La hora de los pequeños

El regreso de...

Para Don Emilio Krieger, que estuvo con los pequeños siempre.
Para los niños de "El Molino" (del Frente Popular Francisco Villa) que perdieron sus casas en un incendio.

En el buzón de tiempo hay alegrías
que nadie va a exigir / que nadie nunca
reclamará / y acabarán marchitas
añorando el sabor de la intemperie
y sin embargo / del buzón de tiempo
saldrán de pronto cartas volanderas
dispuestas a afincarse en algún sueño
donde aguarden los sustos del azar.
Mario Benedetti.

Llueve apenas una brisa húmeda y fría. Sin embargo, tanto y tan fuerte ha sido el golpeteo de la lluvia sobre la montaña en los días anteriores, que le ha dejado no pocas abolladuras y hay cicatrices que le arruinan toda la falda. Pero bueno, después de tormenta tanta, esta llovizna se agradece. Es tiempo de lluvia. Tiempo de los pequeños.
Un hombre bueno ha muerto. ¿Qué se dice cuando un hombre bueno ha muerto? Unos niños, que sin miedo ayer abrieron sus casas para recibir a mil ciento once sin rostros, han perdido su casa. ¿Qué se dice cuando un niño pierde su casa? Nada se dice, sólo se calla. Porque muchas veces los dolores son para callarse. Sin embargo, intentando un alivio, los pequeños de este lado del cerco tienden sus puentes como manos hasta donde falta el hombre bueno y hasta donde faltan puertas y ventanas para abrirse al otro olvidado y pequeño, al otro digno y rebelde. Para acompañar se tienden, para estar cerca, para no olvidar. Tal vez por eso, sin prisa, la sombra afila con ternura el primer dos de la cuarta epístola, buscando que arranque una sonrisa entre tanto dolor como allá se duele.
Allá abajo la vela reitera su vocación de faro para ese marinero en la montaña que, extraviado, navega las sombras de la madrugada. Sí, vayamos, pero tenga usted cuidado con el lodo y esos charcos. ¿Va usted despacio? Bueno, me adelanto y desde allá dentro le voy avisando. Bien, aquí estoy. Sí. Está de nuevo la sombra sola. No... Un momento... Parece que hay alguien más... ¡Esa vela que no deja de agitarse! No, no alcanzo a ver quién más está, pero es evidente que hay alguien porque la sombra le habla. No, más bien le niega, porque no hace sino repetir "no, no y no". Deje y me voy a aquella esquina para ver mejor. Ya está. Mmhh. Creo que nuestra sombra predilecta ha enloquecido. ¡No se ve nadie alrededor! Y él con su "no, no y no". En fin, era de esperarse, tanta lluvia y tanta madrugada acaban por enloquecer a cualquiera. ¿Qué? ¡Pero si ya le dije que no hay nadie! ¿Que me acerque? ¿Y si me ve? Bueno, sí, despacio y con discreción. No, le insisto, no hay nadie. ¡Un momento! ¡Espere! Sí, ya distingo algo... ¡Ahí, en un rincón! ¡Sí! ¡Que alivio! No se ha vuelto loco, no. Lo que pasa es que era tan pequeño que no lo notaba... ¿Qué? ¿Que con quién habla? Bueno, pues... verá usted... ¿de veras quiere saberlo? ¿Si? Pues... pues... ¡con un escarabajo!

video

...¡DURITO!

Carta 4a.

- ¡No, no y no! - le digo a Durito por enésima vez.
Sí, Durito ha regresado. Pero antes de explicarles mi "no" reiterado, debo contaros la historia completa.
Cuando la otra madrugada la lluvia formó un arroyo que se metió justo en medio de la champa, llegó Durito a bordo de una lata de sardinas que tenía un lapicero en medio y, en él, un pañuelo o algo así, que después lo sabría, era una vela. En la parte más alta del palo mayor, perdón, del lapicero, ondeaba una bandera negra con un cráneo feroz reposando sobre un par de tibias cruzadas. No era propiamente un barco pirata, pero sí, al menos, una lata de sardinas pirata. El caso es que el barco, o sea la lata, fue a dar justo al pie de la mesa, y lo hizo con tal estrépito que Durito salió volando y fue a aterrizar justo en mi bota. Como pudo se recompuso Durito y exclamó:
- El día hoy... el día de hoy... - voltea a verme y me dice: - ¡Eh tú, nariz de zanahoria! ¡Decidme presto la fecha!
Yo titubeo, un poco por las ganas de darle un abrazo a Durito pues ha regresado, otro poco por las ganas de darle una patada por lo de "nariz de zanahoria", y otro más por... por... ¿la fecha?...
- ¡Sí! La fecha. Es decir, día, mes y año en curso. ¡Despierta mentecato, que parece que estás en el debate de los presidenciables! ¡Dadme la fecha!.
Yo miro el reloj y digo: - 12 de octubre de 1999
-
¿12 de octubre? ¡A fe mía que la naturaleza imita al arte! Bien. El día de hoy, 12 de octubre de 1999, declaro descubierta, conquistada y liberada esta hermosa isla caribeña que responde al nombre de... de... ¡Rápido, el nombre de la isla!
- ¿Qué isla? - pregunto yo aún desconcertado.
- ¿Cómo que qué isla, so mentecato? ¡Pues ésta! ¿Y cuál va a ser? No hay pirata que se precie de serlo sin una isla para esconder el tesoro y las penas...
- ¿Isla? Yo siempre pensé que era un árbol, una ceiba para ser más preciso -digo mientras me asomo a la orilla del tupido copete.
- Pues te engañas, es una isla. ¿Dónde se ha oído que un pirata desembarque en una ceiba? Así que decidme el nombre de esta isla o tu destino será servir de almuerzo a los tiburones -dice Durito amenazando.
- ¿Tiburones? - digo yo, tragando saliva. Y alego tartamudeando: - No tiene nombre...
- "No tiene nombre". Mmh. A fe mía que es un nombre harto digno para una isla pirata. Bueno, el día de hoy, 12 de octubre de 1999, declaro descubierta, conquistada y liberada la isla de "No tiene nombre" y nombro a este individuo de obvia nariz mi contramaestre, primer oficial, grumete y vigía.
Yo trato de obviar tanto el insulto como la multitud de cargos conferidos, y digo:
- De modo que... ¡ahora eres un pirata!
- "Un pirata". ¡Que no! ¡Soy EL PIRATA!
Hasta ahora reparo en la figura de Durito. Un parche negro le adorna el ojo diestro, una pañoleta roja le cubre la cabeza, en uno de sus múltiples brazos un alambrito retorcido la hace de garfio, y en otro reluce la varita que hace tiempo era Excalibur, ahora no estoy seguro, pero debe ser una especie de espada, sable, o lo que sea que usen los piratas. Además, amarrado a una de las varias patitas lleva un pedacito de rama como si fuera... como si fuera... mmh... ¡una pata de palo!
- Y bien, ¿qué te parece? - dice Durito mientras se da media vuelta para que se aprecien todas las galanuras que se ha confeccionado para su traje de pirata.
Con cuidado le pregunto: - ¿Así que ahora te llamas...?
- ¡Black shield! - dice Durito pomposo, y agrega: - Pero puedes poner Escudo negro, para los que no están globalizados.
- ¿Escudo negro?, pero...
- ¡Claro! ¿No hubo un Barbarroja y un Barbanegra?
- Bueno, sí, pero...
- ¡No hay pero que valga! ¡Yo soy Escudo Negro! ¡Comparado conmigo Barbanegra con trabajos llega al gris, y el tal Barbarroja queda más desteñido que tu viejo paliacate"
Durito ha dicho esto blandiendo espada y garfio al mismo tiempo. Parado ahora en la proa de su lata de sardi..., perdón, de su embarcación, empieza a declamar la canción del pirata...
- "Con diez cañones por banda..."
- Durito.... -trato de llamarlo a la cordura.
- "Viento en popa en toda vela..."
- Durito...
-
"No corta el mar sino vuela..."
- ¡Durito!
- ¿Qué? ¿Algún galeón real se encuentra a nuestro alcance? ¡Pronto! ¡Desplegad velas! ¡Preparad el abordaje!
- ¡Durito!
- grito ya desesperado.
- Calma, no grites que pareces bucanero desempleado. ¿Qué te pasa?
- ¿Podrías decirme en dónde has estado, de dónde vienes, y qué te trae por estas tierras, perdón, islas? -
pregunto ya más tranquilo.
- He estado en Italia, en Inglaterra, en Dinamarca, en Alemania, en Francia, en Ginebra, en Holanda, en Bélgica, en Suecia, en la península ibérica, en Islas Canarias, en la Europa toda -Durito ha dicho todo repartiendo ademanes a diestra y siniestra.
- En Venecia comí con Dario una de esas pastas que tanto entusiasman a los italianos y que a mí me dejan i-n-a-m-o-v-i-b-l-e.
- ¡Un momento! ¿Qué Dario? ¿No querrás decir que estuviste comiendo con Dario...?
- Sí, Dario Fo. Bueno, comiendo, comiendo, no. El comía, yo lo miraba comer. Porque mira, esos espaguetis a mí me dan dolor de estómago, y más cuando les ponen "pasto".
- Pesto - le corrijo.
- "Pasto" o "pesto", pero sabe a zacate. Como te decía, llegué a Venecia procedente de Roma, después de escaparme de uno de los "Centri di Detenzione Temporanea
(per Immigrati)", que son una especie de campos de concentración, donde las autoridades italianas aíslan, antes de expulsarlos del país, a todos los que provienen de otros países y, por lo tanto, son "otros diferentes". Salir no fue fácil, hube de encabezar un motín. Claro que fue fundamental el apoyo de esos hombres y mujeres que en Italia están en contra de este racismo institucionalizado. Bueno el caso es que Dario quería que le ayudara con algunas ideas para una obra de teatro y no tuve corazón para decirle que no.
- Durito...
- Después me fui a la marcha contra la ONU por la guerra en Kosovo.
- Será contra la OTAN...
- Es lo mismo. El caso es que, luego de una serie de peripecias, me embarqué rumbo a la Isla de Lanzarote.
- ¡Un momento! ¿La Isla de Lanzarote? ¿No es donde vive José Saramago?
- Sí, bueno, yo le digo Pepe. El caso es que Pepe me invitó un café para que le comentara sobre mis experiencias en la Europa del Euro. Fue magnífico...
- Sí, me imagino que habrá sido magnífico platicar con Saramago...
- No, me refiero al café que nos preparó la Pilarica. Realmente hace un café magnífico.
- ¿Te refieres a Pilar del Río?
- La misma.
- De modo que un día comes con Dario Fo y otro día tomas café con José Saramago.
- Sí, en esos días me codeaba con puros premios Nobel. Pero te decía que con Pepe tuve una fuerte discusión.
- ¿Y el motivo?
- Pues el prólogo ese que escribió para mi libro. Me pareció de muy mal gusto que a mí, el grande y ecuánime Don Durito de La Lacandona, me redujera al mundo de los coleópteros lamelicórneos".
(Durito se refiere al prólogo de José Saramago al libro Don Durito de La Lacandona. Ed. CIACH A.C.)
- ¿Y en qué quedó la discusión?
- Bueno, pues lo reté a duelo, tal y como mandan las leyes de la andante caballería.
- ¿Y...?
- Y nada, que vi que a la Pilarica se le rompía el alma, pues era obvio que yo habría de vencer, y lo perdoné...
- ¿Tú perdonaste a José Saramago?

- Bueno, no totalmente. Para que olvide yo la afrenta, deberá él venir a estas tierras y declarar a voz en cuello el siguiente parlamento: "Escuchad todos. Temblad tiranos. Suspirad doncellas. Alegraos infantes. Regocijaos los tristes y menesterosos. Escuchad todos. Que anda de nuevo sobre estos suelos el siempre grande, el portentoso, el inigualable, el bien amado, el esperado, el onomatopéyico, el más mejor de los andantes caballeros, Don Durito de La Lacandona".
- ¿Tú obligaste a José Saramago a venir a México a decir esas... esas... esas cosas?
- Sí, a mí también me parece un castigo ligero. Pero después de todo es un premio Nobel, y tal vez necesite alguien que haga el prólogo de mi próximo libro.
- ¡Durito! - lo reconvengo, y agrego: - Bueno, pero cómo fue que te convertiste en pirata, perdón en EL PIRATA.
- La culpa la tuvo el Sabina... - dice Durito como si hablara de un compañero de juerga.
- ¿O sea que también viste a Joaquín Sabina?
- ¡Y claro! Quería que le ayudara con los arreglos musicales para su próximo disco. Pero no me interrumpas. El caso es que estábamos el Sabina y yo correteando bares y féminas en Madrid, cuando llegamos a Las Ramblas.
- ¡Pero eso está en Barcelona!
- Sí, ahí está el misterio. Porque unos momentos antes estábamos en una Tasca en Madrid, embobados con una hembra de piel de aceituna, andaluza de Jaén para más señas, y entonces tuve que ir a satisfacer una de las necesidades biológicas que llaman "primarias". He aquí que me equivoco de puerta y, en lugar de la del water, abrí la de la calle. Y resulta que estaba en Las Ramblas. Sí, ya no había ni Madrid, ni Sabina, ni tasca, ni piel aceitunada, pero yo seguía necesitando un "water", porque un caballero no puede andar haciendo esas cosas en cualquier rincón. Ergo, busqué un bar, tratando de acordarme de cuando anduve callejeando con Manolo...
- Imagino que te refieres a Manuel Vázquez Montalbán -pregunto ya dispuesto a no asombrarme de nada.
- Sí, pero es un nombre demasiado largo, así que yo le digo sólo Manolo. Entonces buscaba yo angustiado, inquieto y afanoso, un lugar con un water, cuando aparecen frente mío, en una oscura callejuela, tres sombras gigantescas...
- ¡Bandidos - interrumpí sobresaltado.
- Negativo. Eran tres botes de basura, a cuya sombra yo calculé que podía hacer, con intimidad y discreción, lo que pensaba hacer en el water. Y así lo hice. Ya con la satisfacción del deber cumplido, encendí la pipa y escuché con toda claridad las 12 campanadas del Big Ben.
- Pero Durito, eso está en Londres, Inglaterra
...
- Sí, a mí también me pareció extraño, pero ¿qué no lo era en esa noche? Caminé hasta que llegué frente a un letrero que decía: "Piratas. Se necesitan. No se requiere experiencia previa. Preferencia a Escarabajos y Caballeros andantes. Informes en el bar de "La Mota Negra" - Durito enciende su pipa y continúa:
- Seguí caminando, buscando el letrero de "La Mota Negra". Caminé a tientas, apenas adivinando esquinas y muros, tan cerrada era así la niebla que caía esa madrugada sobre los callejones de Copenhague...
- ¿Copenhague? ¿Pero no estabas en Londres?
- Mira, como me vuelvas a interrumpir con obviedades, te mando a la plancha y de ahí a los tiburones. Ya te dije que todo era muy extraño, y si el letrero solicitando piratas lo leí en Londres, ya estaba buscando el bar "La Mota Negra" en Copenhague, Dinamarca. Me perdí unos momentos en los jardines del Tívoli, pero seguí buscando. De pronto, en una esquina, lo encontré. Una luz mortecina destilada de un solitario farol, apenas rasguñaba la niebla e iluminaba un letrero que anunciaba: "La Mota Negra. Bar & Table Dance. Descuento Especial para Escarabajos y Caballeros Andantes". No sin antes apreciar la alta estima y simpatía que tienen en Europa por los escarabajos y los caballeros andantes...
-Será porque no los padecen...
- murmuré apenas.
- No creas que se me escapa la ironía de tus murmuraciones - dice Durito - Pero en bien de tus lectores, continuaré con mi narración. Ya habrá tiempo de ajustar cuentas con vos. Decía que, después de apreciar la grande inteligencia de los europeos para reconocer y admirar la grandeza que algunas seres poseemos, entré en este bar del barrio de Montmartre, cerca del Sacré-Coeur...
Durito guarda silencio un momento, esperando a que yo lo interrumpa diciendo que eso está en el París francés, pero nada digo. Durito asiente con satisfacción y continúa:
- Ya dentro una neblina morada invadía el ambiente, me senté en una mesa en el rincón más oscuro. No pasó ni un segundo para que un mesero, en perfecto alemán, me dijera: "Bienvenido a Berlín Oriental" y, sin decir más, me dejó lo que supuse era la carta o menú, lo abrí y una sola sentencia lo componía: "Piratas en ciernes, segundo piso". Subí por una escalera que estaba justo a mis espaldas. Llegué a un largo pasillo flanqueado por algunas ventanas. Por una de ellas se podían apreciar los canales y los 400 puentes que levantan Amsterdam sobre las 90 islas. A lo lejos se apreciaba la Torre Blanca, que les recuerda a los griegos de Salónica los extremos de la intolerancia. Siempre por el pasillo, más adelante, otra ventana daba vista al curvado copete del Matterhorn suizo. Más allá, se adivinaban las piedras milagrosas del irlandés Castillo de Blarney, que dan a quien las besa el don de la palabra. A mano izquierda, se alzaba el campanario de la Plaza Mayor de Brujas, en Bélgica. Siguiendo el pasillo, antes de llegar a una puerta desvencijada, una ventana miraba hacia a la Piazza dei Miracoli, y alargando un poco la mano se podía tocar el desfallecido inclinarse de la Torre de Pisa. Sí, ese pasillo se asomaba a media Europa, y no me hubiera sorprendido que en la puerta hubiera un letrero que rezara "Bienvenidos al Tratado de Maastricht". Pero no, la puerta no tenía ni un letrero. Es más, no tenía ni picaporte. Toqué y nada. Empujé la pesada hoja de madera y ésta cedió sin problema. Un lúgubre rechinido acompañó el abrirse de la puerta... Entré así a un cuarto que se encontraba parcialmente a oscuras. Al fondo, sobre una mesa llena de papeles, un quinqué mal alumbraba la cara de un hombre de edad indefinida, un parche le cubría el ojo diestro y un garfio hacía de mano que le mesaba las lenguas barbas. La mirada del hombre estaba fija en la mesa. No se oía nada y el silencio era tan denso, que se pegaba como polvo en la piel..." - Durito se sacude el polvo de su traje de Pirata.
- He ahí un pirata, me dije, y avancé hacia la mesa. El hombre ni se inmutó. Yo tosí un poco, que es como los caballeros educados hacemos para llamar la atención. El pirata no levantó la vista. En lugar de eso, un lorito (que hasta entonces noté sobre su hombro izquierdo) empezó a declamar, con tan notable entonación que hasta Don José de Espronceda aplaudiría, esa que dice: "Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar sino vuela, un velero bergantín". "Siéntese", dijo, no sé si el hombre o el lorito, pero el pirata o el que yo suponía pirata me extendió un papel sin mediar palabra alguna. Lo leí. No aburriré a tus lectores ni a ti, así que en resumen te digo que se trataba de una solicitud de ingreso a la "Gran Confraternidad de Piratas, Bucaneros y Terrores Marinos, A.C. de C.V. de R.O.". La llené sin dilación, no sin antes subrayar mi condición de escarabajo y caballero andante. Entregué la hoja al hombre y éste la leyó en silencio. Al terminar, despacio me miró con su único ojo y me dijo: "Lo esperaba Don Durito. Sepa usted que soy el último de los piratas verdaderos que vive en el mundo. Y digo lo de "verdaderos" porque ahora hay infinidad de "piratas" que roban, matan, destruyen y saquean desde los centros financieros y los grandes palacios gubernamentales, sin tocar más agua que la de la tina. Aquí está su misión (me entrega un legajo de pergaminos viejos). Encuentre usted el tesoro y póngalo a buen recaudo. Ahora discúlpeme, pero tengo que morirme". Y al decir esto último, dejó caer la cabeza sobre la mesa. Sí, estaba muerto. El lorito levantó vuelo y se salió por una ventana diciendo: "Paso al exiliado de Mitilene, paso al hijo bastardo de Lesbos, paso al orgullo del mar Egeo. Abrid vuestras 9 puertas temido infierno, que allá va a descansar el grande Barbarroja. Ha encontrado quien le siga los pasos y duerme ahora quien hizo del océano apenas una lágrima. Con Escudo Negro navegará ahora el orgullo de los Piratas verdaderos". Bajo la ventana se extendía el puerto sueco de Göteborg y a lo lejos un nyckelharpa lloraba...
- ¿Y tú qué hiciste? - pregunté, ya metido de lleno en la historia (aunque un poco mareado por tantos nombres de sitios y localidades).
- Sin abrir siquiera el legajo de pergaminos, volví sobre mis pasos. Recorrí de vuelta el pasillo y bajé al bar-table dance, abrí la puerta y salí a la noche, justo en el paseo de Pereda, en Santander, en el Mar Cantábrico. Enderecé hacia Bilbao, entrando a Euskal Herria. Vi a jóvenes bailar Eurresku y Ezpatadantza al compás del txistu y el tamboril, cerca de Donostia-San Sebastián. Monté sobre los Pirineos y retomé el río Ebro entre Huesca y Zaragoza. Ahí me las ingenié para hacerme de una embarcación y seguí hasta la delta en la que el Mediterráneo recibe al Ebro, en medio del rugido del Vent de Dalt. A pie remonté a Tarragona y de ahí a Barcelona, pasando por donde se dio la famosa Battla de Montjoïc. - Durito hace una pausa como para tomar impulso.
- En Barcelona embarqué en un carguero que me llevó a Palma de Mallorca. Enrumbamos al sureste, bordeando Valencia y, más al sur, Alicante. Avistamos Almería y, lejos, Granada. En la Andalucía toda, un cante flamenco rodaba palmas, guitarras y tacones. Una zambra gigantesca nos acompañó hasta que, después de doblar por Algeciras, cruzamos Cádiz y en la desembocadura del Guadalquivir, "voces de muerte sonaron" viniendo de Córdoba y Sevilla. Un cante jondo llamaba "Duérmete ya, Durito, hijo dilecto del mundo, deja tu andar sin rumbo, y para tu paso bonito". Todavía alcanzamos a avistar Huelva, y después nos dirigimos a las 7 islas mayores de las Canarias. Ahí recalamos y junté un poco de sabia del árbol que llaman Drago, buena, dicen, para males de cuerpo y alma. Así fue como me llegué a la Isla de Lanzarote y tuve con don Pepe el altercado que ya te referí.
- ¡Uff! Largo has andado - digo, cansado por el solo relato del periplo de Durito.
- ¡Y lo que me falta! - dice él, ufano.
- Yo pregunté: Entonces, ¿ya no eres caballero andante?
- ¡Claro que sí! Lo de pirata es pasajero. Sólo mientras cumplo la misión que me encomendó el difunto Barbarroja.
Durito se me queda viendo.
Yo pienso: "siempre que Durito se me queda viendo así es porque... porque...".
- ¡No! - le digo.
- ¿No qué?, si no te he dicho nada - dice Durito fingiendo sorpresa.
- No, no me has dicho nada, pero nada bueno significa esa mirada. Lo que sea que me vayas a decir, mi respuesta es "no". Bastante problemas tengo como guerrillero, como para que ahora me meta de bucanero. ¡Y no estoy tan loco como para embarcarme en una lata de sardinas!
- "Pirata", y no "bucanero". No es lo mismo, mi querido y narizón grumete. Y no es una lata de sardinas, es una fragata y se llama "Pon tus barbas a remojar"
Yo obvio el insulto y replico:
- ¿Pon tus barbas a remojar? Mmh, extraño nombre. Pero en fin, "Bucanero" o "Pirata", lo que sea significa problemas.
- Como quiera, antes de cualquier cosa, debes cumplir con tu deber -
dice Durito solemne.
- ¿Mi deber? - pregunto bajando la guardia.
- Sí, debes comunicar a todo el mundo la buena nueva.
- ¿Cuál "buena nueva"?

- Pues que he regresado. Y no ha de ser uno de esos largos, densos y aburrido comunicados con los que torturas a tus lectores. Es más, para no correr riesgos, aquí traigo redactado el texto - dicho esto, Durito saca de una de sus bolsas, un papel.
Yo leo y vuelvo a leer. Volteo a ver a Durito y empiezo con el "no, no y no" que inicia este relato.
Para no aburrirlos demasiado, les diré que Durito pretendía que yo sacara una carta o comunicado, con la sociedad civil nacional e internacional como destinatarios, anunciándoles que Durito estaba ya de regreso.
Por supuesto que me negué, pues tenía yo que responder la carta que nos mandan quienes participan en la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos (Ccidoldh), solicitando que les otorguemos la misma confianza que les dimos en 1998, que los recibamos y que les demos nuestra palabra, pues vendrán a una nueva visita en fecha próxima. Va pues:

Ejército Zapatista de Liberación Nacional

A la Comunidad Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos.

Hermanos y hermanas:
A nombre de los niños, mujeres, hombres y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y de las comunidades indígenas en resistencia, les comunicó que será un honor para nosotros que visiten estas tierras. Tienen nuestra confianza, serán tratados con el respeto que merecen como observadores internacionales y no tendrán, de nuestra parte, ningún impedimento para su labor humanitaria. Tendremos también mucho gusto en platicar con ustedes. Los esperamos.
Vale. Salud y os recuerdo que acá, además de la dignidad, abunda el lodo.
Desde la isla "No tiene nombre", perdón. Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos

México, Fragata "Pon tus barbas a remojar".
Ojo: siguen posdatas.

P.D. Que da su mano a torcer. Resulta que, después de mi reiterada negativa, Durito me convenció ofreciéndome una parte del tesoro. Sí, hemos revisado los pergaminos y viene un mapa del tesoro. Por supuesto que falta que los descifremos, pero la perspectiva de aventura es irresistible.
¿Y el texto de Durito? Después de una ardua negociación, acordamos que vaya como posdata. Ergo, sigue la...

P.D. Para la sociedad civil nacional e internacional.
"Señora:
Es para mí un honor comunicarle la super-duper
(así dice el texto de Durito) buena nueva, el regalo que hará el regocijo de chicos y grandes. ¡Que tiemblen los grandes centros financieros! ¡Que llegue el pánico a los palacios de los grandes y falsos señores! ¡Que festejen los de abajo! ¡Que las más bellas doncellas preparen sus mejores galas y suspiren las primaveras de sus vientres! ¡Que se descubran la cabeza los buenos hombres! ¡Que bailen alegres los infantes! ¡Ha regresado el más grande y mejor de los piratas (tachado en el original), perdón, de los andantes caballeros que en el mundo han sido! ¡Don Durito de La Lacandona! (copyrights reserved) (así dice el texto de Durito). ¡Albricias para la humanidad! Nuestro más sincero pésame para el neoliberalismo. Está aquí, ha regresado el grande, que digo 'grande', el gigante, el maravilloso, el superlativo, el hiper-mega-plus, el supercalifragilísticoespialidoso (así dice el texto de Durito), el único, el inigualable, él. EL, ¡Don Durito de La Lancandona! ¡Sííííí! (así dice el texto de Durito)".
Fin del texto de Durito (del cual me deslindo totalmente).
Bueno pues. Ya regresó Durito. (Suspiro). No sé por qué me empezó a doler la cabeza.
Vale. Salud y ¿alguien tiene una aspirina?

El Subpirata (guapísimo con su parche en el ojo derecho) (albureros, abstenerse).



L'ora dei piccoli

Il ritorno di...

Per Don Emilio Krieger, che è stato sempre con i piccoli.
Per i bambini di "El Molino" (del Fronte Popolare Francisco Villa) che hanno perso le loro case in un incendio.

Nella cassetta delle lettere del tempo ci sono allegrie
che nessuno vuole esigere / che nessuno mai
reclamerà / e finiranno appassite
rimpiangendo il sapore delle intemperie
e senza alcun dubbio / dalla cassetta delle lettere del tempo
partiranno presto le lettere effimere
disposte a radicarsi in qualche sogno
dove si custodiscono gli spaventi della sorte.
Mario Benedetti

Piove appena una brezza umida e fredda. Davvero così tanto forte è stato il picchiettio della pioggia sulla montagna nei giorni scorsi, che le ha lasciato non poche ammaccature e ci sono cicatrici che le rovinano tutta la gonna. Però bene, dopo tanta tormenta, questa pioggerella è gradevole. È tempo di pioggia. Tempo dei piccoli.
Un uomo buono è morto. Che si dice quando un uomo buono muore? Alcuni bambini, che ieri avevano aperto senza paura le loro case per ricevere mille cento undici senza volto, hanno perso la loro casa. Che si dice quando un bambino perde la sua casa? Niente si dice, solo si tace. Perché molte volte i dolori sono da tacere. Allora, tentando di alleviare il dolore, i piccoli di questo lato dell'accerchiamento tendono i loro ponti come mani fino a dove manca l'uomo buono e fino a dove mancano porte e finestre che si aprano all'altro dimenticato e piccolo, all'altro degno e ribelle. Si tendono per accompagnare, per stare vicino, per non dimenticare. Qualche volta perciò, senza fretta, l'ombra s'infila con tenerezza nella prima parte della quarta epistola, cercando di strappare un sorriso tra tanto dolore che là duole.
Laggiù la candela ribadisce la sua vocazione di faro per questo marinaio della montagna che, perduto, naviga nelle ombre del mattino presto. Sì, andiamo, però lei faccia attenzione con il fango e quelle pozzanghere. Va piano lei? Bene, io la precedo e da là dentro la avviserò. Bene, sono qui. Sì. C'è di nuovo quell'ombra sola. No... Un momento... Sembra che ci sia qualcun altro... Questa candela che non smette di agitarsi! No, non riesco a vedere chi altro c'è, ma è evidente che c'è qualcuno, perché l'ombra gli parla. No, anzi rifiuta, perché non fa che ripetere "no, no e no". Poi tace e io vado verso quell'angolo per vedere meglio. Eccola. Mmhh. Credo che la nostra ombra prediletta sia impazzita. Non si vede nessun altro intorno! Solo lui con il suo "no, no e no". Insomma, c'era da aspettarselo, tanta pioggia e tante albe finiscono per far impazzire tutti. Che? Ma se le ho già detto che non c'è nessuno! Mi devo avvicinare? Così vedo meglio? Bene, sì, piano e con discrezione. No, insisto, non c'è nessuno. Un momento! Aspetti! Sì, distinguo qualcosa... Lì, in un angolo! Sì! Che sollievo! Non è diventato pazzo, no. E' che è così piccolo che non lo si notava... Che? Con chi parla? Bene,... lo vedrà pure lei... davvero vuole saperlo? Si? Insomma... vabèh... con uno scarabeo!



Durito!

Lettera 4ª

- No, no e no! - dico a Durito per l'ennesima volta.
Sì, Durito è ritornato. Però prima di spiegarvi il mio "no" reiterato, devo raccontarvi la toria completa.
Quando l'altro mattino all'alba la pioggia aveva formato un ruscello che si è messo a scorrere giusto in mezzo alla capanna, è arrivato Durito a bordo di una scatoletta di sardine che aveva una matita in mezzo e, attaccato, un fazzoletto o qualcosa del genere, che ho saputo dopo, era una vela. Nella parte più alta del palo maggiore, pardon, della matita, ondeggiava una bandiera nera con un cranio feroce che riposava su un paio di tibie incrociate. Non era proprio un nave pirata, però sì, era insomma, una scatoletta di sardine pirata. Vuole il caso che la nave, ossia la scatoletta, abbia colpito giusto il piede del tavolo e lo ha fatto con in tale strepito che Durito se n'è volato via ed è atterrato giusto sul mio scarpone. Come ci riesce, Durito si ricompone ed esclama:
- Il giorno d'oggi... oggi... - si volta a guardarmi e mi dice: - Ehi tu, naso di carota! Dimmi subito la data!
Io ho un attimo di dubbio, un po' per la voglia di abbracciare Durito dato che è tornato, un po' per la voglia di dargli una pedata per il "naso di carota", e per altro ancora per... per... la data?...
- Sì! La data. Cioè, giorno, mese e anno in corso. Svegliati mentecatto, sembra che tu sia al dibattito per i presidenziabili! Dimmi la data!
Io guardo l'orologio e dico: - 12 ottobre 1999
- 12 ottobre? In fede mia come la natura imita l'arte! Bene. Oggi, 12 ottobre 1999, dichiaro scoperta, conquistata e liberata questa bella isola caraibica che risponde al nome di... di... Svelto, il nome dell'isola!
- Che isola? - chiedo io ancora sconcertato.
- Come che isola, mentecatto? Insomma questa! Quale può essere? Non c'è pirata che può dirsi tale senza un'isola per nascondere il tesoro e le pene...
- Isola? Io ho sempre pensato che fosse un albero, una seiba per essere più precisi - dico mentre mi affaccio al bordo della gonfia chioma.
- Visto che ti sbagli, è una isola. Dove si è sentito che un pirata sbarchi su una seiba? Allora mi vuoi dire il nome di quest'isola o il tuo futuro sarà servire da colazione agli squali - dice Durito minaccioso.
- Squali? - dico io, inghiottendo saliva. E aggiungo tartagliando: - Non ha nome...
- "Non ha nome". Mmh. In fede mia, è un nome molto degno per una isola pirata. Bene, oggi, 12 ottobre 1999, dichiaro scoperta, conquistata e liberata l'isola "Non ha nome" e nomino questo individuo di ovvio naso mio nostromo, primo ufficiale, mozzo e vedetta.
Io cerco di non far caso sia all'insulto che alla moltitudine di incarichi conferiti, e dico:
- Ma allora... adesso sei un pirata!
- "Un pirata". No! Sono IL PIRATA!
Però adesso devo spiegare la figura di Durito. Una benda nera gli copre l'occhio destro, un fazzoletto rosso gli copre la testa, ad uno dei suoi molteplici bracci un pezzettino di ferro ritorto gli fa da uncino e in un altro splende il bastoncino che tempo fa era Excalibur, adesso non sono sicuro, ma potrebbe essere una specie di spada, o di sciabola, di quelle che usano i pirati. Inoltre, legato ad una delle varie zampette porta un pezzettino di ramo come se fosse... come se fosse... mmh... una gamba di legno!
- Bene, che te ne sembra? - dice Durito mentre fa mezzo giro su se stesso perché possa apprezzare tutta l'eleganza con cui ha confezionato il suo abito da pirata.
Con attenzione gli chiedo: - Così adesso ti chiami...?
- Black shield! - dice Durito pomposamente ed aggiunge: - Però per quelli che non sono globalizzati può andare Scudo negro.
- Scudo negro?, ma...
- Chiaro! Non ci sono già stati un Barbarossa e un Barbanera?
- Bene, sì, però...
- Non c'è però che valga! Io sono Scudo Negro! Se li confronti a me Barbanera arriva solo al grigio e il tal Barbarossa è più scolorito del tuo vecchio paliacate"
Durito ha detto questo brandendo spada e uncino allo stesso tempo. Adesso fermo a prua della sua scatoletta di sardi..., pardon, della sua imbarcazione, inizia a declamare la canzone del pirata...
- "Con dieci cannoni per banda..."
- Durito.... - cerco di richiamarlo in senno.
- "Vento in poppa a tutta vela..."
- Durito...
- "Non taglia il mare ma vola..."
- Durito!
- Che cosa? Qualche galeone reale si trova a nostra portata? Presto! Dispiega le vele! Preparati all'abbordaggio!
- Durito! - grido già disperato.
- Calma, non gridare che sembri un bucaniere disoccupato. Che ti succede?
- Potresti dirmi dove sei stato, da dove vieni e che cosa ti ha portato in queste terre, pardon, isole? - chiedo già un po' più calmo.
- Sono stato in Italia, in Inghilterra, in Danimarca, in Germania, in Francia, in Ginevra, in Olanda, in Belgio, in Svezia, nella penisola iberica, nelle Isole Canarie, in tutta l'Europa - Durito mi risponde distribuendo sciabolate a destra e a manca.
- A Venezia ho mangiato con Dario una di quelle paste che tanto entusiasmano gli italiani e che mi lasciano i-n-a-m-o-v-i-b-i-l-e.
- Un momento! Quale Dario? Non vorrai dire che sei stato a mangiare con Dario...?
- Sì, Dario Fo. Bene, mangiando mangiando, no. Lui mangiava, io lo guardavo mangiare. Perché guarda, quegli spaghetti mi fanno venire mal di stomaco, e ancor di più quando ci mettono il "pasto".
- Pesto - lo correggo.
- "Pasto" o "pesto", sa solo di erbaccia. Come ti dicevo, sono arrivato a Venezia proveniente da Roma, dopo essere scappato da uno di quei "Centri di Detenzione Temporanea (per Immigrati)", che sono una specie di campo di concentramento, dove le autorità italiane isolano, prima di espellere dal loro paese, tutti quelli che provengono da altri paesi e, pertanto, sono "altri differenti". Uscire non è stato facile, ho dovuto capeggiare una rivolta. Chiaro: è stato fondamentale l'appoggio di quegli uomini e di quelle donne che in Italia sono contro questo razzismo istituzionalizzato. Bene, il caso ha voluto che Dario chiedeva che lo aiutassi con alcune idee per una sua opera di teatro e non ho avuto cuore di dirgli di no.
- Durito...
- Dopo sono stato alla marcia contro l'ONU per la guerra in Kosovo.
- Sarà contro la OTAN...
- È lo stesso. Fatto sta che, dopo una serie di peripezie, mi sono imbarcato in direzione dell'Isola di Lanzarote.
- Un momento! L'Isola di Lanzarote? Non è dove vive José Saramago?
- Sì, bene, io lo chiamo Pepe. Dato che Pepe mi ha offerto un caffè perché gli raccontassi le mie esperienze nell'Europa dell'Euro. È stato magnifico...
- Sì, immagino che sarà stato magnifico chiacchierare con Saramago...
- No, mi riferisco al caffè che ci ha preparato la Pilarica. Fa davvero un caffè magnifico.
- Ti riferisci a Pilar del Rio?
- Sì, proprio lei.
- Così un giorno mangi con Dario Fo e un altro prendi il caffè con José Saramago.
- Sì, in quei giorni giravo solo con puri premi Nobel. Però ti dicevo che con Pepe ho avuto una brutta discussione.
- E il motivo?
- Quello del prologo che ha scritto per il mio libro. Mi è parso molto di cattivo gusto che riducesse me, il grande e equanime Don Durito della Lacandona, al mondo dei coleotteri lamelleicornei". (Durito si riferisce al prologo di José Saramago del libro "Don Durito della Lacandona", Ed. CIACH A.C.)
- E com'è finita la discussione?
- Bene, dato che l'ho sfidato a sangue, così come dicono le leggi della cavalleria errante.
- E...?
- E niente, ho visto che alla Pilarica si sarebbe spezzato il cuore, dato che era ovvio che io avrei vinto, e così lo perdonai...
- Tu perdonasti José Saramago?
- Bene, non del tutto. Dato che non mi sono dimenticato dell'affronto, lui dovrà venire in queste terre e fare a voce spiegata la seguente dichiarazione: "Ascoltate tutti. Tremate tiranni. Sospirate donzelle. Allegri infanti. Festeggiate voi, tristi e indaffarati. Ascoltate tutti. Di nuovo per queste terre va il sempre grande, il portentoso, l'ineguagliabile, il benamato, l'insperato, l'onomatopeico, il migliore dei cavalieri andanti, Don Durito de La Lacandona".
- Tu hai fatto promettere a José Saramago di venire in Messico a dire queste...queste... queste cose?
- Sì, anche se mi sembra un castigo leggero. Però dopo tutto è un premio Nobel e magari è necessario che scriva il prologo del mio prossimo libro.
- Durito! - lo rimprovero, e aggiungo: - Bene, però com'è stato che ti sei trasformato in pirata, pardon nel PIRATA.
- La colpa è stata del Sabina... - dice Durito come se parlasse di un compagno di baldoria.
- Ossia hai visto pure Joaquín Sabina?
- Chiaro! Voleva che lo aiutassi con gli arrangiamenti musicali per il suo prossimo disco. Però non interrompermi. Il fatto è che stavamo il Sabina ed io andando a zonzo per bar e donne a Madrid, quando siamo arrivati alle Ramblas.
- Ma se le Ramblas sono a Barcellona!
- Sì, lì sta il mistero. Perché un momento prima eravamo in una Taverna di Madrid, imbambolati da una femmina dalla pelle oliva, andalusa di Jaén per darti un'idea, e io ho dovuto andare a soddisfare una di quelle necessità biologiche che chiamano "primarie". Ed è qui che sbaglio la porta e, al posto di quella del water, ho aperto quella della via. E salta fuori che ero nelle Ramblas. Sì, non c'erano più né Madrid, né Sabina, né taverna, né pelle d'oliva, però io continuavo ad aver bisogno di un "water", perché un cavaliere non può andare a fare quelle cose in un angolo qualsiasi. Ergo, ho cercato un bar, tentando di ricordarmi di quando ero andato a zonzo con Manolo...
- Immagino che tu ti riferisca a Manuel Vázquez Montalbán - chiedo disposto ormai a non stupirmi più di niente.
- Sì, però è un nome troppo lungo, così io lo chiamo solo Manolo. Allora stavo cercando angustiato, inquieto ed affannato, un luogo con un water, quando mi appaiono di fronte, in un oscuro vicolo, tre ombre gigantesche...
- Banditi - l'ho interrotto trasalendo.
- Negativo. Erano tre bidoni della spazzatura, alla cui ombra ho calcolato di poter fare, in intimità e con discrezione, ciò che pensavo di fare nel water. E così ho fatto. E con la soddisfazione del dovere compiuto, ho acceso la pipa ed ho ascoltato chiaramente le 12 scampanate del Big Ben.
- Ma Durito, se sta a Londra, in Inghilterra...
- Sì, anche a me è parso strano, però che cosa non era strano quella notte? Ho camminato fino ad arrivare di fronte ad una scritta che diceva: "Pirati. Si necessitano. Non si richiede esperienza previa. Preferenza a Scarabei e Cavalieri erranti. Informazioni nel bar "La Mota Nera" - Durito accende la sua pipa e continua:
- Ho continuato a camminare, cercando la scritta "La Mota Nera". Ho camminato a tentoni, indovinando appena angoli e muri, così tanto dura era la nebbia che cadeva quel mattino all'alba sui vicoli di Copenaghen...
- Copenaghen? Ma non eri a Londra?
- Guarda, se continui ad interrompermi con delle frasi così scontate, ti mando sulla plancia e di lì in bocca agli squali. Ti ho già detto che tutto era molto strano e dopo aver letto la scritta che sollecitava pirati a Londra, stavo già cercando il bar "La Mota Nera" in Copenaghen, Danimarca. Mi sono perso per un po' nei giardini di Tivoli, però ho continuato a cercare. Dopo poco, in un angolo, l'ho trovato. Una luce funerea distillata da un solitario lampione, appena graffiava la nebbia ed illuminava una scritta che annunciava: "La Mota Nera. Bar & Table-dance. Sconti Speciali per Scarabei e Cavalieri Erranti". Non senza aver prima apprezzato l'alta stima e simpatia che hanno in Europa per gli scarabei ed i cavalieri erranti...
- Sarà perché non li soffrono... - mormorai appena.
- Non credere che mi scappi l'ironia dei tuoi mormorii - dice Durito - Però per il bene dei tuoi lettori, continuerò con la mia narrazione. Verrà il tempo per aggiustare i conti con te. Dicevo che, dopo aver apprezzato la grande intelligenza degli europei nel riconoscere ed ammirare la grandezza che noi pochi esseri possediamo, sono entrato in questo bar del quartiere di Montmartre, vicino al Sacré-Coeur...
Durito sta in silenzio un momento, aspettando che io lo interrompa dicendo che è a Parigi in Francia, però io non dico niente. Durito assente con soddisfazione e continua:
- Dentro una nebbiolina invadeva l'ambiente, mi sono seduto ad un tavolo nell'angolo più scuro. Non è passato nemmeno un secondo che un cameriere, in perfetto tedesco, mi ha detto: "Benvenuto a Berlino Est" e, senza dire altro, mi ha lasciato quello che ho pensato fosse il menù, l'ho aperto ed era composto da una sola frase: "Pirati in erba, secondo piano". Sono salito per una scala che stava giusto alle mie spalle. Sono arrivato in un lungo corridoio fiancheggiato da alcune finestre. Per una di queste si potevano apprezzare i canali ed i 400 ponti che elevano Amsterdam sulle 90 isole. Da lontano si vedeva la Torre Bianca, che ricorda ai greci di Salonicco gli estremi dell'intolleranza. Sempre lungo il corridoio, più avanti, un'altra finestra dava sulla curva cupola del Matterhorn svizzero. Più in là, s'indovinavano le pietre miracolose del Castello irlandese di Blarney, che danno a chi le bacia il dono della parola. A sinistra, s'innalzava il campanile della Piazza Maggiore di Brujas, in Belgio. Seguendo il corridoio, prima di arrivare ad una porta sgangherata, una finestra guardava verso Piazza dei Miracoli e allungando un poco la mano si poteva toccare l'indebolito inclinarsi della Torre di Pisa. Sì, questo corridoio si affacciava su mezza Europa e non mi sarei sorpreso se sulla porta ci fosse stata una scritta che recitava "Benvenuti al Trattato di Maastricht". Però no, la porta non aveva nessuna scritta. E inoltre, non aveva nemmeno una maniglia. Ho bussato e niente. Ho spinto il pesante pannello di legno ed ha ceduto senza problema. Un lugubre cigolio ha accompagnato l'apertura della porta... Sono entrato così in una stanza che era parzialmente nell'oscurità. In fondo, su un tavolo pieno di carte, una lampada illuminava a malapena la faccia di un uomo d'età indefinita, una benda gli copriva l'occhio destro e un uncino gli faceva da mano e con questo si accarezzava le lingue di barba. Lo sguardo dell'uomo era fisso sul tavolo. Non udivo niente e il silenzio era tanto denso, che si incollava come polvere alla pelle..." - Durito si scuote la polvere dal suo abito da Pirata.
- Ecco lì un pirata, mi sono detto, avanzando verso il tavolo. L'uomo non si è mosso. Io ho tossicchiato, come facciamo noi cavalieri educati per richiamare l'attenzione. Il pirata non ha alzato lo sguardo. Invece, un pappagallo (che fino ad allora non avevo notato sulla sua spalla sinistra) ha iniziato a declamare, con una così bella intonazione che perfino Don José de Espronceda avrebbe applaudito, quel canto che dice: "Con dieci cannoni per banda, vento in poppa a tutta vela, non taglia il mare ma vola, una barca a vela brigantino". “Si sieda", ha detto, non so se l'uomo o il pappagallo, però il pirata o quello che io supponevo un pirata mi ha allungato un foglio senza proferire parola. L'ho letto. Non voglio annoiare i tuoi lettori né te, così riassumendo si trattava di una richiesta per entrare nella "Grande Confraternita di Pirati, Bucanieri e Terrori Marini, A.C. di C.V. di R.O.". L'ho compilata subito, sottolineando la mia condizione di scarabeo e di cavaliere errante. Ho consegnato il foglio all'uomo e questi l'ha letto in silenzio. Alla fine, mi ha guardato col suo unico occhio e mi ha detto: "Io la aspettavo Don Durito. Sappia lei che sono l'ultimo dei pirati autentici ancora in vita. E dico di quelli "autentici" perché adesso ci sono un'infinità di "pirati" che rubano, uccidono, distruggono e saccheggiano nei centri finanziari e nei grandi palazzi governativi, senza toccare altra acqua che quella della tinozza. Questa è la sua missione (e mi consegna un plico di pergamene vecchie). Trovi lei il tesoro e lo metta al sicuro. Adesso mi scusi, però devo morire". E dicendo questo, ha lasciato cadere la testa sopra la tavolo. Sì, era morto. Il pappagallo s'è alzato in volo e se n'è andato per la finestra dicendo: "Via libera all'esiliato di Mitilene, via libera al figlio bastardo di Lesbos, via libera all'orgoglio del mare Egeo. Apri le tue 9 porte temuto inferno, che là va a riposare il grande Barbarossa. Ha trovato chi continua i suoi passi e dorme adesso chi ha fatto dell'oceano appena una lacrima. Con Scudo Negro navigherà adesso l'orgoglio dei Pirati autentici". Sotto la finestra si stendeva il porto svedese di Göteborg e da lontano un nyckelharpa piangeva...
- E tu che hai fatto? - ho domandato, calato in pieno nella storia (benché un po' nauseato da tanti nomi di posti e località).
- Senza aprire nemmeno il plico di pergamene, ho girato sui miei passi. Ho ripercorso il corridoio e sono sceso al bar-table dance, ho aperto la porta e me ne sono andato nella notte, giusto sulla passeggiata di Pereda, in Santander, sul Mare Cantabrico. Mi sono diretto verso Bilbao, addentrandomi in Euskal Herria. Ho visto dei giovani ballare Eurresku e Ezpatadantza al ritmo del txistu e del tamburo, vicino a Donostia-San Sebastián. Son salito sui Pirenei e ripreso l'Ebro tra Huesca e Zaragoza. Lì mi sono ingegnato per farmi una imbarcazione e ho continuato fino al delta in cui il Mediterraneo riceve l'Ebro, in mezzo al ruggito del Vento di Dalt. A piedi sono risalito fino a Tarragona e di lì a Barcellona, continuando per dove ci fu la famosa Battaglia di Montjoïc. - Durito fa una pausa come per prendere fiato.
- In Barcellona mi sono imbarcato su una nave cargo che mi ha portato a Palma di Maiorca. Siamo andati in direzione sudest, costeggiando Valencia e, più al sud, Alicante. Abbiamo avvistato Almeria e, da lontano, Granada. Per tutta l'Andalusia, un canto flamenco aleggiava intorno a palme, chitarre e tacchi alti. Una gazzarra festosa e gigantesca ci ha accompagnato fino a che, dopo aver doppiato Algesiras, abbiamo attraversato Cadice e all'imbocco del Guadalquivir, "voci di morte suonarono" venendo da Cordoba a Siviglia. Un canto gitano diceva "Dormi ora, Durito, figlio diletto del mondo, lasciati andare senza meta, e col tuo bel passo". Siamo riusciti ad avvistare Huelva e dopo ci siamo diretti alle 7 isole maggiori delle Canarie. Lì siamo sbarcati e ho raccolto un poco di saggezza dall'albero che chiamano Drago, buona, dicono, per i mali del corpo e dell'anima. Così è stato come sono arrivato all'Isola di Lanzarote e ho avuto con don Pepe l'alterco che ti ho già riferito.
- Uffa! Sei andato dappertutto - dico, stanco al solo racconto del periplo di Durito.
- E tutto quello che non ho detto! - dice lui, borioso.
Io ho domandato: - Allora, non sei più un cavaliere errante?
- Chiaro che sì! Quello di pirata è solo passeggero. Solo mentre compio la missione che mi ha raccomandato il defunto Barbarossa.
Durito si zittisce guardandomi. Io penso: "quando Durito si zittisce guardandomi così è sempre perché... perché...".
- No! - gli dico.
- No che cosa? se non ti ho detto niente - dice Durito fingendo sorpresa.
- No, non mi hai detto niente, però quello sguardo non significa niente di buono. Qualsiasi cosa tu mi stia per dire, la mia risposta è "no". Ho già abbastanza problemi come guerrigliero, perché adesso debba diventare un bucaniere. E non sono così pazzo da imbarcarmi su una scatoletta di sardine!
- "Pirata", e non "bucaniere". Non è lo stesso, mio caro e nasone mozzo. E non è una scatoletta di sardine, è una fregata e si chiama "Metti la tua barba a mollo".
Io faccio finta di non aver sentito l'insulto e replico:
- Metti la tua barba a mollo? Mmh, strano nome. Però insomma, "Bucaniere" o "Pirata", significa solo altri problemi.
- Come vuoi, ma prima di qualsiasi cosa, devi rispettare il tuo dovere - dice Durito solenne.
- Il mio dovere? - chiedo abbassando la guardia.
- Sì, devi comunicare a tutto il mondo la buona nuova.
- Quale "buona nuova"?
- Che sono ritornato. E non si deve trattare di uno di quei lunghi, densi e noiosi comunicati con cui torturi i tuoi lettori. Così, per non correre rischi, ti ho portato il testo scritto - detto questo, Durito preleva da una delle sue tasche, un foglio.
Io leggo e poi rileggo. Mi volto verso Durito e inizio con quel "no, no e no" con cui inizia questo racconto.
Per non annoiarvi troppo, vi dirò che Durito pretendeva che io tirassi fuori una lettera o un comunicato, con la società civile nazionale e internazionale come destinatari, annunciando che lui era già tornato.
Naturalmente mi sono rifiutato, dato che dovevo rispondere alla lettera che ci hanno inviato quelli che partecipano alla Commissione Civile Internazionale di Osservazione per i Diritti Umani (Ccidoldh), sollecitando la stessa fiducia che avevamo loro concesso nel 1998, che li riceviamo e che diamo la nostra parola, dato che verranno in una nuova visita in una prossima data. Così ecco:

Esercito Zapatista di Liberazione Nazionale

Alla Comunità Civile Internazionale di Osservazione per i Diritti Umani

Fratelli e sorelle:
A nome di bambini, donne, uomini e anziani dell'Esercito Zapatista di Liberazione Nazionale e delle comunità indigene in resistenza, vi comunichiamo che sarà un onore per noi che visitiate queste terre. Avete la nostra fiducia, sarete trattati con il rispetto che meritate come osservatori internazionali e non avrete, da parte nostra, nessun impedimento nel vostro lavoro umanitario. Parleremo anche con molto piacere con voi. Vi aspettiamo.
Bene. Salute e vi ricordo che qua, oltre alla dignità, abbonda il fango.
Dall'isola "Non ha nome", pardon. Dalle montagne del Sudest Messicano

Subcomandante Insurgente Marcos

Messico, Fregata "Metti la tua barba a mollo".
Occhio: seguono i postscriptum.

P.S. Che dà filo da torcere. E' successo poi che, nonostante il mio reiterato rifiuto, Durito è riuscito a convincermi, offrendomi una parte del tesoro. Sì, abbiamo guardato per bene le pergamene e c'è una mappa del tesoro. Naturalmente dobbiamo ancora decifrarla, però la sfida è irresistibile.
E il testo di Durito? Dopo un arduo negoziato, ci siamo accordati che sia un postscriptum. Ergo, segue...

P.S. Per la società civile nazionale e internazionale
"Signora:
È per me un onore comunicarle la super-duper (così dice il testo di Durito) buona nuova, il regalo che farà la felicità di piccoli e grandi. Che tremino i grandi centri finanziari! Che arrivi il panico nei palazzi dei grandi e falsi signori! Che festeggino quelli in basso! Che le più belle donzelle preparino i loro migliori vestiti da gala e sospirino le primavere dei loro ventri! Che si scoprano la testa gli uomini buoni! Che ballino allegri gli infanti! E' tornato il più grande e il migliore dei pirati (copiato dall'originale), pardon, dei cavalieri erranti che sono stati nel mondo! Don Durito della Lacandona! (copyrights reserved) (così dice il testo di Durito). Giubilo per l'umanità! Il nostro più sincero cordoglio per il neoliberismo. Sta qui, è tornato il grande, che dico 'grande, il gigante, il meraviglioso, il superlativo, l'hiper-mega-plus, il supercalifragilisticoespiralidoso (così dice il testo di Durito), l'unico, l'ineguagliabile, lui. IL, Don Durito de La Lancandona! Sììììì! (così dice il testo di Durito)".

Fine del testo di Durito (dal quale prendo totalmente le distanze).
Bene, insomma. E' già ritornato Durito. (Sospiro). Non so perché ha incominciato a venirmi mal di testa.
Bene. Saluti e qualcuno ha per caso un'aspirina?


Il Subpirata (bellissimo con la sua benda sull'occhio destro) (astenersi perditempo)


2 commenti:

  1. è esilerante....divertente, e diverso..... R.

    RispondiElimina
  2. ...E questo è niente, pensa se un giorno ti presento il grande Don Durito in persona, il Cid (o Cirano) redivivo, colui che di buon ora si cinge con la spada, il padrone e signore degli inconfessabili e appassionati sogni delle femmine di tutte le età, colui di fronte al cui passo i maschi scoprono la testa e si riconoscono imperfetti...
    Ciao, D.

    RispondiElimina