però credo le dissi quello che avrei detto ai miei famigliari se ci fosse stato luogo, tempo e modo: non siamo esistiti perchè l'abbiamo voluto, bensì perchè lo vogliamo, benchè con altra forma e in altro modo.
Non fecero molto caso a me, se non, credo, quando abbracciai Donna Conception Garcia de Coral e le dissi nell'orecchio "Mamma Corral".
Poi me ne andai.
Sempre me ne vado.
Arrivarono un altra volta le geografie ed i calendari a portare storie. Ma per quelle e quelli noi sapevamo di lei. Credo che almeno per una volta le dedicammo un testo. Così dev'essere, almeno credo.
Forse glielo lessero. Forse sorrise. Forse capì che le dicevamo: "stiamo qui e non dimentichiamo."
E ora si dà il caso che stavo scrivendo alcuni racconti perchè qualcuno era malato e dovevo dargli qualche conforto, qualunque fosse la distanza. E, inoltre, perchè ho un mucchio di lettere di protesta. Alcune di sedicenti società mediche che mi rimproverano per alcune mie dichiarazioni contro le iniezioni, e altre che sono di mammane iraconde perchè rimasero con la siringa preparata e la vittima di turno si rifiutò alla tortura, adducendo un presunto punto di un supposto programma nazionale di lotta che suppostamente proibiva la produzione, il traffico e il consumo di iniezioni. Insomma a conti fatti mi danno per responsabile delle più terribili epidemie ed endemie.
Bugia, non sono arrivate lettere di protesta. Ma le orecchie mi fischiano, questo, stando a quanto diceva mia madre, vuole dire che stanno parlando male di una persona. Allora io, pressato da Lupita e da Tonita, mi ritirai nel mio laboratorio per produrre una medicina alternativa alle iniezioni.
Così uscì il primo di questi "Racconti per supplire le iniezioni".
Mentre aspettavo la decisione delle Comandanti sul se avrebbero fatto o no l'incontro sportivo e cultura per l'8 marzo, arrivò, all'alba, la notizia della morte di Mama Corral.
Arrivava in una lettera, firmata dal Comitato delle Madri dei Desaparecidos Politici di Chihuahua, che finiva così: "Subcomandante Marcos riceva il nostro riconoscimento e le nostre condoglianze. Mama Corral è morta, ma è ancora con più forza al suo e al nostro fianco. Riceva un forte abbraccio e la nostra benedizione."
Soffrii.
Molto.
Tempo dopo rilessi queste righe e pensai che è vero che sta al nostro fianco e dalla nostra parte. Così che, con il dovuto rispetto, apportai alcuni cambiamenti e modifiche al primo dei "Racconti per supplire alle iniezioni" e lo raccontai a Mama Corral, a Helena, e a tutte le mammane con il dolore a fior di pelle, così come di seguito lo trascrivo.

Rimedio per il dolore di cuore
Il racconto dell'altra foglietta

Ci sarà una volta una fogliolina che stava in cima ad un albero, nella parte più alta.
Contenta stava la fogliolina perchè aveva molte foglioline vicine e felici cantavano quando il vento le muoveva.
E molto lontano poteva vedere la fogliolina, tutta la valle e fino alle montagne vicine.
Certo che c'erano degli inconvenienti, perchè, per esempio, siccome c'erano molte foglioline unite è facile che si facessero pettegolezzi. "Hai visto che quella tale va molto d'accordo con quest'altra", a volte dicevano. E si faceva molto chiasso perchè poi si risapeva il pettegolezzo e quindi rispondevano "E guarda chi parla, sì tu che passi tutto il tempo a lato di quella che sta più in là".Ossia litigavano molto tra di loro le foglioline, come dire.
Accadeva anche che, quando pioveva, le foglioline in alto erano le prime a bagnarsi e non potevano dire così: "Com'è bello veder piovere e non bagnarsi". Ma c'erano delle compensazioni, perchè, quando il sole saliva, quelle in alto erano le prime foglioline a seccarsi.
Bene, così stava la fogliolina di questo racconto, nel viavai di pioggia e sole, quando venne un vento forte e la staccò dal ramo dove stava vivendo.
La fogliolina iniziò a volare, girando, salendo e abbassandosi per le correnti d'aria.
"Che figata", disse la fogliolina che era una mezza skatera.
"Siiiiiiiiiiii" gridò quando pote fare un doppio giro della morte vicino al tetto di un baracca. Dopo, una raffica d'aria l'avvicinò a una nube che aveva una macchia di molti colori che diceva "Libertà e Ricomparsa dei/delle desaparecid@s politici". E in un altra si leggeva "il vantaggio di scrivere sulle nuvole e che qua non arriva la polizia" Così andava da un lato all'altro la fogliolina.
Ma successe che il vento si spostò con la sua canzone da un altra parte e la legge di gravità si applicò con tutto il suo rigore, così che la fogliolina, quasi non volendo, fu costretta ad scendere al suolo.
"Cavolo!" si disse la fogliolina, "cosa posso fare ora?"
La fogliolina chiedeva di ritornare un'altra volta nella parte più alta dell'albero. Anche se erano molto noiose, li stavano le sue amiche. Anche se era la prima a bagnarsi con la pioggia, era anche la prima a scaldarsi col sole e poteva vedere molto lontano. E anche se il vento tornava a farla cadere, lei poteva provare nuove piroette come già le era successo, fintanto che pensava di segnare alcune nuvole con lettere di molti colori e dimensioni molto divertenti e chiedere libertà e giustizia.
La fogliolina provò a camminare, ma siccome sempre era stata su un albero attaccata ad un ramo non si poteva definire una camminatrice. Così una formica passò per dove si trovava. La fogliolina la riconobbe, perchè era una formica che una volta era stata in cima all'albero e aveva dato un morsettino alla fogliolina.
"Ciao", salutò la fogliolina la formica.
"E tu chi sei? Ti conosco per caso?" rispose la formichina, che tanto per cambiare, andava di fretta.
La fogliolina si presentò, "Mi chiamo fogliolina e vivo nella parte più alta dell'albero, ma son caduta e ora vorrei tornare a casa mia ma non so come fare, potresti aiutarmi?"
La formichina si fermò a guardare, poi stette a guardare l'albero, poi tornò a guardare la fogliolina. Si fermò a guardare la formichina. E dopo disse "Non posso ora e poi al diavolo Roma, perchè ti dovrei caricare e dopo dovrei salire tuuuuttto l'albero senza che mi mangino gli uccelli o i formichieri. E dopo una volta lì, sempre che arriviamo alla parte più alta, c'è il problema di come dobbiamo attaccarti al tuo ramo".
La fogliolina rimase a guardare la formichina e di poi stette a guardare l'albero. Si attardò a guardare la fogliolina, nel senso che stava già assumendo il modo di fare della formichina. E poi disse, "Non c'è problema, perchè possiamo andare a comprare la colla alla cartoleria o mi posso aggrappare ben forte al ramo che mi spetta"
La formichina ascoltò la fogliolina e rimase a guardarla e... bene ora non torno a dire che stette a guardarla perchè se no il racconto si fa molto lungo. Quindi la formichina disse, "Va bene, ti porto ma prima devo andare a vedere la mia comare per chiederle mais perchè a me è già terminato. Vieni con me o aspetti che torno?"
La formichina pensò che quando la formichina avrebbe incontrato la sua comare, andrebbero perso tempo a guardarsi e il racconto sarebbe terminato senza che lei avesse risolto il problema, così rispose "Vengo con te! E di passaggio compriamo la colla in cartoleria".
Così, la formichina, si caricò la fogliolina sulla schiena e iniziò a camminare fino a casa della sua comare.
Lungo la strada, la fogliolina si mise a guardare molte cose con non conosceva.....o che conosceva ma viste dall'alto dell'albero dove viveva. E passò di lato a una pietruzza trasgressiva, quella che chiedeva di essere nube, e la vide molto grande.
Mentre guardava la pietruzza trasgressiva fare esercizi per scendere di peso, la fogliolina pensò: "Dall'alto si vedono molto diverse le cose"
"O non si vedono", disse la formichina che oltre a essere irascibile poteva ascoltare quello che pensavano gli altri esseri.
"Sì, o non si vedono", rimase a pensare la fogliolina.
Continuarono a camminare. Meglio, camminava la formichina, perchè la fogliolina stava guardando lo stesso mondo che aveva visto dall'altro ma che visto dal basso era un altro mondo.
E molto mondo guardò la fogliolina. Per esempio guardò il male e i malvagi vestiti da governanti, gli impresari, gli aerei che bombardano bambini e bambine, dei poliziotti che picchiano e uccidono giovani e la scomparsa di lottatori/trici sociali, gli uomini che violentano le donne, i persecutori degli amori diversi, i razzisti, gli annunciatori di radio e televisioni, i giornalisti, gli analisti politici e i commissari del pensiero.
Ma guardò anche uno scarafaggio con l'elmo che fumava una pipa e stava scrivendo su un ultra micro computer.
E guardò la Lupita e la Tonita che giocavano con una giraffa che le regalarono al festival della Degna Rabbia. E guardò il Sup quando diceva alle bambine che quella non era una giraffa, che era una mucca e che gli avevano stirato il collo perché la volevano cucinare, ma le mucche non si arresero e resistettero e che erano mucche ribelli e che avevano avuto il collo stirato a causa della loro resistenza, ma che non erano giraffe. E vide che la Tonita e la Lupita si arrabbiavano con il Sup e gli mostravano un libro di animali affinchè potesse vedere che sì erano giraffe e che non erano vacche con il collo stirato. E vide che il Sup gli rispose che non era sicuro fosse così, chè quel libro l'avevano fatto gli stessi che volevano cucinare le mucche. Affinchè non fosse reso pubblico il loro delitto, disse il Sup. E vide che le bambine avevano alcune iniezioni perchè dicevano che il Sup era malato e per questo diceva sciocchezze, e che lo avrebbero curato. E guardò il Sup correre e correre, e non vide se lo presero.
E vide il lato scuro della luna, quando Ombra il guerriero la portava caricata in un "mecapal".
E vide Elias Contreras, Commissione Investigativa dell'EZLN, portare un fiore sulla tomba della Magdalena.
E vide il Vecchio Antonio farsi una sigaretta con una cartina arrotolata.
E guardò donne e uomini indigeni, che non andarono mai a scuola, spiegare il mondo ad una investigatrice con un dottorato in scienze sociali.
E vide le truppe zapatiste costruire la baracca per Radio Insurgente.
E guardò il Moy parlare con le Commissioni Agrarie Autonome su un problema di terra.
E vide una coppia toccarsi con tutta la pelle nuda, e vide che non importava se la coppia era di donna e uomo, o di uomo e uomo, o di donna e donna o di altr@ e altr@.
E guardò qualcuno scrivere su una parete "Un muro senza graffito e come un cono senza gelato", e vide che il muro si trasformò in bandiera.
E vide che nessuno si stava preparando per affrontare Polifemo.
E vide i calendari e le geografie camminare ed incontrarsi.
Tutto questo e molte altre cose vide la fogliolina, ma sono cose per altri racconti. Alla fine arrivarono dove la comare de la formichina viveva e, come c'era da aspettarsi, non era lì perchè non arrivarono rapidamente e a lei era toccato lavorare in un altro racconto, così andarono alla cartoleria per prendere la colla.
Alla fogliolina, con tutto quello che aveva visto, passò di mente che doveva prendere la colla. Così che disse al dipendente della cartoleria "Voglio un quaderno e alcune matite di colori molto divertenti". Il commesso rispose "Che forse sono divertenti le matite colorate. Le matite colorate sono solo matite colorate." Da lì nacque una lunga discussione sopra la possibilità o meno di sentimenti delle cose inanimate, discussione che andiamo a saltare perchè sennò il racconto va da un'altra parte.
Bene, succede che alla fine la fogliolina comprò le sue matite colorate, il suo quaderno, e la colla (perchè la formichina si ricordò perchè erano andati in cartoleria). Dopo la formichina e la fogliolina arrivarono ai piedi dell'albero. Già stavano iniziando a salire quando, zac!, si sentì come un terremoto. Tutto iniziò a scricchiolare a rompersi. Come se si rompesse un puzzle e tutti i pezzi venissero sparpagliati.
Le radio, le televisioni e i giornali dall'alto non dissero nulla perchè non vennero mobilitati, così quello che si seppe fu solo grazie alla pubblicazione dei media alternativi di comunicazione. Perchè era successo che gli zapatisti, le zapatiste, avevano vinto la guerra contro la dimenticanza e tutto il mondo si stava rovesciando a capofitto e fermandosi tutto alla rovescia. Il sole sorgeva da oriente e non da ponente Quello che stava in alto si posizionava in basso, e quello che stava in basso si portava in alto. E così risultava che per andare al ramo da dove veniva la fogliolina, adesso dovevano andare verso il basso invece che salire in cima all'albero.
"Mta magre" dissero in coro la fogliolina e la formichina e si misero a discutere tra di loro.
E successe che la fogliolina dette la colpa alla formichina perchè si fermò molto a guardare e in quel frattempo gli zapatiste e le zapatiste avevano vinto e girato il mondo al contrario. "Affinchè il mondo ora sia giusto" così dissero le zapatiste e gli zapatisti e, come al solito, nessuno li capì.
Tan Tan


Vale, salute e paziente rabbia, Mamma Corral, paziente rabbia.

Dalle montagne del Sudest Messicano
Subcomandante Insurgente Marcos

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