Quinta Declaración de la Selva Lacandona

Vi ricordo che le divisioni tra paesi servono solo a far esistere il diritto di "contrabbando" e a dar senso alle guerra. Di certo esistono almeno due cose al di sopra di ogni frontiera: una è il crimine che, travestito da modernità, distribuisce miseria su scala mondiale; l'altra è la speranza che la vergogna esista solo quando sbagliamo un passo di danza e non ogni volta che ci guardiamo allo specchio. Per porre fine al primo e far morire la seconda, bisogna solo lottare ed essere i migliori. Il resto viene da sé e di solito è quello che va a riempire le biblioteche e i musei.
Non è necessario conquistare il mondo, basta farlo nuovo.

Subcomandante Insurgente Marcos

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Hoy decimos:
¡Aquí estamos! ¡Resistimos!

"Nosotros somos los vengadores de la muerte.
Nuestra estirpe no se extinguirá mientras
haya luz en el lucero de la mañana
"
Popol Vuh

Hermanos y hermanas:
No es nuestra la casa del dolor y la miseria. Así nos la ha pintado el que nos roba y engaña.
No es nuestra la tierra de la muerte y la angustia.
No es nuestro el camino de la guerra.
No es nuestra la traición ni tiene cabida en nuestro paso el olvido.
No son nuestros el suelo vacío y el hueco cielo.
Nuestra es la casa de la luz y la alegría. Así la nacimos, así la luchamos, así la creceremos.
Nuestra es la tierra de la vida y la esperanza.
Nuestro el camino de la paz que se siembra con dignidad y se cosecha con justicia y libertad.

I. La resistencia y el silencio

Hermanos y hermanas:
Nosotros entendemos que la lucha por el lugar que merecemos y necesitamos en la gran Nación mexicana, es sólo una parte de la gran lucha de todos por la democracia, la libertad y la justicia, pero es parte fundamental y necesaria. Una y otra vez, desde el inicio de nuestro alzamiento el 1 de enero de 1994, hemos llamado a todo el pueblo de México a luchar juntos y por todos los medios, por los derechos que nos niegan los poderosos. Una y otra vez, desde que nos vimos y hablamos con todos ustedes, hemos insistido en el diálogo y el encuentro como camino para andarnos. Desde hace más de cuatro años nunca la guerra ha venido de nuestro lado. Desde entonces siempre la guerra ha venido en la boca y los pasos de los supremos gobiernos. De ahí han venido las mentiras, las muertes, las miserias.
Consecuentes con el camino que ustedes nos pidieron andar, dialogamos con el poderoso y llegamos a acuerdos que significarían el inicio de la paz en nuestras tierras, la justicia a los indígenas de México y la esperanza a todos los hombres y mujeres honestos del país.
Estos acuerdos, los Acuerdos de San Andrés, no fueron producto de la voluntad única de nosotros, ni nacieron solos. A San Andrés llegaron representantes de todos los pueblos indios de México, ahí estuvo su voz representada y planteadas sus demandas. Estuvo brillando su lucha que es lección y camino, habló su palabra y su corazón definió.
No estuvieron solos los zapatistas en San Andrés y sus acuerdos. Junto y detrás de los pueblos indios del país estuvieron y están los zapatistas. Como ahora, entonces sólo fuimos parte pequeña de la gran historia con rostro, palabra y corazón del náhuatl, paipai, kiliwa, cúcapa, cochimi, kumiai, yuma, seri, chontal, chinanteco, pame, chichimeca, otomí, mazahua, matlazinca, ocuilteco, zapoteco, solteco, chatino, papabuco, mixteco, cuicateco, triqui, amuzgo, mazateco, chocho, izcateco, huave, tlapaneco, totonaca, tepehua, popoluca, mixe, zoque, huasteco, lacandón, maya, chol, tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame, teco, ixil, aguacateco, motocintleco, chicomucelteco, kanjobal, jacalteco, quiché, cakchiquel, ketchi, pima, tepehuán, tarahumara, mayo, yaqui, cahita, ópata, cora, huichol, purépecha y kikapú.
Como entonces, hoy seguimos caminando junto a todos los pueblos indios en la lucha por el reconocimiento de sus derechos. No como vanguardia ni dirección, sólo como parte.
Nosotros cumplimos nuestra palabra de buscar la solución pacífica.
Pero el supremo gobierno faltó a su palabra e incumplió el primer acuerdo fundamental al que habíamos llegado: el reconocimiento de los derechos indígenas.
A la paz que ofrecíamos, el gobierno opuso la guerra de su empecinamiento.
Desde entonces, la guerra en contra nuestra y de todos los pueblos indios ha seguido.
Desde entonces, las mentiras han crecido.
Desde entonces se ha engañado al país y al mundo enteros simulando la paz y haciendo la guerra contra todos los indígenas.
Desde entonces se ha tratado de olvidar el incumplimiento de la palabra gubernamental y se ha querido ocultar la traición que gobierna las tierras mexicanas.

II. Contra la guerra, no otra guerra sino la misma resistencia digna y silenciosa

Mientras el gobierno descubría a México y al mundo su voluntad de muerte y destrucción, los zapatistas no respondimos con violencia ni entramos a la siniestra competencia para ver quién causaba más muertes y dolores a la otra parte.
Mientras el gobierno amontonaba palabras huecas y se apresuraba a discutir con un rival que se le escabullía continuamente, los zapatistas hicimos del silencio un arma de lucha que no conocía y contra la que nada pudo hacer, y contra nuestro silencio se estrellaron una y otra vez las punzantes mentiras, las balas, las bombas, los golpes. Así como después de los combates de enero de 94 descubrimos en la palabra un arma, ahora lo hicimos con el silencio. Mientras el gobierno ofreció a todos la amenaza, la muerte y la destrucción, nosotros pudimos aprendernos y enseñarnos y enseñar otra forma de lucha, y que, con la razón, la verdad y la historia, se puede pelear y ganar... callando.
Mientras el gobierno repartía sobornos y mentía apoyos económicos para comprar lealtades y quebrar convicciones, los zapatistas hicimos de nuestro digno rechazo a las limosnas del poderoso un muro que nos protegió y más fuertes nos hizo.
Mientras el gobierno mostraba señuelos con riquezas corruptas e imponía el hambre para rendir y vencer, los zapatistas hicimos de nuestra hambre un alimento y de nuestra pobreza la riqueza del que se sabe digno y consecuente.
Silencio, dignidad y resistencia fueron nuestras fortalezas y nuestras mejores armas. Con ellas combatimos y derrotamos a un enemigo poderoso pero falto de razón y justicia en su causa. De nuestra experiencia y de la larga y luminosa historia de lucha indígena que nos heredaron nuestros antepasados, los habitantes primeros de estas tierras, retomamos estas armas y convertimos en soldados nuestros silencios, la dignidad en luz, y en muralla nuestra resistencia.
No obstante que, en el tiempo que duró este nuestro estar callado, nos mantuvimos sin participar directamente en los principales problemas nacionales con nuestra posición y propuestas; aunque el silencio nuestro le permitió al poderoso nacer y crecer rumores y mentiras sobre divisiones y rupturas internas en los zapatistas, y trató de vestirnos con el traje de la intolerancia, la intransigencia, la debilidad y la claudicación; pese a que algunos se desanimaron por la falta de nuestra palabra y que otros aprovecharon su ausencia para simular ser voceros nuestros, a pesar de estos dolores y también por ellos, grandes fueron los pasos que adelante nos anduvimos y vimos.
Vimos que ya no pudieron mantener callados a nuestros muertos, muertos hablaron los muertos nuestros, muertos acusaron, muertos gritaron, muertos se vivieron de nuevo. Ya no morirán jamás los muertos nuestros. Estos muertos nuestros siempre nuestros y siempre de los todos que se luchan.
Vimos a decenas de los nuestros enfrentarse con manos y uñas contra miles de armas modernas, los vimos caer presos, los vimos levantarse dignos y dignos resistir. Vimos a miembros de la sociedad civil caer presos por estar cerca de los indígenas y por creer que la paz tiene que ver con el arte, la educación y el respeto. Les vimos, ya moreno su corazón de lucha y ya hermanos nuestros los vimos.
Vimos a la guerra venir de arriba con su estruendo y vimos que pensaron que responderíamos y ellos harían el absurdo de convertir nuestras respuestas en argumentos para aumentar su crimen. Y trajo la guerra el gobierno y no obtuvo respuesta alguna, pero su crimen siguió. Nuestro silencio desnudó al poderoso y lo mostró tal y como es: una bestia criminal. Vimos que nuestro silencio evitó que la muerte y la destrucción crecieran. Así se desenmascararon los asesinos que se esconden tras los ropajes de lo que ellos llaman el "estado de derecho". Arrancado el velo tras el que se escondían, aparecieron los tibios y pusilánimes, los que juegan con la muerte por ganancias, los que ven en la sangre ajena una escalera, los que matan porque al matador aplauden y solapan. Y el que gobierna se despojó de su último e hipócrita ropaje. "La guerra no es contra los indígenas", dijo mientras perseguía, encarcelaba y asesinaba indígenas. Su propia y personal guerra lo acusó de asesino mientras nuestro silencio lo acusaba.
Vimos al poderoso gobierno irritarse al no encontrar ni rival ni rendición, lo vimos entonces volverse contra otros y golpear a los que no tienen el mismo camino que nosotros pero levantan idénticas banderas: líderes indígenas honestos, organizaciones sociales independientes, mediadores, organismos no gubernamentales consecuentes, observadores internacionales, ciudadanos cualquiera que quieren la paz. Vimos a todos estos hermanos y hermanas ser golpeados y los vimos no rendirse. Vimos al gobierno pegar a todos y, queriendo fuerzas restar, sumar enemigos lo vimos.
Vimos también que el gobierno no es uno ni es unánime la vocación de muerte que su jefe luce. Vimos que dentro tiene gente que quiere la paz, que la entiende, que necesaria la ve, que la mira imprescindible. Callados nosotros, vimos que otras voces dentro de la máquina de guerra hablaron para decir no a su camino.
Vimos al poderoso desconocer su propia palabra y mandar a los legisladores una propuesta de ley que no resuelve las demandas de los más primeros de estas tierras, que la paz aleja, y que defrauda las esperanzas de una solución justa que acabe con la guerra. Lo vimos sentarse a la mesa del dinero y ahí anunciar su traición y buscar el apoyo que los de abajo le niegan. Del dinero recibió el poderoso aplausos, oro, y la orden de acabar con los que hablan montañas. "Que mueran los que tengan que morir, miles si es necesario, pero que se acabe ese problema", así habló el dinero al oído del que dice que gobierna. Vimos que esa propuesta incumplía con lo ya reconocido, con nuestro derecho a gobernar y a gobernarnos como parte de esta Nación.
Vimos que esa propuesta nos quiere romper en pedazos, nos quiere quitar nuestra historia, nos quiere borrar la memoria, y olvida la voluntad de todos los pueblos indios que se hizo colectiva en San Andrés. Vimos que esa propuesta trae la división y la ruptura de la mano, destruye puentes y borra esperanzas.
Vimos que a nuestro silencio se sumó la voluntad de gentes y personas buenas que, en los partidos políticos, levantaron voz y fuerza organizada en contra de la mentira, y así parar se pudo la injusticia y la simulación que se pretendían como ley constitucional de derechos indios y no era mas que ley para la guerra.
Vimos que, callando, mejor podíamos escuchar voces y vientos de abajo, y no sólo la ruda voz de la guerra de arriba.
Vimos que callando nosotros, el gobierno sepultó la legitimidad que dan la voluntad de paz y la razón como ruta y paso. El hueco de nuestra palabra ausente señaló la vacía y estéril palabra del que mandando manda, y se convencieron otros que no nos escuchaban y que con desconfianza nos miraban. Así, en muchos se afirmó la necesidad de la paz con la justicia y la dignidad como apellidos.
Vimos a esos todos que son los otros como nosotros, buscarse y buscar otras formas para que la paz volviera al terreno de las posibles esperanzas, construir y lanzar iniciativas los vimos, los vimos crecerse. Los vimos llegar hasta nuestras comunidades con ayuda haciéndonos saber que no estamos solos. Los vimos protestar marchando, firmando cartas, desplegados, pintando, cantando, escribiendo, llegando hasta nosotros. Los vimos también proponer diálogo con ellos, el verdadero, no el que se simula por la voluntad del poderoso. Vimos también que algunos fueron descalificados por la intolerancia de quienes más tolerantes ser debieran.
Vimos a otros que antes no vimos. Vimos que la lucha por la paz sumó ella, y no nosotros, a gentes nuevas y buenas, hombres y mujeres que, pudiendo optar por el cinismo y la apatía, eligieron el compromiso y la movilización.
A todos en silencio vimos, en silencio saludamos nosotros a los que buscaron y abrieron puertas, y en silencio les construimos esta respuesta.
Vimos a hombres y mujeres nacidos en otros suelos sumarse a la lucha por la paz. Vimos a unos desde sus propios países tender el largo puente del "no están solos", los vimos movilizarse y repetir el "¡Ya basta!", primero los vimos imaginar y realizar reclamos de justicia, marchar como quien canta, escribir como quien grita, hablar como quien marcha. Vimos todos esos destellos rebotar en los cielos y llegar a nuestras tierras con todos los nombres con los que José se nombra, con los rostros de los todos que en todos los mundos lugar para todos quieren.
Vimos a otros cruzar el largo puente y, desde sus suelos, llegar hasta los nuestros después de saltar fronteras y océanos, para observar y condenar la guerra. Los vimos llegar hasta nosotros para hacernos saber que no estamos solos. Los vimos ser perseguidos y hostigados como nosotros. Los vimos ser golpeados como nosotros. Los vimos ser calumniados como nosotros lo somos. Los vimos resistir como nosotros. Los vimos quedarse aunque los fueran. Los vimos en sus suelos hablando lo que miraron sus ojos y mostrar lo que escucharon sus oídos. Seguir luchando los vimos.
Vimos que callando, más fuerte habló la resistencia de nuestros pueblos en contra del engaño y la violencia.
Vimos que en silencio también nos hablamos como lo que realmente somos no como el que trae la guerra, sino como el que busca la paz, no como el que su voluntad impone, sino como el que un lugar donde quepan todos anhela, no como el que está solo y simula muchedumbre a su lado, sino como el que es todos aun en la silenciosa soledad del que resiste.
Vimos que nuestro silencio fue escudo y espada que hirió y desgastó al que la guerra quiere y guerra impone. Vimos que nuestro silencio hizo resbalar una y otra vez a un poder que simula paz y buen gobierno, y que su poderosa máquina de muerte una y otra vez se estrelló contra el silencioso muro de nuestra resistencia. Vimos que en cada nuevo ataque menos ganaba y más perdía. Vimos que no peleando peleábamos.
Y vimos que la voluntad de paz también callando se afirma, se muestra y convence.

III. San Andrés: una ley nacional para todos los indígenas y una ley para la paz

Una ley indígena nacional debe responder a las esperanzas de los pueblos indios de todo el país. En San Andrés estuvieron representados los indígenas de México y no sólo los zapatistas. Los acuerdos firmados lo son con todos los pueblos indios, y no sólo con los zapatistas. Para nosotros, y para millones de indígenas y no indígenas mexicanos, una ley que no cumpla con San Andrés es sólo una simulación, es una puerta a la guerra y un precedente para rebeliones indígenas que, en el futuro, vendrán a cobrar la factura que la historia presenta regularmente a las mentiras.
Una reforma constitucional en materia de derechos y cultura indígenas no debe ser unilateral, debe incorporar los Acuerdos de San Andrés y reconocer así los aspectos fundamentales de las demandas de los pueblos indios: autonomía, territorialidad, pueblos indios, sistemas normativos. En los Acuerdos se reconoce el derecho a la autonomía indígena y el territorio, conforme al convenio 169 de la OIT, firmado por el Senado de la República. Ninguna legislación que pretenda encoger a los pueblos indios al limitar sus derechos a las comunidades, promoviendo así la fragmentación y la dispersión que hagan posible su aniquilamiento, podrá asegurar la paz y la inclusión en la Nación de los más primeros de los mexicanos. Cualquier reforma que pretenda romper los lazos de solidaridad históricos y culturales que hay entre los indígenas, está condenada al fracaso y es, simplemente, una injusticia y una negación histórica.
Aunque no incorpora todos los Acuerdos de San Andrés (una prueba más de que no fuimos intransigentes, aceptamos la labor de la coadyuvancia y la respetamos), la iniciativa de ley elaborada por la Comisión de Concordia y Pacificación es una propuesta de ley que nace del proceso de negociación y, por tanto, está en el espíritu de darle continuidad y razón de ser al diálogo, es una base firme que puede abrir la solución pacifica del conflicto, se convierte en una importante ayuda para anular la guerra y preceder a la paz. La llamada "ley Cocopa" se elabora sobre la base de lo que produjeron los pueblos indios desde abajo, reconoce un problema y sienta las bases para solucionarlo, refleja otra forma de hacer política, la que aspira a hacerse democrática, responde a una demanda nacional de paz, une a sectores sociales y permite seguir adelante en la agenda de los grandes problemas nacionales. Por eso hoy ratificamos que apoyamos la iniciativa de ley elaborada por la Comisión de Concordia y Pacificación y demandamos que se eleve a rango constitucional.

IV. El diálogo y la negociación, posibles si son verdaderos

Sobre el diálogo y la negociación decimos que tienen tres grandes enemigos que deben ser derrotados para poder constituirse en camino viable, eficaz y creíble. Estos enemigos son la ausencia de mediación, la guerra y el incumplimiento de los acuerdos. Y la falta de una mediación, la guerra y el incumplimiento de la palabra son responsabilidad del gobierno.
La mediación en la negociación de un conflicto es imprescindible, sin ella no es posible que exista un diálogo entre dos partes enfrentadas. Al destruir con su guerra a la Comisión Nacional de Intermediación, el gobierno destruyó el único puente que había para el diálogo, se deshizo de un importante obstáculo a la violencia y provocó el surgimiento de una interrogante: ¿mediación nacional o internacional?
El diálogo y la negociación tendrán pertinencia, viabilidad y eficacia cuando, además de contar con una mediación, la confianza y la credibilidad se restituyan. Mientras tanto, sólo puede ser una farsa en la que no estamos dispuestos a participar. No para eso entramos al diálogo. Entramos para buscar vías pacíficas, no para ganar tiempo apostando a trapacerías políticas. No podemos ser cómplices de una simulación.
Tampoco podemos ser cínicos y fingir un diálogo sólo para evitar la persecución, el encarcelamiento y el asesinato de nuestros dirigentes. Las banderas zapatistas no nacieron con nuestros jefes, no morirán con ellos. Si nuestros dirigentes son asesinados o encarcelados, no podrán decir que fue por ser inconsecuentes o traidores.
No nos alzamos y nos hicimos rebeldes por creernos más fuertes y poderosos. Nos levantamos en demanda de democracia, libertad y justicia porque tenemos la razón y la dignidad de la historia de nuestro lado. Y con esto en las manos y en el pecho, es imposible quedarse impávido frente a las injusticias, traiciones y mentiras que en nuestro país son ya un "estilo de gobierno".
La razón siempre ha sido un arma de resistencia frente a la estupidez que ahora, pero no por mucho tiempo, aparece tan arrolladora y omnipotente. Estemos o no estemos los zapatistas, la paz con justicia y dignidad es un derecho por cuyo cumplimiento seguirán luchando los mexicanos honestos, indígenas y no indígenas.

V. Resistimos, seguimos

Hermanos y hermanas:
El EZLN ha logrado sobrevivir como organización a una de las ofensivas más feroces que en su contra se han desatado. Conserva intacta su capacidad militar, ha expandido su base social y se ha fortalecido políticamente al evidenciarse la justeza de sus demandas. Se ha reforzado el carácter indígena del EZLN, y sigue siendo un importante impulsor de la lucha por los derechos de los pueblos indios. Los indígenas son hoy actores nacionales y sus destinos y planteamientos forman parte de la discusión nacional. La palabra de los habitantes primeros de estas tierras tiene ya un lugar especial en la opinión pública, lo indígena ya no es turismo o artesanía, sino lucha en contra de la pobreza y por la dignidad. Los zapatistas hemos tendido un puente con otras organizaciones sociales y políticas, y con miles de personas sin partido, de todas hemos recibido respeto y a todas hemos correspondido. Además hemos, junto a otros, tendido puentes a todo el mundo y hemos contribuido a crear (al lado de hombres y mujeres de los 5 continentes) una gran red que lucha por medios pacíficos en contra del neoliberalismo y resiste luchando por un mundo nuevo y mejor. También hemos contribuido en algo en el nacimiento de un movimiento cultural nuevo y fresco que lucha por un hombre y un mundo nuevos.
Todo esto ha sido posible gracias a nuestros compañeros y compañeras bases de apoyo, sobre ellos y ellas ha recaído el peso mayor de nuestra lucha y la han enfrentado con firmeza, decisión y heroísmo. Importante también ha sido el apoyo de los pueblos indios de todo el país, de nuestros hermanos indígenas que nos han enseñado, nos han escuchado y nos han hablado. La sociedad civil nacional ha sido el factor fundamental para que las justas demandas de los zapatistas y de los indígenas de todo el país continúen por el camino de las movilizaciones pacíficas. La sociedad civil internacional ha sido sensible y ha tenido oídos y ojos atentos para que la respuesta a las exigencias no sean más muertes o prisiones. Las organizaciones políticas y sociales independientes nos han aceptado como hermanos y así nuestra resistencia se llenó de aliento. Todos nos han ayudado para resistir a la guerra, nadie para hacerla.
Hoy, con todos los que caminan dentro nuestro y a nuestro lado, decimos: ¡Aquí estamos! ¡Resistimos!
A pesar de la guerra que padecemos, de nuestros muertos y presos, los zapatistas no olvidamos por qué luchamos y cuál es nuestra principal bandera en la lucha por la democracia, la libertad y la justicia en México: la del reconocimiento de los derechos de los pueblos indios.
Por el compromiso hecho desde el primer día de nuestro alzamiento, hoy volvemos a poner en primer lugar, por encima de nuestro sufrimiento, por encima de nuestros problemas, por encima de las dificultades, la exigencia de que se reconozcan los derechos de los indígenas con un cambio en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que les asegure a todos el respeto y la posibilidad de luchar por lo que les pertenece: la tierra, el techo, el trabajo, el pan, la medicina, la educación, la democracia, la justicia, la libertad, la independencia nacional y la paz digna.

VI. Es la hora de los pueblos indios, de la sociedad civil y del Congreso de la Unión

Hermanos y hermanas:
Habló ya la guerra su estridente ruido de muerte y destrucción.
Habló ya el gobierno y su máscara criminal.
Es el tiempo de que florezcan de nuevo en palabras las silenciosas armas que llevamos por siglos, es el tiempo de que hable la paz, es el tiempo de la palabra por la vida.
Es nuestro tiempo.
Hoy, con el corazón indígena que es digna raíz de la nación mexicana y habiendo escuchado ya todos la voz de muerte que viene en la guerra del gobierno, llamamos al Pueblo de México y a los hombres y mujeres de todo el planeta a unir con nosotros sus pasos y sus fuerzas en esta etapa de la lucha por la libertad, la democracia y la justicia, a través de esta...

Quinta Declaración de la Selva Lacandona

En la que llamamos a todos los hombres y mujeres honestos a luchar por el...
RECONOCIMIENTO DE LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS INDIOS Y POR EL FIN DE LA GUERRA DE EXTERMINIO.
No habrá transición a la democracia, ni reforma del Estado, ni solución real a los principales problemas de la agenda nacional, sin los pueblos indios. Con los indígenas es necesario y posible un país mejor y nuevo. Sin ellos no hay futuro alguno como Nación.
Es esta la hora de los pueblos indios de todo México. Los llamamos para que, juntos, sigamos luchando por los derechos que la historia, la razón y la verdad nos han dado. Los llamamos para que, juntos y recogiendo la herencia de lucha y resistencia, nos movilicemos en todo el país y le hagamos saber a todos, por medios civiles y pacíficos, que somos la raíz de la Nación, su fundamento digno, su presente de lucha, su futuro incluyente. Los llamamos para que, juntos, luchemos por un lugar de respeto al lado de todos los mexicanos. Los llamamos para que, juntos, demostremos que queremos la democracia, la libertad y la justicia para todos. Los llamamos a exigir el ser reconocidos como parte digna de nuestra Nación. Los llamamos para que, juntos, detengamos la guerra que en contra de todos hacen los poderosos.
Es esta la hora de la Sociedad Civil Nacional y de las organizaciones políticas y sociales independientes. Es la hora de los campesinos, de los obreros, de los maestros, de los estudiantes, de los profesionistas, de los religiosos y religiosas consecuentes, de los periodistas, de los colonos, de los pequeños comerciantes, de los deudores, de los artistas, de los intelectuales, de los discapacitados, de los seropositivos, de los homosexuales, de las lesbianas, de los hombres, de las mujeres, de los niños, de los jóvenes, de los ancianos, de los sindicatos, de las cooperativas, de las agrupaciones campesinas, de las organizaciones políticas, de las organizaciones sociales. Las llamamos a que, junto a los pueblos indios y a nosotros, luchemos contra la guerra y por el reconocimiento de los derechos indígenas, por la transición a la democracia, por un modelo económico que sirva al pueblo y no se sirva de él, por una sociedad tolerante e incluyente, por el respeto a la diferencia, por un país nuevo donde la paz con justicia y dignidad sea para todos.
Es esta la hora del Congreso de la Unión. Después de una larga lucha por la democracia, encabezada por los partidos políticos de oposición, hay en las cámaras de Diputados y Senadores una nueva correlación de fuerzas que dificulta las arbitrariedades propias del presidencialismo y apunta, con esperanza, a una verdadera separación e independencia de los poderes de la Unión. La nueva composición política de las cámaras baja y alta plantea el reto de dignificar el trabajo legislativo, la expectativa de convertirlo en un espacio al servicio de la Nación y no del presidente en torno, y la esperanza de hacer realidad el "Honorable" que antecede al nombre colectivo con que se conoce a senadores y diputados federales. Llamamos a los diputados y senadores de la República de todos los partidos políticos con registro y a los congresistas independientes, a que legislen en beneficio de todos los mexicanos. A que manden obedeciendo. A que cumplan con su deber apoyando la paz y no la guerra. A que, haciendo efectiva la división de Poderes, obliguen al Ejecutivo federal a detener la guerra de exterminio que lleva adelante en las poblaciones indígenas de México. A que, con pleno respeto a las prerrogativas que la Constitución Política les confiere, escuchen la voz del pueblo mexicano y sea ella la que los mande en el momento de legislar. A que apoyen con firmeza y plenitud a la Comisión de Concordia y Pacificación, para que esta comisión legislativa pueda desempeñar eficaz y eficientemente sus labores de coadyuvancia en el proceso de paz. A que respondan al llamado histórico que exige pleno reconocimiento a los derechos de los pueblos indios. A que contribuyan a crear una imagen internacional digna de nuestro país. A que pasen a la historia nacional como un Congreso que dejó de obedecer y servir a uno, y cumplió con su obligación de obedecer y servir a todos.
Es esta la hora de la Comisión de Concordia y Pacificación. Está en sus manos y habilidades el detener la guerra, cumplir lo que el Ejecutivo se niega a cumplir, abrir la esperanza de una paz justa y digna, y crear las condiciones para la convivencia pacífica de todos los mexicanos. Es la hora de hacer cumplir lealmente la ley dictada para el diálogo y la negociación en Chiapas. Es la hora de responder a la confianza que en esta Comisión depositaron, no sólo los pueblos indios que acudieron a la mesa de San Andrés, también el pueblo todo que exige el cumplimiento de la palabra empeñada, el alto a la guerra y la paz necesaria.
Esta es la hora de la lucha por los derechos de los pueblos indios, como un paso a la democracia, la libertad y la justicia para todos.
Como parte de esta lucha a la que llamamos en esta Quinta Declaración de la Selva Lacandona por el reconocimiento de los derechos indígenas y por el fin de la guerra, ratificando nuestro "Para todos todo, nada para nosotros", el EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACION NACIONAL anuncia que realizará directamente y en todo México una...
CONSULTA NACIONAL SOBRE LA INICIATIVA DE LEY INDIGENA DE LA COMISION DE CONCORDIA Y PACIFICACION Y POR EL FIN DE LA GUERRA DE EXTERMINIO.
Para esto nos proponemos llevar la iniciativa de ley de la Comisión de Concordia y Pacificación a una consulta nacional en todos los municipios del país para que todos los mexicanos y mexicanas puedan manifestar su opinión sobre dicha iniciativa. El EZLN enviará una delegación propia a cada uno de los municipios de todo el país para explicar el contenido de la iniciativa de Cocopa y para participar en la realización de la consulta. Para esto, el EZLN se dirigirá, en su oportunidad y públicamente, a la sociedad civil nacional y a las organizaciones políticas y sociales para hacerles saber la convocatoria expresa.
Llamamos a:
Los pueblos indios de todo México a que, junto a los zapatistas, se movilicen y se manifiesten exigiendo el reconocimiento de sus derechos en la Constitución.
Los hermanos y hermanas del Congreso Nacional Indígenas para que participen, juntos los zapatistas, en la tarea de consulta a todos los mexicanos y mexicanas sobre la iniciativa de ley de la Cocopa.
A los trabajadores, campesinos, maestros, estudiantes, ama de casa, colonos, pequeños propietarios, pequeños comerciantes y empresarios, jubilados, discapacitados, religiosos y religiosas, jóvenes, mujeres, ancianos, homosexuales y lesbianas, niños y niñas, para que, de manera individual o colectiva participen directamente con los zapatistas en la promoción, apoyo y realización de esta consulta, como un paso más a la paz con justicia y dignidad.
A la comunidad científica, artística e intelectual para que se sumen a los zapatistas en las tareas de organización de la consulta en todo el territorio nacional.
A las organizaciones sociales y políticas para que, con los zapatistas, trabajen en la realización de la consulta.
A los Partidos Políticos honestos y comprometidos con las causas populares para que otorguen todo el apoyo necesario a esta consulta nacional. Para esto, el EZLN se dirigirá, en su oportunidad y públicamente, a las direcciones nacionales de los partidos políticos en México.
Al Congreso de la Unión para que asuma su compromiso de legislar en beneficio del pueblo, para que contribuya a la paz y no a la guerra apoyando la realización de esta consulta. Para esto, el EZLN se dirigirá, en su oportunidad y públicamente, a los coordinadores de las fracciones parlamentarios y a los legisladores independientes en las cámaras de Diputados y Senadores.
A la Comisión de Concordia y Pacificación para que, cumpliendo con sus labores de coadyuvancia en el proceso de paz, allane el camino para la realización de la consulta sobre su iniciativa. Para esto, el EZLN se dirigirá, en su oportunidad y públicamente, a los legisladores miembros de la Cocopa.
VII.- Tiempo de la palabra para la paz.
Hermanos y hermanas:
Ha pasado ya el tiempo en que la guerra del poderoso habló, no dejemos que hable más.
Es ya el tiempo de que hable la paz, la que merecemos y necesitamos todos, la paz con justicia y dignidad.
Hoy, 19 de julio de 1998, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional suscribe esta Quinta Declaración de la Selva Lacandona. Invitamos a todos a conocerla, difundirla y a sumarse a los esfuerzos y tareas que demanda.
¡DEMOCRACIA! ¡LIBERTAD! ¡JUSTICIA!

Desde las montañas del Sureste Mexicano

Subcomandante Insurgente Marcos



Oggi diciamo:
Qui siamo! Resistiamo!

"Noi siamo i vendicatori della morte.
La nostra stirpe non si estinguerà finché
ci sia luce nella stella del mattino
"
Popol Vuh

Fratelli e sorelle:
Non è nostra la casa del dolore e della miseria. Così ce l'ha dipinta colui che ci deruba e ci inganna.
Non è nostra la terra della morte e dell'angustia.
Non è nostro il cammino della guerra.
Non è nostro il tradimento non c'è posto nel nostro passo per l'oblio.
Non sono nostri il terreno vuoto e il cielo vacuo.
Nostra è la casa della luce e dell'allegria. Così l'abbiamo fatta nascere, così la lottiamo, così la cresceremo.
Nostra è la terra della vita e della speranza.
Nostro il cammino della pace che si semina con dignità e si raccoglie con giustizia e libertà.

I. La resistenza e il silenzio

Fratelli e sorelle:
Noi comprendiamo che la lotta per il posto che ci meritiamo e di cui abbiamo bisogno nella grande Nazione messicana, è solo una parte della grande lotta di tutti per la democrazia, la libertà e la giustizia, però è una parte fondamentale e necessaria. Molte volte, dall'inizio della nostra insurrezione, il 1° gennaio del 1994, abbiamo lanciato un appello a tutto il popolo del Messico a lottare insieme e con tutti i mezzi, per i Diritti che ci negano i potenti. Molte volte, da quando ci siamo visti ed abbiamo parlato con tutti voi, abbiamo insistito nel dialogo e nell'incontro come cammino per continuare. Da più di quattro anni la guerra non è mai giunta da parte nostra. Da allora però la guerra è sempre arrivata con la bocca e nei passi dei supremi governi. Da lì sono venute le bugie, le morti, le miserie.
Coerenti con il cammino che voi ci avete chiesto di seguire, abbiamo dialogato con il potente e siamo giunti ad accordi che potrebbero significare l'inizio della pace sulle nostre terre, la giustizia per gli indigeni del Messico e la speranza per tutti gli uomini e le donne onesti del paese.
Questi accordi, gli Accordi di San Andrès, non sono prodotto della sola volontà nostra, né sono nati da soli. A San Andrès sono arrivati rappresentanti di tutti i popoli indios del Messico, lì la loro voce è stata rappresentata e sono state presentate le loro richieste. Ha brillato la loro lotta che è lezione e cammino, ha parlato la loro parola e il loro cuore ha definito.
Non erano soli gli zapatisti in San Andrès né i loro accordi. Accanto e dietro ai popoli indios del paese c'erano e ci sono gli zapatisti. Come adesso, allora siamo stati solo una piccola parte della grande storia con volto, parola e cuore del náhuatl, paipai, kiliwa, cúcapa, cochimi, kumiai, yuma, seri, chontal, chinanteco, pame, chichimeca, otomí, mazahua, matlazinca, ocuilteco, zapoteco, solteco, chatino, papabuco, mixteco, cuicateco, triqui, amuzgo, mazateco, chocho, izcateco, huave, tlapaneco, totonaca, tepehua, popoluca, mixe, zoque, huasteco, lacandón, maya, chol, tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame, teco, ixil, aguacateco, motocintleco, chicomucelteco, kanjobal, jacalteco, quiché, cakchiquel, ketchi, pima, tepehuán, tarahumara, mayo, yaqui, cahita, ópata, cora, huichol, purépecha e kikapú.
Come allora, oggi continuiamo a camminare insieme a tutti i popoli indios nella lotta per il riconoscimento dei loro diritti. Non come avanguardia né come direzione, solo come una parte di loro.
Noi abbiamo rispettato la nostra parola di cercare la soluzione pacifica.
Però il supremo governo ha mancato alla sua parola e non ha rispettato il primo accordo fondamentale che avevamo raggiunto: il riconoscimento dei Diritti indigeni.
Alla pace che avevamo offerto, il governo ha contrapposto la guerra con caparbietà.
Da allora, la guerra contro di noi e contro tutti i popoli indios è continuata.
Da allora, le bugie sono cresciute.
Da allora si è ingannato il paese e il mondo intero simulando la pace e facendo la guerra contro tutti gli indigeni.
Da allora si è cercato di dimenticare l'inadempienza della parola governativa e si è voluto occultare il tradimento che governa le terre messicane.

II. Contro la guerra, non un'altra guerra ma la stessa resistenza degna e silenziosa

Mentre il governo esponeva di fronte al Messico ed al mondo la sua volontà di morte e distruzione, noi zapatisti non abbiamo risposto con violenza né ci siamo messi in sinistra competizione per vedere chi causava più morti e dolori all'altra parte.
Mentre il governo ammucchiava parole vuote e gli premeva discutere con un rivale che gli sfuggiva continuamente, noi zapatisti abbiamo fatto del silenzio un'arma di lotta che il governo non conosceva e contro la quale non ha potuto fare niente, e contro il nostro silenzio si sono infrante sempre le offensive bugie, i proiettili, le bombe, i colpi. Così, come dopo i combattimenti del gennaio del '94 abbiamo scoperto nella parola un'arma, adesso lo abbiamo fatto con il silenzio. Mentre il governo ha offerto a tutti la minaccia, la morte e la distruzione, noi abbiamo potuto apprendere ed insegnarci e insegnare un'altra forma di lotta, e che, con la ragione, la verità e la storia, si può lottare e vincere... tacendo.
Mentre il governo distribuiva bustarelle e proponeva falsi appoggi economici per comprare lealtà e rompere convinzioni, noi zapatisti abbiamo fatto del nostro degno rifiuto alle elemosine del potente un muro che ci ha protetto e ci ha reso più forti.
Mentre il governo mostrava il miraggio di ricchezze corrotte ed imponeva la fame per far arrendere e vincere, noi zapatisti abbiamo fatto della nostra fame un alimento e della nostra povertà la ricchezza di chi si sa degno e coerente.
Silenzio, dignità e resistenza sono stati la nostra forza e le nostre armi migliori. Con loro abbiamo combattuto e sconfitto un nemico potente ma privo di ragione e di giustizia nei sui fini. Dalla nostra esperienza e dalla lunga e luminosa storia di lotta indigena che ci hanno lasciato in eredità i nostri predecessori, i primi abitanti di queste terre, abbiamo ripreso queste armi e abbiamo trasformato in soldati i nostri silenzi, la dignità in luce e in muraglia la nostra resistenza.
Ciò nonostante, per tutto il periodo di tempo in cui è durato questo nostro stare zitti, abbiamo mantenuto, senza partecipare direttamente ai principali problemi nazionali, la nostra posizione e le nostre proposte; benché il nostro silenzio abbia permesso al potente di far nascere e crescere voci e bugie su divisioni e rotture interne fra gli zapatisti ed abbia cercato di rivestirci con l'abito dell'intolleranza, dell'intransigenza, della debolezza e dello zoppicamento; nonostante il fatto che alcuni si siano persi d'animo per la mancanza della nostra parola e che altri abbiano approfittato della sua assenza per simulare d'essere nostri portavoce, nonostante questi dolori e anche grazie ad essi, grandi sono stati i passi che abbiamo fatto in avanti e che abbiamo visto.
Abbiamo visto che non hanno più potuto tenere zitti i nostri morti, da morti hanno parlato i morti nostri, da morti hanno accusato, da morti hanno gridato, da morti sono vissuti di nuovo. Ora non moriranno mai più i nostri morti. Questi nostri morti sempre nostri e sempre di tutti coloro che lottano.
Abbiamo visto a decine i nostri scontrarsi con mani e unghie contro migliaia di armi moderne, li abbiamo visti cadere prigionieri, li abbiamo visti rialzarsi degni e degni resistere. Abbiamo visto membri della società civile cadere prigionieri per stare vicino agli indigeni e per credere che la pace ha a che vedere con l'arte, l'educazione ed il rispetto. Li abbiamo visti, ormai scuro come gli indios il loro cuore di lotta e già nostri fratelli li abbiamo visti.
Abbiamo visto la guerra venire dall'alto con il suo frastuono e abbiamo visto che hanno pensato che avremmo risposto e loro avrebbero fatto di tutto anche l'assurdo per trasformare le nostre risposte in pretesti per aumentare il loro crimine. E il governo ha portato la guerra e non ha ottenuto nessuna risposta, però il suo crimine è continuato. Il nostro silenzio ha denudato il potente e lo ha mostrato così com'è: una bestia criminale. Abbiamo visto che il nostro silenzio ha evitato che la morte e la distruzione crescessero. Così si sono smascherati gli assassini che si nascondono dietro il paravento di quello che loro chiamano lo "stato di diritto". Strappando via il velo dietro al quale si nascondevano, sono apparsi i pavidi ed i pusillanimi, quelli che giocano con la morte per lucro, quelli che vedono nel sangue altrui una scala per salire, quelli che uccidono perché al matador applaudono e fischiano. E colui che governa si è spogliato della sua ultima e ipocrita veste. "La guerra non è contro gli indigeni", ha detto mentre perseguitava, incarcerava e assassinava indigeni. La sua propria guerra personale lo ha accusato come assassino mentre il nostro silenzio lo accusava.
Abbiamo visto il potente governo irritarsi non trovando né rivali né resa, lo abbiamo visto allora rivolgersi contro altri e combattere quelli che non seguono lo stesso cammino nostro però innalzano identiche bandiere: leader indigeni onesti, organizzazioni sociali indipendenti, mediatori, organizzazioni non governative coerenti, osservatori internazionali, cittadini qualsiasi che vogliono la pace. Abbiamo visto tutti questi fratelli e sorelle venire picchiati e li abbiamo visti non arrendersi. Abbiamo visto il governo picchiare tutti e, cercando di sottrarre forze, lo abbiamo visto sommare nemici.
Abbiamo visto anche che il governo non è uno né è unanime la vocazione di morte che sfoggia il suo capo. Abbiamo visto che al suo interno ha gente che vuole la pace, che la comprende, che la ritiene necessaria, che la considera imprescindibile. Zitti noi, abbiamo visto che altre voci dentro alla macchina da guerra hanno parlato per dire no al suo cammino.
Abbiamo visto il potente ripudiare la propria parola e mandare ai parlamentari una proposta di legge che non risolve le richieste di quelli fra i primi di queste terre, che allontana la pace e che ruba le speranze di una soluzione giusta che ponga fine alla guerra. Lo abbiamo visto sedersi al tavolo del denaro e da lì annunciare il suo tradimento e cercare quell'appoggio che quelli di sotto gli rifiutano. Dal denaro il potente ha ricevuto applausi, oro e l'ordine di farla finita con quelli che parlano dalle montagne. "Che muoiano quelli che devono morire, migliaia se è necessario, però che metta fine a questo problema", così ha parlato il denaro all'orecchio di colui che dice di governare. Abbiamo visto che questa proposta non rispettava ciò che ci era già stato riconosciuto, con il nostro diritto a governare e a governarci come parte di questa Nazione.
Abbiamo visto che questa proposta ci vuole fare a pezzi, ci vuole togliere la nostra storia, ci vuole cancellare la memoria, e dimentica la volontà di tutti i popoli indios che è diventata collettiva in San Andrès. Abbiamo visto che questa proposta porta alla divisione ed alla separazione, distrugge ponti e cancella speranze.
Abbiamo visto che al nostro silenzio si è aggiunta la volontà di gente e di persone buone che, nei partiti politici, hanno alzato la voce e organizzato la forza contro la bugia e così si sono potute fermare l'ingiustizia e la simulazione che pretendevano presentare come una legge costituzionale sui diritti indios quella che non era altro che una legge per la guerra.
Abbiamo visto che, tacendo, potevamo ascoltare meglio le voci ed i venti di sotto e non solo la rude voce della guerra di sopra.
Abbiamo visto che tacendo noi, il governo ha sepolto la legittimità che arriva dalla volontà di pace e la ragione come strada e cammino. Il vuoto della nostra parola assente ha segnalato la vuota e sterile parola di colui che comanda comandando e così si sono convinti altri che non ci ascoltavano e che guardavano a noi con sfiducia. Così, in molti si è affermata la necessità della pace con la giustizia e la dignità come attributi.
Abbiamo visto tutti questi che sono altri come noi, cercarsi e cercare altri modi perché la pace tornasse sul terreno delle possibili speranze, costruire e lanciare iniziative li abbiamo visti, li abbiamo visti crescere. Li abbiamo visti arrivare fino alle nostre comunità con aiuti facendoci sapere che non siamo soli. Li abbiamo visti protestare marciando, firmando lettere, volantini, dipingendo, cantando, scrivendo, arrivando fino a noi. Li abbiamo visti anche proporre il dialogo con loro, quello autentico, non quello che simula la volontà del potente. Abbiamo visto anche che alcuni sono stati scartati a causa dell'intolleranza di quelli che avrebbero dovuto essere più tolleranti.
Abbiamo visto altri che prima non avevamo visto. Abbiamo visto che la lotta per la pace ha raccolto per lei, non per noi, gente nuova e buona, uomini e donne che, potendo optare per il cinismo e l'apatia, hanno scelto l'impegno e la mobilitazione.
Tutti in silenzio abbiamo visto, in silenzio noi salutiamo quelli che hanno cercato ed hanno aperto porte e in silenzio abbiamo costruito per loro questa risposta.
Abbiamo visto uomini e donne nati su altre terre aderire alla lotta per la pace. Abbiamo visto alcuni dai loro paesi tendere il lungo ponte del "non siete soli", li abbiamo visti mobilitarsi e ripetere il "¡Ya basta!", prima li abbiamo visti immaginare e realizzare reclami di giustizia, partire come chi canta, scrivere come chi grida, parlare come chi marcia. Abbiamo visto tutte quelle scintille rimbalzare nei cieli ed arrivare alle nostre terre con tutti i nomi con cui José si chiama, con i volti di quei tutti che in tutti i mondi vogliono un posto per tutti.
Abbiamo visto altri attraversare il lungo ponte e, dalle loro terre, arrivare fino alle nostre dopo aver oltrepassato frontiere e oceani, per osservare e condannare la guerra. Li abbiamo visti arrivare fino noi per farci sapere che non siamo soli. Li abbiamo visti venire perseguitati e minacciati come noi. Li abbiamo visti venire picchiati come noi. Li abbiamo visti venire calunniati come noi lo siamo. Li abbiamo visti resistere come noi. Li abbiamo visti restare anche quando li mandavano via. Li abbiamo visti sulle loro terre parlare di quello che avevano visto i loro occhi e mostrare quello che avevano ascoltato le loro orecchie. Li abbiamo visti continuare a lottare.
Abbiamo visto che tacendo, più forte ha parlato la resistenza dei nostri popoli contro l'inganno e la violenza.
Abbiamo visto che pure in silenzio ci parliamo di come realmente siamo non come colui che porta la guerra, ma come colui che cerca la pace, non come quello che impone la sua volontà, ma come colui che anela un luogo dove ci stiano tutti, non come colui che è solo e simula moltitudini al suo fianco, ma come colui che è tutti anche nella silenziosa solitudine di colui che resiste.
Abbiamo visto che il nostro silenzio è stato scudo e spada che ha ferito e ha indebolito colui che la guerra vuole e la guerra impone. Abbiamo visto che il nostro silenzio ha fatto scivolare più volte un potere che simula pace e buon governo e che la sua potente macchina di morte più volte si è schiantata contro il silenzioso muro della nostra resistenza. Abbiamo visto che in ciascun nuovo attacco meno vinceva e più perdeva. Abbiamo visto che non lottando lottavamo.
E abbiamo visto che la volontà di pace si afferma, si dimostra e convince anche tacendo.

III. San Andrès: una legge nazionale per tutti gli indigeni e una legge per la pace

Una legge indigena nazionale deve rispondere alle speranze dei popoli indios di tutto il paese. In San Andrès sono stati rappresentati gli indigeni del Messico e non solo gli zapatisti. Gli accordi firmati lo sono con tutti i popoli indios, e non solo con gli zapatisti. Per noi e per milioni di indigeni e non indigeni messicani, una legge che non rispetti San Andrès è solo una simulazione, è una porta alla guerra e un precedente per le ribellioni indigeni che, nel futuro, verranno a riscuotere il conto che la storia presenta regolarmente alle menzogne.
Una riforma costituzionale in materia di diritti e cultura indigeni non deve essere unilaterale, deve incorporare gli Accordi di San Andrès e riconoscere così gli aspetti fondamentali delle richieste dei popoli indios: autonomia, territorialità, villaggi indios, sistemi normativi. Negli Accordi si riconosce il diritto all'autonomia indigena ed al territorio, conformemente all'accordo n. 169 della OIT, firmato dal Senato della Repubblica. Nessuna legislazione che pretenda intimidire i popoli indios limitando i loro diritti alle comunità, promuovendo così la frammentazione e la dispersione che rendano possibile il loro annientamento, potrà assicurare la pace e l'inclusione nella Nazione dei primi fra i primi messicani. Qualsiasi riforma che pretenda di strappare i lacci di solidarietà storici e culturali che ci sono tra gli indigeni, è condannata al fallimento ed è, semplicemente, una ingiustizia e una negazione storica.
Anche se non incorpora tutti gli Accordi di San Andrès (una prova in più che non siamo stati intransigenti, che accettiamo il lavoro della commissione coadiutrice e la rispettiamo), l'iniziativa di legge elaborata dalla Commissione di Concordia e Pacificazione è una proposta di legge che nasce dal processo di negoziazione e, pertanto, è nello spirito di dare continuità e ragion d'essere al dialogo, è una base ferma che può aprire la soluzione pacifica del conflitto, si converte in un importante aiuto per annullare la guerra e giungere alla pace. La cosiddetta "legge Cocopa" si elabora sulla base di quello che hanno prodotto i popoli indios dal basso, riconosce un problema e pone le basi per risolverlo, riflette un altro modo di fare politica, un modo che aspira a diventare democratico, risponde a una richiesta nazionale di pace, unisce settori sociali e permette di andare avanti nell'agenda dei grandi problemi nazionali. Perciò oggi ratifichiamo che appoggiamo l'iniziativa di legge elaborata dalla Commissione di Concordia e Pacificazione e domandiamo che venga elevata a livello costituzionale.

IV. Il dialogo e il negoziato, possibili se sono autentici

Sul dialogo e sul negoziato diciamo che hanno tre grandi nemici che devono essere sconfitti perché ci possa essere un cammino percorribile, efficace e credibile. Questi nemici sono l'assenza di mediazione, la guerra e l'inadempienza degli accordi. E la mancanza di una mediazione, la guerra e l'inadempienza della parola sono responsabilità del governo.
La mediazione nel negoziato di un conflitto è imprescindibile, senza di essa non è possibile che esista un dialogo tra due parti che si scontrano. Distruggendo con la sua guerra la Commissione Nazionale di Intermediazione, il governo ha distrutto l'unico ponte che c'era per il dialogo, si è liberato di un importante ostacolo alla violenza e ha provocato il sorgere di una domanda: mediazione nazionale o internazionale?
Il dialogo e il negoziato avranno pertinenza, viabilità e efficacia quando, oltre a contare su di una mediazione, vengano ricostruite la fiducia e la credibilità. Intanto, può essere solo una farsa a cui noi non siamo disposti a partecipare. Non per questo fine vogliamo il dialogo. Lo vogliamo per cercare vie pacifiche, non per guadagnare tempo giocando con trappole politiche. Non possiamo essere complici di una simulazione.
Non possiamo neanche essere cinici e fingere un dialogo solo per evitare la persecuzione, l'incarceramento e l'assassinio dei nostri dirigenti. Le bandiere zapatiste non sono nati con i nostri capi, non moriranno con loro. Se i nostri dirigenti sono assassinati o incarcerati, non potranno dire che è stato per essere stati incoerenti o traditori.
Non ci siamo alzati e non siamo diventati ribelli per crederci più forti e potenti. Ci siamo alzati per chiedere democrazia, libertà e giustizia perché abbiamo la ragione e la dignità della storia dalla nostra parte. E con questo nelle mani e nel petto, è impossibile rimanere impavidi di fronte alle ingiustizie, ai tradimenti ed alle bugie che nel nostro paese sono ormai uno "stile di governo".
La ragione è stata sempre un'arma di resistenza fronte alla stupidità che adesso, però non per molto tempo ancora, appare tanto travolgente e onnipotente. Essendo o non essendo zapatisti, la pace con giustizia e dignità è un diritto per il cui rispetto continueranno a lottare i messicani onesti, indigeni e non indigeni.

V. Resistiamo, continuiamo

Fratelli e sorelle:
L'EZLN è riuscito sopravvivere come organizzazione a una delle offensive più feroci che si sia scatenata contro di esso. Conserva intatta la sua capacità militare, ha esteso la sua base sociale e si è rafforzato politicamente evidenziando la ragione delle sue richieste. Si è rafforzato il carattere indigeno dell'EZLN e continua ad essere un importante propulsore della lotta per i Diritti dei popoli indios. Gli indigeni sono oggi attori nazionali ed i loro destini e programmi fanno parte della discussione nazionale. La parola dei primi abitanti di queste terre ha già un posto speciale nell'opinione pubblica, l'indigeno non è ormai solo più turismo o artigianato, ma lotta contro la povertà e per la dignità. Noi zapatisti abbiamo teso un ponte con altre organizzazioni sociali e politiche e con migliaia di persone senza partito, da tutti abbiamo ricevuto rispetto ed a tutti l'abbiamo corrisposto. Inoltre abbiamo, insieme ad altri, teso ponti a tutto il mondo e abbiamo contribuito a creare (a fianco di uomini e donne dei 5 continenti) una gran rete che lotta con mezzi pacifici contro il neoliberismo e resiste lottando per un mondo nuovo e migliore. Abbiamo anche contribuito in parte alla nascita di un movimento culturale nuovo e fresco che lotta per un uomo e un mondo nuovi.
Tutto questo è stato possibile grazie ai nostri compagni e compagne delle basi di appoggio, su loro uomini e donne è ricaduto il peso maggiore della nostra lotta e l'hanno affrontata con fermezza, decisione ed eroismo. Importante è stato pure l'appoggio dei popoli indios di tutto il paese, dei nostri fratelli indigeni che ci hanno insegnato, ci hanno ascoltato e ci hanno parlato. La società civile nazionale è stato il fattore fondamentale perché le giuste richieste degli zapatisti e degli indigeni di tutto il paese continuino attraverso il cammino delle mobilitazioni pacifiche. La società civile internazionale è stata sensibile e ha avuto orecchie ed occhi attenti perché la risposta alle esigenze non fossero altre morti o prigioni. Le organizzazioni politiche e sociali indipendenti ci hanno accettato come fratelli e così la nostra resistenza ha ripreso vigore. Tutti ci hanno aiutato a resistere alla guerra, nessuno a farla.
Oggi, con tutti quelli che camminano fra di noi e al nostro fianco, diciamo: Qui siamo! Resistiamo!
Nonostante la guerra che stiamo soffrendo, i nostri morti e i nostri detenuti, noi zapatisti non ci dimentichiamo ciò per cui lottiamo e quale è la nostra principale bandiera nella lotta per la democrazia, la libertà e la giustizia in Messico: quella del riconoscimento dei Diritti dei popoli indios.
Per l'impegno preso dal primo giorno della nostra insurrezione, oggi torniamo a mettere in primo piano, al di sopra della nostra sofferenza, al di sopra dei nostri problemi, al di sopra delle difficoltà, l'esigenza che si riconoscano i Diritti degli indigeni con un cambiamento nella Costituzione Politica degli Stati Uniti Messicani che assicuri a tutti il rispetto e la possibilità di lottare per ciò che appartiene loro: la terra, il tetto, il lavoro, il pane, la medicina, l'educazione, la democrazia, la giustizia, la libertà, l'indipendenza nazionale e una pace degna.

VI. È l'ora dei popoli indios, della società civile e del Parlamento

Fratelli e sorelle:
Ha già parlato la guerra col suo stridente rumore di morte e distruzione.
Ha già parlato il governo e la sua maschera criminale.
È tempo che fioriscano di nuovo in parole le silenziose armi che portiamo da secoli, è tempo che parli la pace, è tempo della parola per la vita.
È il nostro tempo.
Oggi, con il cuore indigeno che è degna radice della nazione messicana e avendo ascoltato già tutti la voce di morte che arriva con la guerra del governo, ci appelliamo al Popolo del Messico e agli uomini e alle donne di tutto il pianeta perché uniscano con noi i loro passi e le loro forze in questa tappa della lotta per la libertà, la democrazia e la giustizia, attraverso questa...

Quinta Dichiarazione della Selva Lacandona

in cui chiamiamo tutti gli uomini e le donne onesti a lottare per il...
RICONOSCIMENTO DEI DIRITTI DEI POPOLI INDIOS E PER LA FINE DELLA GUERRA DI STERMINIO.
Non ci sarà transizione alla democrazia, né riforma dello stato, né soluzione reale ai principali problemi dell'agenda nazionale, senza i popoli indios. Con gli indigeni è necessario e possibile un paese migliore e nuovo. Senza loro non c'è alcun futuro come Nazione.
È questa l'ora dei popoli indios di tutto il Messico. Li chiamiamo perché insieme si continui a lottare per i Diritti che la storia, la ragione e la verità ci hanno dato. Li chiamiamo perché insieme e raccogliendo l'eredità di lotta e di resistenza, ci si mobiliti in tutto il paese e si faccia sapere a tutti, con mezzi civili e pacifici, che siamo la radice della Nazione, il suo fondamento degno, il suo presente di lotta, il suo futuro includente. Li chiamiamo perché insieme si lotti per un posto di rispetto a fianco di tutti i messicani. Li chiamiamo perché insieme si dimostri che vogliamo la democrazia, la libertà e la giustizia per tutti. Li chiamiamo ad esigere di essere riconosciuti come parte degna della nostra Nazione. Li chiamiamo perché insieme si fermi la guerra che contro tutti fanno i potenti.
È questa l'ora della Società Civile Nazionale e delle organizzazioni politiche e sociali indipendenti. È l'ora dei contadini, degli operai, dei maestri, degli studenti, dei professionisti, dei religiosi e delle religiose coerenti, dei giornalisti, dei cittadini, dei commercianti, dei debitori, degli artisti, degli intellettuali, degli handicappati, dei sieropositivi, degli omosessuali, delle lesbiche, degli uomini, delle donne, dei bambini, dei giovani, degli anziani, dei sindacati, delle cooperative, delle organizzazioni contadine, delle organizzazioni politiche, delle organizzazioni sociali. Le chiamiamo affinché, accanto ai popoli indios e a noi, si lotti contro la guerra e per il riconoscimento dei Diritti indigeni, per la transizione alla democrazia, per un modello economico che serva al popolo e non si serva di lui, per una società tollerante e includente, per il rispetto delle differenze, per un paese nuovo dove la pace con giustizia e dignità sia per tutti.
È questa l'ora del Parlamento. Dopo una lunga lotta per la democrazia, diretta dai partiti politici d'opposizione, c'è nelle camere di Deputati e Senatori una nuova correlazione di forze che rende difficili le arbitrarietà proprie del presidenzialismo e punta, con speranza, ad un'autentica separazione e indipendenza dei poteri della Stato. La nuova composizione politica delle camere bassa e alta propone la sfida di dar dignità al lavoro legislativo, l'aspettativa di convertirlo in uno spazio al servizio della Nazione e non del presidente di turno, e la speranza di rendere reale quel "Onorevole" che precede il nome di senatori e deputati federali. Chiamiamo i deputati e i senatori della Repubblica di tutti i partiti politici rappresentati e tutti i parlamentari indipendenti, a legiferare a beneficio di tutti i messicani. A comandare obbedendo. Ad adempiere al loro dovere appoggiando la pace e non la guerra. A rendere effettiva la divisione dei Poteri, obbligando l'Esecutivo federale a fermare la guerra di sterminio che porta avanti nei villaggi indigeni del Messico. Ad ascoltare, nel pieno rispetto delle prerogative che la Costituzione Politica le attribuisce, la voce del popolo messicano ossia quella che li deve comandare al momento di legiferare. Ad appoggiare con fermezza e pienezza la Commissione di Concordia e Pacificazione, perché questa commissione legislativa possa svolgere efficacemente e efficientemente i suoi lavori nel processo di pace. A rispondere all'appello storico che esige un pieno riconoscimento dei Diritti dei popoli indios. A contribuire nel creare un'immagine internazionale degna del nostro paese. A passare alla storia nazionale come un Congresso che ha smesso di ubbidire e di servire a uno ed ha rispettato il suo obbligo di ubbidire e di servire a tutti.
È questa l'ora della Commissione di Concordia e Pacificazione. E' nelle loro mani e nella loro abilità la possibilità di arrestare la guerra, di rispettare quello che l'Esecutivo si rifiuta di rispettare, aprire la speranza di una pace giusta e degna e creare le condizioni per la convivenza pacifica di tutti i messicani. È l'ora di far rispettare lealmente la legge dettata per il dialogo ed il negoziato in Chiapas. È l'ora di rispondere alla fiducia che in questa Commissione è stata riposta, non solo dai popoli indios che si sono recati al tavolo di San Andrès, ma pure da tutto il popolo che esige il rispetto della parola data, l'alt alla guerra e la pace necessaria.
Questa è l'ora della lotta per i Diritti dei popoli indios, come passo verso la democrazia, la libertà e la giustizia per tutti.
Come parte di questa lotta a cui chiamiamo in questa Quinta Dichiarazione della Selva Lacandona per il riconoscimento dei Diritti indigeni e per la fine della guerra, ratificando il nostro "Per tutti tutto, niente per noi", l'ESERCITO ZAPATISTA DI LIBERAZIONE NAZIONALE annuncia che realizzerà direttamente e in tutto Messico una...
CONSULTA NAZIONALE SULL'INIZIATIVA DI LEGGE INDIGENA DELLA COMMISSIONE DI CONCORDIA E PACIFICAZIONE E PER LA FINE DELLA GUERRA DI STERMINIO.
Per questo ci proponiamo sottoporre l'iniziativa di legge della Commissione di Concordia e Pacificazione a una consulta nazionale in tutti i municipi del paese affinché tutti i messicani e le messicane possano manifestare la loro opinione su questa iniziativa. L'EZLN invierà una propria delegazione a ciascuno dei municipi di tutto il paese per spiegare il contenuto dell'iniziativa della Cocopa e per partecipare alla realizzazione della consulta. Per questo, l'EZLN si rivolgerà, al momento opportuno e pubblicamente, alla società civile nazionale e alle organizzazioni politiche e sociali per far conoscere il testo della convocazione.
Lanciamo un appello a:
I popoli indios di tutto il Messico affinché, a fianco degli zapatisti, si mobilitino e manifestino esigendo il riconoscimento dei loro diritti nella Costituzione.
I fratelli e le sorelle del Congresso Nazionale Indigeno perché partecipino, insieme agli zapatisti, nel compito della consultazione di tutti i messicani e delle messicane sull'iniziativa di legge della Cocopa.
Ai lavoratori, ai contadini, ai maestri, agli studenti, alle casalinghe, ai cittadini, ai piccoli proprietari, ai piccoli commercianti e agli impresari, ai pensionati, agli handicappati, ai religiosi e alle religiose, ai giovani, alle donne, agli anziani, agli omosessuali e alle lesbiche, ai bambini e alle bambine, affinché in modo individuale o collettivo partecipino direttamente con gli zapatisti nella promozione, nell'appoggio e nella realizzazione di questa consulta, come un passo in avanti verso la pace con giustizia e dignità.
Alla comunità scientifica, artistica e intellettuale perché si uniscano agli zapatisti nei compiti di organizzazione della consulta in tutto il territorio nazionale.
Alle organizzazioni sociali e politiche affinché, con gli zapatisti, lavorino nella realizzazione della consulta.
Ai Partiti Politici onesti ed impegnati nelle cause popolari perché offrano tutto l'appoggio necessario a questa consulta nazionale. Per questo, l'EZLN si rivolgerà, al momento opportuno e pubblicamente, alle direzioni nazionali dei partiti politici in Messico.
Al Parlamento perché rispetti il proprio impegno a legiferare a beneficio del popolo perché contribuisca alla pace e non alla guerra appoggiando la realizzazione di questa consulta. Per questo, l'EZLN si rivolgerà, al momento opportuno e pubblicamente, ai coordinatori delle commissioni parlamentari e ai parlamentari indipendenti delle camere dei Deputati e dei Senatori.
Alla Commissione di Concordia e Pacificazione affinché, adempiendo ai suoi lavori di coadiuvanza nel processo di pace, spiani il cammino per la realizzazione della consulta sulla propria iniziativa. Per questo, l'EZLN si rivolgerà, al momento opportuno e pubblicamente, ai parlamentari membri della Cocopa.

VII. Tempo della parola per la pace

Fratelli e sorelle
E' già passato il tempo in cui la guerra del potente ha parlato, non lasciamo che parli ancora.
È già tempo che parli la pace, quella che ci meritiamo e di cui abbiamo necessità tutti, la pace con giustizia e dignità.
Oggi, 19 luglio 1998, l'Esercito Zapatista di Liberazione Nazionale firma questa Quinta Dichiarazione della Selva Lacandona. Invitiamo tutti a conoscerla, a diffonderla ed a unirsi agli sforzi e ai compiti che richiederà.
DEMOCRAZIA! LIBERTÀ! GIUSTIZIA!

Dalle montagne del Sudest Messicano

Subcomandante Insurgente Marcos



Parti precedenti:
Primera Declaración de la Selva Lacandona
Segunda Declaración de la Selva Lacandona
Tercera Declaración de la Selva Lacandona
Cuarta Declaración de la Selva Lacandona

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