La Historia del león y del topo

QUE DICE "NO".
No le hagan caso a los editorialistas. No le hagan caso a los moneros. No le hagan caso a la televisión. No le hagan caso a la radio. No se pasmen. No se vendan. No se rindan. No se dejen. No tengan miedo. No se callen. No se sienten a descansar.
Subcomandante Insurgente Marcos
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CHE DICE "NO."
Non tenete conto degli editorialisti. Non fate caso alle vignette. Non date retta alla televisione. Non ascoltate la radio. Non vi lasciate incantare. Non vi vendete. Non vi arrendete. Non lasciatevi andare. Non abbiate paura. Non tacete. Non sedetevi a riposare.
Subcomandante Insurgente Marcos

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...Que le cuenta un cuento a una Toñita que se presume de un conejito de peluche que le mandaron los convencionistas y "este no pica", me dice...

El viejo Antonio cazó un león de montaña (que viene siendo muy parecido al puma americano) con su vieja chimba (escopeta de chispa). Yo me había burlado de su arma días antes: "De estas armas usaban cuando Hernán Cortés conquistó México", le dije. Él se defendió: "Sí, pero mira ahora en manos de quien está" .
Ahora estaba sacando los últimos tirones de carne de la piel, para curtirla.
Me muestra orgulloso la piel. No tiene ningún agujero. "En el mero ojo", me presume. "Es la única forma de que la piel no tenga señales de maltrato", agrega. "¿Y qué va a hacer con la piel?", pregunto.
El viejo Antonio no me contesta, sigue raspando la piel del león con su machete, en silencio. Me siento a su lado y, después de llenar la pipa, trato de prepararle un cigarrillo con "doblador" . Se lo tiendo sin palabras, él lo examina y lo deshace. "Te falta", me dice mientras lo vuelve a forjar.
Nos sentamos a participar juntos en esa ceremonia del fumar. Entre chupada y chupada, el viejo Antonio va hilando la historia:
"El león es fuerte porque los otros animales son débiles. El león come la carne de otros porque los otros se dejan comer. El león no mata con las garras o con los colmillos. El león mata mirando. Primero se acerca despacio... en silencio, porque tiene nubes en las patas y le matan el ruido. Después salta y le da un revolcón a su víctima, un manotazo que tira, más que por la fuerza, por la sorpresa.
Después la queda viendo. La mira a su presa. Así... (y el viejo Antonio arruga el entrecejo y me clava los ojos negros).
El pobre animalito que va a morir se queda viendo nomás, mira al león que lo mira. El animalito ya no se ve el mismo, mira lo que el león mira, mira la imagen del animalito en la mirada del león, mira que, en su mirarlo del león, es pequeño y débil.
El animalito ni se pensaba si es pequeño y débil, era pues un animalito, ni grande ni pequeño, ni fuerte ni débil. Pero ahora mira en el mirarlo del león, mira el miedo. Y, mirando que lo miran, el animalito se convence, él solo, de que es pequeño y débil. Y, en el miedo que mira que lo mira el león, tiene miedo. Y entonces el animalito ya no mira nada, se le entumen los huesos así como cuando nos agarra el agua en la montaña, en la noche, en el frío. Y entonces el animalito se rinde así nomás, se deja, y el león se lo zampa sin pena. Así mata el león. Mata mirando.

Pero hay un animalito que no hace así, que cuando lo tapa al león no le hace caso y se sigue como si nada, y si el león lo manotea, él contesta con un zarpazo de sus manitas, que son chiquitas pero duele la sangre que sacan. Y este animalito no se deja del león porque no mira que lo miran... es ciego. "Topos", les dicen a esos animalitos".
Parece que el viejo Antonio acabó de hablar. Yo aventuro un "sí, pero...". El viejo Antonio no me deja continuar, sigue contando la historia mientras se forja otro cigarrillo. Lo hace lentamente, volteando a verme cada tanto para ver si estoy poniendo atención.
"
El topo se quedó ciego porque, en lugar de ver hacia fuera, se puso a mirarse el corazón, se trincó en mirar para dentro. Y nadie sabe por qué llegó en su cabeza del topo eso de mirarse para dentro. Y ahí está de necio el topo en mirarse el corazón y entonces no se preocupa de fuertes o débiles, de grandes o pequeños, porque el corazón es el corazón y no se mide como se miden las cosas y los animales.
Y eso de mirarse para dentro sólo lo podían hacer los dioses y entonces los dioses lo castigaron al topo y ya no lo dejaron mirar pa'fuera y además lo condenaron a vivir y caminar bajo tierra. Y por eso el topo vive abajo de la tierra, porque lo castigaron los dioses. Y el topo ni pena tuvo porque siguió mirándose por dentro. Y por eso el topo no le tiene miedo al león. Y tampoco lo tiene miedo al león el hombre que sabe mirarse el corazón
.
Porque el hombre que sabe mirarse el corazón no ve la fuerza del león, ve la fuerza de su corazón y entonces lo mira al león y el león lo mira que lo mira el hombre y el león mira, en el mirarlo del hombre que es sólo un león y el león se mira que lo miran y tiene miedo y se corre" .
"¿Y usted se miró el corazón para matar a este león?", interrumpo. Él contesta. "¿Yo? N'ombre, yo miré la puntería de la chimba y el ojo del león y ahí nomás disparé... del corazón ni me acordé..."
Yo me rasco la cabeza como, según aprendí, hacen aquí cada que no entienden algo.
El viejo Antonio se incorpora lentamente, toma la piel y la examina con detenimiento. Después la enrolla y me la entrega. "Toma", me dice. "Te la regalo para que nunca olvides que al león y al miedo se les mata sabiendo a dónde mirar..." El viejo Antonio da media vuelta y se mete a su champa. En el lenguaje del viejo Antonio eso quiere decir. "Ya acabé. Adiós" . Yo metí en una bolsa de nylon la piel del león y me fui...
Toñita hace lo mismo y se va con el mentado conejito de peluche "que no pica". El Beto me dice, para consolarme, que él tiene un tlacuache muerto, que de por sí su mamá ya le dijo que lo saque y que él, el Beto, me lo cambia por 5 vejigas. Yo rechazo amablemente, pero uno de los cocineros escucha la oferta y le ofrece al Beto 3 vejigas. El Beto duda. El cocinero argumenta que una de las vejigas es verde y la otra blanca y la otra roja. El Beto insiste en su oferta inicial de 5 vejigas. El cocinero ofrece las 2 vejigas y dos condones. El Beto duda. Yo me fui cuando el regateo no llegaba a nada todavía.
Esa fue la historia del viejo Antonio y el león. Yo cargué la piel de león desde entonces, en ella teníamos envuelta la bandera que entregamos a la Convención Nacional Democrática. ¿Quieren también la piel?
Vale de nuevo, Salud y un cristal de esos que sirven para asomarse hacia adentro...
Desde las montañas del sureste mexicano,

Subcomandante insurgente Marcos


...Che racconta di un racconto ad una Toñita che si dà arie per un coniglietto di peluche che gli mandarono i congressisti (del CND) e "che non punge", mi dice...

Il Vecchio Antonio uccise un leone di montagna (molto simile al puma americano) con il suo vecchio schioppo. Io mi ero burlato della sua arma alcuni giorni prima: "Si usavano queste armi quando Cortés conquistò il Messico" gli avevo detto. Egli si difese: "Sì, ma guarda in mano di chi è adesso".
Stava togliendo gli ultimi pezzi di carne dalla pelle per conciarla.
Mi mostra orgoglioso la pelle. "Non ha alcun foro, solo nell'occhio" mi dice. "È l'unico modo per far sì che la pelle non porti segni di maltrattamento" aggiunge. "E che cosa ci farà con la pelle?" domando.
Il Vecchio Antonio non mi risponde, continua a grattare la pelle del leone con il suo machete. Mi siedo di fianco a lui e, dopo aver riempito la pipa, cerco di preparargli una sigaretta. Gliela tendo senza parole; egli la esamina e la disfa. "Non sei capace", mi dice mentre la prepara di nuovo.
Ci sediamo per partecipare insieme a questa cerimonia del fumare. Tra una tirata e l'altra il Vecchio Antonio va filando la storia:
"Il leone è forte perché gli altri animali sono deboli. Il leone mangia la carne degli altri perché gli altri si lasciano mangiare. Il leone non uccide con gli artigli o con i denti. Il leone uccide con lo sguardo. Prima si avvicina lentamente... in silenzio, poiché ha nubi sulle zampe che eliminano il rumore. Poi salta e dà una sventola alla sua vittima, una botta basata, più che sulla forza, sulla sorpresa.
Poi la resta a guardare. Guarda la sua preda. Così...
(e il Vecchio Antonio corruga il volto e mi fissa con i suoi occhi neri)
il povero animaletto che sta per morire non vede altro, vede il leone che lo guarda. L'animaletto non vede se stesso, guarda ciò che il leone guarda, guarda la sua immagine nello sguardo del leone, e si vede piccolo e debole.
L'animaletto non pensava di essere piccolo e debole, era un animaletto né grande né piccolo, né forte né debole. Ma adesso guarda nello sguardo del leone, vede la paura; l'animaletto si convince da solo di essere piccolo e debole. E allora l'animaletto non guarda più niente, gli si intorpidiscono le ossa come quando ci coglie l'acqua nella montagna, nella notte, nel freddo. E allora l'animaletto si arrende, semplicemente, si lascia andare e il leone lo divora senza fatica. Così uccide il leone, uccide con lo sguardo.
Ma c'è un animale che non fa così, che quando incontra il leone non gli fa caso e prosegue come se niente fosse, e se il leone lo tocca risponde con un'unghiata delle sue manine, che sono piccole ma fanno uscire il sangue e fanno male. E questo animaletto non è preda del leone poiché non vede che lo guardano... è cieco. Talpe chiamano questi animaletti
."
Sembra che il Vecchio Antonio abbia smesso di parlare; io azzardo un "Sì, ma...". Il Vecchio Antonio non mi lascia continuare e prosegue la sua storia mentre si rolla un'altra sigaretta. Lo fa lentamente, voltandosi di tanto in tanto per controllare se pongo attenzione.
"La talpa è rimasta cieca poiché, invece di guardare fuori, si inclinò nel guardarsi dentro, si mise a guardarsi il cuore. E nessuno sa come gli venne in mente di guardarsi dentro. E la talpa, nel guardarsi il cuore, non si preoccupa di forti o deboli, di grandi o piccoli, perché il cuore è il cuore e non si misura come le altre cose o gli animali.
E questa cosa di guardarsi dentro la potevano fare solo gli dei, e allora gli dei punirono la talpa e non la lasciarono più guardare fuori, e inoltre la condannarono a vivere e camminare sotto terra. E la talpa non ne ebbe dispiacere perché continuò a guardarsi dentro. E per questo la talpa non ha paura del leone. E neppure ha paura del leone l'uomo che sa guardarsi il cuore.
Perché l'uomo che sa guardarsi il cuore non vede la forza del leone, vede la forza del suo cuore e allora guarda il leone e il leone vede l'uomo che lo guarda e il leone vede nello sguardo dell'uomo che è solo un leone e ha paura e scappa
."
"E lei si guardò il cuore per ammazzare questo leone?" interrompo. Risponde: "Io? No, amico, io ho guardato il mirino dello schioppo e l'occhio del leone e ho sparato... del cuore non mi sono ricordato nemmeno..."
Mi gratto la testa come - secondo quanto ho imparato - si fa da queste parti ogni volta che non si capisce qualcosa.
Il Vecchio Antonio prende la pelle e la esamina con attenzione, poi la arrotola e me la offre. "Prendi" - mi dice - "Te la regalo affinché tu non dimentichi mai che il leone e la paura si vincono se si sa dove guardare...". Il Vecchio Antonio si gira e si infila nella sua capanna; nel suo linguaggio ciò significa "Ho finito, arrivederci".
Toñita fa la stessa cosa e va via col menzionato coniglietto di peluche "che non punge." Il Beto mi dice, per consolarmi, che ha un opossum morto e che perciò sua mamma gli ha già detto di buttarlo via ma che lui, il Beto, me lo scambia con 5 vesciche. Io rifiuto gentilmente, ma uno dei cuochi ascolta la proposta ed offre al Beto 3 vesciche. Il Beto dubita. Il cuoco argomenta che una delle vesciche è verde e l'altra bianca e l'altra rossa. Il Beto insiste nella sua offerta iniziale di 5 vesciche. Il cuoco offre le 2 vesciche e due preservativi. Il Beto dubita. Io andai via quando la contrattazione non era ancora arrivata a niente.
Questa è la storia del Vecchio Antonio e del leone. Da allora ho portato con me la pelle del leone, in essa tenevamo avvolta la bandiera che offrimmo alla Convención Nacional Democrática. Volete anche la pelle?
Saluti, ancora, saluti e un vetro di quelli che servono per affacciarsi dentro se stessi...
Dalle montagne del sudest messicano,

Subcomandante Insurgente Marcos

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