Y yo… no me entrego

Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá.
Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.
Eduardo Galeano

Sono cose piccolissime. Non fanno venir meno la povertà, non ci tirano fuori dal sottosviluppo, non socializzano i mezzi di produzione e di cambiamento, non espropriano le grotte di Alí Babá.
Ma chissà che non scatenino l'allegria di fare, e la traducano in atti. Ed in fin dei conti, agire sulla realtà e cambiarla, benché sia solo di un pochino, è l'unica maniera di provare che la realtà è trasformabile.
Eduardo Galeano

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Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida. No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos. O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.
Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.
Lo que me pasa es que no consigo andar por la vida tirando cosas o cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los chicos, los colgábamos en la cuerda junto a los chiripas; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos... nuestros nenes... apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales que todavía guardábamos).
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Sí, ya sé... A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaban desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras madres, hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad. ¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora esté bien, no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año (cuando todavía en el altillo esta el Ranser con apenas una válvula quemada), el celular cada tres meses o el monitor de la computadora por otro mas flaco pero que me muestra lo mismo.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas plástica de los pollos y los cubiertos de plástico que traigo de las estaciones de servicio en cada viaje conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos. Es que vengo de un tiempo en que las cosas eran para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Los descubrí...nos están cachando!!! ¡Lo hacen a propósito!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica. Hay cada vez menos zapateros y cada vez mas zapatillas. ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Y los hojalateros ?? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? ¡Si las canaletas son de plástico y las quiebra la piedra !!
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y no tengo 90 años...eh ! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos a las gallinas o a los conejos (y no estoy hablando del siglo diecisiete). No existía el plástico ni el nylon en cantidades industriales como hoy.
La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan y San Pedro. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Bah....no se. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo".
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y a cuidar el nombre) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Y nosotros creíamos lo que nos decían....sin chistar.
Sí, ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín los cuadernos de la primaria y no sé si por ahí no anda la primer caquita en un frasquito.
¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.
El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y allí guardábamos todooooo.. ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡Guardábamos los chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para las mocas en verano...cuando dejábamos la puerta abierta.. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.
Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando siempre en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y hasta las Gillette - partidas a la mitad - se convertían en sacapuntas. Y en el tercero estaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas! Las pilas de las "Spica" pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.
No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera poco.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas.... para envolver.
¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril....húmeda la noticia! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se utilizaban hasta que parecían galletitas de grasa y aunque faltara alguna, era infaltable encontrar una sota de espada que con la inscripción a mano decía "éste es un 4 de bastos" o alguna con distinto lomo para decirle al rival..."ahí te va el siete de copas". Otros tiempos.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.
Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney que por ahí anda en un cubito.
Y cuando nos vendieron helados en copitas y nos dijeron: 'Tómese el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos si les agregábamos un hilo.....y decíamos que escuchábamos.....que genios..
Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza.
Las hueveras se convirtieron en paletas de acuarelas, las primeras latas de cerveza y Coca en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella (si....en el tercer cajón).
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable para algunos.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo que debiera desaparecer lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, a los flacos, al brillo y al glamour.
No lo haré...no me voy a meter con eso. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva....que haga caño....como se usa ahora y como dice el exitoso guru de la noche del 13 .
Pero....yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y por lento corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea
yo el entregado.
Y yo… no me entrego. Hasta aquí.

Marciano Durán


Di sicuro il destino ha complottato per complicarmi la vita. Non riesco ad adattare il corpo ai nuovi tempi. O per dirla meglio: non riesco ad adattare il corpo a questo "usa e getta" né a questo "compra e compra" né al "monouso".
Lo so già, dovrei andare in terapia o chiedere a qualche psichiatra di essere curato.
Quello che mi succede è che non riesco ad andare in giro buttando cose e cambiandole col modello seguente solo perché a qualcuno è riuscito di aggiungergli una funzione o rimpicciolirlo un po'.
Non molto tempo fa, con mia moglie, lavavamo i pannolini dei bimbi, li appendevamo alla corda vicino agli altri vestitini, li stiravamo, li piegavamo e li mettevamo pronti affinché tornassero a sporcarsi. E loro... i nostri bimbi... appena crebbero ed ebbero i loro figli si incaricarono di buttare tutto a mare (incluso i pannolini che conservavamo ancora).
Si sono dati negligentemente all'usa e getta! Sì, lo so già... Alla nostra generazione ci è sempre costato buttar via. Né i rifiuti ci risultarono molto eliminabili! E così camminavamo per le strade conservando i mocci nella tasca e l'unto e il grasso negli strofinacci. E le nostre madri, sorelle e fidanzate se la cavavano come potevano con le pezzuole per affrontare mese per mese la loro fertilità. Nooo!!! Io non dico che quello fosse meglio. Quello che dico è che in qualche momento mi sono distratto, sono caduto dal mondo ed ora non so più da dove si entra.
La cosa più probabile è che il mondo com'è ora vada bene, questo non lo discuto. Quello che mi succede è che non riesco a cambiare lo stereo una volta l'anno (quando in soffitta c'è ancora il vecchio Ranser con appena una valvola bruciata), il cellulare ogni tre mesi o il monitor del computer per un altro più sottile ma che mi mostra la stessa cosa.
Conservo i bicchieri di plastica! Lavo i guanti di lattice che erano da usare una sola volta! Ammucchio come un vecchio ridicolo i vassoi di polistirolo dei polli! Le posate di plastica che mi riporto dalle stazioni di servizio dopo ogni viaggio convivono con quelle di acciaio inossidabile nel cassetto delle posate! È che vengo da un tempo nel quale le cose si compravano per tutta la vita!
Di più! Si compravano per la vita anche di quelli che venivano dopo! La gente ereditava orologi da parete, servizi di bicchieri, portavivande di tessuto e perfino bacinelle e pitali di porcellana. E siamo ora al punto che nel nostro non tanto lungo matrimonio, abbiamo avuto più cucine di quante ce n'erano in tutto il quartiere nella mia infanzia ed abbiamo cambiato frigorifero tre volte.
Li ho smascherati!! Stanno tormentandoci! Lo fanno apposta!! Tutto si rompe, si guasta, si ossida, si rovina o si consuma in poco tempo affinché si debba cambiarlo. Niente si ripara. L'obsolescenza è di fabbrica. Dove stanno i calzolai che sistemano le mezze-suole delle Nike? Qualcuno ha visto qualche materassaio che carda la lana casa per casa? Chi sistema i coltelli elettrici? L'arrotino o l'elettricista? E gli stagnini? Ci sarà teflon per gli stagnini o sedili di aeroplani per il lavoro dei tappezzieri? Se i canali sono di plastica va in fallimento la pietra!!
Tutto si butta, tutto si rifiuta e, nel frattempo, produciamo sempre più spazzatura.
L'altro giorno ho letto che si è prodotta più spazzatura negli ultimi 40 anni che in tutta la storia dell'umanità. Chi ha meno di 40 anni non crede a quanto sto per dire: quando io ero bambino a casa mia non passava il netturbino!! Lo giuro!! E non ho 90 anni... eh! Tutti i rifiuti erano organici ed andavano a finire nel pollaio, ai paperi, le galline o i conigli (e non sto parlando del diciassettesimo secolo). Non esisteva la plastica né il nailon in quantità industriali come oggi.
La gomma la vedevamo solo nelle ruote delle auto e quelle che non stavano “ruotando” le bruciavamo alla Festa di San Juan. I pochi rifiuti che gli animali non mangiavano, servivano da concime o si bruciavano.
Da quei tempi là vengo io. E non è che sia stato meglio. Bah... non so. È che non è facile per un povero tipo che fu educato al "conserva e metti da parte che qualche volta può servire a qualcosa", passare al "compra e butta ch'è uscito già il modello nuovo".
La mia testa non resiste a tanto.
Adesso i miei parenti ed i figli dei miei amici non cambiano solo i cellulari una volta a settimana, ma, inoltre, cambiano il numero, l'indirizzo di posta elettronica e perfino l'indirizzo reale.
E a me m'hanno preparato a vivere con lo stesso numero, la stessa donna, la stessa casa e lo stesso nome (e ad averne cura). Mi hanno educato a conservare tutto. Tuuutto!!! Quello che serviva e quello che non serviva. Perché qualche giorno le cose potevano tornare utili. Credevamo a quel che ci dicevano... senza criticare.
Sì, lo so già, abbiamo avuto un grave problema: non ci hanno mai spiegato quali cose potevano servirci e quali cose no. E nell'affanno di conservare (perché eravamo tali da farci caso) abbiamo conservato perfino il cordone ombelicale del nostro primo figlio, il dente del secondo, i cestini dell'asilo, i quaderni della prima e non so se da qualche parte non si trovi anche la prima cacca in un barattolo.
Come si pretende possa capire quella gente che si stacca dal suo cellulare a pochi mesi dall'averlo comprato? Sarà che quando le cose si ottengono facilmente, non si stimano e diventano eliminabili con la stessa facilità con la quale si ottennero?
In casa avevamo un mobile con quattro cassetti.
Il primo cassetto era per le tovaglie e gli strofinacci, il secondo per le posate ed il terzo e la stanza per tutto quello che non fosse tovaglia né coperto. E lìconservavamo tuuutto... Tuuutto conservavamo!!
Conservavamo i tappetti delle bibite!! Come per che motivo?! Ci facevamo uno zerbino da mettere davanti alla porta per pulirci le scarpe dal fango. Se piegati e legati ad una cordicella si trasformavano poi in tende per le mosche in estate... quando lasciavamo la porta aperta... Usciti da scuola tiravamo via la guarnizione interna, li schiacciavamo col martello e li inchiodavamo su una tavola per farne gli strumenti per la festa di fine di anno della scuola. Tuuutto conservavamo!
Le cose che usavamo!!!: coprilume per le lampade, bigodini, fermagli ed aghi da giradisco.
E le cose che non avremmo usato mai. Bottoni che avevano perso le loro camicie e rocchetti che rimanevano senza filo e s'andavano ammucchiando sempre nel terzo o nel quarto cassetto. Parti di penne che qualche giorno potevano tornare utili. Tubi di plastica senza l'inchiostro, tubi con l'inchiostro senza la plastica, cappucci senza penne, penne senza cappuccio. Accendini senza gas o accendini che perdevano la molla. Molle che perdevano il loro accendino.
Quando il mondo si spremeva il cervello per inventare accendini che si buttavano finito il loro ciclo, noi inventavamo la ricarica degli accendini usa e getta. E perfino le Gillette - divise a metà - si trasformavano in taglierini E nel terzo cassetto stavano le chiavette delle scatolette di sardine o roast-beef per l'eventualità che qualche scatoletta capitasse senza la sua chiave.
E le pile! Le pile delle "Spica" passavano dal congelatore al tetto di casa. Perché noi sapevamo bene che bisognava dar loro caldo o freddo affinché vivessero un po' più.
Non ci rassegnavamo a che una cosa terminasse la sua vita utile, non potevamo credere che qualcosa vivesse poco.
Le cose non erano eliminabili. Erano conservabili.
I giornali!! Servivano per tutto: per fare suolette interne per gli stivali di gomma, per metterli sul pavimento nei giorni di pioggia e soprattutto.... per avvolgere.
C'erano volte che venivamo a sapere di qualche notizia leggendo il giornale appiccicato alla carne... umida la notizia! E conservavamo la carta argentata dei cioccolati e delle sigarette e le pagine del calendario per fare quadri ed i contagocce delle medicine per il caso che qualche medicinale non avesse il contagocce ed i fiammiferi usati perché potevamo prendere una fiammella di un Vulcan con l'altra ch'era già accesa e le scatole di scarpe che si trasformarono nei primi album di foto.
E le scatole di sigari Richmond diventavano fibbie e porta-mate e le boccette delle iniezioni con coperchi di gomma si ammucchiavano vai a capire a che scopo, e i mazzi di carte si usavano fino a che sembravano gallette unte di grasso e anche se ne mancava qualcuna si trovava un fante di spade con l'iscrizione a mano che diceva "questo è un 4 di bastoni" e qualcuna con un particolare bordo da poter dire al rivale..." lì hai il sette di coppe". Altri tempi.
I cassetti conservavano pezzi sinistri di mollette per i panni ed il gancio di metallo. Col tempo albergavano solo pezzi destri che aspettavano la loro metà per trasformarsi un'altra volta in una molletta.
Io so quello che ci succedeva: ci costava fatica dichiarare la morte dei nostri oggetti.
Così come oggi le nuove generazioni decidono di "ammazzarli" appena mostrano di non essere più utili, quelli erano tempi che non dichiaravano morto niente. Nemmeno Walt Disney che si tova là raffigurato in un cubetto.
E quando ci vendevano gelati nelle coppette ci dicevano: "mangiati pure il gelato e dopo butta la coppetta", noi dicemmo di sì, ma mica l'andammo a buttare! Li mettemmo a vivere nello scaffale dei bicchieri.
Le latte di piselli e di pesche diventarono vasi da fiori e perfino telefoni se li legavamo tra loro con un filo.....e dicevamo che ascoltavamo.....che geni..
Le prime bottiglie di plastica si trasformarono in decorazioni di dubbiosa bellezza.
I portauova si trasformarono in tavolozze per acquarelli, le prime lattine di birra e Coca in portapenne ed i sugheri aspettavano di incontrarsi con una bottiglia (sì....nel terzo cassetto).
E mi mordo per non fare un parallelo tra i valori che si rifiutano e quelli che noi preservavamo.
Non lo faccio! Muoio dalla voglia di dire che non sono solo gli elettrodomestici ad essere eliminabili oggi; che anche il matrimonio e perfino l'amicizia è usa e getta per alcuni.
Ma non commetterò l'imprudenza di paragonare oggetti con persone.
Mi mordo per non parlare dell'identità che si va perdendo, della memoria collettiva che si va buttando, del passato che si fa effimero. Non lo faccio.
Non mescolo i temi, non dico che quel ch'è perenne l'hanno trasformato in caduco e che quello che dovrebbe sparire l'hanno reso perenne.
Non dico che agli anziani è dichiarata la morte appena incominciano a sbagliare le loro funzioni, che i coniugi si cambiano per dei modelli più nuovi, che alle persone alle quali manca qualche funzione sono discriminate o che si apprezzano di più i belli, i magli, la brillantezza ed il glamour.
Non lo farò...non lo paragono con questo. Questa è solo una cronaca che parla di pannolini e di cellulari.
Altrimenti, se mescolassimo le cose, dovrei pensare seriamente di rendere la mia vecchia permutandola con una signora con meno chilometri e qualche funzione nuova....che non faccia un tubo....come usa ora e come dice il guru di successo della notte sul canale 13.
Ma....io sono lento nel portare questo mondo alla rottamazione e per esser lento corro il rischio che la vecchia mi faccia un tiro mancino e sia io ad essere reso.
E io... non mi arrendo. Finora.

Marciano Durán


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