Con su amigo "el Che" en el corazón

Falleció Alberto Granado, amigo del Che y de Cuba


Alberto Granado, el amigo y compañero del guerrillero Ernesto “Che” Guevara en su viaje de juventud en motocicleta por Suramérica, falleció hoy en La Habana a la edad de 88 años.
Granado, nacido el 8 de agosto de 1922 en Córdoba (Argentina) y afincado en Cuba desde 1961, falleció de muerte natural, explicó su hijo Alberto Granado.
Granado, fiel amigo de Cuba será incinerado este sábado en La Habana y sus cenizas se esparcirán en Cuba, Argentina y Venezuela, según su voluntad.
Amigo de la infancia del Che, fue su acompañante en el viaje que emprendieron en motocicleta en 1952 por Surámerica, un periplo que despertó la conciencia política del guerrillero argentino.
Sobre “La Poderosa”, la moto de Granado, recorrieron buena parte del cono sur hasta que, nueve meses después, se separaron en Venezuela.
Esa peripecia fue llevada al cine en 2004 en la película “Diarios de motocicleta”, dirigida por el brasileño Walter Salles e interpretada por el mexicano Gael García Bernal en el papel del Che y el argentino Rodrigo de la Serna como Alberto Granado.
Tras ese viaje Granado regresó a Argentina para trabajar como bioquímico, pero, tras el triunfo de la revolución cubana, el Che le invitó a venir a La Habana y, un año después decidió afincarse en la isla con su esposa, Delia, y sus hijos.
En 2008 Alberto Granado viajó a Argentina para participar en las celebraciones del 80 aniversario del nacimiento del Che Guevara en la ciudad de Rosario.
Su último viaje al exterior fue a Ecuador hace algunos meses, según dijo a EFE su hijo, quien destacó que su padre fue un “gran revolucionario” y un hombre que amaba mucho la vida.



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"He nacido en Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie..."

Ernesto "Che" Guevara en Naciones Unidas (11-12-64).
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Para toda obra grande se necesita pasión y para la revolución se necesita pasión y audacia en grandes dosis, cosas que tenemos como conjunto humano.

Ernesto "Che" Guevara, de Carta del Che a su madre, desde la cárcel en México - julio 15 de 1956



Lumínicas semillas

En la paciente construcción de la urdimbre que el pueblo cubano tramó, para materializar su revolución, se han destacado muchos seres que, con la perspectiva de los años, devinieron en simbólicos paradigmas en el pergamino de su historia.
José Martí brilla con luz propia, pero también es el reflejo de esforzados luchadores que lo precedieron y/o acompañaron en el máximo derrotero establecido por aquellas generaciones: La Independencia.
El padre Varela, los Maceo, Mariana Grajales, Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez, Ignacio Agramante - sólo por nombrar algunos de los más representativos -, a la vez que perseguían un futuro soberano para su tierra, comprendían, que la abolición de la esclavitud y el mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes de la isla, debían estar, indisolublemente aliados al combate militar para desalojar a los invasores que representaban intereses de metrópolis externas.
La figura de "El Mambí" aparece sintetizando al criollo amante de su terruño y dotado de la estirpe sublime de unidad para avanzar por las escabrosas sendas de la libertad.

Si la luminosidad futurista de Martí pertenece al talento genuino de su valor y esmero, la trascendente irradiación de la obra que mantuvo visible el panorama de las transformaciones en el seno de la sociedad cubana, reconoce, en muchos otros gigantes, la fortaleza de haber logrado sostener y darle carnadura al legado patriótico-latinoamericanista de sus postulados.
A finales de la década del 40 del siglo XX, se perfila un movimiento de juvenil composición que retoma las banderas de los aguerridos próceres independentistas y prefija en sus consignas la eliminación del fraude, la corrupción, la mentira, que los políticos burgueses y fácticos militares usurpadores del poder utilizaban para entregar las bondades de un país con algunas riquezas ínsitas, pero fundamentalmente, con una ubicación estratégica privilegiada en la América septentrional.
Por ese largo recorrido de enfrentamiento que sostuvo el pueblo cubano contra la dominación extranjera, el cual transitó alrededor de 100 años (hasta los albores de 1950), a la remozada corriente se dio el nombre de "La Generación del Centenario".

El temperamento y fervor de un joven, que en ese tiempo recibía el título de abogado, comenzaba a encumbrar a una de las personalidades más destacadas de aquel movimiento; el mismo, meteóricamente, pasaría a erigirse en un indiscutido y obligado referente de la opinión pública internacional hasta nuestros días. Se trataba de Fidel Castro, quien impuso, junto a una innegable capacidad de adaptación para mantener los principios de la unidad social ante tempestuosos oleajes desatados desde los epicentros de rapaces potencias, un insólito ritmo de trabajo dispuesto a favor de sus compromisos ante el pueblo, el cual perfilaría el tenor de las relaciones de respeto de sus adversarios y la admiración, con rasgos de marcada incondicionalidad, de sus seguidores.

En el período comprendido entre la declaración formal de la República y aquella irrupción patriótica de mediados del siglo que daría origen a la creación del Movimiento 26 de Julio (cuyo nombre se debe a los conmocionantes sucesos del Asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba - precisamente un 26 de Julio de 1953 - donde se estamparía una página sublime de valentía y martirologio en la sociedad), existieron seres que catalizaron las aspiraciones populares, siendo, por consiguiente, conminados a correr la suerte de un pueblo asfixiado por el autoritarismo: Julio Antonio Mella, Pablo de la Torriente Brau, Martínez Villena, José Antonio Echeverría "manzanita" y tantos otros que fueron el producto de la pujante y progresista marea humana que desbordaba "el malecón" del egoísmo, la corruptela y la reacción.
Personalidades que nacieron fuera de la Isla como El "Generalísimo" Máximo Gómez, Pablo de la Torriente Brau que a la postre dejaría su vida peleando por la República en la Guerra Civil Española-, "El gallego" Fernández - con destacada participación al enfrentar la Invasión norteamericana de Playa Girón y que actualmente ocupa un importante sitial en la Dirección de la Revolución -, Ernesto Che Guevara, más cientos de hombres y mujeres que lucharon y luchan codo a codo con los revolucionarios cubanos, se han fundido, alzando la bandera de la estrella solitaria, al primer pueblo que logró establecer en occidente la esencia del socialismo.

Si la acepción del término EXTRANJERO nos remite a asociar a un ser que proviene de otra tierra, en el caso de una sociedad que produce tan profunda transformación en su seno, el concepto de frontera pasa a adquirir un relieve diferente al que normalmente se utiliza para establecer límites territoriales. Entonces los contornos que contienen a un pueblo comienzan a ser trazados por las ideas, los pensamientos, las actitudes de los hombres, tendientes a fortalecer las modificaciones y colaborar en los incipientes cambios que se desprenden de las interrelaciones embrionarias.

Cuando una revolución es genuina no repara en nacionalidades ni se diluye en los compartimientos estancos de idiosincrasias y procedencias, no divide ni resta, realmente suma y multiplica, asume, metaboliza, ampara.
Superados los nueve lustros del triunfo de los desposeídos y poseídos por ideas humanitarias, Cuba contuvo dentro de sus playas a miles de personas de distintas nacionalidades que fueron, por móviles disímiles, a andar las calles bulliciosas de su soberanía. La inmensa mayoría con el corazón palpitante por el deseo de integrarse a su impar proceso.
Amantes de la revolución, atraídos por joviales mujeres y hombres que acariciaban un triunfo como nunca antes había logrado pueblo alguno del continente americano, decidieron aportar sus conocimientos para trabajar junto a la patria en armas. Pero también, parte del caudal de "extranjeros" que arribaron a Cuba luego de establecida la Revolución, se nutrió de quienes eran perseguidos en sus países por haber abrazado una militancia que profesaba cambios similares a los que comenzaban a materializarse en la Isla.
Integrante del primero de los segmentos antes mencionados, llega, procedente de Venezuela, a pocos meses de la instalación del gobierno revolucionario, un ser que desde siempre ha mantenido una actitud integral de autenticidad que lo caracteriza como un latinoamericano ejemplar: Alberto Granado.

Charlas con Alberto Granado

Nacido en la Provincia de Córdoba, Argentina, fue amigo y compañero de andanzas del Che. De muy joven se sintió atraído por conocer la realidad del sector del continente más abandonado. Fue entonces que mancomunó sueños con Guevara para entregarse a una sana aventura de devorar caminos y experiencias.
Granado, al igual que Ernesto, mantuvo siempre una mirada consultiva acerca de la marginalidad. Sus inquietudes lo llevaron a adquirir un grado de conciencia superlativa vinculada a la problemática social que latía en zonas distantes de los muelles paisajes de la bella Alta Gracia cordobesa.
El amor a la mujer que sería su compañera de toda la vida, lo ancló en Caracas, pero cuando los acontecimientos de Cuba llegan a sus oídos y se cerciora que su amigo Ernesto, "el pelao", es uno de los líderes que logran derrocar a Batista, junto a su esposa Delia deciden partir rumbo al nuevo horizonte que se abría tan cercano al todopoderoso imperio.

Alberto hace casi 45 años que optó por correr la misma suerte que la Revolución. Con el título de bioquímico bajo el brazo, el mate, los libros y su extraordinario buen humor, fue a encontrarse con su amigo, instalado en ese momento en el despacho del Banco Nacional de la República de Cuba, donde comenzaba a firmar los billetes que emitía el soberano gobierno del Movimiento 26 de Julio (acompañado por el resto de las organizaciones que creyeron en la unidad), sencillamente como Che.

- Llegué a Cuba el 21 de marzo de 1960. Nos reencontramos con el Che en su despacho de Presidente del Banco Nacional. Él estaba muy atareado, pero pudimos conversar bastante, me preguntó cómo me encontraba... Le comenté que venía dispuesto a trabajar por la Revolución; pensó unos instantes y me dijo que me conectaría con alguien que sabría canalizar mis posibilidades de contribución a la nueva realidad que se estaba forjando...
Nos despedimos con la alegría de siempre. Él era un joven enérgico, pero tenía ráfagas de comicidad e ironía... A mí me decía "petizo" y yo le llamaba "pelao", porque cuando era niño le habían cortado el pelo bien corto y, todos, en Alta Gracia, le decíamos así o también "bunzer".
Alta Gracia es la ciudad de Córdoba donde nos conocimos con Ernesto. Fue en el verano de 1942; él vino a mi casa porque era amigo de mi hermano... aunque parecía un niño, no lo era tanto; con sus 14 años ya se notaba un muchacho muy despierto...

Con Alberto Granado hemos charlado en varias oportunidades. La primera vez que tuve el honor de encontrarme delante de este ser vital, directo y jovial, para conversar mano a mano, fue en la ciudad de Fomento , es decir en una "escuela al campo" ubicada cerca de esta ciudad, ya que en el acto al Che por el 70 aniversario de su natalicio, intercambiamos un saludo y algunas palabras, pero fue al día siguiente cuando Granado, junto al Comandante Armando Acosta Cordero dieron una conferencia, donde pude trasladarle mis interrogantes acerca de aquella etapa de amistad y descubrimiento.
Precisamente menciono este cruce de momentos y personas, porque Acosta Cordero fue el hombre que le recomendó el Che para comenzar a trabajar dentro del inédito proceso que se había iniciado meses antes.

- Armando fue quien me convenció que esto iba en serio. Lo conocí el 25 de junio de 1960. Yo llevaba anotado el nombre, precedido del cargo militar: Comandante de la Zona de Oriente. Esperaba ver un hombre lleno de medallas sentado en una oficina dirigiendo las actividades del ejército en esa zona del país, pero tropecé con la sorpresa que en el destacamento no se hallaba oficial alguno. Al preguntar por Armando me indicaron el lugar aproximado donde lo podía localizar; me dirijo hacia allí y veo un manojo de hombres con pelo largo, barbas y el torso al aire cavando una zanja en medio de matas y lodo...
- Le pido que me indique dónde puedo hallar al Comandante Armando Acosta Cordero.
- Soy yo; me dice el joven robusto al cual le hablé.
Quedé helado. No podía creer que un tipo que comandaba la gente fuera el que estaba a pala limpia, con las manos sucias, todo mojado de transpiración, trabajando como si fuera un soldado raso...
En ese instante dije para mis adentros "¡esta sí es una verdadera revolución!".

Luego cuando le consulté al Comandante Acosta Cordero acerca de este relato de Alberto, él argumentó:

- Hacía poco tiempo que habíamos triunfado. Todos éramos bastante jóvenes y teníamos la energía suficiente para hacer ese tipo de tareas. Entonces, en ese caso, a mí se me ocurrió continuar con las máximas que nos legara el Che en su paso por esta región del territorio... Teníamos una invasión de insectos y se nos estaba acumulando mucha suciedad en un lodazal. Les sugerí, a la vez que "ordené" a mis compañeros oficiales, que fuéramos nosotros los que tomáramos la iniciativa de limpiar el sitio. En ese instante apareció Alberto.
Aquel grupo de compañeros que estaban conmigo limpiando el pantano componían una brigada de tenientes, capitanes… Esa guarnición constaba de seis a siete mil hombres. Por la noche habíamos armado una asamblea y acordamos realizar esa tarea al día siguiente. Alberto, vio que era una Revolución de verdad, como la construyen los patriotas, los hombres consecuentes, revolucionarios, los que aman a su tierra y se quedan a pelear por ella.
Ahora, hablando de Granado, creo que todavía no se ha dicho todo lo que este hombre representa para la Revolución. Inmediatamente se puso a nuestro servicio. Empezó a aportar sus conocimientos como científico y a crear las condiciones para multiplicar la cantidad de hombres que se interesasen por desarrollar todo aquello que traía junto a sus libros, documentos, pero fundamentalmente, el caudal de humanidad que llevaba incorporado.



Haremos como el Che

Alberto continúa desbrozando sus opiniones, consciente que las mismas colaboran a comprender a alguien que ha mantenido una conducta tan diáfana, por lo cual, pareciese tornarse inasible el sentido más íntimo de su postura personal:

- Cuando se dice: "¡Seremos como el Che!", yo pienso que sería más acertado decir "¡Haremos como el Che!". Por supuesto que se entiende perfectamente que esa frase, entonada a coro por los pioneros en las escuelas, procura instalar en la conciencia de los niños y también de los jóvenes el gran ejemplo de vida que dejó el Che en la sociedad cubana y en cualquier lugar donde le tocó actuar; pero a mí me gusta expresar, con la mayor claridad posible, que nadie va a ser igual que él, sencillamente porque todos los seres humanos somos únicos y él lo fue en modo superlativo...
Era muy trabajador y sumamente inteligente, además era «buen mozo» y tenía la valentía del tipo que sabe por qué se juega... Hay gente que es audaz pero para robar o perjudicar a otros, en cambio el Che utilizaba toda su sabiduría e inteligencia para tratar de ayudar a los demás.
Creo que es muy grande decir que se va a ser como Guevara. Lo más importante, me parece, es que las nuevas generaciones traten de accionar con la limpieza de conducta y el sentido de justicia que él demostraba a cada paso.

Granado desanda sus pensamientos y conceptos mezclados con recuerdos puntuales:

- Yo recibí una carta escrita por Ernesto a los tres o cuatro meses que se instituye el gobierno revolucionario, sería en abril del 59. Me invitaba a ir a Cuba y también sentía que me llamaba para que colaborase en lo que sé hacer: organizar, investigar, enseñar...
Fue así que con el tiempo fui a parar a Santiago de Cuba. Entonces nos veíamos en momentos bastante espaciados. Generalmente nos encontrábamos en los trabajos voluntarios y en algunas oportunidades que uno de los dos debía ir a la ciudad del otro. Él estaba en La Habana y yo en Santiago.
A mí me gusta combatir el mito que se hace a veces o se crea alrededor de Ernesto, él era un hombre de carne y hueso como todos nosotros, pero también me gusta dejar en claro que reunía condiciones insuperables, porque además de lo que dije antes acerca de su inteligencia y valentía, tenía una voluntad de hierro y una sinceridad tan transparente, la cual lo hacía destacarse en cualquier actividad que se planteara llevar adelante. Porque él era inflexible con quienes se comportaban mal, pero a la vez mantenía una sensibilidad que en algunas ocasiones jugaba en su contra...

Cuando terminamos el viaje por América del Sur llegamos a la conclusión que la juventud era la que tenía que llevar adelante los cambios, porque el futuro pertenecía a los jóvenes y, diariamente compruebo, cuando se acercan a mí para consultarme cosas relacionadas con la vida del Che, que estábamos acertados en pensar así.



Alberto en La Habana

Granado vive en una bonita casa de Miramar, un municipio que se encuentra aledaño al centro Político Administrativo de La Habana.
He sido atendido por él y su esposa Delia en varias oportunidades. La mayoría de las veces fuimos con Norma, mi esposa, e intercambiamos los cuatro en la planta alta de la casa, la cual siempre está impregnada por la cálida cotidianidad de la familia que ambos han construido. Hijos y nietos rodean al matrimonio que se encuentra trascendiendo las cinco décadas de unión...
Delia mantiene siempre su cordial talante y la exquisitez en el trato para con la gente que se acerca a departir con Alberto...

En una oportunidad visitó nuestro hogar de La Habana el gran muralista y artista plástico Carlos Terribili, comentándonos que tenía deseos de conocer la casa de Alberto Granado y de paso visitarlo ya que se habían encontrado en Buenos Aires y él le prometió ir a saludarlo cuando le tocase viajar a Cuba. Solamente bastó levantar el teléfono para que Alberto nos dijera: "¡vengan para acá!".
Ese día quedó grabado en mí para siempre, por muchos motivos, dado el magnífico puente que habíamos logrado levantar entre dos hombres muy valiosos para nuestros pueblos latinoamericanos, pero también por esas sencillas anécdotas que siempre se tejen alrededor de "el amigo del Che".
Cuando nos pusimos a charlar los cinco - Delia, Norma, Alberto, Carlos y yo -, Granado le pidió a Delia que trajera vino para convidarnos. En principio quedamos sorprendidos porque el vino venía envasado en una botella de ron; además parecía ron, pues tenía el color similar, aunque el sabor era un tanto extraño... Con toda la naturalidad del mundo Alberto nos dijo: "Este vino lo hago yo"... Con Carlos nos miramos boquiabiertos, porque realmente estaba sabroso; entonces, al comprobar la aceptación que tuvo el brebaje, de memoria nos dio la fórmula casera de la fabricación. (Por supuesto que a los pocos días, en casa, tenía un botellón con 20 latas de arroz, otros tantos de azúcar prieta, levadura y... los "secretitos" de Granado... ).

En otra de las conversaciones, sentados en el balcón, se me ocurrió preguntarle acerca de aquellas cosas que se desconocían de su amigo Ernesto, especialmente, ateniéndome al criterio que siempre expone Granado de no mistificar al Che...


- Alberto... el Che sería un "tronco" jugando al fútbol...
- No, no te creas, nosotros lo "mandábamos" a marcar al hombre más habilidoso del equipo contrario y él se le pegaba como una estampilla, le resoplaba en la nuca debido también a su respiración fuerte, pero no pegaba patadas y no era tan torpe, aunque su juego era simple...
Yo jugaba de "insai", de 8. Claro que él era bastante más joven que los muchachos con los que habíamos armado el equipo en Córdoba... por eso tenía que acatar nuestras órdenes, ja ja ja... (Alberto sonrió con picardía; ese estado de ánimo que parece no abandonarlo nunca, menos cuando se le "achina" la mirada y ausculta al interlocutor que recepta su gracia para observar el "rebote" de la ocurrencia).
Él era bastante fanático de Rosario Central y yo de Racing (hecho que me alegró mucho por coincidir en la simpatía que ambos tenemos por el mismo equipo argentino). Ahora no sigo mucho el fútbol por estar viviendo aquí... también me gusta "la pelota" (el béisbol) y otros deportes.
A veces lo poníamos en el arco. Él jugaba como era en la vida ¡con todo!. Además hay que aclarar que le atraía mucho el deporte en general. Al rugby jugó bastante tiempo. La natación también le apasionaba y, entre los deportes más "pensantes", el ajedrez...

Alberto tiene una cualidad que a mí me resultó muy notoria y agradable a la vez, casi siempre detrás de la respuesta, aparece una consulta suya. No se queda con una curiosidad sin desmalezar: - Y vos de qué jugabas. En qué equipo...?
Por residir en Cuba, al igual que él, fui invitado por los investigadores Adys Cupull y Froilán González a recitar en la "Cátedra Che" que ellos dirigen en el barrio Cayo Hueso del Municipio Centro Habana a la celebración de su cumpleaños número 80. En realidad como tiene una estrecha proximidad con el 13 de agosto que es el aniversario de Fidel Castro, fue homenajeado Granado junto a la figura del Comandante. Todos los 12 de agosto, el pueblo de Cuba organiza por la noche, reuniones festivas en las barriadas para esperar con algarabía el día que su máximo líder transpone un nuevo año. Tuve el honor de recitarle personalmente a Alberto los versos del poema llamado "Comandante de Hombres Libres".

Con su amigo "el Che" en el corazón


Hablando de festejos...

- Sinceramente al Che no le gustaba tomar bebidas alcohólicas... (a mí un poquito más que a él - vuelve a la picardía -), pero por supuesto que en el recorrido que hicimos por Latinoamérica alguna vez se pasó de tragos... sencillamente porque era un tipo como cualquiera de nosotros. En Chile, por ejemplo, una noche se le fue la mano y casi nos cuesta caro (sonrisas); es que él nunca quiso sentirse diferente a la gente con la que compartíamos, aunque culturalmente lo
fuese... En ese tiempo trataba de interpretar al máximo cómo vivía el hombre común y, fundamentalmente, el porqué de sus padecimientos. Esto último se le iba transformando casi en una obsesión. Yo compartía la misma preocupación, pero debo decir que él vio más claro o con mayor rapidez en ese momento la necesidad de la lucha armada para producir los cambios necesarios en nuestro continente...
Yo era un poco más teórico, quizás pensaba en un camino más lento; opinaba por ejemplo que había que concientizar a los Incas y a los aborígenes en general...
Es bueno aclarar que hasta ese momento él era Ernesto Guevara de la Serna. El Che Guevara nace el día 2 de diciembre cuando desembarcan del Granma, en Cuba. Ahí empieza a nacer ¡el Che!. Antes de eso era un joven voluntarioso, inteligente, con muchas ideas, con una ideología no muy bien definida, en el sentido clásico. Pensaba que había que mejorar el mundo, que no se podía vivir en la mentira, y tenía una osadía difícil de explicar porque él era hijo de una familia de la burguesía, económicamente no muy alta, pero digamos sí "de clase", eran Guevara Linch y De la Serna, estos descienden de los virreyes peruanos y los Linch provenían de Irlanda... sin embargo él siempre tuvo muy claro que había que hacer una revolución.

Si él hubiera sido hijo de un campesino, de un empleado, de un sindicalista, se entendería mejor, pero era hijo de la burguesía... Yo, en cambio, desciendo de un empleado de ferrocarril.
Expresaba que la única forma de luchar contra la violencia reaccionaria era la violencia revolucionaria. A mí me parecía que era poco dialéctico decir que había una sola forma de tomar el poder... hacer la revolución únicamente por las armas. Entonces yo le discutía técnicamente, y él, está bien, lo dijo siempre y repitió mil veces su opinión... y Chile con Allende le dio la razón; y en Nicaragua con la renuncia del socialismo le dieron la razón (en negativo) y Vietnam le dio la razón en positivo, así que, ya no queda más remedio que decirle que tenía razón...

Conversábamos y discutíamos de política. Estoy convencido que el viaje que hicimos por América del Sur, representó en Ernesto una especie de gran descubrimiento y a la vez una confirmación de aquello que, hasta ese momento, podríamos llamar intuición: combatir al imperio en todos sus frentes, con ideas y con fusiles. A partir de los contrastes que vimos, de las injusticias tan hirientes, creo que él tomó la determinación de luchar en el plano político y militar antes que con un bisturí o una medicina.

Desde esa toma de posición, volvería a Buenos Aires para terminar la carrera, pero pienso que lo haría más para saldar una cuenta con su familia, especialmente con "su vieja", que por la perspectiva de trabajar dentro de las ciencias médicas.
Él llegó hasta Miami; yo me quedé esperándolo. Iba en un avión que llevaba caballos de carrera entre Buenos Aires, Miami y Caracas. Entonces él se volvía para graduarse de médico, porque le faltaban 13 asignaturas. De Caracas fue a Miami, allí se rompió el avión, tuvo que quedarse un tiempo ahí... conoció al monstruo en sus entrañas y luego volvió a Argentina.

Ese viaje fue lindo porque nos fortaleció. Nos dimos cuenta que éramos capaces de resolver cosas complejas. Es decir, que en realidad la instancia del viaje nos consolidó, adquirimos mucha confianza en nosotros mismos y comprobamos que teníamos una visión muy parecida ante las injusticias, ante la explotación, que fueron las cosas que mas vimos en el viaje... pero, fueron nueve meses; de eso han pasado 36 años en los cuales también seguimos juntos, pero en un viaje... hacia el futuro, que es la lucha que establecemos aquí en Cuba.

Después, cuando Ernesto vuelve de su segundo recorrido, que se va para Guatemala, él se da cuenta que ya tenía una formación ideológica social, que le faltaba la base política y como era un tipo inquieto, va y se junta con un cubano, Antonio "Ñico" López, que estaba en Guatemala y que había participado en ese intento de revolución; el Che se encontró con un cubano que también había estado ahí, que le comenta de los planes de Fidel, entonces transforma el escepticismo y se pone a estudiar a los clásicos, a fortalecerse ideológicamente.
Eso fue lo que más me impactó de él cuando lo encontré otra vez en el 60, en el Banco Nacional, esa forma que ya había adquirido. Antes, discutíamos un poco de odio, de bronca como se dice en Argentina, pero ya, en esos años transcurridos desde que nos separamos, había logrado una formación ideológica muy fuerte y además con los clásicos. No creía en adaptaciones de otra gente. Ese es uno de los aspectos más importantes de su trascendencia...

Creo que yo ayudé a darle empuje para que se recibiera de médico... Durante la última etapa del viaje lo notaba un poco desinteresado por la medicina; los leprosarios en San Pablo lo habían marcado mucho... Entonces aproveché ese avión que llevaba caballos, que en poco tiempo hacía lo que nos había costado tantos meses y lo alenté a volver a terminar la carrera. En realidad siempre me acordaba del pedido de doña Celia, su madre, que el 31 de diciembre de 1951, al partir rumbo a Latinoamérica me dijo: "Mirá Alberto, a vos que sos el mayor, te pido que hagas todo lo posible para que Ernesto vuelva y se gradúe de médico, porque un estudio nunca está de más".
De todos modos no fue difícil convencerlo porque él tenía también esa deuda con la vieja y le quería "regalar" el título a ella. Él, para mí, ya estaba decidido a no ser médico; médico de la guerrilla, sí, pero había perdido ese afán que tenía por la investigación, porque cuando me escribe desde México, aunque no me dice directamente en qué estaba, ya no me habla más de la investigación...

Cuando le comenté que me disculpara por tantos interrogantes emanados de mi excesiva curiosidad, minimizó el hecho con una de sus singulares ocurrencias: ¡Ya nos comeremos un asadito juntos!...

De tantas enseñanzas que uno puede extraer de este ser que mantiene una jovialidad admirable, quizás la que se advierta con mayor intensidad, es su sentido de fidelidad a la amistad.
Transponiendo cualquier egocentrismo que se podría presumir, diría, combatiéndolo con la sencillez de un verdadero ser que ha sabido "domar" la vida, que le ha tomado el pulso tanto a la popularidad como a lo afectivo y familiar, quedándose apoltronado en este último espacio; continúa pensando, creando, quizás un nuevo libro, o tal vez, la reconstrucción de historias vividas en el transcurso de un tiempo pletórico y difícil, certidumbre de una época que lo enlazó a la férrea determinación del pueblo cubano por mantener su soberanía.

Luego de ocho décadas de existencia, el amigo del Che, ese hombre que con alegría, nostalgia y un maduro optimismo, transita este tiempo, aparentemente, arrasador de valores, es indudable, que a su universal compañero, lo lleva instalado en la excelencia de sus pensamientos y en lo más sublime del corazón.

Hector Celano

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"Sono nato in Argentina; non è un segreto per nessuno. Sono cubano e sono anche argentino e, se non si offendono le illustri signorie dell’America Latina, mi sento tanto patriota dell’America Latina, di qualsiasi paese dell’America Latina, come colui che di più, e nel momento in cui fosse necessario, sarebbe disposto a consegnare la propria vita per la liberazione di qualsiasi paese dell’America Latina, senza chiedere niente a nessuno, senza esigere niente, senza sfruttare nessuno..."

Ernesto "Che" Guevara, discorso alle Nazioni Unite, ONU (11/12/1964).
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Per ogni opera grande si ha bisogno di passione e per la rivoluzione si ha bisogno di passione ed audacia in grandi dosi, cose che possediamo come gruppo umano.

Ernesto "Che" Guevara, da: Lettera del Che a sua madre dalla prigione in Messico - 15 Luglio del 1956.

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Luminosi semi

Nella paziente costruzione dell’ordito che il popolo cubano preparò, per materializzare la propria rivoluzione, si distinsero in molti che, con il corso degli anni, divennero paradigmi simbolici nella pergamena della sua storia.
José Martí brilla di luce propria, ma è anche il riflesso dello sforzo dei lottatori che lo precedettero e/o accompagnarono sul massimo cammino stabilito da quelle generazioni: l’indipendenza.
Il padre Varela, i Maceo, Mariana Grajales, Carlos Manuel de Cespedes, Maximo Gómez, Ignacio Agramante - solo per nominare alcuni dei più rappresentativi – man mano che perseguivano un futuro sovrano per la loro terra, comprendevano che l’abolizione della schiavitù ed il miglioramento delle condizioni di vita degli abitanti dell’isola, dovevano essere, indissolubilmente alleate del combattimento militare per sgomberare gli invasori che rappresentavano gli interessi delle metropoli straniere.
La figura de "Il Mambi" sembra sintetizzare il creolo amante della propria terra natale e dotato della stirpe sublime di unità per avanzare per i difficili sentieri della libertà.

Se la luminosità futurista di Martí corrisponde al talento genuino del suo valore e della sua accuratezza, l’irradiazione trascendente dell’opera che mantenne visibile il panorama delle trasformazioni in seno alla società cubana, riflette, in molti altri giganti, la forza di essere riuscito a sostenere e dare sostanza al lascito patriottico latinoamericanista dei suoi postulati.
Alla fine degli anni ‘40 del XX secolo, si profila un movimento di composizione giovanile che riprende le bandiere degli agguerriti eminenti indipendentisti e si prefigge, fra le sue consegne, l’eliminazione della frode, della corruzione, della bugia, che i politici borghesi e gli invasori militari ed usurpatori del potere utilizzavano per consegnare le bontà di un paese con alcune ricchezze insite, ma fondamentalmente, con un’ubicazione strategica privilegiata dall’America settentrionale.
Durante quel lungo cammino di resistenza che sostenne il paese cubano contro la dominazione straniera, che transitò per circa 100 anni (fino agli albori del 1950) alla rimodernata corrente si diede il nome de "La Generazione del Centennio".

Il temperamento e il fervore di un giovane che, in quel tempo, riceveva il titolo di avvocato, cominciava ad innalzare una delle personalità più distinte di quel movimento; lo stesso, come una meteora, si sarebbe eretto a indiscusso ed obbligato referente dell’opinione pubblica internazionale fino ai nostri giorni. Si trattava di Fidel Castro che impose, oltre ad un’innegabile capacità di adattamento per mantenere i principi dell’unità sociale di fronte alle tempestose ondate rovesciate dagli epicentri di rapaci potenze, un eccezionale ritmo di lavoro posto a favore dei suoi impegni nei confronti del popolo, il quale si distinse per il tenore delle relazioni di rispetto verso i suoi avversari e l’ammirazione, con tratti di marcata fedeltà, dei suoi seguaci.

Nel periodo compreso tra la dichiarazione formale della Repubblica e quell’irruzione patriottica di metà secolo che avrebbe dato origine alla creazione del Movimento 26 di Luglio (il cui nome si deve ai commoventi eventi dell’Assalto al Quartiere Moncada di Santiago di Cuba - precisamente il 26 luglio del 1953 - dove si scrisse una pagina sublime di prodezza e martirologio nella società) vissero delle personalità che catalizzarono le aspirazioni popolari, essendo, di conseguenza, condannati a subire la sorte di un paese soffocato dall’autoritarismo: Julio Antonio Mella, Pablo de la Torriente Brau, Martínez Villena, José Antonio Echeverría, detto "manzanita" e tanti altri che furono il prodotto della vigorosa e progressista marea umana che ruppe l’argine dell’egoismo, della corruzione e del processo reazionario.
Personalità che nacquero fuori dall’Isola come il "Generalissimo" Maximo Gómez, Pablo de la Torriente Brau - che alla fine perse la sua vita combattendo per la Repubblica nella Guerra Civile Spagnola - "El Gallego" Fernández – con una distinta partecipazione nell’affrontare l’invasione nordamericana di Playa Girón e che attualmente occupa un importante seggio nella Direzione della Rivoluzione, Ernesto Che Guevara, più un centinaio fra uomini e donne che lottarono e lottano gomito a gomito con i rivoluzionari cubani, alzando la bandiera dalla stella solitaria, si sono associati al primo popolo che riuscì a stabilire in Occidente l’essenza del socialismo.

Se l’accezione del termine STRANIERO ci conduce ad associarle una persona che proviene da un’altra terra, nel caso di una società che produce tanto profonda trasformazione nel suo seno, il concetto di "frontiera" passa ad acquisire un rilievo differente da quello che normalmente si usa per stabilire limiti territoriali. Allora i confini che contengono un paese cominciano ad essere tracciati dalle idee, dai pensieri, dagli atteggiamenti degli uomini, tendenti a rafforzare le trasformazioni ed a collaborare ai cambiamenti incipienti che si sviluppano dalle interrelazioni in nuce.

Quando una rivoluzione è genuina non guarda la nazionalità né si diluisce nei compartimenti stagni di idiosincrasie e provenienze, non divide né sottrae, in realtà somma e moltiplica, assume, metabolizza, protegge.
Superati i nove lustri del trionfo dei depredati e detentori di idee umanitarie, Cuba ricevette sulle sue spiagge migliaia di persone di distinte nazionalità che, per motivi diversi, camminarono per le strade trafficate della sua sovranità, l’immensa maggioranza con il cuore palpitante per il desiderio di integrarsi al suo impari processo.
Amanti della rivoluzione, attratti da gioviali donne e uomini che accarezzavano un trionfo mai raggiunto prima da nessun popolo del continente americano, decisero di apportare le proprie conoscenze per lavorare insieme alla patria in armi. Però, una buona parte degli "stranieri" che approdarono a Cuba dopo lo stabilirsi della Rivoluzione, si nutrì, anche, di coloro che erano perseguiti nei propri paesi per aver abbracciato una militanza che professava cambiamenti simili a quelli che cominciavano a materializzarsi sull’isola.
Integrante del primo dei segmenti sopra menzionati, arriva, proveniente dal Venezuela, a pochi mesi dall’installazione del governo rivoluzionario, un essere che da sempre ha mantenuto un atteggiamento integrale di autenticità che lo caratterizza come un latino-americano esemplare: Alberto Granado.

Chiaccierata con Alberto Granado

Nato nella provincia di Cordoba, in Argentina, fu amico e compagno di avventure del Che. Fin da molto giovane si sentì attratto dalla conoscenza della realtà della parte del continente più abbandonato. Fu allora che accomunò i suoi sogni con Guevara per darsi alla sana avventura di divorare strade ed esperienze.
Granado, come Ernesto, mantenne sempre un sguardo complessivo sulla marginalità. Le sue inquietudini lo portarono ad acquisire un grado di coscienza superlativa, legata alla problematica sociale che pulsava in zone lontane dai morbidi paesaggi della bella Alta Grazia cordobese.
L’amore per la donna che sarebbe stata sua compagna per tutta la vita, lo ancorò a Caracas, ma quando gli avvenimenti di Cuba giungono al suo orecchio e viene a sapere che il suo amico Ernesto, "el pelao", è uno dei leader che riescono ad abbattere Battista, insieme a sua moglie Delia, decide di partire alla volta del nuovo orizzonte che si apriva così vicino all’onnipotente impero.

Quasi 45 anni fa Alberto decise di condividere la stessa sorte della Rivoluzione. Con il titolo di biochimico sotto il braccio, il mate, i libri ed il suo straordinario buon umore, andò a raggiungere il suo amico, insediato allora nell’ufficio della Banca Nazionale della Repubblica di Cuba, dove cominciava a firmare i biglietti che emetteva il governo sovrano del Movimento 26 di Luglio (accompagnato dal resto delle organizzazioni che credettero nell’unità), semplicemente come il Che.

- Arrivai a Cuba il 21 di marzo del 1960. Ci ritrovammo con il Che nel suo ufficio di Presidente della Banca Nazionale. Lui era molto occupato, ma potemmo conversare abbastanza, mi domandò come stavo... gli commentai che giungevo disposto a lavorare per la Rivoluzione; pensò alcuni istanti e mi disse di mettermi in contatto con qualcuno che avrebbe saputo canalizzare le mie potenzialità per contribuire alla nuova realtà che si stava forgiando...
Ci salutammo con l’allegria di sempre. Egli era un giovane energico, ma aveva sprazzi di comicità ed ironia... Mi chiamava il "petizo" ed io lo chiamavo "pelao", perché da bambino gli avevano tagliato i capelli molto corti e tutti, in Alta Grazia, lo chiamavamo così o anche "bunzer".
- Alta Grazia è la città di Cordoba dove ci conoscemmo con Ernesto. Fu nell’estate del 1942; egli venne a casa mia perché era amico di mio fratello... benché sembrasse un bambino, non lo era tanto; con i suoi 14 anni appariva già un ragazzo molto sveglio...

Con Alberto Granado abbiamo chiacchierato in varie occasioni. La prima volta che ebbi l’onore di trovarmi davanti a questo essere vitale, diretto e gioviale, per conversare insieme, fu nella città di Formento, cioè in una "scuola di campo" situata vicino a questa città, poiché nell’Atto al Che per il 70° anniversario del suo compleanno, ci scambiammo un saluto ed alcune parole, ma fu il giorno seguente, quando Granado, insieme al Comandante Armando Acosta Cordero diedero una conferenza, che potei manifestargli i miei interrogativi rispetto a quella tappa di amicizia e scoperta.
In particolare menziono questa confluenza di momenti e persone, perché Acosta Cordero fu l’uomo che gli raccomandò il Che per iniziare a lavorare all’interno dell’inedito processo che si era avviato mesi prima.

- Fu Armando a convincermi che si faceva sul serio. Lo conobbi il 25 giugno del 1960. Io portavo l’annotazione del mio nome, preceduta dall’incarico militare: Maggiore della Zona Orientale. Mi aspettavo di vedere un uomo pieno di medaglie seduto in un ufficio dirigendo le attività dell’esercito in quella zona del paese, ma mi imbattei nella sorpresa che nel distaccamento non si trovava nessun ufficio. Chiedendo di Armando mi indicarono il luogo approssimativo dove potevo localizzarlo; mi dirigo lì e vedo un manipolo di uomini con i capelli lunghi, la barba ed il torso nudo vangando un fosso in mezzo ai cespugli e al fango...
- Gli chiedo che mi indichi dove posso trovare il Comandante Armando Acosta Cordero.
- Sono io; mi dice il giovane robusto al quale mi rivolsi.
Rimasi gelato. Non potevo credere che un tipo che comandava la gente fosse lo stesso che stava con la pala in mano, con le mani sporche, tutto bagnato di sudore, lavorando come se fosse un soldato comune...
In quell’istante dissi dentro di me: "questa sì che è una vera rivoluzione!"

Quando in seguito consultai il Comandante Acosta Cordero rispetto a questo racconto di Alberto, egli argomentò:

- Avevamo trionfato da poco tempo. Tutti eravamo abbastanza giovani ed avevamo l’energia sufficiente per fare quel tipo di compito. Allora, in quel caso, a me venne in mente di continuare con le massime che ci aveva trasmesso il Che nel suo passaggio per questa regione del territorio... Soffrivamo un’invasione di insetti e stavamo accumulando molta sporcizia in una fangaia. Suggerii loro, e allo stesso tempo "ordinai" ai miei compagni ufficiali, che fossimo noi a prendere l’iniziativa di pulire il posto. In quell’istante apparve Alberto.
Quel gruppo di compagni che erano con me a ripulire il pantano, componevano una brigata di tenenti, capitani... Quella guarnigione constava dai sei ai settemila uomini. Di sera avevamo organizzato un’assemblea e deciso di realizzare quel compito il giorno dopo. Alberto vide che era davvero una Rivoluzione, come la costruiscono i patrioti, gli uomini coerenti, rivoluzionari, quelli che amano la propria terra e restano a combattere per lei.
Ora, parlando di Granado, credo che ancora non si sia detto tutto quel che quest’uomo rappresenta per la Rivoluzione. Si mise immediatamente al nostro servizio. Iniziò ad apportare le sue conoscenze come scientifico ed a creare le condizioni per moltiplicare la quantità di uomini che si interessassero a sviluppare tutto quello che egli apportava con i suoi libri, documenti, ma soprattutto, con la portata di umanità che incorporava.

Faremo come il Che

Alberto continua delineando le sue opinioni, cosciente che le stesse contribuiscono a comprendere qualcuno che ha mantenuto una condotta così trasparente da rendere quasi inafferrabile il senso più intimo della sua posizione personale:

- Quando si dice: "Saremo come il Che!", io penso che sarebbe più azzeccato dire "Faremo come il Che!" .
Ovviamente s’intende perfettamente che quella frase, intonata in coro dai pionieri nelle scuole, cerca di instillare nella coscienza dei bambini ed anche dei giovani il grande esempio di vita che lasciò il Che nella società cubana ed in qualunque posto dove gli toccò agire; ma a me piace esprimere, con la maggiore chiarezza possibile, che nessuno può essere come lui, semplicemente perché tutti gli esseri umani sono unici ed egli lo fu in modo superlativo...
Era un grande lavoratore ed estremamente intelligente, inoltre era un "bravo ragazzo" ed aveva la prodezza di chi sa per cosa si gioca... c’è gente che è audace, però per rubare o pregiudicare altri, invece il Che utilizzava tutta la sua saggezza ed intelligenza per cercare di aiutare gli altri.
Credo che sia eccessivo dire che si può essere come Guevara. La cosa più importante, mi sembra, è che le nuove generazioni tentino di agire con l'integrità di condotta ed il senso di giustizia che egli dimostrava ad ogni passo.

Granado riporta i suoi pensieri e i suoi concetti mischiati con ricordi puntuali:

- Ricevetti una lettera scritta da Ernesto dopo tre o quattro mesi dall’istituzione del governo rivoluzionario, ossia nell’aprile del ‘59. Mi invitava ad andare a Cuba e sentivo che, allo stesso tempo, mi chiamava affinché contribuissi con quello che so fare: organizzare, ricercare, insegnare...
Fu così che con il tempo andai a finire a Santiago di Cuba. Allora ci vedevamo piuttosto raramente. Generalmente ci ritrovavamo nei lavori volontari ed in una delle occasioni in cui uno dei due doveva andare nella città dell’altro. Egli stava all’Avana ed io a Santiago.
A me piace sfatare il mito che si crea a volte intorno ad Ernesto, egli era un uomo in carne ed ossa come tutti noi, ma mi piace anche mettere in chiaro che riuniva condizioni insuperabili, perché oltre a quello che ho detto prima circa la sua intelligenza e prodezza, egli aveva una volontà di ferro ed una sincerità così trasparente, che lo faceva risaltare in qualsiasi attività che decideva di portare avanti. Perché egli era inflessibile con chi si comportava male, ma allo stesso tempo manteneva una sensibilità che in alcune occasioni giocava a suo sfavore...

Quando terminammo il viaggio per l’America del Sud giungemmo alla conclusione che era la gioventù quella che doveva portare avanti i cambiamenti, perché il futuro apparteneva ai giovani e, quotidianamente, quando mi si avvicinano per consultarmi su cose relative alla vita del Che, dimostro che avevamo ragione nel pensarla così.

Alberto all'Avana

Granado vive in una bella casa di Miramar, un comune che confina con il centro Politico Amministrativo dell’Avana.
Sono stato ricevuto da lui e da sua moglie Delia in varie occasioni. La maggior parte delle volte sono andato con Norma, mia moglie, e in quattro conversammo nella pianta alta della casa, che è sempre intrisa dalla calda quotidianità della famiglia che entrambi hanno costruito. Figli e nipoti circondano la coppia che sta superando cinque decenni di unione...
Delia mantiene sempre il suo aspetto cordiale e l’amabilità nel trattare con la gente che si avvicina a conversare con Alberto...

Una volta visitò la nostra casa dell’Avana il gran muralista ed artista plastico Carlos Terribili, esprimendoci il suo desiderio di conoscere la casa di Alberto Granado e di passaggio visitarlo poiché si erano incontrati a Buenos Aires e lui gli aveva promesso di andare a salutarlo quando gli sarebbe successo di viaggiare a Cuba. Bastò solamente alzare il telefono perché Alberto ci dicesse: "venite qui!".
Quel giorno rimase inciso in me per sempre, per molti motivi, dato il magnifico ponte che eravamo riusciti ad alzare fra due uomini molto preziosi per i nostri paesi latino-americani, ma anche per quei semplici aneddoti che si intessono sempre attorno a "l’amico del Che".
Quando in cinque ci mettemmo a chiacchierare - Delia, Norma, Alberto, Carlos ed io - Granado chiese a Delia che portasse vino da offrirci. In principio rimanemmo sorpresi perché il vino era contenuto in una bottiglia di rum; inoltre sembrava rum, perché aveva il colore simile, benché il sapore fosse un poco strano... Con tutta la semplicità del mondo Alberto ci disse: "Questo vino lo faccio io"... Con Carlos ci guardammo a bocca aperta, perché era davvero saporito; allora, notando l’approvazione che ricevette la bibita, ci diede a memoria la ricetta casereccia per realizzarlo. (Ovviamente pochi giorni dopo, in casa, avevo un bottiglione con 20 lattine di riso, altrettante di zucchero grezzo, lievito e... i "segreti" di Granado... ).

In un’altra conversazione, seduti sul balcone, mi capitò di chiedergli di quelle cose che si ignoravano del suo amico Ernesto, attenendomi, in particolar modo, al criterio che sempre esprime Granado di non mistificare il Che...

- Alberto... il Che era una "schiappa" a giocare a calcio...
- No, non credere, noi gli "comandavamo" di marcare l’uomo più ingegnoso della squadra avversaria e lui gli si attaccava come un francobollo, gli soffiava sulla nuca, a causa anche della sua respirazione forte, ma non dava calci e non era poi così maldestro, benché il suo gioco fosse semplice...
Io giocavo da centrocampista, numero 8. Indubbiamente egli era alquanto più giovane dei ragazzi con i quali avevamo organizzato la squadra a Cordoba... per questo doveva rispettare i nostri ordini, (ride)... (Alberto sorrise con furbizia; quello stato d’animo che sembra non abbandonarlo mai, salvo quando gli "si affina" lo sguardo ed ascolta l’interlocutore che intercetta il suo garbo per osservare il "rimbalzo" dell’accaduto).
Lui era tifoso del Rosario Centrale ed io del Racing (il fatto mi rallegrò molto perché coincidevamo nella simpatia per la stessa squadra argentina). Ora, vivendo qui, non seguo molto il calcio... mi piace anche "la pelota" (il baseball) ed altri sport.
A volte lo mettevamo in porta. Lui giocava come era nella vita, con tutto! Inoltre bisogna chiarire che l’attraeva molto lo sport in generale. Giocò abbastanza a rugby. Anche il nuoto lo appassionava e, tra gli sport più "pensanti", gli scacchi...

Alberto possiede una qualità che mi risultò molto evidente e alla volta gradevole, quasi sempre dopo la risposta, appare un suo interrogativo. Non resta con la curiosità senza domandare: - E tu a che cosa giocavi. In che squadra...?
Risiedendo a Cuba, come lui, fui invitato dai ricercatori Adys Cupull e Froilán González a declamare nella "Cattedra Che", che loro dirigono nel quartiere Cayo Hueso del Municipio di Centro Avana, per la celebrazione del suo ottantesimo compleanno. In realtà, essendo vicino il 13 agosto, anniversario di Fidel Castro, si rese omaggio a Granado, insieme alla figura del Comandante. Ogni 12 agosto, la sera, il popolo di Cuba organizza nei quartieri delle feste per aspettare con baldoria il giorno in cui il suo massimo leader compie un nuovo anno. Ebbi l’onore di recitare personalmente ad Alberto i versi della poesia intitolata "Comandante degli Uomini Liberi".

Con il suo amico "il Che" nel cuore


Parlando di festeggiamenti...

- Sinceramente al Che non piaceva bere bevande alcoliche... (a me un po’ più di lui - ritorna la furbizia) ma ovviamente durante il viaggio che facemmo per l’America Latina qualche volta si diede al bere... semplicemente perché era un tipo come tutti noi. In Cile, per esempio, una notte gli scappò la mano e quasi ci costò caro (risate); è che egli non volle mai sentirsi diverso dalla gente con la quale stavamo, benché culturalmente lo fosse... A quei tempi si sforzava moltissimo di vivere come un uomo comune e, fondamentalmente, questo era il motivo dei suoi patimenti. Questa era per lui quasi un’ossessione.
Io condividevo la stessa preoccupazione, ma devo dire che lui, in quel momento, vide con più chiarezza, o con maggiore rapidità, la necessità della lotta armata per produrre i cambiamenti necessari nel nostro continente... Io ero un po’ più teorico, magari pensavo ad una strada più lenta; pensavo per esempio che bisognava rendere consapevoli gli Inca e gli aborigeni in generale...
È bene chiarire che fino a quel momento egli era Ernesto Guevara de la Serna. "Che" Guevara nasce il giorno 2 di dicembre, quando sbarcano dal Granma, a Cuba. Lì inizia a nascere il Che! Prima di quel momento era un giovane volenteroso, intelligente, con molte idee, con un’ideologia non molto ben definita, nel senso classico. Pensava che bisognava migliorare il mondo, che non si poteva vivere nella bugia, ed aveva un’audacia difficile da spiegare perché lui era figlio di una famiglia borghese, economicamente non molto alta, ma diciamo, sì, "di classe", erano i Guevara Linch e i De la Serna, questi discendono dai viceré peruviani e i Linch provenivano dall’Irlanda... tuttavia egli ebbe sempre molto chiaro che bisognava fare una rivoluzione.

Se egli fosse stato figlio di un contadino, di un impiegato, di un sindacalista, si capirebbe meglio, ma era figlio della borghesia... Io, invece, discendo da un impiegato di ferrovia.
Diceva che l’unico modo di lottare contro la violenza reazionaria era la violenza rivoluzionaria. A me sembrava che fosse poco dialettico dire che c’era un solo modo di prendere il potere... fare unicamente la rivoluzione con le armi. Allora io lo contestavo tecnicamente, e lui, bene, disse sempre e ripeté mille volte la sua opinione... e il Cile con Allende gli diede ragione; ed in Nicaragua con la rinuncia al socialismo gli diedero ragione (in negativo) ed il Vietnam gli diede ragione, cosicché, non rimane oramai altro che dirgli che aveva ragione...

Conversavamo e discutevamo di politica. Sono convinto che il viaggio che facemmo in America del Sud, rappresentò per Ernesto una sorta di grande scoperta e contemporaneamente una conferma a quella che, fino a quel momento, potremmo chiamare un’intuizione: combattere l’impero su tutti i fronti, con le idee e con i fucili. A partire dai contrasti che vedemmo, le ingiustizie tanto graffianti, credo che gli venne la determinazione a lottare sul piano politico e militare prima che con un bisturi o una medicina.
Da quella presa di posizione, sarebbe tornato a Buenos Aires per terminare gli studi, ma penso che lo avesse fatto più per saldare un conto con la sua famiglia, specialmente con sua madre, che con la prospettiva di lavorare in medicina.
Lui arrivò fino a Miami; io mi fermai ad aspettarlo. Viaggiava su un aereo che trasportava cavalli da corsa fra Buenos Aires, Miami e Caracas. Allora tornò per laurearsi da medico, perché gli mancavano 13 esami. Da Caracas andò a Miami, lì si ruppe l’aereo, dovette fermarsi lì un po’ di tempo... conobbe il mostro nelle sue viscere e dopo tornò in Argentina.

Quel viaggio fu bello perché ci rafforzò. Ci rendemmo conto che eravamo capaci di risolvere cose complesse, come dire che in realtà l’istanza del viaggio ci consolidò, acquisimmo molta fiducia in noi stessi e provammo che avevamo una visione molto simile di fronte alle ingiustizie, di fronte allo sfruttamento, che furono le cose che più vedemmo durante il viaggio... però, furono nove mesi; da allora sono passati 36 anni nei quali proseguimmo insieme lo stesso, però in un viaggio... verso il futuro, che è la lotta che stabilimmo qui a Cuba.

Dopo, quando Ernesto ritorna dal suo secondo viaggio, in Guatemala, si rende conto di avere già una formazione ideologica sociale, ma che gli mancava la base politica e poiché era un tipo inquieto, parte e si unisce con un cubano, Antonio "Ñico" López, che si trovava in Guatemala e che aveva partecipato a quel tentativo di rivoluzione; il Che si incontrò con un cubano, che anche lui era stato lì, il quale gli commenta dei piani di Fidel, allora lui trasforma lo scetticismo e si mette a studiare i classici, a rafforzarsi ideologicamente.
Questo fu ciò che più mi colpì di lui quando lo incontrai di nuovo nel ‘60, alla Banca Nazionale, quella forma che già aveva acquisito. Prima, discutevamo un po’ di odio, di "broncio", come si dice in Argentina, ma già, in quegli anni trascorsi da quando ci separammo, aveva raggiunto una formazione ideologica molto forte ed inoltre con i classici. Non credeva nelle interpretazioni di altra gente. Questo è uno degli aspetti più importanti della sua grandezza...

Credo che io lo aiutai dandogli una spinta affinché si laureasse come medico... Durante l’ultima tappa del viaggio notavo in lui un po’ di disinteresse verso la medicina; i lebbrosari a San Paolo lo avevano segnato molto... Allora approfittai di quell’aereo che trasportava cavalli, che in poco tempo faceva quello che ci era costato tanti mesi e lo incoraggiai a tornare per finire gli studi. In realtà mi ricordavo sempre della richiesta di donna Celia, sua madre, che il 31 dicembre del 1951, partendo alla volta dell’America Latina mi disse: "Guarda Alberto, a te che sei il più grande chiedo di fare tutto il possibile perché Ernesto ritorni e si laurei in medicina, perché un titolo di studio non è mai di troppo".
Ad ogni modo non fu difficile convincerlo perché anche lui sentiva quel debito con la madre e voleva "regalarle" il titolo. Lui, secondo me, aveva già deciso di non essere medico; medico della guerriglia, sì, ma aveva perso quell’affanno per la ricerca, perché quando mi scrive dal Messico, benché non mi dica direttamente che cosa sta facendo, già non mi parla più della ricerca...

Quando gli dissi di scusarmi per le tante domande derivate della mia eccessiva curiosità, minimizzò il fatto con una delle sue singolari trovate: Ora ci mangeremo insieme un "asadito!". [N. d. T.: l’asado è il tipico arrosto di carne argentino].
Di tutti gli insegnamenti che uno può trarre da questo essere che mantiene una giovialità ammirabile, forse quello che si avverte con maggiore intensità, è il suo senso di fedeltà all’amicizia.
Trasponendo qualsiasi egocentrismo si possa presumere, direi, combattendolo con la semplicità di un essere vero che ha saputo "domare" la vita, che ha preso polso tanto nella popolarità quanto negli affetti e nella famiglia, sentendosi comodo in quest’ultimo ambito; continua a pensare, a creare, magari un nuovo libro, o forse, la ricostruzione delle storie vissute nel corso di un tempo pletorico e difficile, certezza di un’epoca che lo legò alla ferrea determinazione del popolo cubano di mantenere la propria sovranità.
Dopo otto decenni di esistenza, l’amico del Che, quell’uomo che con allegria, nostalgia ed un maturo ottimismo, transita questo tempo, in apparenza, distruttore di valori, è indubbio che mantiene nell’eccellenza dei suoi pensieri e nella parte più sublime del suo cuore il suo universale compagno.

Hector Celano


Buen viaje Alberto.

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1 commento:

  1. un omaje para el Che desde Argentina y Italia
    http://www.youtube.com/watch?v=IINTsut183k

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