Del Fin y el Principio

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A: La sociedad civil nacional e internacional
De: Sup Marcos

Señora:
Sí, nosotros otra vez. Pero no se angustie usted. No todavía. Ahora le escribimos para agradecerle la perturbadora alegría que llevó a la comandante Ramona, y con ella a todos nosotros, al centro del Poder en México. Algunas imágenes hemos visto de lo que pasó esos días en que todo el sistema político mexicano tembló por el paso de nuestra arma más poderosa. Y también supimos del Congreso Nacional Indígena. Y de ese su franco llamado a la lucha que se resume en la subversiva bandera de "Nunca más un México sin nosotros". Sí, ese "nosotros" es una invitación difícil de resistir. Bueno, creo que lo que sigue es: "Nunca más un mundo sin nosotros" ¿No? Sí, claro, todo salió bien. Sí, tiene usted razón, fue como una fiesta. Claro que a más de uno se le habrá arruinado el almuerzo, pero ya sabe usted que esas cosas pasan.
¿Sabe usted? Algo muy raro ocurre en este país. Cuando usted no da muestras de vida y se encierra en problemas que cree individuales, el Poder sonríe y todo lo deja para después, pero en el momento en que usted se empeña en hablar y en salir a la calle y en bailar, al supremo gobierno le entran unas ganas urgentes de dialogar y dar muestras de querer resolver los problemas. No, no sé por qué ocurra esto, pero qué bueno es cuando usted sale y baila esa tonadita que va así... ¿cómo era la tonadita? ¡esa mera!
Bueno, también le escribo para decirle que nosotros seguimos en el diálogo y hoy (le escribo estas líneas en la madrugada) terminamos este primer encuentro que llaman "tripartito" porque uno debe partirse en tres para no perder de vista lo local, lo nacional y lo galáctico. Y hablando de galaxias, ya me regreso a la ceiba. No, no es que tema que el Heriberto haya terminado con los dulces en mi ausencia, o que la Eva haga seminarios de feminismo con esa película de Pedro Infante que se llama Qué te ha dado esa mujer. No señora, a mí no me ha dado nada, así se llama la película. Tampoco me vuelvo a lo alto de la ceiba porque quiera evitar los balonazos del Olivio o las preguntas de la Yeniperr, y créame que son igual de temibles los unos y las otras. No, resulta que... bueno... sabe usted... en fin.. es que... ¿no ha escuchado usted eso de que de las lunas la de octubre es más etcétera? ¿Sí? Bueno, pues resulta que la otra madrugada me le escapé al cinturón de seguridad y... No... Deveras que no, lo único que agarré fue un resfriado que, cada vez que estornudo, olvídese usted de la sacudida del 1o. de enero. Bueno, el caso es que me escapé porque, cuando estoy aquí me tienen encerrado dentro de cuatro paredes blancas donde no vienen a verme mis amigos ni de vez en vez, ni de dos en dos, ni de seis a siete. Me salí y, antes de que me atraparan los de seguridad, alcancé a ver una luna que me recordó otra luna, hace dos años...
Y en esa madrugada, como en ésta, era la luna un solitario pecho desvaneciéndose en la nocturna mano del deseo. Pero en esta madrugada releo la última carta de Durito y, debo advertirle, Durito tiene una marcada tendencia por los tratados filosóficos, así que, con la carta, viene lo que a continuación sigue y que se explica por sí sólo desde el título porque se llama...

El Caracol del Fin y el Principio
(El neoliberalismo y la arquitectura o La ética de la búsqueda contra la ética de la destrucción)

Hay en la selva Lacandona, en el suroriental estado mexicano de Chiapas, un poblado desierto y rodeado de puestos militares fuertemente armados. El nombre de este pueblo abandonado fue Guadalupe Tepeyac. Sus habitantes, indígenas tojolabales, fueron expulsados por el Ejército gubernamental mexicano en febrero de 1995, cuando las tropas federales pretendían asesinar a la dirección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Pero no es del doloroso exilio de estos indígenas, que pagan su rebeldía viviendo en las montañas, de lo que quería hablarles. Yo quería hablarles de una obra arquitectónica que nació, a orillas del entonces viviente Guadalupe Tepeyac, en julio y agosto de 1994. Analfabetas en su mayoría y con una escolaridad de 3o. grado de primaria en el más "preparado" de ellos, los arquitectos tojolabales levantaron, en 28 días, una construcción capaz de recibir a 10 mil asistentes a lo que los zapatistas llamaron la "Convención Nacional Democrática". En honor a la historia mexicana, los zapatistas llamaron al lugar del encuentro Aguascalientes. El espacio de la gigantesca reunión tenía un auditorio para 10 mil asistentes sentados, un presidium para 100, una biblioteca, una sala de cómputo, cocinas, casas de hospedaje, estacionamiento. Incluso, dicen, tenía un "área para atentados".
En fin, todo esto es más bien anecdótico y se puede conocer por otros medios (hay libros, reportajes, fotos, videos y películas de aquella época). Ahora lo que interesa es hablar de un detalle que pasó desapercibido para todos los asistentes al Aguascalientes de Guadalupe Tepeyac en ese año de 1994 (Aguascalientes fue destruido en febrero de 1995). El detalle al que me refiero era tan grande que, por lo mismo, no podía ser advertido a simple vista. Es de este gigantesco e inadvertido detalle del que trata este escrito.
Resulta que el auditorio y el presidium estaban en medio de un gran caracol de ida y vuelta, sin fin ni principio. Permítame explicarle, no se desespere usted. Los indígenas zapatistas habían levantado un auditorio más o menos convencional: una especie de escenario que semejaba la quilla de un barco, una parte plana al frente, con sillas, y una tribuna con bancas de madera (aprovechando la ladera de una colina). En fin, nada extraordinario. Si acaso algo llamaba la atención era que las bancas estaban montadas sobre horcones y amarradas con bejucos. No había ningún metal en esa tribuna.
Puestos a resolver la construcción de las casas de hospedaje, la biblioteca y otras instalaciones, los jefes indígenas tojolabales de la insurrección zapatista, ahora arquitectos improvisados, empezaron a levantar casas en un aparente desorden que, eso creyó el Sup entonces, se limitaba a salpicar los alrededores del gigantesco auditorio. No fue hasta que, haciendo cuentas de la capacidad de albergue de cada construcción, el Sup se dio cuenta de que una de las casas estaba "chueca", es decir, tenía una especie de quiebre incomprensible en uno de sus extremos. No le puso mayor atención. Fue el comandante Tacho, tojolabal, quien le preguntó:
- ¿Qué te parece el caracol?
- ¿Cuál caracol? - le respondió el Sup, siguiendo con la tradición zapatista de respuestas que son preguntas, el eterno juego de la interrogante frente al espejo.
- Pues el que rodea al auditorio - le respondió el comandante Tacho como si dijera: "hay luz en el día". El Sup se le quedó mirando y Tacho entendió que el Sup no entendía lo que él entendía, así que lo llevó hasta la casa "chueca" y le señaló al techo donde los travesaños hacían un caprichoso quiebre.
- Aquí es donde da curva el caracol - le dijo.
Seguramente el Sup puso cara de "¿Y?" (igual que usted la estará poniendo ahora), por eso el comandante Tacho se apresuró a hacerle un dibujo en el lodo, con una varita. El dibujo de Tacho representaba la ubicación de las casas que rodeaban el auditorio y sí, gracias a ese quiebre de la casa "chueca", el conjunto semejaba un caracol. El Sup asintió en silencio después de ver el dibujo. El comandante Tacho se fue a ver lo de la lona que serviría para cubrir el auditorio en caso de que lloviera.
El Sup se quedó parado, frente a la casa "chueca", pensando en que la casa "chueca" no estaba "chueca". Simplemente era el curvado quiebre que el caracol necesitaba para dibujarse. En eso estaba, cuando un periodista se le acercó y le preguntó, buscando un respuesta de profundo contenido político, que qué significaba para los zapatistas el Aguascalientes.
- Un caracol - le respondió lacónico el Sup.
- ¿Un caracol? - preguntó y se le quedó viendo como si no hubiera entendido su pregunta.
- - le dijo. Y, señalándole el punto de quiebre de la casa "chueca", el Sup se retiró.
Sí, estoy de acuerdo con usted. El caracol en torno al Aguascalientes sólo podía haber sido advertido desde la altura. Es más, sólo a partir de determinada altura.
Quiero decir que había que volar muy alto para descubrir el caracol zapatista que se dibujaba en estas tierras pobres y rebeldes. En uno de sus extremos estaba la biblioteca y en el otro la antigua "casa de seguridad". La historia de esta "casa de seguridad" es muy semejante a la del EZLN en las comunidades indígenas mayas. Esa casita la hicieron alejada del pueblo, para que nadie los viera, los primeros tojolabales que se incorporaron al EZLN. En ella hacían sus reuniones, estudiaban y juntaban las tortillas y el frijol que mandaban a las montañas, a donde estaban los insurgentes.
Bien. Ahí estaba el caracol maya. La espiral sin inicio ni final. ¿Dónde empieza y dónde termina un caracol? ¿En su extremo interno o en el externo? ¿Un caracol entra o sale?
El caracol de los jefes mayas rebeldes comenzaba y terminaba en la "casa de seguridad", pero también comenzaba y terminaba en la biblioteca. El lugar del encuentro, del diálogo, de la transición, de la búsqueda, eso era el caracol de Aguascalientes.
¿De qué cultura "arquitectónica" sacaron los indígenas zapatistas su idea del caracol? Lo ignoro, pero ciertamente el caracol, esa espiral, invita lo mismo a entrar que a salir y, en verdad, no me atrevería a decir cuál es, en un caracol, la parte que lo inicia y cuál la parte que lo termina.
Meses después, en octubre de ese mismo año de 1994, un pequeño grupo de la sociedad civil se llegó hasta el Aguascalientes para terminar la instalación de la luz en la biblioteca. Se despidieron después de unos días de trabajar. Esa madrugada, particularmente fría y nebulosa, la luna era una promesa para reposar la mejilla y el deseo, y un cello desangraba algunas notas a medianoche y media neblina. Parecía una película. El Sup observaba desde un rincón, protegido por las sombras y el pasamontañas. Una película. ¿El final o el principio de una película? Después de que ese grupo partió, ya nadie regresó al Aguascalientes hasta en la fiesta de fin de año. Después desaparecieron de nuevo. El 10 de febrero de 1995, tropas aerotransportadas del Ejército federal tomaron Guadalupe Tepeyac. Cuando el Ejército del gobierno entró en Aguascalientes, lo primero que hizo fue destruir la biblioteca y la casa de seguridad, el principio y el fin del caracol. Después fue destruyendo lo demás.
Por alguna extraña razón, el punto de quiebre de la casa "chueca" permaneció en pie varios meses después. Según se cuenta, sólo se cayó hasta que, en diciembre de ese año 1995, otros Aguascalientes nacieron en las montañas del sureste mexicano...
Todo lo anterior demuestra que la ética del Poder es la misma que la de la destrucción, y la ética del caracol es la misma que la de la búsqueda. Y esto es muy importante para la arquitectura y para entender el neoliberalismo. ¿O no?

Así termina la ponencia de Durito que, como usted podrá apreciar, es sólo para especialistas...
¿Qué a qué viene todo esto de escarabajos, caracoles y lunas arreboladas? Bueno, la verdad es que hace diez años y en otra madrugada de octubre, el Viejo Antonio me explicó que el caracol sirve para verse dentro y saltar hacia arriba, pero eso se lo contaré en otra ocasión. Ahora le digo de la ponencia de Durito porque él es muy escrupuloso en eso de que, dice, "la humanidad debe beneficiarse de mis grandes conocimientos".
Sí, tiene usted razón. Yo también pienso que, para ser un escarabajo, es bastante pedante, pero él dice que los andantes caballeros no son pedantes, sino que, simplemente, son sabedores de lo fuerte de su brazo y lo grande de su talento, cuando de azotar malandrines y burlar bellacos se trata.
Bueno, señora, ya me despido. Esperamos que no se vaya usted a olvidar de que por acá andamos todavía nosotros. Bueno, cuando menos esperamos que no se olvide usted muy seguido.
Vale. Salud y la pregunta que queda pendiente es: Si uno está dentro del caracol, ¿hacia dónde debe caminar? ¿Hacia adentro o hacia afuera?

Desde las montañas del Sureste Mexicano
Subcomandante Insurgente Marcos


P.D. QUE CUMPLE SU LABOR EDITORIAL.
- ¡Ah! Me olvidaba. En la carta de Durito viene un cuento que, se supone, debo agregar a su libro Cuentos para una soledad desvelada, en la sección llamada "Cuentos para decidirse". Aquí le va, pues. El cuento se llama:

La historia de la persona viva y la persona muerta

Había una vez una persona viva y una persona muerta.
Y entonces la persona muerta le dijo a la persona viva:
- Ay, qué envidia tú, tan inquieta -
Y entonces la persona viva le dijo a la persona muerta:
- Ay, qué envidia tú, tan tranquila -
Y en eso estaban, o sea que envidiándose, cuando pasó, a todo galope, un bayo caballo bayo.
Fin del cuento y moraleja: Reitero que toda opción terminante es una trampa. Es preciso encontrar al bayo caballo bayo.

Don Durito de La Lacandona

(para cartas de admiración, solicitud de entrevistas, claveles y firmas de apoyo para la "Sociedad Escarabajil AntiBototas", favor de dirigirse a "Hojita de Huapac #69, Montañas del Sureste Mexicano (al ladito de donde vive el Sup)". Ojo para llamadas telefónicas: si la contestadora automática no responde, no preocuparse. Es que no tengo.)

Vale de nuez. Salud y, ya que estamos en las trampas de las opciones terminantes, todos estarán de acuerdo conmigo en que, puestos a escoger entre el irse o el quedarse, siempre será mejor... venirse.

El Sup agripado y, como es evidente, con algo de fiebre.




Alla società civile nazionale ed internazionale
Dal Sup Marcos

Signora:
Sì, di nuovo noi. Ma non si faccia prendere dall'angoscia. Non ancora. Le sto scrivendo per ringraziarla per la perturbante allegria con cui ha accolto la Comandante Ramona, e noi tutti con lei, nel centro del Potere del Messico. Abbiamo visto alcune immagini di ciò che è successo in questi giorni in cui tutto il sistema politico messicano ha tremato al passo della nostra arma più potente. Abbiamo anche saputo del Congresso Nazionale Indigeno. Del suo franco appello alla lotta che si riassume nella sovversiva bandiera di : - Mai più un Messico senza di noi -. Sì, questo NOI è un invito a cui è difficile resistere. Bene, credo che ciò che segue è: - Mai più un Mondo senza di noi - . No? Sì, certo, è andato tutto bene. Sì, ha proprio ragione, è stata come una festa. Certo che a più di uno sarà andato di traverso il pranzo, però lei sa che sono cose che succedono.
Sapete. Accade qualcosa di strano in questo paese. Quando lei non dà segni di vita e si rinchiude in problemi che crede individuali, il Potere sorride e rimanda tutto a dopo, ma quando lei si impegna a parlare e ad uscire in strada ed a ballare, al supremo governo viene urgentemente voglia di dialogare e di dar mostra di voler risolvere i problemi. No, non so perché accada questo, però che bello quando lei esce e balla questa musichetta che fa così... già com'era la musichetta? Sì, proprio questa!
Bene, le scrivo anche per dirle che noi andiamo avanti col dialogo e oggi (le scrivo queste righe all'alba), che abbiamo concluso questo primo incontro che chiamano "tripartito" perché uno deve farsi in tre parti per non perdere di vista il locale, il nazionale e il galattico. E parlando di galassie, me ne torno alla ceiba. No, non perché temo che Heriberto abbia finito i dolcetti in mia assenza, o che la Eva faccia seminari di femminismo su quel film di Pedro Infante che si intitola Che cosa ti ha dato questa donna. No signora, a me non ha dato nulla, così si intitola il film. Non ritorno sull'alto della ceiba neppure perché voglio evitare le pallonate di Olivio o le domande di Yeniperr, e, credetemi, sono ugualmente temibili sia le une che le altre. No, accade che... bene... sapete... infine... è che... non avete sentito dire che tra le lune quella di ottobre è la più eccetera? Sì? Bene, accade che la scorsa alba sono scappato dal cinturone di sicurezza e... No... Assolutamente no, ho preso solamente un raffreddore che, ogni volta che starnutisco, ti scordi lo scossone del 1 gennaio! Bene, il fatto è che sono scappato perché, quando sto qui, mi tengono rinchiuso tra quattro pareti bianche dove non mi visitano i miei amici neppure di volta in volta, né a due a due, neanche a sei o a sette. Sono uscito, e prima che mi beccassero quelli della sicurezza, sono riuscito a vedere una luna che me ne ha ricordato un'altra, una luna di due anni fa...
E in quell'alba, come in questa, era la luna di un petto solitario che svaniva nella notturna mano del desiderio. Però in quest'alba rileggo l'ultima lettera di Durito e, devo avvertirla, Durito ha una marcata tendenza ai trattati filosofici, così che, con la lettera, a continuazione viene ciò che segue e che dal titolo si spiega da sé perché si chiama....

La Chiocciola della Fine e del Principio
(Il neoliberismo e l'architettura o l'Etica della ricerca contro l'etica della distruzione)

C'era nella selva Lacandona, nel sudorientale stato messicano del Chiapas, un villaggio deserto e circondato da postazioni militari fortemente armate. Il nome di questo villaggio abbandonato era Guadalupe Tepeyac. I suoi abitanti, indigeni tojolabales, sono stati espulsi dall'Esercito governativo messicano nel febbraio del 1995, quando le truppe federali pretesero di assassinare la direzione dell'Esercito Zapatista di Liberazione Nazionale.
Ma non è del doloroso esilio di questi indigeni, che pagano la loro ribellione vivendo tra le montagne, ciò di cui volevo parlarvi. Vi volevo parlare di un'opera architettonica che nacque, ai margini dell'allora vivente Guadalupe Tepeyac, tra luglio e agosto del 1994. In maggioranza analfabeti e con una scolarizzazione della terza elementare nel più "preparato" tra loro, gli architetti tojolabales innalzarono, in 28 giorni, una costruzione capace di ricevere i 10.000 partecipanti a ciò che gli zapatisti chiamarono la "Convenzione Nazionale Democratica". In onore alla storia messicana, gli zapatisti chiamarono il luogo dell'incontro: Aguascalientes. Lo spazio della gigantesca riunione aveva un auditorium per 10.000 partecipanti seduti, una presidenza per 100, una biblioteca, una sala computer, cucine, dormitori, parcheggi. Incluso, dicono, "un'area per attentati".
Per finire, tutto ciò è per lo più aneddotico e si può conoscere attraverso altri mezzi (ci sono libri, reportages, foto, video e film di quell'epoca). Ora ciò di cui m'interessa parlare è un dettaglio che passò non percepito a tutti i partecipanti all'Aguascalientes di Guadalupe Tepeyac in quell'anno, il 1994 (l'Aguascalientes fu poi distrutto nel febbraio 1995). Il dettaglio a cui mi riferisco era così grande che, appunto per questo, non poteva essere avvertito ad una semplice occhiata. Questo gigantesco e inavvertito dettaglio è ciò di cui tratta questo scritto.
Risulta che l'auditorium e il palco della presidenza si trovavano nel mezzo di una grande chiocciola di andata e ritorno, senza fine né principio. Mi permetta di spiegare, non si disperi. Gli indigeni zapatisti avevano innalzato un auditorium più o meno convenzionale: una specie di scenario che assomigliava alla chiglia di una nave, una parte piana al fronte, con sedie, ed una tribuna con panche di legno (approfittando del declivio della collina). Insomma, nulla di straordinario. Se, per caso, qualcosa richiamava l'attenzione era che le panche erano montate su puntelli a forcella e legate con giunchi. Non c'era nulla di metallico in quella tribuna.
Cercando di risolvere il problema della costruzione delle case per dare ospitalità, la biblioteca e le altre installazioni, i capi indigeni tojolabales dell'insurrezione zapatista, allora architetti improvvisati, iniziarono a far sorgere le case in un apparente disordine o almeno questo credette il Sup, che allora si limitava a saltellare nelle vicinanze del gigantesco auditorium. Così fu finché, facendo il conto della capacità di ospitalità di ogni costruzione, il Sup si rese conto che una delle case era "guercia", vale a dire, aveva una specie di spaccatura incomprensibile ad una delle sue estremità. Non le concesse maggior attenzione. Fu il comandante Tacho, tojolabal, che gli chiese:
- Che te ne pare della chiocciola?
- Quale chiocciola? -
gli rispose il Sup, seguendo la tradizione zapatista di risposte che sono domande, l'eterno gioco dell'interrogante davanti allo specchio.
- Cioè quella che gira attorno l'auditorium - gli rispose il comandante Tacho come se dicesse: "c'è la luce del giorno". Il Sup si fermò a guardare e Tacho capì che il Sup non capiva quello che lui capiva, così che lo portò fino alla casa "guercia" e gli segnalò dove le traverse facevano quella capricciosa "spaccatura".
- Qui è dove dà la curva la chiocciola - gli disse.
Sicuramente il Sup fece una faccia da "E che?" (uguale a quella che sta facendo lei ora), per questo il comandante Tacho si affrettò a fargli un disegno nel fango, con un rametto. Il disegno di Tacho rappresentava l'ubicazione delle case che giravano attorno all'auditorium e sì, grazie proprio a questa "spaccatura" della casa "guercia", l'insieme sembrava una chiocciola. Il Sup assentì in silenzio dopo aver visto il disegno. Il comandante Tacho se ne andò ad occuparsi del plastico che doveva servire a coprire l'auditorium in caso di pioggia.
Il Sup si fermò, di fronte alla casa "guercia", pensando a questa casa "guercia" che non era "guercia". Semplicemente era la curva spaccatura di cui la conchiglia aveva bisogno per disegnarsi. E stava pensando a questo, quando un giornalista gli si avvicinò e gli domandò, aspettandosi una risposta ad alto contenuto politico, che cosa significava l'Aguascalientes per gli zapatisti.
- Una chiocciola - gli rispose laconicamente il Sup.
- Una chiocciola? - domandò e si fermò come se la sua domanda non fosse stata compresa.
- - gli dico. E, segnalandogli il punto della casa spaccato, il Sup si ritirò.
Sì, sono d'accordo con lei. La chiocciola attorno all'Aguascalientes si sarebbe potuta avvertire solo dall'alto. E in più, solo a partire da una determinata altezza.
Voglio dire che bisognerebbe volare molto in alto per scoprire la chiocciola zapatista che si disegnava su queste terre povere e ribelli. Ad una delle sue estremità c'era la biblioteca e nell'altro l'antica "casa di sicurezza". La storia di questa "casa di sicurezza" è molto simile a quella dell'EZLN nelle comunità indigene maya. Quella casetta era stata costruita lontano dal villaggio, perché nessuno la vedesse, dai primi tojolabales che erano entrati nell'EZLN. Lì facevano le loro riunioni, studiavano e mettevano insieme le tortillas ed i fagioli che poi mandavano su in montagna, dove c'erano gli insurgenti.
Bene. Qui c'era la chiocciola maya. La spirale senza inizio e senza fine. Dove inizia e dove termina una chiocciola? Al suo estremo interno o all'esterno? Una chiocciola viene o va?
La chiocciola dei capi maya ribelli cominciava e terminava nella "casa di sicurezza", però pure cominciava e terminava nella biblioteca. Il luogo d'incontro, di dialogo, della transizione, della ricerca, questo era la chiocciola dell'Aguascalientes.
Da quale cultura "architettonica" gli indigeni zapatisti hanno tirato fuori la loro idea di chiocciola? Lo ignoro, però certamente la chiocciola, questa spirale, invita sia ad andare che a venire e, in verità, non mi azzarderei a dire qual è, nella chiocciola, la parte che inizia e quella che la termina.
Mesi dopo, nell'ottobre dello stesso anno, il 1994, un piccolo gruppo della società civile arrivò fino all'Aguascalientes per terminare l'installazione della luce nella biblioteca. Ci salutarono dopo alcuni giorni di lavoro. Quella mattinata particolarmente fredda e nebbiosa, la luna si era promessa di riposare la guancia ed il desiderio, e un violoncello strappava alcune note alla mezzanotte ed alla mezza nebbia. Pareva un film. Il Sup osservava da un angolo, protetto dalle ombre e dal passamontagna. Un film. La fine o l'inizio della pellicola? Dopo che quel gruppo partì, più nessuno ritornò all'Aguascalientes, fino alla festa di fine d'anno. Dopo sparirono di nuovo. Il 10 febbraio del 1995, le truppe aerotrasportate dell'Esercito federale occuparono Guadalupe Tepeyac. Quando l'Esercito del governo entrò nell'Aguascalientes, la prima cosa che fece fu distruggere la biblioteca e la casa di sicurezza, il principio e la fine della chiocciola. Dopo continuò a distruggere il resto.
Per qualche strana ragione, il punto di spaccatura della casa "guercia" rimase in piedi per vari mesi. Secondo quanto si racconta, crollò da solo quando, in dicembre di quell'altro anno, nel 1995, altri Aguascalientes nacquero fra le montagne del sudest messicano...
Tutto ciò che precede dimostra che l'etica del Potere è la stessa di quella della distruzione, e l'etica della chiocciola è la stessa di quella della ricerca. E questo è molto importante per l'architettura e per capire il neoliberismo? O no?

Così termina la relazione di Durito che, come lei potrà apprezzare, è solo per gli specialisti...
Perché viene fuori tutto questo degli scarabei, delle chiocciole e delle lune imbellettate? Bene, la verità è quella che dieci anni fa e in un'altra alba d'ottobre il Vecchio Antonio mi aveva spiegato che la chiocciola serve per guardarsi dentro e per saltare verso l'alto, però questo ve lo racconterò in un'altra occasione. Invece vi ho presentato la relazione di Durito perché lui è molto scrupoloso e dice che: "l'umanità deve poter trarre beneficio dalle mie grandi conoscenze".
Sì, lei ha ragione. Io pure penso che, per essere uno scarabeo, è abbastanza pedante, però lui dice che i cavalieri erranti non sono pedanti, sono invece, semplicemente, dei saggi dal braccio forte e dal grande talento, quando si tratta di sferzare malandrini e di burlare gaglioffi.
Bene, signora, adesso la saluto. Speriamo che non torni a dimenticarsi che noi siamo ancora qua. Bene, speriamo che almeno non ci dimentichi per molto tempo a venire.
Allora, saluti e la domanda che rimane lì è: Se uno è dentro la chiocciola, fino a dove deve camminare? Verso dentro o verso fuori?

Dalle montagne del Sudest messicano.
Subcomandante Insurgente Marcos

P.S.: CHE COMPIE IL PROPRIO COMPITO EDITORIALE.
- Ah! Mi dimenticavo. Nella lettera di Durito c'è pure un racconto che, suppongo, si debba aggiungere al suo libro Racconti per una solitudine svelata, nella sezione chiamata "Racconti per decidersi". Eccolo qui. Il racconto si chiama:

La storia della persona viva e della persona morta

C'era una volta una persona viva e una persona morta.
E allora la persona morta disse a quella viva:
- Ah, che invidia per te, così inquieta.
Ed allora la persona viva disse alla persona morta:
- Ah, che invidia per te, così tranquilla.
E così stavano, ossia invidiandosi a vicenda, quando passò, al galoppo, un baio cavallo baio.
Fine del racconto e morale: ribadisco che qualsiasi opzione finale è una trappola. È importante trovare il baio cavallo baio.

Don Durito della Selva Lacandona

(per lettere d'ammirazione, richieste d'interviste, garofani e firme in appoggio alla "Società Scarabea AntiStivali", per favore indirizzare a "Hojita de Huapac #69, Montagne del Sudest Messicano (proprio a lato di dove vive il Sup)". Attenzione per chiamate telefoniche: se la segreteria automatica non risponde, non preoccupatevi. E' che non ce l'ho.)




Bene alle noci. Saluti e, visto che siamo nella trappola delle opzioni finali, tutti saranno d'accordo con me che, dovendo scegliere fra l'andarsene e il restare, sempre sarà meglio... venirsene.
Il Sup raffreddato e, come è evidente, con un po' di febbre.

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