El mundo al revés

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Eduardo Galeano, en el programa "Argentina para armar" del 15 de marzo 2009, en el canal "Todo Noticias" de Buenos Aires.


Educando con el ejemplo

La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal.
En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos.

Los modelos del éxito

El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian a la naturaleza: la injusticia, dicen, es ley natural.
Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de "la tasa natural de desempleo". Por ley natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria.
¿Supervivencia de los más aptos? La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier pobre tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano.
Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de buena salud del éxito social. Los delincuentes de morondanga aprenden lo que saben elevando la mirada, desde abajo, hacia las cumbres; estudian el ejemplo de los triunfadores y mal que bien hacen lo que pueden para imitarles los méritos. Pero "los jodidos siempre estarán jodidos", como solía decir don Emilio Azcárraga, que fue amo y señor de la televisión mexicana.
Las posibilidades de que un banquero que vacía un banco pueda disfrutar, en paz, del fruto de sus afanes son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco vaya a parar a la cárcel o al cementerio.
Cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, la ejecución se llama ajuste de cuentas; y se llama plan de ajuste la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate: si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol.
La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas.
El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercitan su talento. En los suburbios del mundo, los jefes de Estado venden los saldos y retazos de sus países, a precio de liquidación por fin de temporada, como en los suburbios de las ciudades los delincuentes venden, a precio vil, el botín de sus asaltos.
Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. Los asaltantes, al acecho en las esquinas, pegan zarpazos que son la versión artesanal de los golpes de fortuna asestados por los grandes especuladores que desvalijan multitudes por computadora. Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles.
En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las empresas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.
Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.
El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.
¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.

Empleo y desempleo en el tiempo del miedo

La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe.
Las órdenes de consumo, obligatorias para todos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito.
Las páginas policiales de los diarios enseñan más sobre contradicciones de nuestro tiempo que las páginas de información política y económica.
Muchos de los grandes negocios promueven el crimen y del crimen viven.
Nunca hubo tanta concentración de recursos económicos y de conocimientos científicos y tecnológicos dedicados a la producción de muerte.
Los países que más armas venden al mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial.
Afortunadamente para ellos, la amenaza de la paz se está debilitando, ya se alejan los negros nubarrones, mientras el mercado de la guerra se recupera y ofrece promisorias perspectivas de carnicerías rentables.
Las fábricas de armas trabajan tanto como las fábricas que elaboran enemigos a la medida de sus necesidades.
El desempleo multiplica la delincuencia, y los salarios humillantes la estimulan.
Nunca tuvo tanta actualidad el viejo proverbio que enseña:
El vivo vive del bobo, y el bobo de su trabajo.
En cambio, ya nadie dice, porque nadie lo creería aquello de trabaja y prosperarás.
El derecho laboral se está reduciendo al derecho de trabajar por lo que quieran pagarte y en las condiciones que quieran imponerte.
El trabajo es el vicio más inútil.
No hay en el mundo mercancía más barata que la mano de obra. Mientras caen los salarios y aumentan los horarios, el mundo laboral vomita gente. Tómelo o déjelo, que la cola es larga.
Empleo y desempleo en el tiempo del miedo!!
¿Quién se salva del terror a la desocupación?
¿Quién no teme ser un naufrago de las nuevas tecnologías, o de la globalización, o de cualquier otro de los muchos mares picados del mundo actual?

El mundo merece un mejor destino

Esta crisis es la confirmación de que el mundo está al revés: se recompensa la especulación y se castiga el trabajo.
El mercado le tendría que pedir perdón de rodillas al mundo porque ha sido un Dios implacable que lo ha conducido a una catástrofe.
Este es un tiempo de revelaciones feroces y, como siempre ocurre, tanto en las crisis como en las guerras pagan los pobres.
La cultura dominante habla de carrera, dice que hay que llegar, que hay que tener éxito.
Eso es mentira, no se vive para ganar, se vive para vivir.
En el retrato del mundo de hoy, nadie puede detenerse. Hay un pánico, si parás te pasan por encima.
A veces hay que parar para poder seguir andando.
El amuchamiento enmascara la soledad. No hay nada peor que estar solo pero acompañado, falsamente acompañado por una multitud donde nadie se encuentra con nadie.
En el mundo no hay una democracia de verdad, en el mundo hay ciudadanos de primera, de segunda, tercera y cuarta categoría, y muertos también.
Los jóvenes no creen y quizás tienen razón en no creer cuando asisten al espectáculo de circo que muchos políticos dan: prometen el oro y el moro, y después, desde el poder, hacen exactamente lo contrario de lo que habían dicho.
Cada minuto mueren en el mundo diez niños por hambre o por una enfermedad curable, y cada minuto, el mundo gasta tres millones de dólares en industria militar. ¿Que clase de especie es ésta, que se dedica la exterminio del prójimo?
No creo que estemos condenados a repetir la historia, ni creo en la fatalidad del destino, creo que somos libres a pesar de todo, y que las cosas se pueden cambiar.
El mundo merece un mejor destino, quiso ser una casa de todos y merece ser algo mejor que un matadero o un manicomio.

Eduardo Galeano



Educare con l'esempio

La scuola del mondo alla rovescia è la più democratica delle istituzioni educative. Non richiede esami di ammissione, non si pagano tasse scolastiche e dispensa gratuitamente i suoi corsi a tutti dappertutto, così in terra come in cielo: è qualcosa figlia di un sistema che ha conquistato, per la prima volta in tutta la storia dell'umanità, il potere universale.
Nella scuola del mondo alla rovescia, il piombo impara a galleggiare ed il sughero ad affondare. Le vipere imparano a volare e le nuvole imparano a strisciare per le strade.

I modelli del successo

Il mondo alla rovescia premia alla rovescia: disprezza l'onestà, punisce il lavoro, ricompensa la mancanza di scrupoli ed alimenta il cannibalismo. I suoi maestri calunniano la natura: l'ingiustizia, dicono, è legge di natura.
Milton Friedman, uno dei membri più prestigiosi del corpo docente, parla di "tasso naturale di disoccupazione". Per legge naturale, confermano Richard Herrnstein e Charles Murray, i neri sono confinati nei più bassi gradini della scala sociale. Per spiegare il successo nei propri affari, John D. Rockefeller normalmente diceva che la natura ricompensa i più adatti e punisce gli incapaci; e più di un secolo dopo, sono molti i padroni del mondo che continuano a credere che Charles Darwin abbia scritto i suoi libri per annunciare la loro gloria.
Sopravvivenza dei più adatti? L'attitudine più utile per farsi largo e sopravvivere, il killing instinct, l'istinto assassino, è virtù umana quando serve affinchè le imprese grandi facciano un boccone delle imprese piccole ed affinché i paesi forti divorino i paesi deboli, ma è prova di bestialità quando un qualunque tizio povero e senza lavoro esce a cercare cibo con un coltello in mano.
I malati della patologia asociale, pazzia e pericolo cui ogni povero è esposto, si ispirano ai modelli di buona salute del successo sociale. I delinquenti da quatto soldi imparano quello che sanno levando lo sguardo, da sotto, verso la cima; studiano l'esempio dei trionfatori e bene o male fanno quel che possono per imitarne i meriti. Ma "i fregati resteranno sempre fregati", come era solito ripetere Don Emilio Azcárraga che fu padrone e signore della televisione messicana.
Le possibilità che un banchiere che svuoti una banca possa godere, in pace, del frutto dei suoi affanni sono direttamente proporzionali alle possibilità che un ladro che rapina una banca finisca in prigione o al cimitero.
Quando un delinquente ammazza per qualche debito non onorato, l'esecuzione si chiama regolamento di conti; e si chiama piano di accomodamento l'esecuzione di un paese indebitato, quando la tecnocrazia internazionale decide di liquidarlo. La cosca finanziaria sequestra paesi e li cucina a fuoco lento se non pagano il riscatto: in confronto, qualunque delinquente risulta più inoffensivo di Dracula sotto il sole.
L'economia mondiale è la più efficiente espressione del crimine organizzato. Gli organismi internazionali che controllano la moneta, il commercio ed il credito praticano il terrorismo contro i paesi poveri, e contro i poveri di tutti i paesi, con una freddezza professionale e un'impunità che umiliano il migliore dei terroristi.
L'arte di ingannare il prossimo che i truffatori praticano cacciando gli sprovveduti per le strade, tocca il sublime quando alcuni politici di successo esercitano il loro talento. Nei sobborghi del mondo, i capi di Stato vendono le risorse e gli scampoli dei loro paesi, a prezzo di liquidazione da fine stagione, come nei sobborghi delle città i delinquenti vendono, a prezzo vile, il bottino dei loro colpi.
I sicari che si offrono per ammazzare realizzano, su un piano al dettaglio, quello stesso ruolo che ricoprono, su vasta scala, i generali insigniti per crimini elevati a categoria di glorie militari. Gli aggressori, in agguato agli angoli delle strade, estorcono pedaggi che sono la versione artigianale dei colpi di fortuna assestati dai grandi speculatori che svaligiano le moltitudini col computer. I violentatori che stuprano più ferocemente la natura e i diritti umani, non vanno mai in carcere. Sono proprio loro ad avere le chiavi delle prigioni.
Nel mondo tal quale è, mondo alla rovescia, i paesi che si fanno custodi della pace universale sono gli stessi che fabbricano più armi e quelli che più armi vendono agli altri paesi; le banche più prestigiose sono quelle che riciclano più narcodollari e quelle che più denaro rubato custodiscono nei propri forzieri; le industrie di maggior successo sono quelle che più avvelenano il pianeta; e il salvataggio dell'ecosistema è il più brillante commercio delle imprese che lo deturpano. Sono degni di impunità e meritevoli di felicitazioni quanti ammazzano la maggiore quantità di gente in minor tempo, che guadagnano la maggior quantità di denaro con meno lavoro e che distruggono la maggior quantità di natura al minor costo.
Camminare è un pericolo e respirare è un'impresa, nelle grandi città del mondo alla rovescia. Chi non è costretto dalle necessità, è prigioniero della paura: alcuni non dormono per l'ansia di avere le cose che non hanno, e altri non dormono per il panico di perdere le cose che hanno.
Il mondo alla rovescia ci abitua a vedere il prossimo come una minaccia e non come una promessa, ci riduce alla solitudine e ci consola con droghe chimiche e con amici virtuali. Siamo condannati a morire di fame, a morire di paura o a morire di noia, se prima qualche pallottola vagante non ci abbrevia l'esistenza.
Sarà questa libertà, la libertà di scegliere tra queste disgrazie minacciate, la nostra unica libertà possibile? Il mondo alla rovescia ci insegna a subire la realtà invece di cambiarla, a dimenticare il passato invece di ascoltarlo e ad accettare il futuro invece di immaginarlo: così pratica il crimine, e così lo asseconda. Nella sua scuola, scuola del crimine, sono obbligatorie le classi di impotenza, amnesia e rassegnazione. Ma va da sè che non c'è disgrazia senza grazia, né volto che non abbia il suo risvolto, né scoraggiamento che non cerchi il suo conforto. Né tanto meno scuola che non trovi la sua controscuola.

Lavoro e disoccupazione al tempo della paura

La pubblicità spinge a consumare e l'economia lo proibisce. Gli stimoli al consumo, obbligatori per tutti ma impossibili per la maggioranza, si traducono in istigazione al delitto.
Le cronache nere dei quotidiani ci insegnano più cose sulle contraddizioni del nostro tempo che non le pagine di informazione politica ed economica.
Molti dei grandi commerci promuovono il crimine e del crimine vivono.
Non ci fu mai tanta concentrazione di risorse economiche e di conoscenze scientifiche e tecnologiche legate alla produzione di morte.
I paesi che vendono più armi nel mondo sono gli stessi paesi che si fanno carico della pace mondiale.
Fortunatamente per essi, la minaccia della pace si sta affievolendo, si addensano già i neri nuvoloni, mentre il mercato della guerra riprende quota e offre promettenti prospettive di macellerie redditizie.
Le fabbriche di armi lavorano tanto quanto le fabbriche che producono nemici a misura delle sue necessità.
La disoccupazione moltiplica la delinquenza, e i salari umilianti la stimolano. Non è mai stato tanto attuale il vecchio proverbio che insegna: Il vivo vive dello stupido, e lo stupido del suo lavoro.
Invece, nessuno ormai dice più, perché nessuno lo crede, lavora e prospererai.
Il diritto del lavoro si sta riducendo al diritto di lavorare per quello che vogliano pagarti e nelle condizioni che vogliano importi.
Il lavoro è il vizio più inutile.
Non c'è al mondo merce più economica della manodopera. Mentre crollano i salari ed aumentano gli orari, il mondo lavorativo vomita gente. Prendere o lasciare, che la coda è lunga.
Lavoro e disoccupazione al tempo della paura!!
Chi si salva dal terrore della disoccupazione?
Chi non teme essere un naufrago delle nuove tecnologie, o della globalizzazione, o di qualunque altro dei molti mari agitati del mondo attuale?

Il mondo merita miglior destino

Questa crisi è la conferma che il mondo va a rovescio: si ricompensa la speculazione e si punisce il lavoro.
Il mercato dovrebbe chiedere perdono in ginocchia al mondo perché è stato un Dio implacabile che l'ha condotto ad una catastrofe.
Questo è un tempo di rivelazioni feroci e, come sempre succede, tanto nelle crisi come nelle guerre, a pagare sono i poveri.
La cultura dominante parla di corsa, dice che bisogna arrivare, che si deve avere successo.
Questa è una bugia, non si vive per guadagnare, si vive per vivere.
Nel ritratto del mondo di oggi, nessuno si può fermare un attimo. C'è un panico, se ti fermi ti passano sopra. A volte bisogna invece fermarsi per potere continuare ad avanzare.
La calca maschera la solitudine. Non c'è niente di peggio che esser soli ma accompagnati, falsamente accompagnati da una moltitudine dove nessuno si trova con nessuno.
Nel mondo non c'è in realtà una democrazia, nel mondo ci sono cittadini di prima, di seconda, terza e quarta categoria, e morti anche.
I giovani non credono e magari hanno ragione di non credere quando assistono allo spettacolo da circo che offrono molti politici: promettono l'oro e il moro, e dopo, dal potere, fanno esattamente il contrario di quello che avevano detto.
Ogni minuto muoiono nel mondo dieci bambini per fame o per malattia curabile, ed ogni minuto, il mondo spende tre milioni di dollari nella produzione di armamenti. Che razza di specie è questa, che si dedica allo sterminio del prossimo?
Non credo che siamo condannati a ripetere la storia, né credo nella fatalità del destino, credo che siamo liberi nonostante tutto, e che le cose si possono cambiare.
Il mondo merita miglior destino, ha voluto farsi casa di tutti e merita di essere qualcosa di meglio che un mattatoio o un manicomio.

Eduardo Galeano

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