III. Tercer Viento: un digno y rabioso color de la tierra y tercer cuento para nadie

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Siete vientos en los Calendarios y Geografìa de abajo

III. Tercer Viento: un digno y rabioso color de la tierra

Buenas noches. Vamos a tratar de ser breves, porque la jornada ya de por sí ha sido larga y porque después la Lupita y la Toñita les van a leer unos cuentos que prepararon especialmente para ustedes.
Va pues:

De especialistas y especialidades

Seguramente algún historiador serio podrá dar cuenta del momento en que en la sociedad humana aparecen los especialistas y las especialidades. Y tal vez podrá explicarnos qué fue primero: la especialidad o el especialista.
Porque, en nuestro asomarnos y asombrarnos al mundo, los zapatistas hemos visto que muchas veces alguien define su ignorancia o cortedad de miras como una especialidad y se autodenomina especialista. Y se le alaba y se le respeta y se le paga bien y se le hacen homenajes.
No lo entendemos, para nosotros alguien con un conocimiento limitado es alguien que debe esforzarse por aprender más. Pero resulta que en la academia, mientras menos se sepa más presupuesto de investigación se recibe.
El Viejo Antonio, en alguna de esas mañanas que nos sorprendían caminando montaña abajo, se reía de esto que le contaba y decía que entonces los primeros dioses, los que nacieron el mundo, eran especialistas en especialidades.
En fin, es sabido que nuestras limitantes frente a lo producción intelectual son enciclopédicas, así que ahora quisiéramos referirnos brevemente a una especie especial de especialistas: los políticos profesionales.
Ya en una próxima ocasión de este festival, mañana creo, tendremos la oportunidad de escuchar, en voz del Teniente Coronel Insurgente Moisés, algunas semblanzas sobre lo que es el quehacer político interno en las comunidades zapatistas.
Uno de estos quehaceres políticos, no el único, es el trabajo de gobierno. Está también, por ejemplo, el trabajo político de las mujeres zapatistas, del que ya nos platicará la Comandanta Hortensia, y muchos otros.
Y resulta que esos trabajos no sólo no reciben paga, tampoco son considerados como una especialidad. Es decir, quien un día es presidente municipal autónomo el día anterior estaba en la milpa o en el cafetal, sembrando o cosechando. Muchos de nuestros gobernantes zapatistas ni siquiera fueron a la escuela o no saben hablar español, o sea que no son especialistas de nada, mucho menos de la política.
Y sin embargo nuestros municipios autónomos tienen más avances en salud, educación, vivienda y alimentación que los municipios oficiales que son gobernados por políticos profesionales, es decir, por especialistas de la política.
En fin, esperemos esas pláticas de mis compañeros para tratar de entendernos. En este momento sólo quiero señalar algunas de nuestras incapacidades para entender el quehacer político de arriba, cuando menos en México.
Por ejemplo, no entendemos cómo se decide, se acepta y se hace ley que un diputado gane más que un albañil. Porque el albañil hace algo, trabaja, levanta casas, muros, edificios. Y sabe cómo hacer la mezcla, como acomodar los ladrillos o los blocks.
Aquí tienen por ejemplo este auditorio en el que estamos. Aquí se puede albergar más personas que en el Teatro de la Ciudad de aquí de San Cristóbal de Las Casas y, según me cuentan, fue construido, desde su concepción hasta su concreción, por manos indígenas. El piso, los niveles, las paredes, puertas y ventanas, techo, herrería e instalación eléctrica fue realizada por no especialistas, indígenas además, y que son compañeros de la Otra Campaña.
Bueno, volviendo al albañil, él sí trabaja. Pero el diputado… el diputado… bueno, no sé si alguien pueda decirnos qué hace un diputado… o un senador… o un secretario de estado.
Hace poco oímos a un secretario de Estado decir que la crisis económica, que ya se venía arrastrando desde hace años, no era más que un resfriado pasajero.
¡Ah!, pensamos nosotros, un secretario de Estado es como un doctor que diagnostica una enfermedad. Pero quedamos pensando, ¿por qué alguien con un poco de pensamiento le pagaría a un doctor que le dice que tiene un resfriado y resulta que uno está con una pulmonía y él le receta un té caliente de hojas de limón y quedará como nuevo. Pero parece que el secretario de Estado en cuestión gana bien y hay una ley que dice que tiene que ganar mucho dinero.
Alguien nos dirá que los diputados y senadores hacen leyes y que los secretarios de Estado hacen planes para que esas leyes se cumplan. Sea. ¿Cuánto le costó a la Nación que se hiciera, por ejemplo, la contrarreforma indígena que incumplió los acuerdos de San Andrés?
Y hace unos meses, un legislador del PRD, cuestionado sobre el por qué votó a favor de una ley absurda e injusta (como la mayoría de las leyes en México), dijo en su defensa… ¡que no la había leído!
Y cuando estuvo el debate sobre el petróleo en el centro neurálgico del país (o sea, en los medios de comunicación). ¿No dijo el gobierno de Calderón que no se debía consultar a la gente porque era algo que sólo entendían los especialistas? ¿Y el llamado movimiento en defensa del petróleo no actuó como si tal cuando encargó a un grupo de especialistas la confección de su propuesta?
La especialización es, según nosotros, una forma de propiedad privada del conocimiento.
El que algo sabe, lo atesora y complicándolo hasta hacerlo parecer algo extraordinario e imposible, algo a lo que se pueden acceder unos pocos, se niega a compartirlo. Y su coartada es la especialización.
Son como los brujos del conocimiento, como los antiguos sacerdotes que se especializaban en hablar con los dioses. Y les creen todo lo que dicen.
Y esto pasa en la sociedad moderna que nos dice a los indígenas que somos nosotros los retrasados, los incultos, los incivilizados.
En nuestro dilatado recorrido por el México de abajo, tuvimos la oportunidad de conocer directamente a otros pueblos originarios de este continente. Desde los Mayas de la península de Yucatán hasta los Kumiai en Baja California, desde los Purépechas, Nahuas y Wixaritari de la costa del Pacífico hasta los Kikapus en Coahuila.
Parte de lo que vimos será mejor explicado por nuestros compañeros del Congreso Nacional Indígena, Carlos González y Juan Chávez, cuando nos acompañen en esta mesa. Yo sólo quiero apuntar algunas reflexiones sobre este asunto del conocimiento y los pueblos indios.
- En las reuniones que precedieron al Encuentro Continental de los Pueblos Indios de América, al encontrarse, las diferentes culturas de los jefes indios no disputaban supremacía o jerarquía. Sin dificultad aparente reconocían la diferencia y se establecía una especie de trato o acuerdo dentro del cual se respetaban entre sí.
En cambio, cuando dos concepciones diferentes de la realidad, dos culturas pues, se confrontan entre sí, en las sociedades modernas, suele plantearse el problema de la supremacía de una sobre la otra, cuestión que no pocas veces se resuelve con violencia.
Pero se dice que los pueblos indios somos los salvajes.
- Al encontrarse el mundo ladino o mestizo con el indígena dentro del territorio de este último, aparece en el primero lo que los zapatistas llamamos “el síndrome del evangelizador”. No sé si es herencia de los primeros conquistadores y misioneros españoles pero, espontáneamente, el mestizo o ladino tiende a tomar la posición del que enseña y ayuda. Por alguna extraña lógica que no entendemos, se asume como evidente que la cultura ladina o mestiza es superior, en extensión y profundidad de saberes y conocimientos, a la indígena. Si, en cambio, este contacto entre culturas se da en territorio urbano, el ladino o mestizo asume una posición o defensiva y desconfiada, o de desprecio y asco frente al indígena. Lo indígena es lo retrasado o lo curiosito.
Por el contrario, cuando el indígena topa o se encuentra con una cultura diferente fuera de su territorio, tiende espontáneamente a tratar de entenderla y no pretende establecer una relación de dominante/dominado. Y cuando es dentro de su territorio el indígena asume una posición de curiosa desconfianza y una celosa defensa de su independencia.
Vengo a ver en qué puedo ayudar”, suele decir el mestizo al llegar a una comunidad indígena. Y puede ser una sorpresa para él que, en lugar de ponerlo a enseñar o a dirigir o a mandar, lo pongan a ir por la leña, o a cargar agua o a limpiar potrero. O no será muy raro que le respondan “¿Y quién te dijo que necesitamos que nos ayudes?
Puede ser que haya casos, pero hasta ahora no sabemos si alguien ha ido a una comunidad indígena y ha dicho “vengo a que me ayuden”.
- No pocas veces hemos encontrado en colectivos que apoyan a las comunidades indígenas una especie de celo por sus conocimientos, una afirmación constante de que la propiedad del saber que detentan es suya, de su propiedad privada.
Es conocido por las autoridades autónomas lo reacios que son los grupos que manejan técnicas y tecnologías, a enseñar, es decir, a compartir lo que saben. Por ejemplo en el internet. Cada vez que se desconfiguran los equipos en los caracoles, hay que esperar a contactar al que sabe, esperar a que llegue y saber que, cuando se le pida que enseñe a alguien para no estar dependiendo de él, alegue que no tiene tiempo o que eso es para “especialistas”. Y ni hablar de los equipos de las radios comunitarias.
Y a veces ocurre otra cosa.
Hay una anécdota que me contaron los compañeros comandantes de la zona tojolabal, o zona “selva fronteriza”:
Resulta que, entre todas las personas que de buena voluntad llegan a las comunidades zapatistas a ayudar, llegó una vez un ingeniero agrónomo a dar curso para mejorar las plantaciones de café. Después de su plática, el ingeniero se trasladó junto con los compas a un cafetal para demostrarles cómo debía hacer un corte en la mata. El ingeniero pidió que le dieran espacio, ahora sí que “atrás de la raya que voy a trabajar”, sacó todo su equipo científico y empezó a sacar medidas para determinar el ángulo exacto de corte de la rama. Después de muchos y complicados cálculos, determinado el ángulo de corte, el ingeniero sacó una sierrita bien bonitilla y empezó a aserrar con mucho cuidado. Tardó, me cuentan, y, contradiciendo la supuestamente ancestral paciencia indígena, los compas lo hicieron a un lado y le preguntaron: “A ver, ¿ónde mero quiere el corte usté?”. “Ahí”, respondió el flamante ingeniero agrónomo, y señaló con su dedo el lugar. El compa desenvainó su machete Acapulco Collins de doble hoja y ¡zas!, le hizo un corte impecable a la rama. “A ver, ahora mídale usté”, pidió casi ordenó el compa. El ingeniero agrónomo, con una especialidad en la universidad, sacó su aparato para medir ángulos. Midió una y otra vez, y en cada vuelta nomás se rascaba la cabeza. “¿Qué pues?”, le preguntaron. “Pues sí”, respondió apenado: “es exactamente el corte que se necesitaba, en el lugar que se necesitaba y en el ángulo que se necesitaba” “Y anda vete, sup, ahí nomás el ingeniero empezó a preguntarnos más y más cosas y nomás apuntaba y apuntaba y llenó no sé cuántas hojas de un su cuaderno que traía”.
Así que una exhortación a quienes detentan saberes y conocimientos y son compañeros y compañeras: digan no a la propiedad privada del conocimiento, digan sí a la piratería entre compañeros que somos.
Otros puntos:
- en ambos, indígenas y urbanos de abajo y a la izquierda, encontramos una civilidad humana que no encontramos en los de arriba. En ambos, si uno llega necesitado le dan lo mejor que tienen. Los de arriba no dan o, si dan, es lo que les sobra.
El sentido de comunidad que es palpable en las comunidades indígenas no es ya exclusivo de ellas. También aparece en sectores de abajo, y está más desarrollado en quienes luchan y resisten.
- El brutal y feroz avance de la guerra neoliberal de reconquista de territorios, está operando algo que no sé si estaba en los planes de los grandes centros financieros internacionales: se están emparejando rabias, en profundidad, en extensión y en historia común.
- Este emparejamiento de sentimientos en lo que el Ruso llamó “la tripa”, no es todavía acompañado por un emparejamiento en los saberes y conocimientos. Puede haber casos pero, créanme, no encontré en los pueblos indios la avaricia del conocimiento que poseen.
Finalmente, no nos idealizamos como pueblos indios, no somos perfectos y, por supuesto, no pretendemos que todos y todas se hagan indígenas. Tenemos conocimientos y tenemos carencias. Creo que podemos compartir los unos para resolver las otras, sin que ninguno de ustedes pierda la oportunidad de hacerse rico porque alguien de nosotros les gane la patente de su saber.
Ahora, como lo prometido es deuda, vamos a escuchar unos cuentos de la Lupita y la Toñita y ya después de ellas yo les cuento otro.

Primero pasa la Lupita (…)
Ahora es su turno la Toñita (…)

Muchas gracias.

P.D.- Siete Cuentos para Nadie:

Cuento 3: LA PEDAGOGÍA DEL MACHETE

El otro día, para variar, la Toñita se metió sin permiso en la comandancia general del ezetaelene, una fortaleza supuestamente inexpugnable (en realidad se trata de una champita).
Me encontraba yo pensando en cuáles serían los temas más adecuados para estas mesas supuestamente redondas del Festival de la Digna Rabia, cuando me di cuenta que la Toñita ya estaba a mi lado y diciéndome:
Oí Sup, no sirve que haces así”, mientras señalaba una foto tamaño natural de Angeline Jolie con pocas ropas.
¿No sirve que haga qué cosa?”, le pregunté mientras revisaba las barreras “anti-toñitas” que había dispuesto para evitar que pasara lo que ya estaba pasando.
Pues así como haces de por sí”, dice la Toña, y agrega “¿por qué tienes a esa señora encuerada contigo?”.
Yo encendí la pipa y le respondí: “En primer lugar: no está encuerada, yo qué más quisiera. Y en segundo lugar: no la tengo conmigo, yo qué más requisiera”.
La Toñita, como es su costumbre, se queda en una parte de la película porque me pregunta “¿Y el tercero?”.
¿Cuál tercero?”, le pregunté.
Pues si hay un primero y un segundo, entonces hay un tercero. Yo me saqué tercero en la escuelita.” La Toñita ha omitido el pequeño detalle de que en esa clase sólo iban 3 alumnos.
Como no quiero entrar en polémica, le propongo que si le cuento un cuento, entonces ella se va a ir para que se lo cuente a los demás.
Sale”, dice la Toñita y se sienta en el suelo.
Yo carraspeo y comienzo con el “Habrá una vez…”
La Toña interrumpe “¿Y va a haber palomitas?
"¿Cómo palomitas?", le pregunto desconcertado.
Pos sí, palomitas, como cuando vemos película”, dice la Toñita.
No”, le digo, “este es un cuento, no una película y aquí no hay palomitas”.
Bueno”, dice la Toñita.
Yo prosigo:
Habrá una vez un subcomandante que era muuuuuuy malo y mucho se encabronaba con las niñas que se metían sin permiso a la comandancia a dar lata”.
La Toñita pone atención. Yo aprovecho para darle un giro pedagógico al relato, con un estilo y un método que olvídense de Paulo Freire y Antón Makarenko:
Entonces, cuando una niña se metía sin permiso en la comandancia, el subcomandante ése sacaba un su machete y ¡zás!, le cortaba la cabeza a la niña”.
La Toñita abre bien los ojos, aterrorizada.
Notando que el concepto esencial educativo se estaba captando, decidí reforzar el relato con esa técnica pedagógica marconiana que tanta fama me ha dado en los coloquios de psicología donde mucho Freud, mucho Fromm, mucho Luria, y mucho toda la cosa:
Y el machete no tenía filo, para que tardara más en cortar. Y estaba bien oxidado de una vez, para que la herida se infectara”.
La Toña, horrorizada, espera un final feliz.
¿Y luego?”.
¿Y luego qué?
Pos y luego qué sigue del cuento”.
Ah bueno, pues resulta que a la niña después le pusieron muchas inyecciones para que no se infectara”.
Y tan-tan.
¿Tan tan? Urrr, Sup, de una vez que no sirven tus cuentos”.
Claro que sirven”, le digo mientras la conmino a que abandone la champa.
De balde tienes a la señora ésa encuerada, si no hay palomitas”, dice la Toñita al retirarse.
El asunto no termina ahí. La reunión que tuve con los compañeros del Comité terminó. De regreso, preparando mi mochila para movernos al cuartel, me doy cuenta de que no está mi machete.
La Toña”, pensé y la mandé llamar.
Oí Toñita, no encuentro mi machete, ¿no lo viste por ahí?
No, pero te voy a contar un cuento”, respondió la Toñita.
Había una vez una niña muy bonita, así como yo, y que se llamaba la Toñita, así como yo. Y entonces había un subcomandante muuuy malo que le quería cortar la cabeza con un su machete
¿Y por qué le quería cortar la cabeza?”, interrumpí yo, tratando inútilmente de recuperar el control de la situación.
Saber”, respondió la Toñita, “creo que así llegó en su pensamiento. Y entonces pues que la niña se metió en su casita de ese subcomandante a escondidas. Y entonces lo agarró su machete del subcomandante ése y fue y lo aventó en la letrina. Y tan-tan
La Toñita dijo el “tan- tan” ya muy lejos de mi alcance.
Así que creo que ya sé dónde está mi machete. Ahora falta recuperarlo, ¿alguien se ofrece de voluntario o voluntaria?
Tan-tan.

Subcomandante Insurgente Marcos.




Sette Venti nei Calendari e Geografie in basso

Terzo Vento: un degno e arrabbiato colore della terra

Buona sera. Cercheremo di essere brevi perché la giornata è stata lunga e perché poi la Lupita e la Toñita vi leggeranno alcuni racconti che hanno scritto proprio per voi.
Andiamo dunque:

Di specialisti e specializzazioni

Sicuramente qualche serio storico potrà dirci del momento in cui sono apparsi gli specialisti e le specializzazioni nella società umana. E forse potrà spiegarci quale fu il primo: la specializzazione o lo specialista.
Perché, nel nostro affacciarci e stupirci del mondo, noi zapatisti abbiamo visto che molte volte qualcuno definisce la sua ignoranza o il suo limitato orizzonte, una specializzazione e si autonomina specialista. E viene lodato e rispettato e pagato bene e omaggiato.
Non lo capiamo, per noi qualcuno con conoscenze limitate è qualcuno che deve sforzarsi di imparare di più. Ma sembra che nel mondo accademico meno si sa e più finanziamenti si ricevono.
Il Vecchio Antonio, in alcune di quelle mattine che ci sorprendevano camminando in montagna, rideva di questo che gli raccontavo e diceva che allora i primi dei, quelli che crearono il mondo, erano specialisti in specializzazioni.
Infine è risaputo che i nostri ostacoli di fronte alla produzione intellettuale sono enciclopedici, cosicché ora vogliamo riferirci brevemente ad una speciale specie di specialisti: i politici professionisti.
In una prossima occasione di questo festival, domani credo, avremo l'opportunità di ascoltare, per voce del Tenente Colonnello Insurgente Moisés, qualche descrizione dell'ambito politico interno nelle comunità zapatiste.
Uno di questi ambiti politici, non l'unico, è il lavoro di governo. C'è anche, per esempio, il lavoro politico delle donne zapatiste, di cui ci parlerà la Comandante Hortensia, e molti altri.
E risulta che questi lavori non solo non ricevono compenso, ma non sono nemmeno considerati una specializzazione. Cioè, chi un giorno è presidente municipale autonomo il giorno prima era nella milpa o nella piantagione di caffè, a seminare o raccogliere. Molti dei nostri governanti zapatisti non sono andanti nemmeno a scuola o non sanno parlare spagnolo, ovvero non sono specialisti di niente, tanto meno di politica.
E tuttavia i nostri municipi autonomi hanno fatto molti più progressi in salute, educazione, abitazione ed alimentazione che i municipi ufficiali che sono governati da politici professionisti, cioè, da specialisti della politica.
Infine, aspettiamo gli interventi dei miei compagni per riuscire a capirci. In questo momento voglio solo segnalare alcune delle nostre incapacità di intendere la politica dell'alto, almeno in Messico.
Per esempio, non capiamo come si decide, si accetta e si legifera che un deputato guadagni più di un muratore. Perché il muratore fa qualcosa, lavora, costruisce case, muri, edifici. E sa come fare la malta, come sistemare i mattoni.
Per esempio, questo auditorium nel quale ci troviamo. Qui ci possono stare più persone che nel Teatro della Città di qui, di San Cristóbal de Las Casas e, come mi dicono, è stato costruito, dalla sua progettazione fino alla sua realizzazione, da mani indigene. Il pavimento, i piani, le pareti, porte e finestre, tetto, impianti idraulici ed elettrici sono stati realizzati da non specialisti, oltretutto indigeni, e che sono compagni dell'Altra Campagna.
Bene, per tornare al muratore, lui sì che lavora. Ma il deputato… il deputato… bene, non so se qualcuno può dirci che cosa fa un deputato… o un senatore… o un sottosegretario.
Poco fa abbiamo sentito un sottosegretario dire che la crisi economica, che già si trascinava da anni, non era altro che un raffreddore passeggero.
Ah! Abbiamo pensato, un sottosegretario è come un dottore che diagnostica una malattia. Ma abbiamo anche pensato, perché qualcuno con un minimo di cervello pagherebbe un dottore che gli dice che ha un raffreddore che poi risulta che è polmonite e lui gli prescrive un tè caldo di foglie di limone e poi tornerà come nuovo. Ma sembra che il sottosegretario in questione guadagni bene e che c'è una legge che dice che deve guadagnare molti soldi.
Qualcuno ci dirà che i deputati e i senatori fanno le leggi e che i sottosegretari di Stato fanno piani affinché queste leggi si applichino. E sia. Quanto è costato alla Nazione, per esempio, che si facesse la controriforma indigena che annullò gli Accordi di San Andrés?
Ed alcuni mesi fa un legislatore del PRD, criticato perché aveva votato per una legge assurda ed ingiusta (come la maggioranza delle leggi in Messico) ha dichiarato in sua difesa… che non l'aveva letta!
E quando c'è stata la discussione sul petrolio nel centro nevralgico del paese (cioè, sui mezzi di comunicazione). Il governo di Calderón non ha detto che non si doveva consultare la gente perché era qualcosa che capivano solo gli specialisti? Ed il cosiddetto movimento in difesa del petrolio non agì in maniera simile quando incaricò un gruppo di specialisti di redigere la sua proposta?
Secondo noi la specializzazione è una forma di proprietà privata della conoscenza.
Quello che sa qualcosa lo valorizza complicandolo fino a farlo sembrare qualcosa di straordinario ed impossibile, qualcosa a cui possono accedere pochi, e si rifiuta di condividerlo. Ed il suo alibi è la specializzazione.
Sono come gli stregoni della conoscenza, come gli antichi sacerdoti che si specializzavano per parlare con gli dei. E si crede a tutto quello che dicono.
E questo succede nella società moderna che dice a noi indigeni che siamo noi gli arretrati, gli ignoranti, i non civilizzati.
In nostro lungo giro per il Messico del basso, abbiamo avuto l'opportunità di conoscere direttamente altri popoli originari di questo continente. Dai Maya della penisola dello Yucatan fino ai Kumiai in Bassa California, dai Purépechas, Nahuas e Wixaritari della costa del Pacifico fino ai Kikapus in Coahuila.
Parte di quello che abbiamo visto sarà spiegato meglio dai nostri compagni del Congresso Nazionale Indigeno, Carlos González e Juan Chávez, quando ci accompagneranno in questo tavolo. Io voglio solo fare alcune riflessioni sul tema della conoscenza e i popoli indio.
- Nelle riunioni che precedettero l'Incontro Continentale dei Popoli Indio d'America, incontrandosi, le diverse culture dei capi indio non si contendevano la supremazia o la gerarchia. Senza apparente difficoltà riconoscevano la differenza e si stabiliva una specie di intesa o accordo all'interno del quale si rispettavano reciprocamente.
Invece, quando due concezioni diverse della realtà, due culture, si confrontano tra loro nelle società moderne, normalmente si pone il problema della supremazia di una sull'altra, questione che non poche volte si risolve con la violenza. Però, si dice che i popoli indio sono i selvaggi.
- Quando il mondo ladino o meticcio si incontra con il mondo indigeno dentro il territorio di quest'ultimo, nel primo si presenta quella che noi zapatisti chiamiamo "la sindrome dell'evangelizzatore". Non so se è retaggio dei primi conquistatori e missionari spagnoli ma, spontaneamente, il meticcio o ladino tende a prendere la posizione di colui che insegna e aiuta. Per qualche strana logica che non capiamo, si assume come evidente che la cultura ladina o meticcia è superiore, in estensione e profondità di saperi e conoscenze, a quella indigena. Se, invece, questo contatto tra culture avviene in territorio urbano, il ladino o meticcio assume una posizione o difensiva e diffidente, o di disprezzo e schifo di fronte all'indigeno. L'indigeno è l'arretrato o il curioso.
Al contrario, quando l'indigeno si imbatte o si trova di fronte ad una cultura diversa fuori del suo territorio, tende spontaneamente a tentare di capirla e di non pretende di stabilire una relazione di dominante/dominato. E quando è dentro il suo territorio l'indigeno assume una posizione di curiosa sfiducia e gelosa difesa della sua indipendenza.
"Vengo a vedere in che cosa posso essere d'aiuto", dice normalmente il meticcio quando arriva in una comunità indigena. E può essere una sorpresa per lui che, invece di metterlo ad insegnare o dirigere o comandare, lo facciano andare per la legna, o a prendere acqua o pulire stalle. O non sarà raro che gli rispondano: "E chi ti ha detto che abbiamo bisogno che ci aiuti?".
Può essere che ci siano casi, ma fino ad ora non sappiamo se qualcuno sia arrivato in una comunità indigena dicendo: "vengo perché mi aiutiate".
- Non poche volte abbiamo trovato in collettivi che appoggiano le comunità indigene una specie di zelo per le loro conoscenze, una costante affermazione che la proprietà del sapere che detengono è loro, di loro proprietà privata.
È noto tra le autorità autonome quanto i gruppi che manipolano tecniche e tecnologie siano restii ad insegnare, cioè, a condividere quello che sanno. Per esempio internet. Ogni volta che nei caracoles si guastano i computer, bisogna aspettare di contattare quello che ne sa, aspettare che arrivi e, quando gli si chiede di insegnare a qualcuno per non dipendere da lui, questi dica che non ha tempo o che questo è roba da "specialisti". E non parliamo delle apparecchiature delle radio comunitarie.
A volte succede un'altra cosa.
C'è un aneddoto che mi hanno raccontato i compagni comandanti della zona tojolabal, o zona "selva di confine":
Sembra che, tra tutte le persone di buona volontà che arrivano nelle comunità zapatiste ad aiutare, una volta arrivò un ingegnere agronomo a dare lezioni per migliorare le piantagioni di caffè. Dopo la sua lezione, l'ingegnere si recò insieme ai compagni in una piantagione di caffè per mostrare loro come si doveva fare un taglio nella pianta. L'ingegnere chiese che gli facessero spazio, "dietro la riga che devo lavorare", tirò fuori tutta la sua attrezzatura scientifica ed incominciò a fare misurazioni per determinare l'angolo esatto di taglio del ramo. Dopo molti e complicati calcoli, determinato l'angolo di taglio, l'ingegnere tirò fuori una bella sega ed incominciò a segare con molto cura. Ci mise molto, mi raccontarono, e, contraddicendo la presunta pazienza indigena ancestrale, i compagni lo presero da parte e gli domandarono: "Fa vedere, dove vuole tagliare esattamente?". "", rispose il brillante ingegnere agronomo, e indicò il posto col dito. Il compagno sguainò il suo machete Acapulco Collins a doppio filo e zac!, fece un taglio impeccabile nel ramo. "Vediamo, adesso misura" chiese, quasi ordinò il compagno. L'ingegnere agronomo, con una specializzazione all'università, tirò fuori il suo strumento per misurare gli angoli. Misurò e rimisurò molte volte, ed ogni volta si grattava la testa. "Che cosa c'è?", gli domandarono. "Ebbene, sì", rispose dispiaciuto: "è esattamente il taglio necessario, nel posto giusto e nell'angolo esatto". "E allora Sub, l'ingegnere cominciò a domandarci un mucchio di cose e continuava a prendere appunti e non so quanti fogli di appunti ha riempito".
Quindi un'esortazione a chi possiede saperi e conoscenze e sono compagni e compagne: dite no alla proprietà privata della conoscenza, dite sì alla pirateria tra compagni quali siamo.
Altri punti:
- In entrambi, indigeni ed urbani in basso e a sinistra, abbiamo trovato una civiltà umana che non abbiamo riscontrato in quelli in alto. In entrambi se uno ha bisognoso gli danno il meglio che hanno. Quelli in alto non danno o, se danno, danno quello che gli avanza.
Il senso di comunità che è palpabile nelle comunità indigene non è loro esclusiva. Appare anche in settori del basso ed è più sviluppato in chi lotta e resiste.
- La brutale e feroce avanzata della guerra neoliberista di riconquista di territori, sta operando qualcosa che non so se era nei piani dei grandi centri finanziari internazionali: si stanno congiungendo rabbie, in profondità, in estensione e in storia comune.
- Questo congiungimento di sentimenti in quello che il Ruso ha chiamato "la pancia", non è ancora accompagnato da un congiungimento nei saperi e conoscenze. Ci possono essere dei casi ma, credetemi, nei popoli indio non ho trovato l'avarizia della conoscenza che possiedono.
Infine, non ci idealizziamo come popoli indio, non siamo perfetti e, ovviamente, non pretendiamo che tutti e tutte diventino indigeni. Abbiamo conoscenze ed abbiamo carenze. Credo che possiamo condividere gli uni per risolvere le altre, senza che nessuno di voi perda l'opportunità di diventare ricco perché qualcuno di noi si appropria del brevetto del suo sapere.
Adesso, ogni promessa è debito, ascoltiamo un racconto della Lupita e della Toñita e po io ne racconterò un altro.

Prima tocca a Lupita (…)
Ora è il turno della Toñita (…)

Molte grazie.

P.D.- Sette Racconti per Nessuno

Racconto 3: LA PEDAGOGIA DEL MACHETE

L'altro giorno, tanto per cambiare, la Toñita si insediò senza permesso nel comando generale dell'ezetaellenne, una fortezza che si suppone inespugnabile (in realtà si tratta di una "champita").
Io mi trovavo in quel momento a riflettere su quali sarebbero stati i temi più adeguati per questi tavoli suppostamente rotondi del Festival della Digna Rabia, allorquando mi resi conto che la Toñita stava già al mio fianco e mi diceva:
"Senti Sup, non serve che fai questa cosa qui", mentre indicava una foto a grandezza naturale di Angeline Jolie con pochi vestiti.
"Non serve che faccia che cosa?", le domandai mentre rivedevo le barriere "anti-toñitas" che avevo disposto per evitare che passasse quella che ormai le stava già superando.
"Così come fai", dice la Toña, ed aggiunge "Perché tieni con te quella signora spogliata?".
Io accesi la pipa e le risposi: "In primo luogo: non è completamente svestita, casomai vorrei lo fosse di più. E in secondo luogo: non la tengo con me, ma solo la desidero."
La Toñita, com'è sua abitudine, rimase come avesse perso parte del film perché poi mi domanda "Ed il terzo?".
"Che terzo?", le chiesi.
"Perché se c'è un primo luogo ed un secondo, c'è allora anche un terzo. Io a scuola sono stata terza."La Toñita ha omesso il piccolo dettaglio che in quella classe andavano solo 3 alunni.
Siccome non voglio entrare in polemica, le propongo allora che, se le narro un racconto, lei poi andrà via per raccontarlo anche agli altri.
"Avanti", dice la Toñita e si siede a terra.
Io tossicchio e comincio con: "C'era una volta"
La Toña interrompe: " Ci sono i popcorn?"
"Come i popcorn?", le domando sconcertato.
"Certo, popcorn, come quando vediamo i film", dice la Toñita.
"No", gli dico, "questo è un racconto, non è un film e qui non ci sono popcorn."
"Evvabene", dice la Toñita.
Io proseguo:
"C'era una volta un Subcomandante che era moooolto brutto e molto si incavolava con le bambine che si insediavano senza permesso al comando a rompere le scatole."
La Toñita pone attenzione. Io ne approfitto per dare un risvolto pedagogico al racconto, con uno stile ed un metodo che faccia dimenticare Paulo Freire e Antón Makarenko:
"Allora, quando una bambina si insediava senza permesso al comando, il Subcomandante estraeva il suo machete e zac!, tagliava la testa alla bambina."
La Toñita apre bene gli occhi, terrorizzata.
Notando che il concetto educativo essenziale veniva recepito, decisi di rinforzare il racconto con quella tecnica pedagogica "marconiana" che tanta fama mi ha dato nei colloqui di psicologia dove uso molto Freud, molto Fromm, molto Luria, e tant'altro ancora:
"Ed il machete non era affilato, affinché tardasse di più a tagliare. Ed inoltre era ben ossidato, affinché la ferita si infettasse."
La Toña, inorridita, aspetta un finale felice.
"E dopo?".
"E dopo cosa?"
"Cioè, e dopo come va a finire il racconto."
"Ah bueno, risulta che poi fecero alla bambina molte iniezioni affinché non le venisse l'infezione. E tan-tan."
"Tan tan? Urrr, Sup, ho capito che non servono i tuoi racconti."
"Certo che servono", gli dico mentre le intimo di abbandonare la baracca.
"Grazie tante, tieniti pure quella signora spogliata, tanto non ci sono popcorn", dice la Toñita ritirandosi.
Ma la cosa non finisce lì. La riunione che ebbi coi compagni del Comitato finì. Di ritorno, preparando il mio zaino per muoverci verso l'accampamento, mi rendo conto che non c'è più il mio machete.
"La Toña", pensai subito e la mandai a chiamare.
"Senti Toñita, non trovo il mio machete, non l'hai mica per caso visto da qualche parte?"
"No, ma ti racconto una storia", rispose la Toñita.
"C'era una volta una bambina molto bella, come me, e che si chiamava la Toñita, come me. E c'era allora un Subcomandante mooolto brutto, che gli voleva tagliare la testa con il suo machete"
"E perché gli voleva tagliare la testa?", la interruppi, tentando inutilmente di recuperare il controllo della situazione.
"Vallo a sapere", rispose la Toñita, "credo che così la pensasse. Ed allora successe che la bambina si mise nascosta nella baracca di quel Subcomandante. E poi afferrò il machete del Subcomandante, cioè quello che fu suo, e lo buttò nella latrina. E tan-tan" La Toñita disse il "tan-tan" che era già molto lontana dalla mia portata.
Cosicché credo che so già dov'è finito il mio machete. Ora manca solo di recuperarlo, qualcuno si offre di volontario o volontaria?
Tan-Tan.

Subcomandante Insurgente Marcos



Parti precedenti:
I. Primer Viento: una digna juventud rabiosa y primier cuento para nadie
II. Segundo Viento: un digno y rabioso empeño y segundo cuento para nadie

2 commenti:

  1. strepitosa Tonita...
    non puoi farla in barba ai bambini....
    hahahahaaaa...
    e poi è vero il fatto
    che non si capisce che lavoro fanno i politici e x cui debbano pagarsi tanto....
    io li manderei tutti a lavorare nei campi....
    e con la paga base.. molto base....
    mah... lasciamo stare va che è venerdì... ciao R.

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  2. Cara Roby,
    i politici - di professione - non dovrebbero neppure esserci. E non dovrebbero essere retribuiti tanto. Addirittura in alcuni casi non dovrebbero esserlo affatto.
    Ma se si osa fare un discorso del genere, subito si è tacciati di demagogia, populismo, qualunquismo, etc...
    Ciao, D.

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