...Tal vez todavía es ese tiempo

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Al Pueblo de Chile:
A la Juventud Chilena:

Hermanos y hermanas de Chile.
Les hablo a nombre de las mujeres, hombres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, indígenas mayas en su inmensa mayoría, que resistimos en las montañas del sureste mexicano contra el neoliberalismo y por la humanidad.
Reciban todos y todas, jóvenes chilenos, nuestro saludo zapatista.
Agradecemos a los hermanos y hermanas que hoy nos dieron la oportunidad de que nuestra palabra llegue hasta el Chile rebelde.
Pedimos para ésta nuestra palabra, un lugar en su rabia de ustedes, en su dolor y, sobre todo, en su esperanza.
No voy a hablarles de los zapatistas mexicanos, de nuestra lucha, de nuestros anhelos, de nuestros sueños, de nuestras pesadillas, de nuestra resistencia. Después de todo, comparados con los hombres y mujeres, particularmente los paridos por estas tierras, que han iluminado los cielos de Latinoamérica, los zapatistas seguimos siendo aún una lucecita débil y lejana.
No, nuestra palabra es ahora para unir nuestro saludo y nuestro homenaje a un latinoamericano, a un chileno del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, caído en combate contra la dictadura pinochetista el 5 de octubre de 1974.
Hoy nuestra palabra es para saludar a Miguel Enríquez Espinosa.
Y lo saludamos hoy, hoy que bajo los cielos de América Latina, ésa que duele del Bravo a la Patagonia, los poderosos nos ponen en las manos un puñito de polvo y nos dicen: "Esto es lo que queda de tu patria".
Y hoy, esos mismos, los de arriba, nos muestran las imágenes de la geografía que han impuesto en parte de nuestros suelos:
Donde había una bandera, hoy hay un centro comercial.
Donde había una historia, hoy hay un puesto de comida rápida.
Donde florecía el copihue, hoy hay un páramo.
Donde había memoria, hoy hay olvido.
En lugar de justicia, limosna.
En lugar de Patria, un montón de escombros.
En lugar de memoria, inmediatez.
En lugar de libertad, una tumba.
En lugar de democracia, un spot publicitario.
En lugar de realidades, cifras.
Ellos, los de arriba, nos dicen: "Éste es el futuro que te prometimos, disfrútalo".
Eso nos dicen y mienten.
Este futuro se parece demasiado al pasado.
Y, si miramos con atención, tal vez veamos que ellos, los de arriba, son los mismos de ayer. Los que, igual que ayer, hoy nos piden paciencia, madurez, sensatez, resignación, rendición.
Esto ya lo hemos visto, lo hemos oído antes.
Los zapatístas recordamos. Sacamos la memoria de nuestras mochilas guerrilleras, de nuestros bolsillos de los uniformes de campaña. Recordamos.
Porque hubo un tiempo en que toda la América Latina estaba aquí nomasito.
Bastaba estirar la mano y se tocaban los corazones de los pueblos latinoamericanos.
Bastaba voltear un poco la mirada y ahí estaban el relámpago desparramado del Amazonas, la cicatriz indeleble de los Andes, el soberbio estar del Aconcagua, la interminable Tierra de Fuego, el siempre inquieto Popocatépetl.
Y con ellos estaban los pueblos que les dieron nombre y vida.
Porque hubo un tiempo en que Chile y todos los países de la América Latina quedaban más cerca de México que el imperio que, desde el norte geográfico y social, impone lejanías a quienes compartimos la vecindad de la historia.
Hubo un tiempo.
Tal vez todavía es ese tiempo.
Hoy, como ayer, el dinero hermana soberbias.
Hoy, como ayer, de la mano de las poderosas transnacionales, el poder militar extranjero pretende hoyar nuestros suelos, a veces embozado en uniformes de ejércitos locales, o con asesores, embajadas, consulados, agentes encubiertos.
Hoy, como ayer, esos dineros intentan comprar certificados legales de impunidad para los gorilas que les sirvieron y que, siempre lo supimos, cuando decían "Patria" no hablaban de Chile, de Argentina, de Uruguay, de Bolivia, de Brasil. No, la bandera que saludaban era la de las barras y las turbias estrellas.
Hoy, como ayer, el norte revuelto y brutal cerca y pretende asfixiar esa solitaria estrella de dignidad que brilla en el caribe.
Hoy, como ayer, los gobiernos de algunos de nuestros países le sirven de triste comparsa en el innoble empeño de doblegar al pueblo de Cuba.
Hoy, como ayer, el imperio que se abroga el papel de policía mundial y atropella leyes, razones, pueblos, es el mismo.
Hoy, como ayer, quien pretende desestabilizar a gobiernos legales y legítimos, pero que no le son subordinados (ayer Chile, hoy Venezuela, siempre Cuba), es el mismo.
Hoy, como ayer, aquel sistema que se erige sobre la mentira, el engaño, el fraude, la dictadura del dinero, pretende damos lecciones de democracia, de libertad, de justicia.
Hoy, como ayer, quien democratiza el dolor, la miseria, la muerte para los pueblos de nuestra América, es el mismo.
Hoy, como ayer, quien persigue, quien tortura, quien encarcela, quien mata, es el mismo.
Hoy, como ayer, se nos hace la guerra, en veces con balas, en veces con programas económicos, siempre con mentiras.
Hoy, como ayer, el terror real, el que de arriba viene, llama al dios para justificarse.
Hoy, como ayer, se pretende ocultamos que sí, que es un dios quien los alienta, pero es el dios del dinero.
Hoy, como ayer, en algunos países los pusilánimes son gobiernos.
Hoy, como ayer, las claudicaciones se disfrazan con argumentos complejos, encuestas, trajes de marcas exclusivas, espejos vueltos del revés.
Tal vez todavía es ese tiempo.
Tal vez no.
Porque hoy, el nuevo y complicado ropaje con el que se viste la brutalidad de la ganancia para los menos, a costa de la pérdida para los más, lleva adelante una verdadera guerra mundial contra la humanidad.
Naciones enteras son desvastadas.
Se conquistan territorios.
Se reordena la geografía mundial.
Se derrumban las fronteras para los dineros y se alzan para los pueblos.
Las culturas históricas de nuestros pueblos tratan de ser suplantadas por frivolidades instantáneas.
En algunos países, en lugar de gobiernos nacionales hay gerencias regionales.
Se malbaratan los recursos naturales, la tierra, la historia; y sobre las cordilleras que zurcen y unen América desde el sur del Bravo hasta la Tierra de Fuego, quieren plantar un letrero que anuncia, que advierte, que amenaza: "Se vende ".
Los pobres, los desposeídos, es decir, quienes forman la inmensa mayoría de la humanidad, son confiscados y clasificados.
Confiscados de su dignidad, clasificados en las periferias de las grandes ciudades, en las orillas de los programas gubernamentales, en los rincones del futuro que ahora se decide, en algunos países, no en los parlamentos o en las casas nacionales de gobierno, sino en las juntas de accionistas de las multinacionales.
Hoy la explotación es más brutal que nunca antes en la historia de la humanidad, hoy el cinismo es credo filosófico de quienes pretenden gobernar el planeta, es decir, de quienes tienen todo, menos vergüenza.
Hoy la guerra contra la humanidad, es decir, contra la razón, es más mundial que nunca antes.
Hoy la guerra es en todos los frentes y en todos los países.
Si ayer era un deber oponerse, luchar, resistir frente a la estúpida lógica de la ganancia, hoy es, simple y llanamente, un asunto de supervivencia individual, local, regional, nacional, continental, mundial.
Hermanos y hermanas de Chile:
Hubo un tiempo en que toda la América Latina quedaba aquí nomasito.
Tal vez todavía es ese tiempo.
Tal vez la memoria colectiva que, como latinoamericanos nos da identidad, tome nombres y fechas en el calendario para decir, para decimos, que hay una patria más grande que la que nos da bandera.
¿Con cuántos nombres se viste el calendario del dolor de nuestras tierras?
Sí en nuestra América, Ernesto Che Guevara es uno de los nombres con el que Octubre se levanta, el calendario de los de abajo que somos se ilumina cuando se llama Turcios Lima y Yon Sosa en Guatemala, Roque Dalton en El Salvador, Carlos Fonseca en Nicaragua, Camilo Torres en Colombia, Carlos Lamarca y Carlos Marighela en Brasil, Inti y Coco Peredo en Bolivia, Raúl Sendic en Uruguay, Roberto Santucho en Argentina, César Yáñez en México.
Y sólo nombro a algunos de los muchos que decidieron en nuestra América Latina, en su tiempo y en su modo, ponerle un gatillo a la esperanza y que, a la dosis de ternura que nos exige Latinoamérica para amarla, agregaron una cierta dosis de plomo... y de sangre... su sangre.
El problema con todos esos que duelen en el calendario, es que no se van así nomás. No, al contrario, se van dejándonos como una deuda, como algo que debemos saldar para poder nombrarlos sin vergüenza, sin pena.
Hay quien señala que aquellos hombres y mujeres que tomaron y toman como camino la rebeldía armada tuvieron, o tienen, una fascinación por la muerte, vocación para el martirio, ansias mesiánicas; que sólo desean un lugar en las canciones de protesta, en las poesías, en los corridos populares, en las camisetas juveniles, en los puestos de souvenirs del turismo revolucionario.
Hay quien piensa y dice que las causas se derrotan cuando mueren quienes las luchan, es decir, quienes las viven.
Hay quien dice que el doloroso octubre latinoamericano rompió en pedazos la esperanza en Chile, en Uruguay, en Argentina, en Bolivia, en México, en toda la América Latina.
Puede que sea asi
Pero puede que no,
Puede ser que quienes, como Miguel, se armaron para decir "No", en realidad estaban diciendo "" a un mañana entonces lejano.
Puede ser que quienes, como Miguel, pusieron fuego a su palabra, no lo hicieron para incendiar con la muerte, sino para iluminar la vida.
Puede ser que quienes, como Miguel, pensaron y dispararon, no lo hicieron para tener un lugar en el museo de la nostalgia revolucionaria, sino para que los pueblos, todos, tuvieran un lugar en el mundo.
Puede ser que el calendario en el que transcurra el mañana no tenga nombres o, mejor aún, tenga todos los nombres.
Porque puede ser que para eso fue que las ausencias que dolemos en cada mes latinoamericano, pusieron una crucecita en el calendario, como la que duele este 5 de octubre.
Puede ser, porque esas ausencias, en lugar del hueco, dejan las ganas de luchar la esperanza, que es así como nosotros los zapatistas decimos "cambiar el mundo".
Puede ser.
Puede ser que la esperanza se alimente, como nuestra América, de la memoria.
Y puede ser que la memoria no sea otra cosa que el pegamento para volver a unir la esperanza que se ha roto en el calendario que nos imponen.
Puede ser que esa memoria, la que hoy nos convoca y vuelve a poner a la América Latina aquí nomasito, no sea una herencia que esos dolores nos legaron, sino un deber que nos marcan.
Puede ser.
Tal vez para saberlo es que estamos aquí, incluso los que no estamos.
Porque puede ser que el hoy no sea igual al ayer.
Un revolucionario chileno, de ésos que hacían temblar cuando empuñaban una guitarra, Víctor Jara, tal vez pensando en los tiempos que hoy cargamos, dijo, nos dijo, nos dice que "Es difícil encontrar en la sombra claridad, cuando el sol que nos alumbra descolora la verdad". Y dijo, nos dijo, nos dice. "Ojalá encuentre camino para seguir caminando".
Y fue en tierras chilenas, hace mucho tiempo, que Manuel Rodríguez dijo, nos dijo, nos dice, como mostrando el camino, "Aún tenemos Patria ciudadanos ".
Y otro uno, también chileno, aquí nomás cerca y bajo la metralla que le buscaba el corazón, tuvo la entereza y sabiduría para decir, para decirnos, "más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor"
Puede ser que el hoy no sea igual al ayer.
Puede ser que se hayan aprendido las lecciones y, pronto, donde antes se emborronaban cuartillas en la historia latinoamericana, se enmendará la letra y terminará por leerse, con la claridad de quienes miran desde abajo, que "democracia" , "libertad" y "justicia" son palabras graves y que se acentúan en el corazón, es decir, en el lado izquierdo del pecho colectivo que somos.
Quisiera decir que venceremos, que no nos moverán, que el futuro será nuestro, que romperemos mil cadenas, que la libertad es un horizonte cercano; pero nosotros los zapatistas creemos que no será así porque lo depare un destino oculto o manifiesto, sino porque trabajemos y luchemos por ello.
Hermanos y hermanas:
Esto quiere decirles nuestra palabra:
Bien haya la vena abierta de América Latina que se llama Chile y que tiene en la sangre no a la ITT, no a la Anaconda Copper, no a la United Fruit, no a la Ford, no al Banco Mundial, no a Pinochet, ni a los nombres con los que ahora se visten unas y otros, sino a sus obreros, sus campesinos, sus estudiantes, sus mapuches, sus mujeres, sus jóvenes, su Víctor Jara, suVioleta Parra, su Salvador Allende, su Pablo Neruda, su Manuel Rodríguez, su Miguel Enríquez, su memoria.
Hermanos y hermanas de Chile:
Reciban todos y todas el saludo de quienes los admiramos y queremos, nosotros, los zapatistas mexicanos.
¡Salud Chile!

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos

P.D. Disculpen si mis palabras no han sido una arenga, como si lo fue la vida y la muerte de quien, treinta años después, hoy nos llama. En realidad nosotros sólo queríamos aprovechar este acto para pedirles a todos ustedes, humildemente, respetuosamente, que, en nuestro nombre, pongan un rojo copihue en la tierra que lo guarda, y que le digan a él que acá, en las montañas del sureste mexicano, Octubre también se llama Miguel

Al popolo del Cile:
Alla gioventù cilena:

Fratelli e sorelle del Cile,
vi parlo a nome delle donne, degli uomini, dei bambini e degli anziani dell'Esercito Zapatista di Liberazione Nazionale, in grandissima maggioranza indigeni maya, che resistono nelle montagne del sudest messicano contro il neoliberismo e per l'umanità.
A voi tutti e tutte, giovani cileni, il nostro saluto zapatista.
Ringraziamo i fratelli e le sorelle che oggi ci hanno dato l'opportunità di far giungere la nostra parola fino al Cile ribelle.
Chiediamo per questa nostra parola, un posto nella vostra rabbia, nel vostro dolore e, soprattutto, nella vostra speranza.
Non vi parlerò degli zapatisti messicani, della nostra lotta, dei nostri aneliti, dei nostri sogni, dei nostri incubi, della nostra resistenza. Dopo tutto, a confronto di uomini e donne, in particolare quelli partoriti da queste terre, che hanno illuminato i cieli dell'America Latina, noi zapatisti continuiamo ad essere una piccola luce flebile e lontana.
No, la nostra parola vuole unire il nostro saluto ed il nostro omaggio ad un latinoamericano, ad un cileno del Movimento di Sinistra Rivoluzionaria, MIR, caduto in combattimento contro la dittatura pinochetista il 5 ottobre del 1974.
Oggi, la nostra parola è per salutare Miguel Enríquez Espinosa.
E lo salutiamo oggi, oggi che sotto i cieli dall'America Latina, quella che soffre dal Rio Bravo alla Patagonia, i potenti ci mettono in mano un pugno di polvere e ci dicono: "Questo è quello che rimane della tua patria".
Ed oggi, quegli stessi, quelli in alto, ci mostrano le immagini della geografia che hanno imposto su parte delle nostre terre:
Dove c'era una bandiera, oggi c'è un centro commerciale.
Dove c'era una storia, oggi c'è un fastfood.
Dove fioriva il copihue, oggi c'è una landa desertica.
Dove c'era memoria, oggi c'è oblio.
Al posto della giustizia, elemosina.
Al posto della patria, un mucchio di rovine.
Invece della memoria, la subitaneità.
Invece della libertà, una tomba.
Al posto della democrazia, uno spot pubblicitario.
Invece della realtà, cifre.
Loro, quelli in alto, ci dicono: "Questo è il futuro che ti abbiamo promesso, goditelo".
Questo ci dicono, e mentono.
Questo futuro somiglia troppo al passato.
E, se guardiamo con attenzione, forse vediamo che loro, quelli in alto, sono gli stessi di ieri. Quelli che, come ieri, oggi ci chiedono pazienza, maturità, buonsenso, rassegnazione, resa.
L'abbiamo già visto, l'abbiamo già sentito.
Noi zapatisti ricordiamo. Tiriamo fuori la memoria dai nostri zaini guerriglieri, dalle nostre tasche delle uniformi da campo. Ricordiamo.
Perché ci fu un tempo in cui tutta l’America Latina stava tutta qui.
Bastava allungare la mano ed i cuori dei popoli latinoamericani si toccavano.
Bastava girare un po' lo sguardo e lì c'era il lampo diffuso dell'Amazzonia, la cicatrice indelebile delle Ande, il superbo innalzarsi dell'Aconcagua, l'interminabile Terra del Fuoco, il sempre irrequieto Popocatépetl.
E con loro c'erano i popoli che diedero loro nome e vita.
Perché ci fu un tempo in cui il Cile e tutti i paesi dell'America Latina erano più vicini al Messico dell'impero che, dal nord geografico e sociale, impone lontananze a quelli che, come noi, condividono la vicinanza della storia.
Ci fu un tempo.
Forse è ancora quel tempo.
Oggi, come ieri, il denaro fraternizza superbie.
Oggi, come ieri, con la mano delle potenti multinazionali, il potere militare straniero vuole calpestare i nostri suoli, a volte mascherato sotto l’uniforme di esercito locale, o di consulenti, ambasciate, consolati, agenti segreti.
Oggi, come ieri, questo denaro vuole comperare impunità legali per i gorilla che sono stati al suo servizio e che, l’abbiamo sempre saputo, quando dicevano "patria" non parlavano del Cile, dell'Argentina, dell'Uruguay, della Bolivia, del Brasile. No, la bandiera che salutavano era quella a strisce ed a torbide stelle.
Oggi, come ieri, il nord confuso e brutale tenta e vuole asfissiare quella solitaria stella di dignità che brilla nei Caraibi.
Oggi, come ieri, i governi di alcuni dei nostri paesi fungono da triste comparsa nell'ignobile impegno a piegare il popolo di Cuba.
Oggi, come ieri, l'impero che si arroga il ruolo di polizia mondiale e stravolge leggi, ragioni, popoli, è lo stesso.
Oggi, come ieri, chi pretende di destabilizzare governi legali e legittimi, ma che non gli sono subordinati (ieri Cile, oggi Venezuela, sempre Cuba), è lo stesso.
Oggi, come ieri, quel sistema che si regge sulla bugia, sull'inganno, sulla frode, sulla dittatura del denaro, vuole darci lezioni di democrazia, di libertà, di giustizia.
Oggi, come ieri, chi democratizza il dolore, la miseria, la morte dei popoli della nostra America, è lo stesso.
Oggi, come ieri, chi perseguita, chi tortura, chi imprigiona, chi uccide, è lo stesso.
Oggi, come ieri, ci si fa la guerra, a volte con pallottole, a volte con programmi economici, sempre con bugie.
Oggi, come ieri, il terrore reale, quello che arriva dall'alto, si appella a dio per giustificarsi.
Oggi, come ieri, si tenta di nasconderci che sì, è proprio un dio che li anima, ma è il dio del denaro.
Oggi, come ieri, in alcuni paesi i pusillanimi sono governo.
Oggi, come ieri, i tentennamenti sono mistificati da argomenti complessi, inchieste, abiti dal marchio esclusivo, specchi rovesciati.
Forse è ancora quel tempo.
Forse no.
Perché oggi, il nuovo e complicato abbigliamento con cui si veste la brutalità del profitto per i pochi, a costo della perdita dei più, sta portando avanti una vera guerra mondiale contro l'umanità.
Nazioni intere sono devastate.
Si conquistano territori.
Si riordina la geografia mondiale.
Si abbattono le frontiere per il denaro ma si erigono per i popoli.
Le culture storiche dei nostri popoli rischiano di essere soppiantate da frivolezze istantanee.
In alcuni paesi, invece di governi nazionali ci sono amministrazioni regionali.
Si svendono le risorse naturali, la terra, la storia; e sulle cordigliere che incrociano ed uniscono l'America dalla riva sud del Bravo fino alla Terra del Fuoco, vogliono piantare un cartello che annuncia, che avverte, che minaccia: "In vendita".
I poveri, i diseredati, cioè quelli che formano l'immensa maggioranza dell'umanità, sono confiscati e relegati.
Confiscati della loro dignità, relegati nelle periferie delle grandi città, ai margini dei programmi governativi, negli angoli del futuro che adesso si decide, in alcuni paesi, non nei parlamenti o nelle sedi nazionali di governo, bensì nelle riunioni degli azionisti delle multinazionali.
Oggi lo sfruttamento è più brutale come mai prima nella storia dell'umanità, oggi il cinismo è credo filosofico di coloro che vogliono governare il pianeta, cioè di coloro che possiedono tutto, tranne la vergogna.
Oggi la guerra contro l'umanità, cioè, contro la ragione, è più mondiale che mai.
Oggi la guerra è su tutti i fronti ed in tutti i paesi.
Se ieri era un dovere opporsi, lottare, resistere di fronte alla stupida logica del profitto, oggi è semplicemente e assolutamente, una questione di sopravvivenza individuale, locale, regionale, nazionale, continentale, mondiale.
Fratelli e sorelle del Cile:
c'è stato un tempo in cui tutta l’America Latina era qui.
Forse è ancora quel tempo.
Forse la memoria collettiva che, come latinoamericani ci dà identità, prende nomi e date dal calendario per dire, per dirci, che c'è una patria più grande di quella della nostra bandiera.
Con quanti nomi si è vestito il calendario del dolore delle nostre terre?
Se nella nostra America, Ernesto Che Guevara è uno dei nomi con cui inizia ottobre, il calendario di noi che stiamo in basso, si illumina quando si chiama Turcios Lima e Yon Sosa in Guatemala, Roque Dalton in El Salvador, Carlos Fonseca in Nicaragua, Camilo Torres in Colombia, Carlos Lamarca e Carlos Marighela in Brasile, Inti e Coco Peredo in Bolivia, Raúl Sendic in Uruguay, Roberto Santucho in Argentina, César Yáñez in Messico.
E cito solo alcuni dei molti che, nella nostra America Latina, nel loro tempo e a modo loro, decisero di mettere un grilletto alla speranza e che, alla dose di tenerezza che ci chiede l'America Latina per amarla, aggiunsero una certa dose di piombo... e di sangue... il loro sangue.
Il problema con tutti quelli che dolgono nel calendario è che non se ne vanno via così. No, al contrario, se ne vanno lasciandoci con un debito, con qualcosa che dobbiamo saldare per poter citarli senza vergogna, senza pena.
C'è chi sostiene che quegli uomini e quelle donne che presero e prendono il cammino della rivolta armata subirono, o subiscono, il fascino della morte, la vocazione al martirio, ansie messianiche; che solo desiderano un posto nelle canzoni di protesta, nelle poesie, nei corridos popolari, sulle magliette dei giovani, nei negozi di souvenir del turismo rivoluzionario.
C'è chi pensa e dice che le cause si sconfiggono quando muoiono quelli che lotta per queste, cioè, coloro che le vivono.
C'è chi dice che il doloroso ottobre latinoamericano mandò a pezzi la speranza in Cile, in Uruguay, in Argentina, in Bolivia, in Messico, in tutta l’America Latina.
Può darsi che sia così. Ma può non essere così.
Può darsi che coloro che, come Miguel, si armarono per dire "No", in realtà stavano dicendo "" ad un domani allora lontano.
Può darsi che coloro che, come Miguel, diedero fuoco alla loro parola, non lo fecero per incendiare la morte, ma per illuminare la vita.
Può darsi che coloro che, come Miguel, pensarono e spararono, non l’abbiano fatto per avere un posto nel museo della nostalgia rivoluzionaria, ma affinché i popoli, tutti, avessero un posto nel mondo.
Può darsi che il calendario nel quale scorre il domani non abbia nomi o, meglio, abbia tutti i nomi.
Perché può darsi che per questo le assenze che ci dolgono in ogni mese latinoamericano abbiano messo una crocetta sul calendario, come quella che duole questo 5 ottobre.
Può darsi, perché queste assenze, invece del vuoto, lasciano la voglia di lottare la speranza che è, come diciamo noi zapatisti, "cambiare il mondo".
Può darsi.
Può darsi che la speranza si alimenti, come la nostra America, della memoria.
E può darsi che la memoria non sia altro che il collante per tornare ad unire la speranza che si è rotta nel calendario che ci viene imposto.
Può darsi che questa memoria, che oggi ci convoca e torna a rimettere qui l'America Latina, non sia un'eredità che quei dolori ci hanno trasmesso, bensì un dovere che ci segna.
Può darsi.
Forse è per saperlo che siamo qui, compresi quelli che non siamo qui.
Perché può darsi che l'oggi non sia uguale a ieri.
Un rivoluzionario cileno, di quelli che facevano tremare quando impugnavano una chitarra, Víctor Jara, forse pensando ai tempi che oggi viviamo, disse, ci disse, ci dice che: "È difficile trovare chiarezza nell'ombra, quando il sole che ci illumina scolora la verità". E disse, ci disse, ci dice: "Magari troverai la strada per continuare a camminare".
E fu in terre cilene, molto tempo fa, che Manuel Rodríguez disse, ci disse, ci dice, come mostrando la strada: "Abbiamo ancora una patria, cittadini".
Ed un altro, anche lui cileno, proprio qui vicino e sotto la mitragliatrice che gli cercava il cuore, ebbe l'interezza e la saggezza di dire, di dirci: "Quanto prima, si riapriranno i grandi viali su cui potrà passare l'uomo libero, per costruire una società migliore".
Può darsi che l'oggi non sia uguale a ieri.
Può darsi che si sia imparata la lezione e, presto, sui fogli scarabocchiati della storia latinoamericana, si correggeranno le lettere e si finirà per leggere, con la chiarezza di coloro che guardano dal basso, che "democrazia", "libertà" e "giustizia" sono parole serie e che si installano nel cuore, cioè, nel lato sinistro del petto collettivo che siamo.
Avrei voluto dire che vinceremo, che non ci smuoveranno, che il futuro sarà nostro, che romperemo mille catene, che la libertà è un orizzonte vicino; ma noi zapatisti crediamo che non sarà così perché ce lo offrirà un destino occulto o manifesto, ma solo se lavoriamo e lottiamo per questo.
Fratelli e sorelle:
questo vuole dirvi la nostra parola.
La vena aperta dell'America Latina che si chiama Cile, nel suo sangue non ha la ITT, la Anaconda Copper, la United Fruit, la Ford, la Banca Mondiale, Pinochet e nemmeno i nomi con cui ora si vestono gli uni e gli altri, bensì i suoi operai, i suoi contadini, i suoi studenti, i suoi mapuches, le sue donne, i suoi giovani, il suo Víctor Jara, la sua Violeta Parra, il suo Salvador Allende, il suo Pablo Neruda, il suo Manuel Rodríguez, il suo Miguel Enríquez, la sua memoria.
Fratelli e sorelle del Cile:
a tutti e a tutte va il saluto di quelli che vi ammirano e vi vogliono bene, noi, gli zapatisti messicani.
Auguri Cile!

Dalle montagne del Sudest Messicano
Subcomandante Insurgente Marcos

P.D. Mi scuserete se le mie parole non sono state un'arringa, come lo furono la vita e la morte di chi, trent'anni dopo, oggi ci chiama. In realtà noi volevamo solo approfittare di questa circostanza per chiedere a tutti voi, umilmente, rispettosamente, che, nel nostro nome, mettano un rosso copihue sulla terra che lo conserva, e che gli dicano che qua, nelle montagne del sudest messicano, Ottobre si chiama anche Miguel.

5 commenti:

  1. La memoria e il ricordo dovrebbero essere, per ognuno, una valigia da portare sempre con se. Non come un fardello ma uno scrigno a cui attingere conoscenza e saggezza. Sono i nostri anziani questa valigia preziosa e dovremmo essere anche noi ad ascoltare quello che viene dal nostro passato perché senza il ricordo non si và da nessuna parte. Amare la storia e difendere le nostre origini contadine e operaie che hanno dato grande dignità a questo paese è, a mio avviso, un grande passo per combattere lo schifo politico e sociale che ci circonda e fargli vedere che siamo migliori di loro.Ciao,M.

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  2. Quanto hai ragione... La memoria e il ricordo sono fondamentali.
    La memoria come valore sociale, collettivo, patrimonio comune.
    Il ricordo come dimensione individuale, intima, eredità famigliare.
    Le due cose insieme sono fondamentali, come dici tu sono scrigno di conoscenza e saggezza.
    Senza saremmo nulla più che il quotidiano, il transeunte, il passeggero fugace, labile e caduco. E infatti a questo siamo ridotti dalla società del consumo globale.
    Come dice Marcos : “En lugar de memoria, inmediatez” (che ho tradotto, per rendere meglio l'espressione, con “subitaneità”). Dove c'era una bandiera (ideali, valori, principi, sogni, utopie, aspirazioni, fede, virtù..) adesso c'è un centro commerciale. Dove c'era storia (narrazione, memoria, trama, ricordo, testimonianza, tradizione, segno, traccia...) adesso c'è un fast food”.
    Questa è la condizione primaria del “totalitarismo inverso”, della “guerra civile fredda”, della “società liquida”. Ed è questo il pericolo maggiore, il principale nemico da fronteggiare, non più una dittatura aperta volta ad opprime con la violenza, ad obbligare con la forza (che pure susciterebbe una reazione di segno contrario), ma una dittatura dolce, gentile, che dispensa, disimpegna e disobbliga dal doversi fare un'idea, dall'avere dei principi, dal coltivare la memoria, dal nutrire un ideale.
    E tutto questo perfino a livello domestico e famigliare, come ultimo anello deformante del vivere sociale. I vecchi non li si vede più, vanno tenuti lontani, in ospizi o accuditi da badanti. Non sono più ascoltati come portatori di saggezza (di vita) e memoria (famigliare). Io invece onoro, sì onoro, i miei antenati. Ho il culto, la religione degli antenati. I miei nonni sono stati in famiglia, con noi tutti, fino alla fine...
    Si preferisce allontanare gli anziani come un peso, un fardello, una preoccupazione e un affanno. Io ricordo, invece. Ricordo i miei nonni, le loro storie, i loro insegnamenti, i loro racconti. Io sono il risultato di tutti loro, i miei antenati (torno indietro perfino ai trisavoli e quadrisavoli, grazie alle storie tramandate oralmente in famiglia) e ne sono orgoglioso.
    ..........[segue]

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  3. Io ho una storia, non sono il figlio di nessuno, il prodotto dell'ultima tendenza di moda, il frutto dell'ultima reclame... Io so perfettamente chi sono!
    Vedo invece attorno a me un mare di spiantati, una massa ameboide di senza terra e radici, di figli del Blackberry e della Playstation. Fanno meno che pena, non servono più a nulla oramai. Sono “mariadefilippati”, hanno il cervello ridotto a gelatina, pensano di vivere, di esistere ma sono solo dei “tubi digerenti”, dei “mezzi di transito” del consumo.

    Una volta, dalle mie parti almeno, c'era l'uso di chiedere: “di chi sei figlio?” C'era il patronimico, perfino il soprannome, una specie di identità famigliare che a volte era più importante del cognome stesso! Adesso mi verrebbe da chiedere invece: “di chi sei nipote? Chi era tuo nonno?”
    Io ho imparato tanto dai miei nonni. Tante storie, tanta saggezza, tanta esperienza. Nonni contadini, artigiani, commercianti, macellai... Ho imparato a lavorare nei campi (sul campo! E non solo “scendendoci” come dice Berlusconi...), a usare la malta e i mattoni (la soddisfazione di “costruire” qualcosa con le mani, come direbbe Erri De Luca), a fare impianti idraulici, elettrici (perfino con la trifase!), a uccidere e scuoiare (e uccidere un toro di una tonnellata non è facile... E soprattutto non si può sbagliare, altrimenti meglio darsela a gambe!)... Ho mani forti e sapienti, come quelle dei miei nonni. Tanti si meravigliano che sappia fare tante cose, che non sia solo un “intellettualino”... Ma il fatto è che io ho degli antenati alle spalle, gente operosa e onesta, che non ho mai abbandonato e che non mi abbandona mai. Berlusconi, invece, va a puttane (e ci porta allegramente tutto il paese. E, per inciso, la sinistra è anche peggio!).
    Ciao, D.

    Ps Qualche mese fa ho traslato nell'ossario di famiglia i resti di un trisavolo. Si chiamava come me, aveva le mie stesse ossa lunghe. Prendendo in mano il teschio ho sentito vivo il legame che ci unisce a distanza di tanti decenni e generazioni.
    Sono orgoglioso di essere parte di tutti loro, come di una grande fratellanza.

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  4. Sono belle le parole che dici. A proposito di nonni ho quasi le stesse esperienze ma è normale vivendo in un piccolo centro, avendo campagna (tanta), da coltivare e soprattutto interesse, curiosità e voglia di farlo. Sono i ricordi più belli quelli legati ai loro racconti, di come hanno vissuto la guerra, l'emigrazione negli USA portando tutta la famiglia a cui hanno saputo dare un futuro. Del loro ritorno da noi, unici a vivere quà. E ora che da più di un decennio non ci sono più mancano le loro storie raccontate davanti a un camino. A volte ho speranza per i ragazzi di oggi perché ce ne sono tanti in gamba ma per i più, tutti omologati e immaturi la vedo dura. Ciao, M.
    Ps: ma che t'aveva fatto quel povero toro? Non è stato terribile fare una cosa simile?

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  5. Tutto vero, quello che dici... La mia, poi, è una famiglia veramente strana.
    Un trisnonno intellettuale e filosofo (di lui ho ancora i libri, tra cui la prima grammatica di greco pubblicata in Italia - Regno d'Italia, intendo - dall'Università di Lipsia nella seconda metà dell'Ottocento).
    Un altro antenato dal nome stranissimo, Amore (!), che fu geniale inventore (brevetti nel campo della refrigerazione), emigrante povero (inizio del secolo scorso), poi ingegnere dalla vita molto avventurosa in Sudamerica (Argentina).
    Uno eroe della prima guerra mondiale e Cavaliere di Vittorio Veneto. Uno eroe della seconda, con due croci di ferro (una dell'11° Corpo d'Armata), prigionia e internamento in un lager.
    Un altro ancora che parlava un sacco di lingue e in guerra faceva... spionaggio. Catturato in Grecia dagli inglesi sfuggì per un pelo alla fucilazione (in Egitto) e girovagò un po' per i paesi arabi.
    Un altro immortalato giovinetto (a 16 anni) da un pittore nell'affresco della volta di una chiesa...
    E poi, come dicevo, muratori, emigranti (Australia), commercianti, artigiani, piccoli imprenditori (frantoi)... Di tutto.
    Io ho un po', credo, di tutti loro nelle mie vene...
    Ciao, D.

    Ps Che parla del toro.
    Uno dei rami della famiglia è di macellai, di padre in figlio a risalire...
    Da ragazzino ho cominciano dal basso (come anche nei campi o in cantiere): garzone.
    Al garzone si fanno fare i lavori di "bassa macelleria"... Quindi studiavo algebra o grammatica (alle medie) e pulivo trippa e interiora.
    Poi si passa "di grado" e ci si comincia a fare i muscoli da apprendista (sono "attrezzato" di carrozzeria anche per questo): si depezza, si squarta, si sollevano "le mezzene" (cioè bei quarti di manzo). Insomma, traducevo greco e studiavo filosofia (al ginnasio) e ci davo di mannaia.
    Alla fine si arriva anche ad ammazzare...
    Un toro (che a volte supera la tonnellata) come anche vitelli, manzi(ce ne sono anche di otto quintali!), maiali...
    Per il toro si usa ora una pistola con perno pneumatico... Ma così è troppo facile. La tecnica che mi hanno insegnato era invece più rudimentale e rischiosa: un colpo violento di mazzuola (sì, insomma, un “martellone”) sulla fronte, appena sotto le corna.
    Se il colpo è ben assestato si frantuma anche l'osso.
    Un colpo, uno solo... E una sola possibilità (un toro di carattere è un po' suscettibile).
    Poi bisognava approfittare dell'attimo di stordimento per trovare - e alla svelta - la giugulare...

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