Mirame los ojos

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Noi ci ritroveremo ancora insieme
davanti a una finestra.
Ma molte molte lune in là
e poche stelle in meno
e forse sarai stanco per la corsa del topo
probabilmente vecchio per inventare un nuovo gioco,
dimmi come t'inganni
e quando avrò i tuoi anni?
Lei ci avrà già lasciato
in fondo a qualche data
probabilmente a maggio
ma lei per te sarà soltanto un'ombra
l'ombra di un'altro viaggio
perchè i ricordi cambiano
come cambia la pelle
e tu ne avrai di nuovi e luminosi
come le stelle
e comunque vada
guardami dentro gli occhi
gli occhi ch'eran bambini
guardami dentro gli occhi

E non verranno i briganti
a derubarti di notte
perchè tutti i briganti
prenderanno le botte
e non verranno i pirati
ad abbordare la nave
perchè tutti i pirati
andranno in fondo al mare.
Non verranno i piemontesi
ad assalire Gaeta
con le loro Land Rover,
con le loro Toyota
e se verranno gli indiani
con i lunghi coltelli
noi daremo le botte le botte
anche a quelli
e adesso chiudi i tuoi occhi
chiudi gli occhi che ho sonno
son vent'anni che guardo
e che non dormo.

E i nostri figli se ne andranno per il mondo
come fogli di carta
sopra lunghi stivali silenziosi
e li avremo già persi
ed una incontrerà tutti quelli
che io sono già stato
e ci farà l'amore
come in un sogno disperato
scriverà sui cerini
parole da bambini.
E le parole invece tu
le mischierai tutte dentro un cappello
alla tua età scrivere una canzone
non sarà più che quello
e non so chi vedrai, che farai,
se crederai a qualcuno,
se ci sarà una donna con te
o forse - meglio - nessuno
ma comunque vada
guardami dentro gli occhi
gli occhi ch'eran bambini
guardami dentro gli occhi.

E non verranno i briganti
a derubarti di notte
perchè tutti i briganti
prenderanno le botte
e non verranno i pirati
ad abbordare la nave
perchè tutti i pirati
andranno in fondo al mare
e non verranno i piemontesi
ad assalire Gaeta
con le loro Land Rover,
con le loro Toyota
e se verranno gli indiani
con i lunghi coltelli
noi daremo le botte le botte
anche a quelli.
E adesso chiudi i tuoi occhi
chiudi gli occhi che ho sonno
son vent'anni che guardo
e che non dormo...


Nosotros todavía nos encontraremos junto
delante de una ventana.
Pero muchas muchas lunas allá
y pocas estrellas en menos
y quizás estés cansado para la carrera del ratón
probablemente viejo para inventar un nuevo juego,
¿me dices como te engañas
y cuándo tendré tus años?
Ella nos habrá dejado ya
al final de alguna fecha
probablemente a mayo
pero a ella por ti será solamente una sombra
la sombra de otro viaje
porque los recuerdos cambian
como cambia la piel
y vos tendrás de ello de nuevos y luminosos
como las estrellas
y en todo caso vaya
mirame dentro de los ojos
los ojos que fueron niños
mirame dentro de los ojos.

Y no vendrán los bandoleros
a robarte por la noche
porque todos los bandoleros
tomarán los golpes
y no vendrán los piratas
a abordar el barco
porque todos los piratas
irán al final del mar.
No vendrán los piamonteses
a atacar Gaeta
con sus Land Rover,
con sus Toyota
y si vinieran los indianos
con los largos cuchillos
nosotros daremos los golpes los golpes
a los también
y ahora cierras tus ojos
cierras los ojos que tengo sueño
son veinte años que miro
y que no duermo.

Y nuestros hijos irán por el mundo
como hojas de papel
sobre largas botas silenciosas
y ya los habremos perdido
y uno encontrará todos los
que yo ya he sido
y con ellos hará el amor
como en un sueño desesperado
escribirá sobre las cerillas
palabras de niños.
Y las palabras en cambio tú
las mezclarás todo dentro de un sombrero
a tu edad escribir una canción
no será más que el
y no sé quién verás, que harás,
si creyeras en alguien,
si hubiera una mujer contigo
o quizás - mejor - nadie
pero en todo caso vaya
mirame dentro de los ojos
los ojos que fueron niños
mirame dentro de los ojos.

Y no vendrán los bandoleros
a robarte por la noche
porque todos los bandoleros
tomarán los golpes
y no vendrán los piratas
a abordar el barco
porque todos los piratas
irán al final del mar.
No vendrán los piamonteses
a atacar Gaeta
con sus Land Rover,
con sus Toyota
y si vinieran los indianos
con los largos cuchillos
nosotros daremos los golpes los golpes
a los también
y ahora cierras tus ojos
cierras los ojos que tengo sueño
son veinte años que miro
y que no duermo...


Historia de la mirada

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Una lenta voluta de humo sale de la boca del Viejo Antonio que la mira y, con su mirada, le empieza a dar forma de signo y de palabra. Al humo y la mirada, siguen las palabras del Viejo Antonio...
"Mira Capitán (porque debo aclararles que en el tiempo en que yo conocí al Viejo Antonio tenía yo el grado de Capitán Segundo de Infantería Insurgente, lo que no dejaba de ser un típico sarcasmo zapatista porque sólo éramos 4 -desde entonces el Viejo Antonio me llama "Capitán"),
mira Capitán, hubo un tiempo, hace mucho tiempo, en que nadie miraba. No es que no tuvieran ojos los hombres y mujeres que se caminaban estas tierras. Tenían de por sí, pero no miraban. Los dioses más grandes, los que nacieron el mundo, los más primeros, de por sí habían nacido muchas cosas sin dejar mero clarito para qué o por qué o sea la razón o el trabajo que cada cosa debía de hacer o de tratar de hacer. Porque de que cada cosa tenía su por qué, pues sí, porque los dioses que nacieron el mundo, los más primeros, de por sí eran los más grandes y ellos sí se sabían bien para qué o por qué cada cosa, eran dioses pues. Pero resulta que estos dioses primeros no muy se preocupaban de lo que hacían, todo lo hacían como fiesta, como juego, como baile. De por sí cuentan los más viejos de los viejos que, cuando los primeros dioses se reunían, seguro tenía que haber una su marimba, porque seguro que al final de sus asambleas se venían la cantadera y la bailadera. Es más, dicen que si la marimba no estaba a la mano, pues nomás no había asamblea y ahí se estaban los dioses, rascándose nomás la barriga, contando chistes y haciéndose travesuras. Bueno, el caso es que los dioses primeros, los más grandes, nacieron el mundo, pero no dejaron claro el para qué o el por qué de cada cosa. Y una de estas cosas eran los ojos. ¿Acaso habían dejado dicho los dioses que los ojos eran para mirar? No pues. Y entonces ahí se andaban los primeros hombres y mujeres que acá se caminaron, a los tumbos, dándose golpes y caídas, chocándose entre ellos y agarrando cosas que no querían y dejando de tomar cosas que sí querían. Así como de por sí hace mucha gente ahora, que toma lo que no quiere y le hace daño, y deja de agarrar lo que necesita y la hace mejor, que anda tropezándose y chocando unos con otros. O sea que los hombres y mujeres primeros sí tenían unos sus ojos, sí pues, pero no miraban. Y muchos y muy variados eran los tipos de ojos que tenían los más primeros hombres y mujeres. Los había de todos los colores y de todos los tamaños, los había de diferentes formas. Había ojos redondos, rasgados, ovalados, chicos, grandes, medianos, negros, azules, amarillos, verdes, marrones, rojos y blancos. Sí, muchos ojos, dos en cada hombre y mujer primeros, pero nada que miraban.
Y así se hubiera seguido todo hasta nuestros días si no es porque una vez pasó algo. Resulta que estaban los dioses primeros, los que nacieron el mundo, los más grandes, haciendo una su bailadera porque agosto era, pues, mes de memoria y de mañana, cuando unos hombres y mujeres que no miraban se fueron a dar a donde estaban los dioses en su fiestadero y ahí nomás se chocaron con los dioses y unos fueron a dar contra la marimba y la tumbaron y entonces la fiesta se hizo puro borlote y se paró la música y se paró la cantadera y pues también la bailadera se detuvo y gran relajo se hizo y los dioses primeros de un lado a otro tratando de ver por qué se detuvo la fiesta y los hombres y mujeres que no miraban se seguían tropezando y chocando entre ellos y con los dioses. Y así se pasaron un buen rato, entre choques, caídas, mentadas y maldiciones.
Ya por fin al rato como que se dieron cuenta los dioses más grandes que todo el desbarajuste se había hecho cuando llegaron esos hombres y mujeres. Y entonces los juntaron y les hablaron y les preguntaron si acaso no miraban por dónde caminaban. Y entonces los hombres y mujeres más primeros no se miraron porque de por sí no miraban, pero preguntaron qué cosa es "mirar". Y entonces los dioses que nacieron el mundo se dieron cuenta de que no les habían dejado claro para qué servían los ojos, o sea cuál era su razón de ser, su por qué y su para qué de los ojos. Y ya les explicaron los dioses más grandes a los hombres y mujeres primeros qué cosa era mirar, y los enseñaron a mirar.
Así aprendieron estos hombres y mujeres que se puede mirar al otro, saber que es y que está y que es otro y así no chocar con él, ni pegarlo, ni pasarle encima, ni tropezarlo.
Supieron también que se puede mirar adentro del otro y ver lo que siente su corazón. Porque no siempre el corazón se habla con las palabras que nacen los labios. Muchas veces habla el corazón con la piel, con la mirada o con pasos se habla.
También aprendieron a mirar a quien mira mirándose, que son aquellos que se buscan a sí mismos en las miradas de otros.
Y supieron mirar a los otros que los miran mirar.
Y todas las miradas aprendieron los primeros hombres y mujeres. Y la más importante que aprendieron es la mirada que se mira a sí misma y se sabe y se conoce, la mirada que se mira a sí misma mirando y mirándose, que mira caminos y mira mañanas que no se han nacido todavía, caminos aún por andarse y madrugadas por parirse.
Y ya que aprendieron esto, los dioses que nacieron el mundo les encargaron a estos hombres y mujeres, que habían llegado tropezando, chocando y cayendo con todo, la tarea de enseñarles a los demás hombres y mujeres cómo se miraba y para qué es el mirar. Y ahí aprendieron los diferentes a mirar y mirarse.
Y no todos aprendieron porque ya el mundo se había echado a andar y ya andaban los hombres y mujeres por todos lados, tropezando, cayéndose y chocando unos con otros. Pero unos y unas sí aprendieron y éstas y éstos que aprendieron a mirar son los llamados hombres y mujeres de maíz, los verdaderos
."
Quedó en silencio el Viejo Antonio. Yo lo miré mirarme mirarlo y volteé la vista mirando cualquier rincón de esa madrugada.
El Viejo Antonio miró lo que yo miraba y, sin decir ninguna palabra, agitó con su mano la encendida colilla de su cigarro de doblador. De pronto, convocada por el llamado de la luz en la mano del Viejo Antonio, una luciérnaga salió del rincón más oscuro de la noche y trazando breves serpentinas luminosas, se acercó hasta donde el Viejo Antonio y yo estábamos sentados. Tomó el Viejo Antonio la luciérnaga con sus dedos y, dándole un soplo, la despidió. Se fue la luciérnaga hablando su luz tartamuda.
Un rato siguió la noche de abajo oscura.
De pronto, cientos de luciérnagas empezaron su brilloso y desordenado baile y ahí, en la noche de abajo, había de pronto tantas estrellas como la que en la noche de arriba vestía el agosto de las montañas del Sureste Mexicano.
"Para mirar, y para luchar, no basta saber a dónde dirigir miradas, paciencia y esfuerzos" -me dijo el Viejo Antonio ya incorporándose-. "Es necesario también empezar y llamar y encontrar a otras miradas que, a su tiempo, empezarán y llamarán y encontrarán a otras más. Así, mirando el mirar del otro, se nacen muchas miradas y mira el mundo que puede ser mejor y que hay lugar para las miradas todas y para quien, aunque otro y diferente, mira mirar y se mira a sí mismo caminando la historia que falta todavía".
Se fue el Viejo Antonio. Yo seguí sentado toda la madrugada y, cuando encendí de nuevo la pipa, mil luces abajo encendieron la mirada y hubo luz abajo, que es donde debe haber luz y múltiples miradas...

Hermanas y hermanos maestros y estudiantes:
Esperamos que este encuentro tenga éxito y les permita a ustedes conocer y entender nuestra mirada.
Queremos repetirles que son bienvenidas y bienvenidos a estas tierras.
Sabemos bien que su mirada sabrá mirarnos mirarlos y que, luego, su mirada convocará a otras más, a muchas y habrá camino y luz y, un día, ya nadie tropezará de madrugada...
Vale. Salud y para mirar lejos no son necesarios unos binoculares, sino el largavista que la dignidad regala a quien la lucha y vive.

Desde las montañas del Sureste Mexicano
Subcomandante Insurgente Marcos



Una lenta voluta di fumo sale dalla bocca del Vecchio Antonio che la guarda e, con il suo sguardo, inizia a darle forma di segno e di parola. Al fumo e allo sguardo, seguono le parole del Vecchio Antonio...
"Guarda Capitano (qui devo chiarire che al tempo in cui ho conosciuto il Vecchio Antonio avevo il grado di Capitano in seconda della Fanteria Ribelle, si trattava del tipico sarcasmo zapatista perché eravamo solo in 4 - da allora il Vecchio Antonio mi chiama "Capitano")...
Guarda Capitano, c'è stato un tempo, molto tempo fa, in cui nessuno guardava. Non è che non avessero occhi gli uomini e le donne che camminavano per queste terre. Sì, li avevano, ma non guardavano. Gli dei più grandi, quelli che han creato il mondo, i primi fra i primi, avevano davvero creato molte cose senza chiarire perché o per cosa, cioè la ragione o il lavoro che ogni cosa doveva fare o cercare di fare. Dato che ciascuna cosa aveva il suo perché, insomma, poiché gli dei che hanno creato il mondo, i primi fra i primi, erano davvero i più grandi e sapevano bene il per cosa e il perché di ogni cosa. Però risulta che questi primi dei non si preoccupassero molto di quello che facevano, facendo tutto come se si trattasse di una festa, di un gioco, di un ballo. E i più vecchi fra i vecchi raccontano che, quando i primi dei si riunivano, si poteva stare certi che c'era la marimba, perché le loro assemblee finivano sempre con canti e balli. E dicono che se la marimba non era a portata di mano, allora non c'era neanche l'assemblea, e gli dei se ne stavano lì, grattandosi la pancia, raccontandosi barzellette e facendosi scherzi. Bene, il fatto è che i primi dei, i più grandi, crearono il mondo, però non hanno chiarito il per che cosa o il perché di ciascuna cosa. E una di queste cose da chiarire erano gli occhi. Avevano forse lasciato detto gli dei che gli occhi erano per guardare? No. E quindi i primi uomini e le prime donne, che hanno camminato qui, camminavano alla cieca, fra colpi e cadute, scontrandosi tra di loro e afferrando cose che non volevano e lasciando perdere quelle che volevano. Così come fa molta gente anche adesso, che prende quello che non vuole e che le fa male, e lascia perdere quello che le serve e che le farebbe bene, che cammina inciampando e scontrandosi con gli altri. Ossia i primi uomini e le prime donne avevano gli occhi, però non guardavano. E molti e molto diversi erano i tipi di occhi che avevano i primi uomini e le prime donne. Li avevano di tutti i colori e di tutte le misure, li avevano di forme differenti. Avevano occhi rotondi, a mandorla, ovali, piccoli, grandi, medi, neri, blu, gialli, verdi, marrone, rossi e bianchi. Sì, molti occhi, due per ogni uomo e donna, però non guardavano niente.
E così sarebbe continuato fino ai nostri giorni se nonchè una volta successe qualcosa. Risulta che i primi dei, quelli che fecero il mondo, i più grandi, stavano ballando perché era agosto, che è il mese del ricordo e del domani, quando alcuni uomini e donne che non guardavano sono capitati dove c'era la festa degli dei e così si sono scontrati con gli dei e sono andati a sbattere contro la marimba e l'hanno buttata a terra ed allora la festa divenne un vero casino e cessò la musica e il canto e dato che anche il ballo si era fermato e c'era una gran confusione, i primi dei si guardavano attorno di qua e di là cercando di vedere perché si era bloccata la festa mentre gli uomini e le donne che non guardavano proseguivano inciampando e scontrandosi tra di loro e con gli dei. E così è passato un bel po' di tempo, tra scontri, cadute, imprecazioni e maledizioni.
Finalmente gli dei più grandi si resero conto che tutto quello scompiglio si era creato quando erano arrivati quegli uomini e quelle donne. E allora li hanno riuniti e hanno parlato loro chiedendo se, per caso, non guardavano dove camminavano. E allora i primi uomini e le prime donne non si sono guardati perché non guardavano, però hanno domandato che cosa era "guardare". E allora gli dei che hanno creato il mondo si resero conto che non avevano chiarito a che cosa servivano gli occhi, ossia quale era la loro ragione di essere, il perché e il per che cosa degli occhi. E così gli dei più grandi spiegarono ai primi uomini e alle prime donne che cosa era guardare, e hanno insegnato loro a guardare.
Così questi uomini e queste donne hanno imparato che si può guardare l'altro, sapere che esiste e che c'è e che è altro e hanno imparato così a non scontrarsi con lui, né a schiacciarlo, né a passargli sopra, né ad urtarlo.
Hanno saputo anche che si può guardare dentro l'altro e vedere ciò che sente il suo cuore. Perché non sempre il cuore parla con le parole che nascono dalle labbra. Molte volte il cuore parla con la pelle, con lo sguardo o con i passi.
Hanno imparato anche a guardare chi guardando si guarda, che sono quelli che cercano se stessi negli sguardi degli altri.
E hanno imparato a guardare gli altri che li guardano guardare.
E i primi uomini e le prime donne hanno imparato tutti gli sguardi. E la cosa più importante che hanno imparato è lo sguardo che guarda se stesso, e sa e si conosce, lo sguardo che guarda se stesso guardando e guardandosi, che vede cammini e vede domani che non sono ancora nati, cammini ancora da percorrere e albe non ancora apparse.
E dopo che hanno imparato questo, gli dei che crearono il mondo hanno dato a questi uomini e queste donne, che erano arrivati inciampando, scontrandosi e facendo cadere tutto, il compito di insegnare agli altri uomini e alle altre donne come si guardava e il perché del guardare. E così hanno imparato i diversi a guardare e a guardarsi.
Ma non tutti hanno imparato perché il mondo aveva già cominciato a girare e gli uomini e le donne andavano già dappertutto, inciampando, cadendo e scontrandosi con gli altri. Invece alcuni e alcune hanno imparato, e queste e questi che hanno imparato a guardare sono detti uomini e donne di mais, gli autentici
."
È rimasto in silenzio il Vecchio Antonio. Io lo guardai guardarmi guardarlo e distolsi lo sguardo guardando un qualsiasi angolo di quest'alba.
Il Vecchio Antonio guardò ciò che io guardavo e, senza dire nessuna parola, agitò con la sua mano il mozzicone acceso della sua sigaretta fatta a mano. Subito, convocata dall'appello della luce nella mano del Vecchio Antonio, una lucciola è sbucata dall'angolo più scuro della notte e, tracciando brevi serpentine luminose, si è avvicinata fin dove il Vecchio Antonio e io stavamo seduti. Prese il Vecchio Antonio la lucciola fra le dita e, con un soffio, la lasciò andare. Se n'è andata la lucciola parlando la sua luce balbettante.
Per un momento la notte in basso ha continuato nel buio.
All'improvviso centinaia di lucciole hanno iniziato il loro brillante e disordinato ballo e lì, nella notte in basso, c'erano di colpo tante stelle come nella notte in alto, quella che vestiva l'agosto delle montagne del Sudest Messicano.
"Per guardare, e per lottare, non basta sapere dove dirigere sguardi, pazienza e sforzi", mi ha detto il Vecchio Antonio alzandosi. "È necessario anche iniziare e chiamare e trovare altri sguardi che, a suo tempo, inizieranno e chiameranno e troveranno altri ancora. Così, guardando il guardare dell'altro, nascono molti sguardi e si guarda il mondo che può essere migliore e in cui c'è posto per tutti gli sguardi e per chi, benché altro e diverso, guarda guardare e guarda se stesso percorrendo la storia che manca ancora".
Se ne è andato il Vecchio Antonio. Io ho continuato a star seduto nell'alba e, quando ho acceso di nuovo la pipa, mille luci in basso hanno acceso lo sguardo e c'è stato luce in basso, che è dove devono esserci luce e molteplici sguardi...

Sorelle e fratelli maestri e studenti:
Speriamo che questo incontro abbia successo e vi consenta di conoscere e capire il nostro sguardo.
Vogliamo ripetervi che siete benvenute e benvenuti in queste terre.
Sappiamo bene che il vostro sguardo saprà guardarci guardarvi e che, dopo, il vostro sguardo ne richiamerà altri ancora su molte cose e ci saranno strada e luce e, un giorno, nessuno inciamperà già di buon mattino...
Vale. Salute e per guardare lontano non sono necessari certi binocoli, bensì la lungavista che la dignità regala a chi per essa lotta e vive.




Dalle montagne del Sudest Messicano
Subcomandante Insurgente Marcos

Ζωής Τηγανούρια

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"Tanguera" είναι η γυναίκα που χορεύει με πάθος ταγκό... (∆*)

Mi corazón de viaje...

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Se peinaba a lo garçon
la viajera que quiso enseñarme a besar
en la Gare d’Austerlitz.
Primavera de un amor
amarillo y frugal como el sol
del veranillo de San Martín.
Hay quien dice que fui yo
el primero en olvidar
cuando en un si bemol de Jacques Brel
conocí a mademoiselle Amsterdam.

En la fatua Nueva York
da más sombra que los limoneros
la estatua de la libertad,
pero en desolation row
las sirenas de los petroleros
no dejan reír ni volar
y, en el coro de Babel,
desafina un español.
No hay más ley que la ley del tesoro
en las minas del rey Salomón.

Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer.

Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad
que mordieron el anzuelo,
que bucean a ras del suelo,
que no merecen nadar.

El Dorado era un champú,
la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web.
En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver.
Cuando en vuelo regular
pisé el cielo de Madrid
me esperaba una recién casada
que no se acordaba de mí.

Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis venas va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un liguero de mujer.

Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad
que perdieron las agallas
en un banco de morralla,
en una playa sin mar.

________

Si pettinava a la garçon
la viaggiatrice che volle insegnarmi a baciare
nella Gare d'Austerlitz.
Primavera di un amore
giallo e frugale come il sole
dell'estate di San Martino.
C'è chi dice che fui io
il primo a dimenticare
quando in un si bemolle di Jacques Brel
conobbi mademoiselle Amsterdam.

Alla fatua New York
dà più ombra che i limoni
la statua della libertà,
ma in desolation row
le sirene delle petroliere
non lasciano ridere né volare
e, nel coro di Babele,
stona uno spagnolo.
Non c'è altra legge che la legge del tesoro
nelle miniere del re Salomone.

E sfidando il moto ondoso
senza timone né timoniere,
per i miei sogni va, leggero di bagaglio,
su un guscio di noce,
il mio cuore di viaggio,
lasciando brillare i tatuaggi
di un passato bucaniere,
di un veliero all'abbordaggio,
di un non ti voglio volere.

E come fuggire
quando non rimangono
isole per naufragare
al paese
dove i saggi si ritirano
dall'offesa di cercare
labbra che fanno impazzire,
bugie che guadagnano giudizi
tanto sommari che sviliscono
il vetro degli acquari
dei pesci di città
che morsero l'amo,
che si immergono raso terra,
che non meritano nuotare.

El Dorato era un shampoo,
la virtù delle braccia in croce,
il peccato una pagina web.
A Comala compresi
che nel posto dove sei stato felice
non dovesti tentare di ritornare.
Quando in volo regolare
toccai il cielo di Madrid
mi aspettava una appena sposata
che non si ricordava di me.

E sfidando il moto ondoso
senza timone né timoniere,
per le mie vene va, leggero di bagaglio,
su un guscio di noce,
il mio cuore di viaggio,
lasciando brillare i tatuaggi
di un passato bucaniere,
di un veliero all'abbordaggio,
di un reggicalze di donna.

E come fuggire
quando non rimangono
isole per naufragare
al paese
dove i saggi si ritirano
dall'offesa di cercare
labbra che fanno impazzire,
bugie che guadagnano giudizi
tanto sommari che sviliscono
il vetro degli acquari
dei pesci di città
che persero le branchie
in un banco di fecciume,
in una spiaggia senza mare.

Soy en tu cuerpo

Desnudos afrentamos el cuerpo
como dos ángeles equivocados,
como dos soles rojos en un bosque oscuro,
como dos vampiros al alzarse el día,
labios que buscan la joya del instante entre dos muslos,
boca que busca la boca, estatuas erguidas
que en la piedra inventan el beso
sólo para que un relámpago de sangres juntas
cruce la invencible muerte que nos llama.
De pie como perezosos árboles en el estío,
sentados como dioses ebrios
para que me abrasen en el polvo tus dos astros,
tendidos como guerreros de dos patrias que el alba separa,
en tu cuerpo soy el incendio del ser.

Jorge Gaitán Durán
































Nudi affrontiamo il corpo
come due angeli sbagliati,
come due soli rossi in un bosco oscuro,
come due vampiri al levarsi del giorno.
Labbra che cercano il gioiello dell'istante fra due coscie,
bocca che cerca la bocca, statue erette
che nella pietra inventano il bacio
solo perché un lampo di sangue uniti
traversi l'invincibile morte che ci chiama.
In piedi come pigri alberi nell'estate,
seduti come dei ubriachi,
perché mi brucino nella polvere i tuoi due astri,
distesi come guerrieri di due patrie che l'alba separa,
nel tuo corpo sono l'incendio dell'essere.

Jorge Gaitán Durán

Un fuerte abrazo

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Por mí el tango es algo que respiras de modo inconsciente como un tipo de esmog cultural, y que poco a poco modificación tu postura, el ritmo de tu cuerpo, y luego tu comportamiento, el ritmo del tuyo pensar y del tuyo sentir. Una enfermedad nota, que hace convertirse en "portegno" uno cualquiera. ¿Cómo se puede enseñar una enfermedad? Creo de no ser un maestro de tango argentino pero un untador de tango que difunde el contagio...
Mi modo de bailar es diferente, pierde las figuras briosas y desafiadoras y se reduce a un fuerte abrazo bajo el que los pies se entrelazan en movimientos apenas señalen. Aquel abrazo de tres minutos me salva la vida, siento mi cuerpo en otro cuerpo, encuentro mi forma en la forma de la mujer, me agarro quizás a una persona desconocida para no perder aquellos que queda de mí.

Miguel Angel Garcìa
_________

Per me il tango è qualcosa che respiri inconsapevolmente, come una sorta di smog culturale, e che a poco a poco modifica il tuo portamento, il ritmo del tuo corpo, e poi il tuo comportamento, il ritmo del tuo pensare e del tuo sentire. Una malattia appunto, che fa diventare "portegno" un tizio qualunque. Come si può insegnare una malattia? Credo di non essere un maestro di tango argentino, ma un untore di tanghitudine che diffonde il contagio...
Il mio modo di ballare è diverso, perde le figure briose e sfidanti e si riduce ad un forte abbraccio sotto il quale i piedi s’intrecciano in movimenti appena accennati. Quell’abbraccio di tre minuti mi salva la vita, sento il mio corpo in un altro corpo, trovo la mia forma nella forma della donna, mi aggrappo ad una persona forse sconosciuta per non perdere quel che resta di me.

Miguel Angel Garcìa

Una nueva estrella armada

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Qué soledad tan sola te inundaba
en el momento en que tus personales
amigos de la vida y de la muerte
te rodeaban.

Qué manera de alzarse en un abrazo
el odio, la traición, la muerte, el lodo;
lo que constituyó tu pensamiento
ha muerto todo.

Qué vida quemada,
qué esperanza muerta,
qué vuelta a la nada,
qué fin.

Un cielo partido, una estrella rota,
rodaban por dentro de ti.
Llegó este momento, no hay más nada
te viste empuñando un fusil.

Volaba,
lejos tu pensamiento,
justo hacia el tiempo
de mensajes, de lealtades, de hacer.

Quedaba,
darse todo el ejemplo,
y en poco tiempo
una nueva estrella armada
hacer.

Qué manera de quedarse tan grabada
tu figura ordenando nacer,
los que te vieron u oyeron decir
ya no te olvidan.

Lindaste con Dos Ríos y Ayacucho,
como un libertador en Chacabuco,
los Andes que miraron crecerte
te simbolizan.

Partías el aire, saltaban las piedras,
surgías perfecto de allí.
Jamás un pensamiento de pluma y palabra
devino en tan fuerte adalid.
Cesó por un momento la existencia,
morías comenzando a vivir.

Volaba,
lejos tu pensamiento,
justo hacia el tiempo
de mensajes, de lealtades, de hacer.

Quedaba,
darse todo el ejemplo,
y en poco tiempo
una nueva estrella armada
hacer.

________

Che solitudine così unica ti inondava
nel momento in cui i tuoi amici
personali, nella vita e nella morte
erano accanto a te.

Che modo di alzarsi in un abbraccio,
l'odio, il tradimento, la morte, il fango;
quello di cui era fatto il tuo pensiero
è morto tutto.

Che vita bruciata,
che speranza morta,
che ritorno al niente,
che fine.

Un cielo diviso, una stella spezzata
ruotavano dentro di te.
Giunse quel momento, non c'è più niente,
ti vedesti impugnare un fucile.

Volava
lontano il tuo pensiero,
proprio verso il tempo
di messaggi, di lealtà, di fare.

Restava
darsi tutto all'esempio,
e in poco tempo
fare una nuova stella
armata.

Che modo di restare tanto impressa
la tua figura, che ordinava di fare,
quelli che ti videro o sentirono parlare
non ti scordano più.

Confinasti con Dos Ríos e Ayacucho,
come un liberatore a Chacabuco,
le Ande che ti videro crescere
sono il tuo simbolo.

Dividevi l'aria, esplodevano le pietre,
sorgesti perfetto da là.
Mai un pensiero di penna e di parola
indovinò in un gesto così forte.
Cessò per un momento l'esistenza,
moristi cominciando a vivere.

Volava
lontano il tuo pensiero,
proprio verso il tempo
di messaggi, di lealtà, di fare.

Restava
darsi tutto all'esempio,
e in poco tempo
fare una nuova stella
armata.

La rebelión en puerta

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Del principio y del fin

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Ya se tenía un buen rato que el ayer se ponía viejo y solo en un rincón del mundo. Ya tenía rato que los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, los primeros, se habían quedado dormidos. Mucho se habían cansado de bailarse o de hacerse caminos y preguntas. Por eso se habían quedado dormidos los dioses primeros. Ya se habían hablado con los hombres y mujeres verdaderos, y ya se habían llegado al acuerdo entre todos que había que seguirse caminando. Porque caminando es como el mundo se vivía, así es como dijeron los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, los primeros.
- ¿Hasta cuándo seguiremos caminando? - se preguntaron los hombres y mujeres de maíz.
- ¿Cuándo nos empezamos pues? -se respondieron los hombres y mujeres verdaderos porque así habían aprendido de los dioses primeros, que a una pregunta siempre se contesta con otra pregunta.

De la tierra nacieron
Pero los dioses primeros se despertaron luego. Porque los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, no se pueden quedar dormidos cuando escuchan una pregunta y entonces se despertaron y se pusieron a tocar la marimba y una canción se hicieron con las preguntas y bailaban y cantaban: ''¿Hasta cuándo seguiremos caminando? ¿Cuándo nos empezamos pues?" Y ahí se estarían todavía, bailando y cantando, si no es porque los hombres y mujeres verdaderos se pusieron bravos y les dijeron que ya estuvo bueno de tanta bailadera y cantadera y que querían las respuestas a sus preguntas y ya entonces se pusieron serios los dioses primeros y se dijeron:
-Tienen pregunta los hombres y mujeres que de maíz hicimos. No muy sabedores nos salieron estos hombres y mujeres. Buscan la respuesta fuera, sin darse cuenta de que ya la tienen detrás y delante de ellos. No muy sabedores son estos hombres y mujeres, como elote tierno son -dijeron los dioses primeros y dale que empiezan a bailarse y a cantarse de nuevo y otra vez que se ponen embravecidos los hombres y mujeres verdaderos y que ya estuvo bueno de burlarse y que cómo está eso de que la respuesta la tienen delante y detrás de ellos y los dioses primeros les dicen que en la espalda y en la mirada están las respuestas y los hombres y mujeres de maíz se miran entre ellos y todos saben que no entienden nada, pero callados se quedan y los dioses más grandes les dicen:
-
En la espalda se empezaron los hombres y mujeres de maíz porque acostados se nacieron y, como son de maíz, de la tierra se nacieron. En la espalda se empezaron a caminar. Su espalda siempre queda detrás de su paso o de su estarse quietos. Su espalda es el principio, el ayer de su paso.
Y los hombres y mujeres verdaderos no muy entendieron esto pero como el comienzo ya había comenzado y el ayer ya había pasado, pues no se preocuparon de eso y entonces repitieron:
-¿Hasta cuándo seguiremos caminando
-Eso es más fácil de saber -dijeron los dioses que nacieron el mundo-. Cuando su mirar pueda mirar su espalda. Sólo basta que caminen en círculo, hasta darle la vuelta a su paso y se alcancen a sí mismos. Cuando caminen bastante y alcancen a mirar su espalda, aunque sea de lejos, entonces ya acabaron, hermanitos y hermanitas -dijeron los dioses primeros cuando ya se empezaban a dormirse.
Y muy contentos se pusieron los hombres y mujeres verdaderos porque ya sabían que sólo tenían que caminar en círculo hasta que alcanzaran a ver su espalda. Y un buen rato se pasaron así, caminando para alcanzar su espalda y ya después se detuvieron un rato a pensar por qué no acababan de caminarse y se dijeron:
-Mucho cuesta esto de alcanzar el principio para llegar al final. No se acaba esto de caminar y mucho dolor sale de pensar cuándo llegaremos al principio para terminar nuestro paso-. Y unos y unas se desanimaron y ahí nomás se quedaron sentados, enojados porque el camino hacia el principio para llegar al final no se acababa.

Despedida del Viejo Antonio
Pero otros y otras se siguieron caminando con muchas ganas y dejaron de pensar de cuándo van a llegar al principio para alcanzar el final y mejor se pusieron a pensar en el camino que se iban caminando y, como era en círculo, en cada vuelta querían hacerlo mejor y cada vuelta que daban, pues mejor les salía el paso, y entonces se estaban contentos y mucho contento les daba eso de caminarse y un buen rato estuvieron caminando y, sin dejar de caminarse, se dijeron:
-
Está alegre este camino que somos, caminamos para hacerlo más bueno el camino. Somos el camino para que otros se caminen de un lado a otro. Para todos hay principio y fin en su camino, para el camino no, para nosotros no. Para todos todo, nada para nosotros. Somos el camino pues, tenemos que seguirnos.
Y para que no se olvidaran, un círculo se dibujaron en la tierra y andando en círculo todo el mundo se caminaban y caminan los hombres y mujeres verdaderos. No terminan ni acaban en su lucha por hacer mejor el camino, por hacerse mejores. Por eso después los hombres se creyeron que el mundo es redondo, pero qué va a ser, esta bola que es el mundo no es más que la lucha y el camino de los hombres y mujeres verdaderos, caminando siempre, queriendo siempre que el camino les salga mejor de los pasos que caminan. Caminando siempre no se tienen ni principio ni fin en su caminadera. Ni cansarse pueden los hombres y mujeres verdaderos. Siempre quieren alcanzarse a sí mismos, sorprenderse por detrás para encontrar el principio y así llegar al final de su camino. Pero no lo van a encontrar, lo saben y no les importa ya. Lo único que les importa es ser un buen camino que trata siempre de ser mejor...
Se calla el Viejo Antonio, pero la lluvia no. Yo le iba a preguntar que cuándo se va a acabar esta lluvia, pero parece que el ambiente no está para preguntas sobre principios y finales. Me despido del Viejo Antonio.
Salgo a la lluvia y a la noche, aunque ni las pilas nuevas de mi focador (lámpara) puedan diferenciar una de otra. El ruido de mis botas en el lodo me impide escuchar las palabras de despedida del Viejo Antonio:
-No te canses preguntando cuándo acabará tu camino. Ahí, donde el mañana y el ayer se unen, ahí acabará...

Me costó mucho trabajo empezar a caminar, sabía que me iba a resbalar en el lodo ahí adelante, pero, aun sabiéndolo, tenía que caminar esa caída. Esa y otras que seguirían después. Porque caminar es también tropezarse y caer. Y esto no me lo enseñó el Viejo Antonio, me lo enseñó la montaña y créanme que el examen no fue nada fácil.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos


Già da tempo il ieri era diventato vecchio e stava solo in un angolo del mondo. Da tempo ormai i più grandi dei, quelli che hanno creato il mondo, i primi, erano rimasti addormentati. Si erano stancati molto di ballare o di percorrere strade o di farsi domande. Perciò erano rimasti addormentati i primi dei. Avevano già parlato con le donne e gli uomini autentici ed erano fra tutti giunti all'accordo che si doveva continuare a camminare.
Perché è camminando che il mondo vive, così avevano detto i più grandi dei, quelli che hanno creato il mondo, i primi.
- Fino a quando continueremo a camminare? - si domandarono gli uomini e le donne di mais.
- Quando ricominciamo di nuovo? - si risposero le donne e gli uomini autentici perché così avevano appreso dai primi dei, che a una domanda si risponde sempre con un'altra domanda.

Dalla terra sono nati
Però alla fine i primi dei si svegliarono. Perché i più grandi dei, quelli che crearono il mondo, non possono restare addormentati quando sentono una domanda e allora si svegliarono e si misero a suonare la marimba e composero una canzone con le domande e ballavano e cantavano:
''Fino a quando continueremo a camminare? Quando ricominciamo di nuovo?".
E sarebbero ancora lì, a ballare e a cantare, se nonchè le donne e gli uomini autentici si irritarono e dissero loro che era stato bello il ballare e il cantare ma che volevano risposte alle loro domande e allora i primi dei si fecero seri e dissero:
- Fanno domande gli uomini e le donne che abbiamo fatto di mais. Non ci sono venuti molto saggi questi uomini e queste donne. Cercano la risposta fuori, senza rendersi conto che ce l'hanno dietro e davanti. Non molto saggi sono questi uomini e queste donne, sono come una pannocchia acerba - dissero i primi dei e dai che iniziarono di nuovo a ballare e a cantare e ancora una volta le donne e gli uomini autentici si indispettirono: va bene prenderli in giro, ma com'è che la risposta ce l'hanno davanti e dietro e i primi dei risposero che alle spalle e nello sguardo ci sono le risposte e gli uomini e le donne di mais si guardarono tra loro e tutti sapevano di non capire niente, però restarono zitti e i più grandi dei dissero loro:
-
Dalla schiena hanno avuto inizio gli uomini e le donne di mais perché sono nati sdraiati e sono nati dalla terra, dato che sono di mais. Sulla schiena hanno iniziato a muoversi. La loro schiena resta sempre dietro al loro passo o al loro restare fermi. La loro schiena è l'inizio, il ieri del loro passo.
E le donne e gli uomini autentici non capirono molto però come l'inizio fosse già cominciato e il ieri fosse già passato, ma non si preoccuparono di ciò e ripeterono:
-
Fino a quando continueremo a camminare?
- Questo è più facile da sapere - dissero gli dei che crearono il mondo -. Quando il vostro sguardo potrà guardare alle vostre spalle. Basta che camminiate in circolo, fino a fare un giro e raggiungere voi stessi. Quando avrete camminato abbastanza e sarete riusciti a guardarvi alle spalle, benché da lontano, allora avrete finito, fratellini e sorelline - dissero i primi dei mentre cominciavano già ad addormentarsi.
E le donne e gli uomini autentici furono molto contenti perché ormai sapevano che dovevano solo camminare in circolo fino a riuscire a guardarsi alle spalle. E trascorsero un po' di tempo così, camminando per raggiungere la loro schiena, poi si sono fermati un momento a pensare perché non smettevano di camminare e si dissero:
- Costa molto raggiungere l'inizio per arrivare alla fine. Non si smette mai di camminare e si prova molto dolore nel pensare a quando arriveremo all'inizio per dare termine al nostro passo -. E alcuni e alcune si scoraggiarono e così si sedettero, annoiati perché il cammino verso l'inizio per arrivare alla fine non terminava mai.

Saluto di addio del Vecchio Antonio
Però altri e altre continuarono a camminare molto volentieri e smisero di pensare solo a quando sarebbero arrivati all'inizio per raggiungere la fine e invece si misero a pensare al cammino che stavano compiendo e, siccome era in circolo, ad ogni giro volevano compierlo meglio e ogni volta che giravano, dato che il passo riusciva meglio, erano sempre più contenti e tanta contentezza dava loro il camminare che un bel po' camminarono e, senza smettere di camminare, si dissero:
-
E' allegro questo cammino che siamo, camminiamo per fare migliore il cammino. Siamo il cammino perché altri camminino da una parte all'altra. Per tutti c'è un principio e una fine nel proprio cammino, per il cammino no, per noi no. Per tutti tutto, niente per noi. Siamo il cammino, dobbiamo proseguire.
E per non dimenticarsi, disegnarono un circolo per terra e camminando in cerchio percorrevano e percorrono tutto il mondo, gli uomini e le donne autentici. Non finiscono né esauriscono la propria lotta per migliorare il cammino, per migliorarsi. Per questo gli uomini hanno creduto che il mondo fosse rotondo, però così è questa palla che è il mondo: non è altro che la lotta e il cammino delle donne e degli uomini autentici, che continuano a camminare e vogliono sempre che il cammino riesca meglio dei passi che lo percorrono. Camminando sempre, non c'è né inizio né fine nella loro camminata. Né possono stancarsi le donne e gli uomini autentici. Vogliono sempre raggiungere se stessi, sorprendendosi nel cercare alle spalle l'inizio e così arrivando alla fine del loro cammino. Però non lo troveranno, lo sanno e non importa loro. L'unica cosa che importa loro è di essere un buon cammino che cerca sempre di essere migliore...
Tace il Vecchio Antonio, però la pioggia no. Io gli stavo per chiedere quando sarebbe finita questa pioggia, però sembra che l'ambiente non sia propizio alle domande su inizi e fini. Saluto il Vecchio Antonio e me ne vado.
Esco nella pioggia e nella notte, anche se le batterie nuove della mia pila non riescono a distinguere l'una dall'altra. Il rumore dei miei stivali nel fango mi impedisce di ascoltare le parole di addio del Vecchio Antonio:
-
Non stancarti domandando quando finirà il tuo cammino. Lì, dove il domani e il ieri si uniscono, lì finirà...

Mi è costato molto iniziare a camminare, sapevo che sarei scivolato nel fango più avanti, però, pur sapendolo, dovevo camminare verso questa caduta. Questa e le altre che seguiranno. Perché camminare è anche inciampare e cadere. E questo non me lo ha insegnato il Vecchio Antonio, me lo insegnò la montagna e, credetemi, l'esame non è stato per niente facile.


Dalle montagne del Sudest Messicano
Subcomandante Insurgente Marcos

O que não tem medida nem nunca terá....

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O que será que me dá
Que me bole por dentro, será que me dá
Que brota à flor da pele, será que me dá
E que me sobe às faces e me faz corar
E que me salta aos olhos a me atraiçoar
E que me aperta o peito e me faz confessar
O que não tem mais jeito de dissimular
E que nem é direito ninguém recusar
E que me faz mendigo, me faz suplicar
O que não tem medida, nem nunca terá
O que não tem remédio, nem nunca terá
O que não tem receita.
O que será que será
Que dá dentro da gente e que não devia
Que desacata a gente, que é revelia
Que é feito uma aguardente que não sacia
Que é feito estar doente de uma folia
Que nem dez mandamentos vão conciliar
Nem todos os unguentos vão aliviar
Nem todos os quebrantos, toda alquimia
Que nem todos os santos, será que será
O que não tem descanso, nem nunca terá
O que não tem cansaço, nem nunca terá
O que não tem limite.
O que será que me dá
Que me queima por dentro, será que me dá
Que me perturba o sono, será que me dá
Que todos os tremores que vêm agitar
Que todos os ardores me vêm atiçar
Que todos os suores me vêm encharcar
Que todos os meus órgãos estão a clamar
E uma aflição medonha me faz implorar
O que não tem vergonha, nem nunca terá
O que não tem governo, nem nunca terá
O que não tem juízo...

____________

Che sarà che mi accade
Che mi agita qui dentro, sarà che mi accade
Che sorge a fior di pelle, sarà che mi accade
E mi viene sulla faccia e mi fa arrossire
E che mi salta agli occhi e mi fa tradire
E che me stringe il petto e mi fa confessare
Quello che non è più possibile dissimulare
E che neanche è diritto di nessuno rifiutare
E che mi fa mendico, mi fa supplicare
Che non ha misura, né mai ce l’avrà
Che non ha soluzione, né mai ce l'avrà
Che non ha ricetta
Che sarà che sarà
Che accade dentro di noi e che non doveva
Che ci insulta, che è ribelle
Che è fatto come un’acquavite che non sazia
Che è come essere malato di una pazzia
Che neanche i dieci comandamenti riusciranno a conciliare
Né tutti gli unguenti potranno guarire
Né tutti i malocchi, né tutta l’alchimia
Neanche tutti i santi, sarà che sarà
Che non ha riposo, né mai ce l’avrà
Che non ha stanchezza, ne mai ce l’avrà
Che non ha limite
Che sarà che mi accade
Che mi brucia qui dentro, che sarà che mi accade
Che mi turba il sonno, sarà che mi accade
Che tutti i tremori che mi vengono ad agitare
Che tutti i calori mi vengono a stimolare
Che tutti i sudori mi vengono a bagnare
Che tutti i miei organi stanno a reclamare
E un'afflizione spaventosa mi fa implorare
Che non ha vergogna, né mai ce l’avrà
Che non ha governo, né mai ce l’avrà
Che non ha giudizio....

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Ah che sarà che sarà
che vanno sospirando nelle alcove,
che vanno sussurrando in versi e strofe,
che vanno combinando in fondo al buio,
che gira nelle teste e nelle parole,
che accende candele nelle processioni,
che va parlando forte nei portoni e grida nei mercati,
che con certezza sta nella natura nella bellezza,
quel che non ha ragione ne mai ce l'avrà,
quel che non ha rimedio ne mai ce l'avrà,
quel che non ha misura.

Ah che sarà che sarà,
che vive nell'idea di questi amanti,
che cantano i poeti più deliranti,
che giurano i profeti ubriacati,
che sta sul cammino dei mutilati e nella fantasia degli infelici,
che sta nel dai e dai delle meretrici, nel piano derelitto dei bambini,
ah che sarà che sarà,
quel che non ha decenza ne mai ce l'avrà,
quel che non ha censura ne mai ce l'avrà,
quel che non ha ragione.

Ah che sarà che sarà
che tutti i loro avvisi non potranno evitare,
che tutte le risate andranno a sfidare,
che tutte le campane andranno a cantare,
e tutti i figli insieme a consacrare,
e tutti i figli insieme a purificare,
e i nostri destini ad incontrare,
perfino il Padre Eterno da così lontano
guardando quell'inferno dovrà benedire
quel che non ha governo ne mai ce l'avrà,
quel che non ha vergogna ne mai ce l'avrà,
quel che non ha giudizio.

Ah che sarà che sarà
quel che non ha governo ne mai ce l'avrà,
quel che non ha vergogna ne mai ce l'avrà,
quel che non ha giudizio.
Ah che sarà che sarà
quel che non ha governo ne mai ce l'avrà,
quel che non ha vergogna ne mai ce l'avrà,
quel che non ha giudizio...


Cara de niño y ojos de lobo triste...

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Il dolore è una vela
così incredibilmente lieve,
che nemmeno lo senti,
comincia con la cadenza
dolce della neve,
ed è lì che ti perdi.
Ha la faccia di un bambino
e gli occhi di un lupo triste
che ti lecca la mano,
conosce ogni parola che non esiste
e te le insegna una per una
piano piano.
Ed improvvisamente ecco che hai dimenticato
com'era bello l'amore,
e te ne vai in giro
come un vecchio cane sfiancato
che non sente più nessun odore,
torni a casa con la divisa di un soldato
che non crede più nell'onore...

Non lasciarmi andare, non lasciarmi andare,
non lasciarmi andare via...

Il bambino rincorreva
la sua barca di carta,
che ci vedeva la vita,
ma il tempo non ha tempo,
l'orologio s'incarta,
la bussola è impazzita,
cammini dentro una nebbia
di persone e di cose
che ti facevano sognare,
e hai voglia di andar via,
senza accampare scuse
per non aver saputo amare,
quando hai finito tutte le più inutili scuse
per potere restare...

Non lasciarmi andare, non lasciarmi andare,
non lasciarmi andare via...

Non ne ho la forza né la voglia di provarci,
e neanche le ragioni,
altro che balle, sentimenti, tuffi al cuore
e piagnistei per scrivere canzoni;
vorrei guardare più lontano,
ma lontano adesso è un tempo
spaventosamente breve,
vorrei sparire, cancellarmi, non amarmi,
risvegliarmi che non so nemmeno dove

non lasciarmi andare, non lasciarmi andare,
non lasciarmi andare via...
___________

El dolor es una vela
tan increíblemente leve,
que lo sientes tampoco,
empieza con la cadencia
dulce de la nieve,
y está allí que te pierdes.
Tiene la cara de un niño
y los ojos de un lobo triste
que te lames la mano,
conoce cada palabra que no existe
y te las enseña uno por un
llano llano.
Y de repente he aquí que has olvidado
como fue bonito el amor,
y vas por ahí
como un viejo perro deslomado
que ya no siente ningún olor,
haces vuelta a casa con el uniforme de un soldado
que ya no cree en el honor...

No me dejes ir, no me dejes ir,
no me dejes ir...

El niño persiguió
su barco de papel,
que en ella vio la vida,
pero el tiempo no tiene tiempo,
el reloj se empaqueta,
la brújula se ha vuelto loco,
caminas dentro de una niebla
de personas y cosas
que te hicieron soñar,
y tienes ganas de andar lejano,
sin buscar excusas
para no haber sabido querer,
cuando has acabado todas las más inútiles excusas
para poder quedar...

No me dejes ir, no me dejes ir,
no me dejes ir...

No tengo de ello la fuerza ni la gana de probarnos,
y tampoco las razones,
otro que pelotas, sentimientos, zambullidas al corazón
y a lloriqueos para escribir canciones;
querría mirar más lejano,
pero lejano ahora es un tiempo
espantosamente breve,
querría desaparecer, borrarme, no me quieras,
despertarme que no sé tampoco dónde

no me dejes ir, no me dejes ir,
no me dejes ir ...

La larga noche y el sueño del despertar

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Buenas noches compañeros y compañeras. Buenas noches Tuxpan, Jalisco.
Especialmente buenas noches compañeros y compañeras indígenas.
Cuentan nuestros más antiguos, la gente que nos dirige, nuestros mayores, la gente de edad, los ancianos; que los primeros dioses, los que nacieron el mundo, lo hicieron casi cabal; con eso querían decir que lo habían hecho parejo, no había quien estaba arriba y quien abajo, la tierra no tenía propiedad, no tenía quien la mandara ni papel que la dividiera, ni dinero que la corrompiera.
Y cuentan nuestros más antiguos, que esos dioses primeros hicieron también a los primeros hombres y mujeres, los hombres y mujeres de maíz, y que desde entonces el maíz fue sagrado para estos hombres y mujeres, los primeros que poblaron estas tierras. Pero cuentan también, que esos primeros dioses se cansaron, se hicieron a un lado, y se descansaron porque habían trabajado mucho para hacer al mundo y para hacerlo cabal; y llegó otra vuelta y otros dioses, y otros y otros, mientras el mundo seguía caminando, como de por si debe caminar, por abajo.
Y cuentan también, que llegó un día, en que uno de esos dioses, no los primeros que nacieron el mundo, pero sí uno de los más primeros, entraron en gran alboroto y bulla porque algo habían encontrado, y llamaron a reunión, a asamblea a los hombres y mujeres de maíz.
Ya que estaban reunidos les dijeron: “Hay un problema, tenemos un problema que hemos encontrado, resulta que los primeros dioses, los más primeros, los que nacieron este mundo, se les olvidó a ellos decirles una cosa; se les olvidó decirles que iba a llegar un momento, en este mundo, en que iba a llegar el engaño a poblar estas tierras." Empezaron a explicar esos dioses, ya no los más primeros, pero también eran importantes, a los hombres y mujeres de maíz, que iba a llegar un día el dinero y que con él, el poder iba a sembrar el engaño por toda la tierra. “Ese día - dijeron estos dioses - la noche se va a alargar por muchos años, por siglos, cuando llegue el engaño y el dinero a poblar la tierra, nada será lo que parece, habrá engaño y parecerá que es verdad, habrá quien se diga originario de estas tierras y se venda al poderoso, habrá quien use nuestro canto, nuestra lengua, nuestro vestido, para simular que bajamos la cabeza delante del dinero, la noche será noche y el día también será noche, pero el engaño nos hará creer que ha cambiado.
“Y el engaño mayor que sembrará el poder del dinero, será el hacernos creer, que siempre fue así y que nunca va a cambiar. Y en ese engaño vivirán mucho tiempo los hombres y mujeres de maíz, lo que nosotros llamamos los pueblos originarios de estas tierras - y así como el maíz en la sierra Huichola tiene muchos colores, también los pueblos y las pieles de las personas tendrán muchos colores -, pero este engaño reinará sobre todos, y todos pensarán que es verdad lo que es mentira. Durante mucho tiempo estará esto y grande será el dolor de nuestra gente y mucho llorarán nuestros mujeres, nuestros hombres, nuestros mayores y nuestros pequeños
”.
Quedaron todos callados los hombres y mujeres de maíz, esperando a ver si algo más iban a decir los dioses que estaban dando este aviso. Los dioses quedaron callados y dijeron que nada podían hacer; empezó una gran bulla, un gran alboroto en la asamblea de los hombres y mujeres de maíz, que ahora qué iban a hacer, que cómo iban a saber que cuándo iba a llegar el día en que el engaño iba a poblar la tierra e iba a empezar el dolor y el sufrimiento para los hombres y mujeres de maíz.
Los dioses dijeron que no sabían mero el día y no sabían tampoco cómo podían librarse de esa maldad que iba a llegar sobre la tierra, pero que lago podían hacer, “Nosotros - dijeron los dioses, que poblaron el mundo los que hablaron con estos hombres y mujeres de maíz, hicieron un plan y una propuesta - cuando llegue ese día del engaño y la noche sea larga y el día sea una mentira, querrá decir que el día se ha cansado, que el sol ha quedado dormido y habrá que despertarlo”. Para poder despertarlo se necesita el buen sueño, la buena memoria y el ánimo de lucha.
Nosotros - dijeron los dioses -, lo que podemos hacer es ayudarles a ustedes para que cuando llegue ese día sepan que hacer “. Y entonces en el acuerdo de la asamblea de esos hombres y mujeres de maíz, los pueblos originarios de estas tierras, se sacó el acuerdo que iban a ser los guardianes, los vigilantes, para cuando esa noche llegara.
El problema no es la noche - dijeron los dioses - el problema es no dejarse engañar y no creer que es eterna, que nunca va a acabar. Para eso necesitan guardar el buen sueño, donde el sol vuelve a nacer y donde vuelve a crecer el día, pero ahora con verdad; entonces el mundo vuelve a ser parejo” dijeron.
¿Cómo vas a hacer entonces? - dijeron los hombres y mujeres de maíz.
Y los dioses les respondieron : “Elijamos entre ustedes, a los más firmes, a los más valientes, a los más sabios, y entonces a ellos les entregaremos el buen sueño del mañana, cuando llegue esa noche”.
Inmediatamente los hombres que estaban en la asamblea dijeron “yo”, “no, yo”, y empezaron a pelear entre ellos, a ver quien era el más valiente, el más firme y el más sabio. Los dioses dejaron que estuvieran peleando un tanto en la asamblea y por fin dijeron: “Si nos dan chance - porque esos dioses eran más llevados - si nos dan oportunidad, entonces nosotros podremos decirles quiénes son los más fuertes, los más valientes y los más sabios de entre ustedes”. Como no llegaban al acuerdo entre ellos en la asamblea dijeron “está bien, que digan los dioses quiénes son”.
Y entonces, estos dioses primeros, no los más primeros, pero que si algo primero eran, eligieron a un anciano y a una anciana, y dijeron, “estos son los más fuertes, los más sabios y los más valientes de esta comunidad. Y les vamos a guardar el sueño en la piel, para que llegado el día que haya que despertar, los hombres y mujeres de maíz no olviden cómo debe ser el mundo, cuando sea.”
Se presentaron el anciano y la anciana junto a los dioses y trataron de meter el buen sueño en la morraleta y no cabía, lo trataron de meter en la bolsa del pantalón o en la camisola, y tampoco cabía; lo trataron de cargar en las manos, y no podían, y no sabían como hacer para guardar el buen sueño que iba a hacer que amaneciera de nuevo. Y entonces los dioses dijeron que es en la piel donde deben tenerlo, y dijeron: “A partir de ahora, los ancianos y las ancianas, llevarán la memoria del buen sueño para cuando amanezca”. Y empezaron a ponerles en la piel del rostro, de las manos y de todo el cuerpo, ese buen sueño para que cupiera, y para que nadie supiera que ahí lo tenían, aparecieron las arrugas en la gente mayor; que en realidad, las arrugas que se tienen en la cara, en las manos y en el cuerpo, guardan ese buen sueño para recordarlo.
Cuando hicieron la cuenta, los dioses primeros y la gente de la asamblea, dijeron que no bastaba, que era necesario también saber cuándo había que despertar. Los dioses ofrecieron entonces que alguien guardara el buen recuerdo, y volvieron a pedir al más valiente, al más sabio y al más fuerte de la asamblea. Volvieron a pelear los hombres, a ver quien era mejor, no llegaron a ningún acuerdo y entonces le preguntaron a los dioses, quién de ellos era el mejor, el más valiente, el más fuerte y el más sabio.
Y los dioses eligieron a una mujer: “esta es la más valiente, la más fuerte y la más sabia de entre ustedes”. Y para que llegue el sueño del recuerdo que hay que despertar, lo pusieron en sus cabellos; desde entonces, dicen los antiguos, las mujeres y hombres de maíz reconocen en las mujeres indígenas a las más sabias, en aquellas que trencen su pelo, es en la trenza donde se guarda este sueño por el que hay que despertar.
Cuando ya se estaban por despedir, los primeros dioses, y ya habían encargado en los ancianos y en las mujeres indígenas, la caja donde se iba a guardar el buen sueño que iba a volver a nacer el mundo; les contaron la historia de cómo iba a ser, de cómo iba a llegar el poderoso, de qué color iba ser su piel, lo que iba a hacer, cómo iba a sembrar el engaño, cómo muchos de nosotros, los indígenas, iban a venderse, cómo la mayoría se iba a mantener firme, cómo debía cuidarse la tierra, porque en ella estaba el futuro y la vida de cada quien, cómo iba a llegar el poderoso a ofrecer más engaños, cómo iba a llegar a decir que siempre habíamos estado así, cómo nos iba a vender y todos íbamos a comprar, que nosotros como pueblos indios somos menos, menos sabios, menos fuertes, menos hábiles, menos personas, casi animales.
Dijeron que iba a llegar ese día, y ese día llegó junto con los españoles, cuando conquistaron estas tierras. Desde entonces, aunque hubo independencia, aunque hubo revolución, nosotros como pueblos indios seguimos siendo tratados con desprecio, por nuestra lengua, por nuestro color, por nuestra estatura, por nuestra forma de ser; y desde entonces algunos miembros de los pueblos indios, se venden al de arriba y venden junto con ellos y con su alma, nuestras danzas, nuestros colores, nuestras fiestas y nuestra lengua.
En este tiempo que hemos caminado por estos caminos de nuestra patria que es México, y que hemos encontrado con pueblos indígenas, con pueblos originarios, hemos tratado de decir y de escuchar esta historia de dolor y en todas partes hemos encontrado lo mismo, la misma indignación y la misma rabia, porque nuestros derechos y nuestra cultura no sean respetados. Pero ahora hay algo nuevo, ahora estamos enfrentando la destrucción de nuestras tierras, el despojo de lo que nos pertenece, de lo que nos dieron a guardar y a cuidar.
Dicen en algunas partes, en las montañas de este país, los hombres más viejos y las mujeres, que es necesario que la noche termine, que hay que destrenzar el pelo, que hay que hurgar en las arrugas y que hay que hablar ahora del buen sueño, que es necesario ya que acabe la noche del engaño que nos vendieron, y que vuelva a amanecer y que el día esté cabal, despierto cuando le toca y dormido cuando le toca.
Dicen que si esto no ocurre, la larga noche será definitiva y no habrá más tierra que poseer, tierra que cuidar ni tierra que querer. Dicen que si no despertamos de la pesadilla del engaño que nos vendieron, no habrá ya por qué luchar.
Gracias compañeros, gracias compañeras.

Desde las montañas del Sureste Mexicano
Subcomandante Insurgente Marcos.




Buona notte compagni e compagne. Buona notte Tuxpan, Jalisco.
Specialmente buona notte compagni e compagne indigene.
Raccontano i nostri più antichi, la gente che ci dirige, i nostri maggiori, la gente di età, gli anziani, che i primi dei, quelli che fecero nascere il mondo, lo fecero quasi giusto. Con questo volevano dire che l'avevano fatto pari: non c'era chi stava sopra e chi sotto, la terra non era di proprietà di nessuno, non c'era chi la comandasse, né carte che la dividessero, né denaro che la corrompesse.
E raccontano i nostri più antichi, che quei primi dei fecero anche i primi uomini e le prime donne, gli uomini e le donne di mais, e che da allora il mais fu sacro per questi uomini e queste donne, i primi che popolarono queste terre. Ma raccontano anche che quei primi dei si stancarono, si fecero da parte e si riposarono perché avevano lavorato molto per fare il mondo e per farlo bene. Ed arrivò un altro turno ed altri dei, e poi altri ed altri, mentre il mondo continuava a camminare, come deve camminare, in basso.
E raccontano anche che è arrivato un giorno in cui un turno di quegli dei, non dei primi che fecero nascere il mondo, ma sempre dei primi, e cominciò ad agitarsi ed a far casino perché aveva trovato qualcosa che non andava, e convocarono una riunione, un'assemblea con gli uomini e donne di mais.
Una volta riuniti dissero loro: "C'è un problema, abbiamo scoperto un problema perché è saltato fuori che i primi dei, proprio i primi, quelli che fecero nascere questo mondo, si dimenticarono di dirvi una cosa. Si sono dimenticati di dirvi che sarebbe giunto un momento, in questo mondo, in cui sarebbe arrivato l'inganno a popolare queste terre".
E quegli dei, ormai non i più primi, ma che erano sempre importanti, incominciarono a spiegare agli uomini e donne di mais, che sarebbe arrivato un giorno il denaro e che, con lui, il potere avrebbe seminato l'inganno per tutta la terra. "Quel giorno - dissero quegli dei -
la notte si allungherà per molti anni, per secoli, quando arriveranno l'inganno ed il denaro a popolare la terra. Niente sarà ciò che sembra, ci sarà l'inganno e sembrerà verità, ci sarà chi si dirà originario di queste terre e si venderà al potente, ci sarà chi userà il nostro canto, la nostra lingua, il nostro vestito, per far pensare che abbassiamo la testa davanti al denaro. La notte sarà notte ed anche il giorno sarà notte, però l'inganno ci farà credere che nulla è cambiato.
E l'inganno maggiore che seminerà il potere del denaro, sarà quello di farci credere che è sempre stato così e che non cambierà mai. Ed in quell'inganno vivranno per molto tempo gli uomini e le donne di mais, su quelli che noi chiamiamo popoli originari di queste terre - e come il mais nella sierra Huichola ha molti colori, anche i popoli e la pelle delle persone avranno molti colori -, ma questo inganno regnerà su tutti e tutti penseranno che è verità ciò che è menzogna. Per molto tempo sarà così e grande sarà il dolore della nostra gente e piangeranno molto le nostre donne, i nostri uomini, i nostri anziani ed i nostri piccoli
".
Rimasero tutti zitti gli uomini e le donne di mais, aspettando di vedere se gli dei che li stavano avvisando avrebbero detto loro qualcosa più. Gli dei rimasero silenziosi e dissero che non potevano farci niente ed incominciò un gran casino, un gran vociare nell'assemblea degli uomini e delle donne di mais: che avrebbero fatto adesso, come avrebbero saputo quando sarebbe arrivato il giorno in cui l'inganno avrebbe popolato la terra e sarebbero iniziati il dolore e la sofferenza per gli uomini e le donne di mais.
Gli dei dissero che non sapevano il giorno giusto e non sapevano neanche come avrebbero potuti liberarsi da quella malvagità che sarebbe arrivata sulla terra, ma che qualcosa potevano fare. "Noi - dissero gli dei che popolarono il mondo, quelli che parlarono con quegli uomini e donne di mais, facendo un piano ed una proposta - quando arriverà quel giorno dell'inganno e la notte si allungherà ed il giorno sarà una menzogna, vorrà dire che il giorno si è stancato, che il sole è rimasto addormentato e bisognerà svegliarlo". Per poterlo svegliare ci sarà bisogno di un bel sogno, di una buona memoria e del coraggio per lottare.
"Noi - dissero gli dei -, quello che possiamo fare, è aiutarvi affinché quando arrivi quel giorno sappiate che cosa fare". Ed allora nell'accordo dell'assemblea di quegli uomini e donne di mais, i popoli originari di queste terre, ci si mise d'accordo che sarebbero stati loro i guardiani, i vigilanti, per vedere quando quella notte sarebbe arrivata.
"Il problema non è la notte - dissero gli dei -, il problema è non lasciarsi ingannare e non credere che sia eterna e che non finirà mai. Per questo dovete conservare il bel sogno, dove il sole torna a nascere e dove torna a crescere il giorno, ma con verità: allora il mondo tornerà ad essere uguale" - dissero.
"Come accadrà tutto ciò? - chiesero gli uomini e le donne di mais.
E gli dei risposero: "Sceglieremo tra di voi, i più fermi, i più coraggiosi, i più saggi e consegneremo loro il bel sogno del domani, quando arriverà quella notte".
Immediatamente gli uomini che stavano nell'assemblea dissero "io", "no, io" ed incominciarono a litigare tra di loro, per dimostrare chi era il più coraggioso, il più fermo ed il più saggio. Gli dei li lasciarono litigare un po' nell'assemblea e poi dissero loro: "Se ci date un'opportunità, allora noi potremo dirvi chi sono i più forti, i più coraggiosi ed i più saggi tra di voi". E dato che non arrivavano ad un accordo tra di loro nell'assemblea, dissero: "Va bene, che scelgano gli dei".
Ed allora, quei primi dei, che non erano proprio i primi, ma che qualcosa di primo avevano, scelsero un anziano ed un'anziana e dissero: "questi sono i più forti, i più saggi ed i più coraggiosi di questa comunità. Affidiamo loro il sogno nella pelle, affinché quando arrivi il giorno che ci si deve risvegliare, gli uomini e le donne di mais non dimentichino come dev'essere il mondo".
Si presentarono l'anziano e l'anziana agli dei e tentarono di mettere il bel sogno nella bisaccia, ma non ci stava, tentarono di metterlo nelle tasche dei pantaloni o nella camicia, ma neanche lì ci stava. Tentarono di caricarlo nelle mani, ma non potevano, e non sapevano come fare per conservare il bel sogno della nuova alba. Ed allora gli dei dissero loro che era nella pelle dove devevano tenerlo, e dissero: "A partir da ora, gli anziani e le anziane, porteranno la memoria del bel sogno della nuova alba". Ed incominciarono a metterglielo nella pelle del viso, delle mani e di tutto il corpo, quel bel sogno affinché ci stesse ed affinché nessuno sapesse che l'avevano lì ed apparvero le rughe nella gente più anziana, perché in realtà le rughe che hanno sul viso, sulle mani e sul corpo, conservano quel bel sogno per ricordarlo.
Quando fecero il conto, i primi dei e la gente dell'assemblea, dissero che non bastava, che era necessario sapere pure quando sarebbe stato necessario svegliarsi. Gli dei proposero allora che qualcuno conservasse il buon ricordo e tornarono a chiedere chi era il più coraggioso, il più saggio ed il più forte dell'assemblea. Tornarono a litigare gli uomini, per dimostrare chi era il migliore, ma non giunsero a nessun accordo ed allora domandarono agli dei chi di loro era il migliore, il più coraggioso, il più forte ed il più saggio.
E gli dei scelsero una donna: "questa è la più coraggiosa, la più forte e la più saggia tra di voi". Ed affinché conservasse il sogno del ricordo che bisognava svegliarsi, glielo misero tra i capelli. Da allora, dicono gli antichi, le donne e gli uomini di mais riconoscono nelle donne indigene le più sagge, tra quelle che intrecciano i loro capelli: è nella treccia dove si conserva questo sogno grazie al quale ci si deve risvegliare.
Quando stavano già per andarsene, i primi dei, che avevano già affidato agli anziani ed alle donne indigene la cassa dove si sarebbe conservato il bel sogno che sarebbe tornato a far nascere il mondo, cominciarono a raccontare la storia di quello che sarebbe successo, di come sarebbe arrivato il potente, di che colore sarebbe stata la sua pelle, di quello che avrebbe fatto, di come avrebbe seminato l'inganno, di come molti di noi indigeni ci saremmo venduti, di come la maggioranza sarebbe stata ferma, di come si sarebbe dovuto badare alla terra, perché in lei c'era il futuro e la vita di ognuno, di come sarebbe arrivato il potente ad offrire più inganni, di come sarebbe arrivato a dire che sempre era stato così, di come ci avrebbe venduti e di come noi tutti avremmo comprato, che noi popoli indios saremmo stati i meno: i meno saggi, i meno forti, i meno abili, le meno persone, quasi animali.
Dissero che sarebbe arrivato quel giorno, e quel giorno arrivò insieme agli spagnoli, quando conquistarono queste terre. Da allora, benché ci sia stata l'indipendenza, benché ci sia stata la rivoluzione, noi come popoli indios continuiamo ad essere trattati con disprezzo, per la nostra lingua, per il nostro colore, per la nostra statura, per il nostro modo d'essere e da allora alcuni membri dei popoli indios, si vendono a quello di sopra ed insieme a loro stessi ed alla loro anima vendono le nostre danze, i nostri colori, le nostre feste e la nostra lingua.
In questo tempo che abbiamo camminato per queste strade della nostra patria che è il Messico e che ci siamo incontrati con i popoli indigeni, con i popoli originari, abbiamo cercato di dire e di ascoltare questa storia di dolore e da tutte le parti abbiamo trovato lo stesso, la stessa indignazione e la stessa rabbia, perché i nostri diritti e la nostra cultura non sono rispettati.
Ma adesso c'è qualcosa di nuovo, adesso siamo di fronte alla distruzione delle nostre terre, alla spoliazione di ciò che c'appartiene, di quanto ci hanno dato da conservare e da curare.
Dicono da qualche parte, nelle montagne di questo paese, gli uomini più vecchi e le donne più vecchie, che è necessario che la notte finisca, che si devono slegare le trecce dei capelli, che deve frugare nelle rughe e che si deve parlare ora del bel sogno che è necessario affinché finisca già la notte dell'inganno che ci hanno venduto e che ritorni l'alba e che il giorno sia giusto, sveglio quando gli tocca o addormentato quando gli tocca.
Dicono che se questo non succede, la lunga notte sarà definitiva e non ci sarà più terra da possedere, né terra da curare né terra da amare.
Dicono che se non ci risvegliamo dall'incubo dell'inganno che ci hanno venduto, non ci sarà più nulla per cui lottare.
Grazie compagni, grazie compagne.

Dalle montagne del Sudest Messicano
Subcomandante Insurgente Marcos